Hola

Puede parecer un capi un poco simple, pero los personajes tienen que ir fluyendo y además, yo me siento y me dejo llevar por la historia y esta tiene su propio ritmo.

Gracias por tu comentario Hanya Jiwaku mariapotter2002: veremos que sale!

Besos y abrazos

AJ

Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.

PRIMERA PARTE. U1.0

Nochebuena I

THEO

Sala Común de Slytherin. Nochebuena, 24 de Diciembre de 1996

Theodore Nott odiaba la Navidad.

Tampoco era que tuviese mucha experiencia en esa celebración. En realidad no tenía experiencia en ningún tipo de celebración familiar.

No conoció a su madre y su padre era un mortífago homicida y un cabrón inmoral al que le gustaba practicar con su hijo todo tipo de maldiciones.

También le gustaba usar los puños, de hecho la última Navidad que Theo pasó en casa fue el invierno antes de recibir la carta de Hogwarts, desde entonces únicamente regresaba en verano e incluso aquellas fechas trataba de pasarlas en casa de Blaise.

La Navidad en Hogwarts era peculiar. Colorida, ruidosa y excesivamente alegre. Llena de peligroso muérdago mágico por todas partes, de canciones odiosas, de regalos explosivos, de huevos mágicos, de bromas pesadas… La gente parecía tan feliz que Theo solía quedarse todo el tiempo que podía en las mazmorras para que le tocaran las narices lo menos posible.

Desgraciadamente, ese año Zabinni había decidido quedarse, lo que quería decir que en aquella ocasión, también le podían tocar las narices dentro de su Sala Común.

Además Blaise tenía un don para hacerlo. Si no fuera su mejor amigo le habría tirado al Lago Negro en primer año para que se lo tragara el calamar gigante.

— ¿Por qué no estás vestido? —Entró colocándose su túnica de gala —¡Vamos! Tengo hambre.

—No voy a ir —respondió sin levantar la vista del libro que tenía en el regazo.

—Venga Theo, no digas chorradas, no te vas a quedar aquí.

—Sí lo voy a hacer —respondió él aún sin mirar a su amigo.

—No voy a ir solo.

—Pues no vayas —replicó con sencillez.

—Pero tengo hambre.

—Entonces ve con Malfoy —dijo recordándose que la paciencia era una virtud y una muy necesaria con Blaise.

—No sé dónde está Draco, se largó hace más de dos horas y no le he vuelto a ver. Seguro que estará buscando una mesa donde meterle mano a la sangre sucia.

—¿Y Pansy? —preguntó esperanzado, ignorando el comentario anterior ya que lo último que quería es darle pie a que volviera a contarle sus pesquisas y chismes sobre Draco y Granger.

—Estaba cabreada como una banshee después de la Fiesta de las Eminencias así que al final se marchó en el tren.

Con un suspiro cansado se levantó

—Está bien —dejó el libro sobre la mesita — iré contigo.

Blaise le miró de arriba abajo con ojos desorbitados

—¿Así vestido? ¿No te vas a poner un poco más presentable?

—¡Merlín Blaise! Estoy presentable, tengo ropa ¿no? Pues andando, porque o voy así o no voy.

Su amigo se calló y le precedió en su salida de las mazmorras rumbo al Gran Comedor.

—Nunca he estado aquí en Navidad —empezó a decir Blaise —me preguntó qué nos van a poner de comer y cómo estará decorado el Gran Comedor.

Theo puso los ojos en blanco y dejó que la verborrea mental de su amigo fluyera libre y sin trabas. Blaise era como un huracán. Un ciclón tropical es el fenómeno atmosférico más violento de la naturaleza que transporta el exceso de energía hacía un lado más frío.

Eso mismo hacía él, toda esa energía sobrante que tenía, que era más de lo que cualquier humano normal debería tener, la enviaba hacia otro lugar, en este caso otra persona que, desgraciadamente, solía ser él.

Los huracanes se clasifican en depresión tropical, tormenta tropical y huracán dependiendo de su fuerza y devastación.

Así que con los años, Theo había aprendido que lo mejor era dejar que Blaise liberara esa energía en pequeñas dosis, para que siempre estuviera entre la depresión y la tormenta. Si le frenaba demasiado, si intentaba que fuera contra natura durante demasiado tiempo, se descontrolaba y se volvía un desastre natural con patas.

De modo que caminó a su lado prestándole la justa atención mientras subían al Gran Comedor.

—¡Merlín! —Blaise le agarró de la manga de la túnica y tiró de él hasta que ambos estuvieron detrás de una armadura

—¿Qué haces tío?

—Shhhhhh —le puso la mano en la boca y le pegó hacia la pared —calla un momento.

Tentado a darle un mordisco en la mano y recordándose una vez más todo ese rollo de los huracanes, pensó que era mejor seguirle la corriente un poco más ya que, de todos modos, no tenía ninguna prisa por llegar a la cena.

—Maldita sea ¿Por qué vas tan deprisa Malfoy? —se oyó susurrar a Granger a su derecha —Tenemos algo pendiente, no te vas a escapar tan fácil.

Theo miró a Blaise con los ojos muy abiertos, dándole crédito por primera vez, desde que hacía cuatro días le había ido con el cuento de Draco y Granger.

¿Sería posible que aquel cretino le estuviera diciendo la verdad y no fuera otra de sus ideas conspiranoicas?

Intentó escuchar la respuesta de su compañero pero los pasos se alejaban y no pudo escuchar nada.

—¡Vamos Theo! ¡Rápido que se escapan!

Lo malo no fue que Blaise se comportara como lo hizo, corriendo hacia las escaleras como si estuviera persiguiendo un unicornio con la ilusión y la excitación de un crío. No, lo malo fue que Theo le siguió, presa de la más indiscutible curiosidad e impelido por algún deseo masoquista hasta entonces desconocido, porque no dudaba que, como Draco les pillara, iban a desear no haberles seguido.

—Por ahí —dijo Blaise

Ambos se pegaron a la pared tratando de hacer el menor ruido posible, aunque Dracoy Malfoy iban muy deprisa porque lo único que alcanzaban a ver, de cuando en cuando, era el bajo del vestido blanco que llevaba la leona.

—¿Al quinto piso? —oyeron murmurar a la castaña —pensé que iríamos al séptimo.

Blaise le miró y sonrió como un gato que había encontrado un ratón en una trampa.

HERMIONE

Pasillos de Hogwarts. Nochebuena, 24 de Diciembre de 1996

No había podido evitarlo.

Después de pensarlo mucho había terminado solicitando a MacGonagall que la incluyera en la lista de alumnos que pasaría la Navidad allí.

Había sido una decisión de última hora y sí, sabía que lo había hecho impulsada por lo que había ocurrido la noche de la Fiesta de las Eminencias de Slughorn. Porque que Snape se hubiera llevado a Malfoy como lo hizo fue muy raro, pero que no hubiera vuelto a ver al rubio ni siquiera en los desayunos lo era aún más.

Sabía que estaba en el colegio `porque, después de mucho discutir, había conseguido que Harry le dejara el Mapa del Merodeador y había pasado dos días intentando dar con él sin conseguirlo.

Esa noche era Nochebuena y empezaba a arrepentirse de pasar las fiestas lejos de su familia y sus amigos solo por su condenada curiosidad y su necesidad de averiguar lo que esa serpiente rastrera estaba haciendo.

Decidida a intentar pasarlo lo mejor posible, se había puesto uno de los vestidos que su madre le había regalado para las fiestas.

El de ese día era sencillo, blanco y de tirantes, ajustado a su cuerpo con una falda en evasé que le llegaba a medio muslo. Se había colocado unos zapatos de tacón que esperaba poder quitarse pronto para no quedarse sin pies y había dejado que Parvati, que era la única compañera de cuarto que se había quedado también, le arreglara el pelo y la maquillara ligeramente.

Fue estando en medio de aquel proceso tedioso, mientras Parvati se terminaba de echar unos potingues extraños en su cabello, que Hermione vio en el mapa a Malfoy caminando hacia el Gran Comedor.

Había gritado a su compañera un Nos vemos abajo tengo que hacer algo antes de cenar y había salido por el retrato de la Dama Gorda casi volando escaleras abajo.

Cuando llegó, se dio cuenta de que la dichosa motita con el nombre del rubio había pasado de largo el Gran Comedor y subía hacia los pisos superiores.

—Maldita sea ¿Por qué vas tan deprisa Malfoy? Tenemos algo pendiente, no te vas a escapar tan fácil.

Subió tan rápido como pudo teniendo en cuenta que con los andamios que llevaba en los pies no era demasiado fácil correr escaleras arriba.

—¿Al quinto piso? —murmuró no demasiado contenta por errar en sus suposiciones—pensé que iríamos al séptimo.

Una vez llegó al pasillo, convocó un lumus, echó a correr y ni bien había recorrido veinte metros, dos brazos salieron de la oscuridad, atraparon su cintura y tiraron de ella hacia una de las aulas.

—Travesura realizada —susurró apuntando con la varita al mapa antes de que la puerta se cerrara delante de sus ojos sumiéndola en una completa oscuridad.

DRACO

Pasillos de Hogwarts. Nochebuena, 24 de Diciembre de 1996

¿Que cojones hacía Granger siguiéndole por las escaleras?

Para empezar ¿Qué hacía en Hogwarts? Snape le había dado un listado de los alumnos que se quedaban esa Navidad en el colegio cuatro días atrás y sabía que ella no estaba anotada en ese pergamino. Lo sabía porque la había buscado.

Maldita sangre sucia entrometida. Llevaba días tratando de sacársela de la cabeza y de los pantalones, porque desde la noche de la jodida fiesta a la que nunca debió de ir, sus erecciones matutinas tenían nombre y apellido para su eterna vergüenza.

Era un traidor a la sangre onírico.

Cada noche, cuando se quedaba dormido, soñaba con Granger y ni uno solo de esos sueños era decente, más bien eran inenarrables. Si su padre se enterara de lo que tenía en la cabeza cuando no era dueño de sus pensamientos acabaría con él, con o sin misión de por medio.

Blaise, maldita fuera su estampa, había tardado menos que Weasley en comerse un bollo en contarle todo a Nott, aunque en cuanto Draco se enteró, le hizo firmar un documento mágico vinculante, por el que Blaise quedaría impotente durante seis meses si hablaba de todo lo que había ocurrido con alguien que no hubiera estado presente o con Nott, al que ya le había contado todas las fantasías que se había hecho en la cabeza, aunque por suerte no le había creído ni una sola de ellas.

Y ahora aquella mojigata fisgona no solo estaba metiéndose en sus sueños si no en su vida, espiándole por los pasillos con la discreción de un hipogrifo en una tienda de bolas de adivinación.

Se había dado cuenta de que iba detrás de él desde que llegó al primer piso. No solamente caminaba como un troll con dos porras si no que además iba murmurando en voz alta y hablando sola.

Merlín les librara de que quisiera ser auror en el futuro.

Se escabulló a la primera aula en desuso que encontró que resultó ser el Cuarto del Club de Cromos Coleccionables y esperó a que la castaña pasara al lado de la puerta.

En el momento en que la tomó de cintura y tiró de ella para meterla en el aula supo que había cometido el segundo gran error de su vida, el primero había sido escabullirse a la fiesta de Eminencias y, aunque se había jurado no volver a arrimarse a la impura a menos de dos metros, allí estaba, inhalando aquel olor a violetas que desprendía su cabello y abrazando aquella cintura que, él sabía, era estrecha con piel tostada y curvas perfectas.

Antes de poder controlar sus pensamientos se preguntó de qué color sería su ropa interior en aquella ocasión y si sería de encaje.

Salazar se apiadara de su alma traidora.

— Travesura realizada —la oyó susurrar —Suéltame Malfoy.

—Pareces muy segura ¿Cómo sabías que era yo, Granger?

—Tu olor a hurón te delata. He dicho que me sueltes.

Draco la apretó más porque una impura no iba a darle órdenes a él.

—¿Y si no quiero? —Con la rapidez de un buscador de quiddich le soltó la cintura solo para sujetar sus muñecas. Merlín sabía que era igual de peligrosa con una varita que con un puño

Ella resopló retorciéndose entre sus brazos y consiguió girarse hasta que estuvieron frente a frente.

Pese a que no la veía podía sentirla pegada a su cuerpo.

Tragó saliva.

Su vida se complicaba por momentos.

¿Acaso no era suficiente haber sido condenado a llevar aquella Marca? ¿No era bastante que le hubieran obligado a llevar a cabo una misión suicida? ¿No sobraba con que le arrebataran el derecho elegir, a decidir, a ser?

Maldita fuera, estaba más esclavizado que un simple elfo doméstico y a él nunca le iban a dar la prenda.

Y ahora entraba ella en la ecuación.

No se engañaba, en realidad había entrado en septiembre, cuando la había visto en la estación a la llegada a Hogwarts y se había dado cuenta del cambio que había dado. Cuando la había visto como chica y no como la amiga de Potter, cuando la había visto como un adolescente y no como el heredero Malfoy.

Esa era una complicación que no quería, no deseaba y no le convenía y en la que, además, sí tenía elección.

Draco elegía seguir pensando que no era más que una comelibros santurrona, fea y simple, además de impura.

Pero ella se lo ponía muy, muy difícil, maldita fuera una y mil veces.

—¿Cómo sabías que era yo, Granger? —no pudo evitar que su voz sonara menos agresiva y más ronca de lo que pretendía. Carraspeó.

—Ya te lo he dicho —espetó ella furiosa —tu peste a hurón.

—Ambos sabemos que no huelo a hurón, lo que me hace pensar que conoces mi olor —masculló sin poder evitar una sonrisa socarrona —lamento decirte que estás demasiado… contaminada para mi, Granger. Todo lo que vas a hacer es olisquear.

—¡Estúpido pedante pagado de ti mismo! —Se tensó entre sus brazos —eres tú el que está tocando… otra vez, Malfoy —siseó, mordaz.

—No lo estoy disfrutando, sangre sucia —es solo que no me fio de ti —¿Por qué me seguías?

—No lo hacía —contestó tan rápido que solo confirmó sus sospechas.

—Lo hacías.

—No, no lo hacía —dijo entre dientes.

—¿En serio? Te creía más valiente, leona…

Se quedó en silencio y Draco casi pudo imaginar cómo fruncía el ceño y se debatía consigo misma, seguramente mordiéndose el labio inferior.

¿Qué estaba mal con él? ¿Por qué sabía como gesticulaba Granger? Es más ¿Qué mierda le importaba?

—Vale, está bien. Te seguía —soltó ella sorprendiéndole.

—¿Por qué?

Sabía que no tenía que alargar aquella conversación, que tenía que abrir la puerta del aula 5B, sacarla al pasillo, cerrar de nuevo y olvidarse de que la había visto. Pero estaba tan harto de todo, tan asustado, tan aburrido, tan cansado de sentirse fuera de lugar, que quería, aunque fuera por unos minutos, ser solo un chico que saciaba su curiosidad, que hacía algo más que traicionar a Hogwarts y abrir las puertas del colegio a una panda de asesinos.

—¿No es obvio Malfoy? Quería saber a dónde ibas, por supuesto.

—No, no es obvio ¿Por qué tiene que importarte a ti dónde voy o dejo de ir? ¿Te has quedado para eso? ¿Para seguirme a mi o tienes un fetiche a la hora de husmear en la vida de todos?

—Deberías estar en el comedor — dijo ella cambiando de tema con su mejor voz de marisabidilla.

—Y tú también —replicó él.

—Yo iba para allá cuando te vi subiendo las escaleras.

—¿Y si te dijera que tengo una… cita y que por tu culpa voy a perdérmela?

—¿Una cita? —preguntó ella que, de pronto, sonaba indecisa y algo cortada.

—Sí Granger, una cita. No espero que sepas lo que es eso, pero puedo explicártelo, un chico, una chica, una sala vacía, besos, toqueteos y si tienes suerte y ella te deja..

—¡Cállate Malfoy! —chilló ella —no me importa lo que hagas en tus citas … Merlín eso es asqueroso.

—Oh, no espero que una mojigata como tú lo entienda pero créeme, no es asqueroso —la sacudió un poco y la apartó de su pecho porque tanto contacto le estaba empezando a molestar —sobre todo si es una sangre pura guapa y receptiva.

—No entiendo entonces por qué una chica guapa querría ser receptiva contigo —dijo con repugnancia.

De pronto ambos se congelaron al escuchar el portazo de una puerta seguida de pasos apresurados y una inconfundible voz cerca, en el corredor.

—¿Qué está haciendo aquí señor Macmillan? —Snape arrastraba las palabras con más que evidente disgusto.

—So-soy prefecto pro-profesor —oyeron responder al chico.

—Por aquí —Draco soltó a una paralizada Granger y le cogió de la mano para tirar de ella hacia el fondo del aula —tenemos que escondernos

Lo último que necesitaba era que Snape volviera a pillarle con ella y menos aún estando solos.

—Malfoy si abre la puerta nos va a ver, no es como si aquí hubiera mucho sitio dónde esconderse .

—Hay una habitación un poco más pequeña en una de las paredes, deberías saberlo, tus amiguitos los Weasley guardaban ahí sus Suministros

— No sé muy bien donde estamos, por si no lo recuerdas me arrastraste sin permiso.

—Shhhh —entraron a la pequeña trastienda que estaba llena de cofres y estanterías y Draco cerró con cuidado en el mismo instante en que se abría la puerta del aula —fermaportus — susurró.

Prohibitio Alohomora —añadió Granger casi a la vez — Salvio Hexia —Lumus

Ni bien hubo terminado el segundo encantamiento, vieron el pomo de la puerta girar, una luz brilló, como si Snape estuviera intentando abrir la puerta y, hablando de lo mucho que odiaba las Navidades, se marchó de nuevo con un sonoro portazo.

Draco se dijo que no iba a dejarse impresionar por aquella comelibros que seguramente se pasaba el tiempo libre practicando por la simple necesidad de ser la mejor en todo, pero no pudo evitarlo.

—¿Prohibitio Alohomora? —preguntó antes de poder morderse la lengua.

—Es un encantamiento que inutiliza la posibilidad de utilizar alohomora. Lo inventó Blagdon Blay a principios del siglo XVII después de que le robaran en casa diecinueve veces. Está en el Libro de Hechizos de Miranda Goshawk.

—¿Ese libro no está en la Sección Prohibida?

—Sí, pero he pedido permiso en muchas ocasiones para utilizar más de un libro y poder completar mis trabajos. De hecho, en la clase de Encantamiento, el profesor Flitwick indicó que si queríamos tener un excelente….

—Vale vale, lo pillo

Se pasó los dedos por el punte de la nariz. Aquella chica era como una enciclopedia con patas. Hasta hacía unos días aquello hubiera valido para que sus hormonas se congelaran, pero, por alguna razón en la que no quería pensar y que iba a tratar de obviar fuera como fuese, verla allí, con aquel vestido blanco, aquellas curvas y esas piernas que-no-debían-ser-nombradas, recitando aquel condenado párrafo del Libro de Hechizos, hizo que un escalofrío le recorriera y su sangre empezara a calentarse de formas indebidas.

Inspiró hondo.

¿Qué estaba mal con él? ¿Qué le había pasado? ¿Sería ansiedad? Había leído, en algún lado, que la ansiedad producía sensación de nervios y agitación también hacía que el corazón y la respiración se aceleraran, también problemas de sueño y concentración… No creía haber visto nada sobre sueños eróticos o fantasías sexuales vívidas pero todo lo demás parecía coincidir ¿No? Y Merlín sabía que él tenía ansiedad, vivía en un completo y absoluto estado de ansiedad y miedo.

¿Por qué otro motivo podía sentir esa grotesca atracción por esa chica? ¡Ni siquiera había pensado en ella como chica jamás ¿Por qué ahora solo podía pensar en sus…

Mierda

Sus estaban delante de él, embutidas en el corpiño blanco del vestido con un escote en forma de corazón que dejaba a la vista algo más que el comienzo de sus senos.

Casi temblando se sacó la túnica a empujones. Se le atascó en una de las manos y tiró hasta que se la quitó dejando la manga del revés.

—Toma —le dijo con la voz enronquecida y tenso como la cuerda de un arco —ponte esto Granger.

Ella cogió la prenda por inercia y le miró frunciendo el ceño

—No hace frío

—¡Póntelo maldita sea! —gritó pasándose las manos por el pelo en un gesto que denotaba su obvia frustración.

Ella bufó y se quedó en silencio durante casi un minuto durante el cual, Draco pensó que volvería a discutir con él, pero finalmente, murmurando improperios, se puso la túnica.

—¿Contento?

La miró de reojo, se acercó y con un movimiento brusco juntó los bordes de la túnica tapándola hasta la barbilla.

No estaría contento hasta que la tuviera muy lejos, pero algo ayudaba.

—¿Te vas a ir de una vez o qué? Mi cita no va a esperarme toda la noche.

Ella entrecerró los ojos enfadada y agitando la varita abrió la puerta de nuevo y se marchó sin mirar atrás.

Draco apoyó la espalda y la cabeza en la pared y cerró los ojos. Estaba tan cansado… Tenía que haber subido a la Sala de los Menesteres y continuar dónde lo había dejado. Había conseguido quedarse allí durante la Navidad poniendo como excusa el maldito armario, para no tener que volver a su casa que se había convertido en un nido de asesinos.

Pero no podría ir esa noche, se había desviado al darse cuenta de que la chica le seguía y en aquel momento sabía que iba a estar pendiente de verle entrar al comedor.

Dado que lo último que quería era volver a tenerla cerca o que se enterara de lo que estaba haciendo, decidió que iría a la cena y dejaría para el día siguiente el armario.

BLAISE

Pasillos de Hogwarts. Nochebuena, 24 de Diciembre de 1996

Blaise sabía que sería un excelente auror o un buen investigador privado. Era una lástima que sus impresionantes habilidades detectivescas fueran a perderse, porque no iba a trabajar en algo tan mundano. No obstante estaba demostrando a Theo que todo lo que le había contado era cierto y además iba a conseguir que lo viera de primera mano.

— Espera —dijo su amigo empujándole detrás de una de las armaduras que franqueaban el retrato del castillo que había en el vestíbulo —oigo pasos.

Se quedaron quietos y en silencio, ocultándose entre las sombras.

—¿Snape? —preguntó Blaise apenas moviendo los labios. Theo asintió.

Se quedaron allí hasta que Ernie Macmillan pasó por delante de ellos casi a la carrera y se marchó escaleras abajo como alma que lleva el diablo. Poco después Snape entró en una de las aulas y volvió a salir, repitiendo el mismo procedimiento en todas las puertas. Después de unos cinco minutos regresó hasta el vestíbulo y subió al sexto piso.

—¿Vamos? —preguntó nervioso por ir a la búsqueda de Draco y Granger.

Theo negó con la cabeza y se puso el dedo índice sobre los labios señalándose después la oreja.

Blaise escuchó y volvió a oír los pasos acercarse.

¿Qué demonios pasaba aquella noche? Estaba seguro que pocas veces había tenido tanto trasiego aquel pasillo a la hora de la cena en Nochebuena.

—Es Granger —susurró Theo.

Blaise asomó la cabeza todo lo posible sin ser descubierto para no perderse ni un solo detalle.

Allí estaba la chica, su vestido blanco ahora tapado por una túnica de Slytherin.

La túnica de Draco.

Otra vez.

Sonrió sin poder evitarlo.

A ese paso su amigo iba a quedarse sin túnicas antes de empezar el año. Se preguntaba si le habría devuelto la anterior

Mientras su mente divagaba Theo le dio un codazo en el estómago para que prestara atención.

Hablando de Malfoy justo llegaba andando con parsimonia por el mismo pasillo que había recorrido la Gryffindor un par de minutos antes. Iba en mangas de camisa con el pelo revuelto y cara de frustración.

Ya le tenía.

—¿Qué haces?

Fue todo lo que acertó a escuchar antes de salir y plantarse delante de su amigo de un salto

—¿Qué excusa vas a poner esta vez Draco? —espetó cruzándose de brazos con una sonrisa.

—¿Pero a ti que te pasa? —exclamó Theo saliendo detrás de él —¿Tío no tienes sentido de la autoconservación o qué?

—¿Me estáis espiando? —preguntó Draco perplejo.

—No —Dijo Theo

—Sí —respondió Blaise

Nott se golpeó la frente con la palma de la mano y resopló.

—Ese papel que me hiciste firmar no decía nada de no poder seguirte. Además Theo no cuenta por lo que mi virilidad sigue intacta pero ahora él —dijo señalando a Nott con el pulgar —me cree.

—¿Qué te cree? ¿De qué coño hablas Zabinni?

—Hemos visto a Granger —dijo sonriendo con demencia

—¿Y?

—Con tu capa. Otra vez.

—¿Qué tiene eso que ver?

—¿Os pilló Snape? —Blaise se acercó un paso a él —¿Otra vez te pudieron las ganas y la has tenido que tapar?

—¡Pero que dices enfermo! Es una sangre sucia

—Pues iba con tu ropa —Theo se vio en la obligación de intervenir para aclarar los hechos.

Draco no respondió.

Estirándose todo lo alto que era y mirándoles por encima del hombro, dejando claro que era el Príncipe de Slytherin y que todo le daba igual, pasó al lado de ellos y empezó a bajar las escaleras.

—Da igual Malfoy —exclamó Blaise alegremente —yo lo sé y tú sabes que lo sé. Con eso basta por ahora.

Muy feliz consigo mismo se giró a Theo

—¿Ahora me crees?