Hanya: Gracias!

lunamaga: vas a tener que morderte las uñas un poco más!

Besos y abrazos

AJ

Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.

PRIMERA PARTE. U1.0

Big Bang Weasley

Día 30 de Diciembre de 1996.

Los cuatro días siguientes fueron extraños pero no por ello menos agradables.
Cada tarde, Hermione iba al aula vacía del Tercer Piso a la misma hora. Malfoy siempre estaba allí y cada noche le decía lo mismo.

—Mañana estaré aquí por la tarde a las cinco.

Hablaban de libros, de música, de los T.I.M.O.S, de los E.X.T.A.S.I.S, de lo que ambos querían hacer al salir de Hogwarts. Hablaron de Hechizos, discutieron de problemas de Aritmancia, incluso Hermione le ayudó a terminar un trabajo de Encantamientos. Malfoy contaba algunas cosas de su infancia, de lo mucho que le gustaba volar, de lo bien que se le daban las pociones, hasta le habló del contrato matrimonial que su padre quería que firmara para asegurar la descendencia de la próxima generación Malfoy.

Hermione por su parte le habló del mundo muggle y, aunque en un primer momento se mostró reticente, Hermione le empezó a contar acerca del cine, de los teléfonos, de cómo internet comenzaba a entrar en los hogares de la gente, le habló de los emails y los aparatos eléctricos.

Finalmente Malfoy se convirtió en una fuente inagotable de preguntas, todo tipo de preguntas. Tenía tantas que Hermione terminó deseando no haberle contado nunca nada sobre su mundo.

—Si tanto te interesa deberías coger estudios muggles —dijo cansada de responder cosas absurdas como de dónde venía la energía o de qué estaban hechos los cables. ¿Para qué le iba a servir él si no había electricidad en su casa?

La miró como si le hubieran salido dos orejas extensibles.

—¿De verdad te imaginas a un Malfoy en estudios muggles?

La chica rió.

—La verdad es que no.

Draco alzó una ceja con aire pensativo.

—Si no fuera porque podría acabar desheredado o lo que es peor, muerto, estaría bien solo por ver la cara de todo el mundo. —¿Tú tienes un ordenatelo en tu casa?

—Ordenador —corrigió ella —mi padre tiene uno, no son lo que se dice baratos. Es muy interesante, aunque la verdad es que es algo que está en constante desarrollo.

—¿Entonces puedes hablar con Potter a través de esa cosa?

—Harry no tiene, pero sí teléfono. Sus tíos no le dejaban usarlo, hasta el último año que sí pudimos hablar.

—No parece que Potter haya tenido una vida muy normal.

Le había hablado un poco de sus amigos, igual que él le había contado algunas cosas de Theo, Blaise, Crabbe, Goyle y hasta de Pansy.

—Ya te dije que la vida de Harry ha sido… complicada. Es fácil hablar de los demás cuando no los conocemos ¿No te parece? —Se cruzó de piernas, sentada como estaba en el suelo y se dio golpecitos en las rodillas —Cuando nosotros hablábamos de ti solamente veíamos que eras un niño mimado que lo tenía todo, un snob y un clasista, basicamente.

—Me halagas, Granger.

—No seas idiota. No nos paramos a pensar en qué clase de infancia has tenido o en qué te ha faltado pese a tenerlo todo.

—Me aburres.

—Me da igual. Mira Ron —siguió ella ignorándole cómo hacia siempre que él quería cambiar de tema porque se incomodaba —La familia de Ron no tiene dinero, son, como tú te has cansado de decir, pobres como ratas, pero tienen lo más importante. Amor, apoyo, seguridad, compromiso… Ronald siempre tendrá su casa y su familia cuando todo vaya mal, siempre le querrán y le apoyarán. Pero a él le ha costado mucho darse cuenta.

—Ya te he dicho que de los dos, Potter es el cerebro.

—¡Malfoy! —ella sonrió, pese a todo porque ver bromear a Malfoy era algo demasiado extraño como para dejarlo pasar —Ronald siempre ha querido más, no lleva bien saber que su familia tiene necesidades o que son mirados por encima del hombro. Los adora, pero esa parte le escuece.

—Normal —replicó él —si yo viviera en una comadrejera compartiendo habitación con siete hermanos también me escocería.

—Es Madriguera. Y tú has vivido en una mansión enorme, has tenido todo lo que has querido, dinero, poder, estatus… pero no has tenido lo que ha tenido él. Al final cada uno extraña lo que no tiene.

—Yo no extraño esas mierdas del amor y el apoyo.

—Lo que tú digas Malfoy. Harry, por otro lado, no ha tenido nada. Hasta que no llegó a Hogwarts lo único que tenía era un techo sobre su cabeza. Ni dinero, ni amor, ni familia, nada. Por eso para él los Weasley son la familia perfecta.

—¿Y qué hay de ti? —preguntó Draco harto de escuchar sobre Weasel y Pottah

—Yo — se encogió de hombros — tengo una vida normal. Mis padres me quieren, me apoyan aunque no me entienden, tengo una buena casa, en un buen barrio y puede que no seamos ricos pero nunca nos ha faltado nada, siempre hemos vivido acomodados.

—¿Entonces la comadreja echa de menos el dinero, Potter la familia, yo el apoyo y el amor — dijo elevando la comisura de su labio superior como si lo encontrara gracioso — y tú?

—No lo sé, supongo que el haberme criado entre muggles hace todo… complicado para mi. Molly me ha enseñado cosas de la casa o alguna receta, hechizos que toda bruja aprende desde pequeña aunque sea viendo cómo se realiza. Mi madre me quiere, pero no comprende el mundo en el que estoy ahora y ¿Sabes? Es mi mundo, les cuesta entender eso, que pertenezco a un sitio diferente al suyo. A veces es difícil conciliar ambos.

—Nunca lo había pensado así.

—No mientas —dijo ella dandole un tirón en la manga del jersey negro que vestía —no has pensado en eso nunca, ni así ni de ningún modo.

—No es cierto —replicó él con media sonrisa — había pensado en los hijos de muggles como elfos domésticos, ya sabes, sirviéndome.

La cara de horror de ella le hizo reír

—Vaya cara —dijo entre carcajadas — en serio era solo una broma.

El horror de Hermione se fue convirtiendo en sorpresa al ver que él realmente reía con ganas, divertido ¿Acaso había visto alguna vez a Malfoy así? En ese instante era simplemente un adolescente compartiendo un momento divertido.

—No es gracioso —aunque la risa de él era contagiosa y sonrió.

—Siempre podrías hacer una plataforma. Me han dicho que te gustan mucho, ya sabes algo como la P.I.D.D.O. Plataforma Impura de los derechos obreros. P.I.D.D.O y P.E.D.D.O ¿Has pensado en trabajar en el Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas?

—Eres un idiota.

El quinto día fue algo diferente. No estuvieron solos en el aula porque Zabbini y Nott, hartos de ser los únicos en las mazmorras, habían pasado los cuatro días anteriores buscando a su amigo y ese día, por fin, le habían encontrado.

—¿Así que aquí es dónde te escondes? —Soltó Blaise nada más abrir la puerta de la clase vacía y ver a Draco sentado en el suelo leyendo un libro —¿Leyendo? Joder empiezas a parecerte a Theo.

—Deberías probarlo —respondió Nott dándole una colleja al pasar por su lado —así pasarías más tiempo en silencio.

—Bueno ¿Y dónde te has dejado a Granger? —preguntó Blaise mirando a su alrededor, como si la chica fuera a aparecer de detrás de algún pupitre.

—Granger no está aquí —Era cierto, porque aún no había llegado.

—No te creo —siguió mirando e incluso abrió dos armarios como si esperara que se hubiera escondido al verles llegar.

—¿Estás bien? —Theo, que tenía un sexto sentido bastante más desarrollado que el de Zabinni, se sentó a su lado.

—Sí —respondió con sequedad.

No, no estaba bien porque Granger estaba a punto de llegar y no quería que entrara estando aquellos dos idiotas allí.

Pese a que Zabinni creía que tenían un lío y Nott había empezado a pensarlo también, no necesitaba dar más alimento a las fantasías de ninguno de ellos.

En realidad él no tenía nada con Granger, porque ni siquiera eran amigos, más bien habían empezado a tolerarse.

Ni siquiera él mismo se creía las mentiras que se contaba para calmar su conciencia.

Lo cierto era que le gustaba estar con ella, se sentía de alguna forma tranquilo, como si toda la mierda de los meses anteriores se hubiera diluido y el peso que tenía sobre los hombros se aligerase en su presencia.

Además la chica le gustaba.

Cada día le costaba un poco menos admitírselo a sí mismo. Y si pudiera estar haciendo todas y cada una de las cosas que Blaise imaginaba que hacían juntos moriría feliz cuando el Señor Tenebroso decidiera acabar con su patética vida.

Pero si había algo que Draco sabía hacer era mantener las emociones bajo control, de modo que cuando estaba con Granger controlaba cada pequeña microexpresión, cada gesto, cada mirada… porque si ella supiera que cada noche al quedarse dormido se metía debajo de sus bragas, no volvería a aquella aula ni bajo un Imperius.

—Lo siento, Parvati me retuvo durante más rato del que pensé que….

Cuando la puerta se abrió, las tres serpientes se giraron a mirar como en una coreografía perfecta.

Blaise con una sonrisa ladina que decía a las claras sabía que ibas a venir. Nott con expresión de concentración, como si estuviera añadiendo aquél nuevo dato al dossier de información que tenía en el cerebro archivado bajo el nombre de Malfoy-Granger y Draco con resignación, porque en el fondo sabía que iba a ocurrir ya que sus amigos no tenían pinta de irse de allí en un futuro próximo.

—Vaya Granger —Blaise se acercó a ella con pasos lentos y elegantes —te diría eso de ¡Qué sorpresa! ¿Cómo tú por aquí? Pero ambos sabemos que mentiría ¿Verdad? Porque no es una sorpresa verte por aquí ¿No Draco?

—Corta el rollo Blaise —dijo Nott —la estás asustando

Aquello acicateó el orgullo de la chica, que, como buena Gryffindor, entró cerrando detrás de sí y se acercó a Zabinni.

—Hacen falta más de tres serpientes para asustarme.

Para su sorpresa, el moreno sonrió abiertamente

—Bien entonces, a mi no me dan miedo las gatitas

—Blaise… —dijo Malfoy en un tono de advertencia que el moreno ignoró.

—¿Qué tal si empezamos de nuevo? Es Navidad y todo eso y si estás manteniendo una tórrida aventura con el Príncipe de Slytherin, no tendrás problema en aguantarme a mí que soy mucho menos pedante y elitista.

—En realidad sí eres elitista Blaise —Dijo Nott

—Como sea —extendió la mano hacia Hermione —Blaise Zabinni, Slytherin

La castaña sonrió sin poder evitarlo

—Hermione Granger, Gryffindor.

Para su sorpresa, en lugar de estrecharle la mano, al tomó con cuidado, la elevó y rozó el dorso con sus labios en un gesto rápido y distinguido.

—Encantado.

—Vale ya está bien.

Malfoy se había levantado y se había acercado a ellos cogiendo por el cuello de la túnica a Blaise para apartarle con brusquedad.

—Eres un majadero —dijo sonriendo pese a todo —anda dejala en paz, no está preparada para Zabinni.

—¿Qué has podido ver en él? —Le preguntó a Hermione como si fueran amigos de toda la vida — no será su labia y su sentido del humor ¿Verdad?

—Hola Granger —dijo Nott que también se había acercado y le había tendido la mano con algo más de recelo.

—Hola Nott

Ella se la estrechó con educación y los cuatro se quedaron en silencio.

—¿Y ahora qué? —Preguntó Blaise que miraba de uno a otro como si esperara que se fueran a enrrollar delante de él — por nosotros no os cortéis.

—Merlín mira que eres estúpido.

Nott le empujó hacia la puerta.

—Pero es que no me quiero ir. Llevamos todas las fiestas solos —murmuró como un crío con una pataleta —¿Por qué no vamos a las Tres Escobas? ¿No os apetece dar una vuelta por Hogsmade?

Hermione no pudo evitar volver a sonreír ante la actitud infantil de Zabbini.

—Seguro que sería fantástico que nos vieran salir a los cuatro juntos del castillo y sentarnos a tomar una cerveza de mantequilla como buenos amigos —masculló Draco

—No creo que sea buena idea —añadió Hermione casi con lástima.

—Draco, cómo en los viejos tiempos, una cerveza juntos, la última del año —volvió a intentar Blaise.

—No pasa nada —Hermione sonrió a Draco, alentándole —id, os vendrá bien.

Pero Draco quería ir con ella.

No entendía muy bien por qué y tampoco quería intentar comprenderlo, al menos no en ese momento, pero lo cierto era que irse dejándola allí no le parecía una opción.

—Tal vez podamos tomar algo aquí —empezó a decir sintiéndose como un idiota.

Hermione parecía debatirse consigo misma hasta que finalmente habló.

—¿Os importaría cambiar Las Tres Escobas por el Cabeza de Cerdo? Sé que no es… bueno, el sitio más elegante, pero apenas va gente además podéis ir vosotros tres y yo os vería allí.

—¿Cómo irías?

Ella sonrió.

—Si os contara mis secretos tendría que mataros después.

Blaise parecía emocionado.

—Me parece perfecto ¿Qué más da dónde? Por mi está bien.

—Por mi vale —Añadió Nott.

Draco asintió sin decir nada y la miró un instante, como si quisiera decirle algo antes de irse. Pero finalmente se dio la vuelta y se marchó con sus amigos dejando sola a Hermione en el aula vacía.

Cuando se hubieron alejado, sacó el Mapa del Merodeador, vio que el camino a la bruja tuerta estaba despejado y fue hacía allá todo lo rápido que pudo.

Llegó antes que ellos, tal y como había planeado y se sentó en el rincón más apartado con una cerveza de mantequilla.

Cuando los chicos llegaron les saludó en la distancia, divertida por las caras que tenían los tres.

No podían evitar ser, en el fondo, niños ricos acostumbrados al lujo y la pompa y aquella taberna era el último lugar dónde cualquiera de ellos habría puesto un solo pie por elección propia.

Desde la mesa se dedicó a observarlos mientras se acercaban a ella.

Zabinni miraba todo con la curiosidad de un niño, como si hubiera decidido que, ya que estaba allí, disfrutaría de la experiencia y se la tomaría como una anécdota más sobre la que poder hablar en el futuro.

Por su parte, Nott procuraba no tocar nada y escaneaba a todos y a todo con precisión, aquel chico tenía un ordenador por cerebro, estaba segura.

Y Malfoy, casi sonrió al pensarlo, tenía la misma expresión de asco que siempre parecía llevar pegada a la cara su madre, como si el entorno oliera mal y no pudiera ocultar el desagrado.

—¿Cómo has llegado tan rápido? —Preguntó Theo sentándose frente a ella.

Hermione alzó las cejas sonriendo y su jarra brindando con nadie en particular.

—Nunca lo sabrás.

—Qué sitio más raro —dijo Blaise sentándose al lado de Theo —Y qué gente tan rara —murmuró más bajito para que nadie le oyera.

—El sitio da asco —Malfoy tomó asiento al lado de Granger y evitó tocar la mesa.

—Eres un pomposo —dijo divertida —fregotego —murmuró apuntando discretamente a la mesa con la varita.

—¿Ves Granger? Sabes cual es tu lugar, deberías ir pensando lo de la P.I.D.D.O

Nott y Blaise les miraron horrorizados, pensando que iban a empezar los insultos de un momento a otro pero, para su sorpresa, Granger le dio un golpe juguetón en el brazo.

—Eres un idiota

Y Draco sonrió.

Blaise miró de reojo a Theo que parecía tan alucinado como él. Porque una cosa era pensar que aquellos dos tenían algo y otra muy distinta ver ese algo en primera fila.

Y así, entre cervezas de mantequilla, insultos velados, risas y agradable conversación, Hermione Granger pasó el día 30 de Diciembre, casi el último día del año, rodeada de serpientes y extrañando a sus amigos sí, pero un poco menos porque en compañía, las penas son menos penas y si además lo aderezas con cerveza, el presente se convierte en algo mucho menos frío.

Día 31 de Diciembre de 1996. Torre de Atronomía.

—Zabinni te va a matar —Dijo Hermione subiendo rápido las escaleras que llevaban a la Torre de Astronomía —le dijiste que estarías en el Gran Comedor para dar la bienvenida al año.

Draco, que iba detrás de ella, la empujó para que se diera prisa.

—Me da igual.

Hermione sabía que él quería estar con ella. Lo sabía porque ella también quería estar con él.

Y eso en el Gran Comedor no sería posible porque allí cada uno tendría que estar en su mesa, con sus amigos y sería legendario que ellos se felicitaran el año como si fueran amigos de siempre.

Por algún motivo en el que no quería pensar, deseaba despedir el año en compañía de Malfoy. Después de aquellos días juntos, de aquella atracción, de aquella complicidad y aquella extraña simbiosis que habían alcanzado, le parecía el final perfecto de aquella nueva etapa.

Cuando llegaron arriba del todo se acercaron al abismo y se quedaron en silencio, agarrados a la barandilla de la torre, con los ojos fijos en el cielo que se veía límpido y estrellado. La luna menguante ya no estaba tan enorme y plena como en Navidad pero aún iluminaba la bóveda celeste como un lumus solem perfecto.

—Está a punto de terminar un año más —dijo Hermione con solemnidad —este momento me parece un instante entre tiempos, como si fuera un segundo infinitesimal que no pertenece a nada o a nadie.

Él sonrió

—Ahora entiendo por qué te gustan los libros de poesía. Nunca habría pensado que eras una romántica, Granger.

—Oh ¡Cállate Malfoy! El año está casi terminando y no quiero oír tus tonterías —dijo sonriendo.

—Voy a soplar esta cosa para celebrar el año nuevo —Draco sacó del bolsillo de su túnica el pequeño silbato Big Bang Weasley que Fred y George le habían regalado por Navidad y se lo enseñó.

—¡Oye! Eso es mío Malfoy ¡Devuélvemelo!

—No —Él se lo cambió de mano, riendo mientras ella intentaba rodearle para quitárselo —hasta que no lo sople. Estate quieta, Granger. Escucha.

El reloj de la torre empezó a sonar.

Una. Dos. Tres. Cuatro campanadas.

—Ni se te ocurra usar ese silbato. Ni siquiera sé para que sirve, siendo Fred y George puede pasar cualquier cosa.

Cinco. Seis. Siete. Ocho.

—Granger, será una forma de celebrar el Año Nuevo.

Le pasó el brazo por los hombros y la apretó contra su costado para que estuviera quieta.

Nueve. Diez. Once.

—No lo hagas Malfoy.

Doce.

Y Draco lo hizo.

Sopló.

En el momento en el que puso los labios sobre aquel extraño silbato ambos se quedaron quietos, escuchando, expectantes.

—Está roto —dijo con claro disgusto mirando la pequeña flauta —¿Y dices que este artefacto muggle suena?

—No es muggle, es de Sortilegios Weasley, pero creÍ que era algo así como un silbato luminoso. En el mundo muggle los hay para las fiestas. Son parecidos pero este no suena.

—Bueno, al parecer lo vamos a celebrar de la forma tradicional —dijo con media sonrisa Draco.

—¿Cómo es eso?

Él señaló hacia arriba y Hermione vio el muérdago.

Su rostro se sonrojó violentamente y miró a Malfoy como si le hubieran salido ocho ojos.

Sabía, en lo más profundo de su alma, que un beso con él cambiaría los cimientos de su existencia.

No podía hacerlo. Era un mortífago y ella miembro de la Orden. Mientras Malfoy no se decidiera y no tomará una decisión, serían enemigos. Quizás no ahora, puede que no allí, en ese pequeño oasis atemporal en el que estaban, en esas extrañas navidades que parecían haber parado el mundo solo para ellos. Pero al final ese tiempo entre tiempos terminaría y el mundo volvería a girar y ellos volverían a ser los que eran ¿Verdad?

—Es un muérdago mágico —murmuró él acercándose a su cuerpo lentamente — ¿Sabes lo que pasa con un muérdago mágico?

Hermione inspiró entrecortadamente y asintió

—Te… te a-atrapa y no te deja escapar hasta que das un beso a quien está atrapado contigo.

—Cinco puntos para Gryffindor.

El aliento mentolado de Draco acarició los labios de ella con cada palabra.

—Siempre hueles a menta —susurró Hermione que parecía estar en trance

—Me gustan las bolitas saltarinas de menta de Honeydukes —respondió él rodeando la cintura de Hermione con sus brazos —tú siempre hueles a violetas —dijo en un susurro apenas audible, como si se le hubiera escapado.

—Es mi champú

Draco dejó una de las manos en la cintura de la chica y elevó la otra despacio, como si temiera que el momento se rompiera, que ella se asustara o quizás que se asustara él mismo. Cuando sus nudillos rozaron el pómulo sonrojado de Hermione la sintió temblar y sonrió al darse cuenta de que no solo él estaba trémulo y alarmado por las extrañas sensaciones que le provocaba tenerla tan cerca.

Puso la palma en su mejilla y acercó sus rostros hasta que sus labios se rozaron al hablar, sin llegar a besarla.

—Feliz Año Nuevo, Hermione —susurró viendo como los párpados de ella se cerraban poco a poco.

—Feliz Año Nuevo, Draco

Antes de que ella terminara de pronunciar su nombre él la besó.

No fue un beso de película de esos perfectos y acompasados en los que las bocas se coordinan en una danza impecable.

Fue un beso imperfecto, de bocas que se buscan y se encuentran a destiempo, labios que sonríen y lenguas que se entrelazan conociéndose en un baile irregular, en un tiempo inexacto, Fue un beso lento, de reconocimiento, un beso anhelante que se fue elevando en un crescendo sublime, volviéndose ávido y codicioso. Un beso cuya imperfección les llevó al cenit de lo perfecto en una vorágine de necesidad inexpresable.

Hermione gimió cuando la húmeda lengua de Malfoy empujó a la suya con un roce, dos, como si la tentara a seguirle el juego, pidiéndole permiso para devorarla. Sus labios se abrieron para recibirle y se prestó, deseosa, a aquella lucha de poder en la que ambos buscaban la absoluta rendición del otro.

Los brazos de Hermione rodeados a Draco y se pegó a él presa de una necesidad desconocida, de unas ansías que nunca antes había sentido. Se aferró al cuerpo del Slytherin temblorosa, entregándose a sus besos y sus caricias como si estuviera sedienta y el fuera la única fuente en la que calmar su sed.

Minutos u horas después se separaron lo justo para mirarse, ambos jadeantes y aturdidos, contemplándose como niños que han hecho algo que saben que está mal pero que quieres volver a repetirlo cuanto antes.

Se inclinaron de nuevo el uno al otro, sabiendo que no debían hacerlo, incapaces de detenerse pese a eso.

Pero antes de que sus labios volvieran a encontrarse el viento empezó a sacudirlo todo. No era aire, ni siquiera un vendaval, era un auténtico huracán que tomaba forma delante de ellos.

—Oh Dios mío.

Hermione sacó la varita y con un hechizo no verbal hizo que unas cuerdas la ataran a la barandilla de la torre, tomó a Malfoy de la mano y esas mismas cuerdas le rodearon empujándola contra ella.

Se abrazaron.

—¿Qué es eso? —Preguntó Malfoy que no podía ver ya que estaba con su pecho pegado al de ella y solo veía el vacío que tenía la chica a su espalda —Solo espero que la barandilla aguante porque si no…

—¡Saca tu varita! —gritó aferrándose a él —si caemos vas a necesitarla.

—¡Estás loca! —espetó Malfoy al darse cuenta de que hablaba en serio. —¿Qué está pasando? —Volvió a preguntar.

—No vas a creerlo pero se está abriendo un agujero negro delante de nosotros.

Malfoy la miró a la cara con espanto

—¿Cómo dices? ¿Y qué coño hacemos aquí pegados a la barandilla? ¡Vamonos!

—¿Cómo quieres hacer eso genio? Si has hecho tus deberes de Astronomía deberías saber que los agujeros negros absorben todo lo que tienen alrededor.

—Razón suficiente para irnos antes de que absorban la barandilla, Granger.

—Es como una grieta en realidad —dijo ella con los labios pegados a su oído —no parece tener un excesivo poder de succión, solo se ha tragado un telescopio y un par de sillas.

—Oh, fantástico, si solo se ha tragado eso… —dijo con ironía

—¿Qué es eso? —preguntó aterrada de pronto.

Draco intentó girar la cabeza pero era incapaz dada la posición en la que estaban,

—Oh Merlín no es posible —susurró Hermione.

De pronto el viento huracanado cesó y la fuerza de succión desapareció tan rápido como había llegado.

—¿Qué es Granger? —preguntó Malfoy empezando a impacientarse

Ella agitó la varita y les soltó, en el momento en que Draco se vio libre se dio la vuelta y no pudo evitar desencajar la mandíbula.

—¿Pero qué cojones?


N/A ¿Alguien sabe qué ha pasado y adivina cuál será el próximo capítulo?