Hola!
Camiqueen: Ojala sigas amando el resto!
mariapotter2002: Podría seguir el fic de Utopia y ponerlo en esa época a ver qué sale de ahí. Espero que siga creándote vicio xD
No penséis que se me ha ido la olla… que no es el caso. Simplemente bienvenidos al U 2. 0
Besos y abrazos
AJ
Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.
SEGUNDA PARTE U.2.0
Baile de Navidad
HERMIONE
Sala Común de Gryffindor 20 de Diciembre de 1996
Todo era caótico a su alrededor. Lavender y Parvati corrían de un lado a otro probándose vestidos, Ginny, que se había ido con ellas para prepararse, intentaba hacerse un recogido aunque era imposible con su pelo lacio, Fay se pintaba las uñas entre carcajadas, aún a medio vestir y Hermione se ponía un poco de brillo en los labios dándose los últimos retoques.
—¿Te espera Cormac abajo Lavender? —Preguntó Parvati probándose un vestido azul que se ceñía a su cuerpo delegado como una segunda piel —¿Qué os parece este chicas?
—Con mis zapatos azules de raso iría perfecto —dijo Fay señalando el baúl a los pies de su cama.
—Me matará cuando baje —respondió Lavender abrochando los botones que tenían los tirantes de su vestido color magenta —este es maravilloso.
—No te matará, adora el suelo que pisas —Ginny, que había desistido del recogido, se colocaba una horquilla sobre la oreja.
—¿Qué hay de Blaise?
—Por la hora que es debe estar ahora mismo en frente de la Dama Gorda —dijo su amiga entre risitas —Aun no me puedo creer que me invitara al baile.
—¿Y por qué no? Eres preciosa Ginny —Hermione le dio un cariñoso abrazo.
—Pero él es… bueno ¡Blaise!
—Solo ten cuidado —Parvati frunció el ceño mientras se ponía los zapatos —dicen que deja corazones destrozados a su paso.
—Lo tendré, no es que me haga demasiadas ilusiones — Y tú Hermione ¿Nos vas a decir ya quien es tu misterioso acompañante?
Ella sonrió y negó con coquetería.
—No quiero decirlo, es una sorpresa.
—Sorpresa sería que fuera con mi hermano —dijo Ginny.
Todas se echaron a reir.
—Es una pena —suspiró Lavender —es tan guapo… con esos ojitos azules y esa boquita —volvió suspirar —Yo podría decirle Oh Ro Ro, cásate conmigo y el me diría Lav Lav eres la única en mi mundo.
Ginny soltó una estruendosa carcajada.
—Para que te dijera eso deberías empezar por llamarte Narciso, por seguir con los nombres florales.
—La vida es tan injusta —volvió a decir la rubia.
—Ronald es maravilloso —puntualizó Hermione
—¿Qué puedes decir tú? Harry y él son tus mejores amigos. No irás con Harry ¿No? —preguntó Parvati —Siempre he pensado que entre tú y él había algo.
—También pensaste que había algo entre él y Ron —murmuró Lavender.
—¡Lav! —la miró malhumorada —eso fue antes de saber que Harry no era gay.
Hermione abrió los ojos como platos
—¿Qué en nombre de Merlín te hizo pensar que Harry era gay?
—Pues no sé, siempre ha sido un poco tímido y nunca parecía interesado en nadie.
—Harry no es gay, para nada. De hecho tiene novia, bueno o algo parecido a una novia.
Lavender, Fay y Parvati se echaron encima de ellas como tres buitres
—¿Quién es?
—Ah no no no, esperaréis al baile panda de chismosas. Ginny ¿Vienes?
—Claro.
Bajó con Ginny a la Sala Común dónde Ron, ya vestido con una elegante túnica de gala estaba sentado frente a la enorme chimenea.
—¡Maravillosas! —exclamó antes de levantarse para tomar las manos de Hermione y besar sus dorsos antes de hacer lo mismo con su hermana.
—Tú si que estás guapo Ronald —le besó en la mejilla y le abrazó.
—Cuidado, no me arrugues la túnica —se quitó una mota inexistente del frontal —esta noche tiene que ser perfecta.
—¿Y eso por qué? —Harry se acercó a ellos, tan guapo como Ron
—Porque he conseguido la mejor cita del colegio —respondió el pelirrojo subiendo y bajando las cejas.
—¿La mejor cita del colegio? No le gusta el quiddich, ni la cerveza de mantequilla, ni las fiestas…
—Pero le gustó yo —replicó Ron con una enorme y bobalicona sonrisa.
—¿Cómo no ibas a gustarle? —Hermione se acercó y le dio un pellizco en el trasero —eres un bombón.
—Pues este bombón va a buscar a su acompañante, he quedado con él en el Hall delante del Gran Comedor.
—Theo será el paliducho nervioso que se esté comiendo las uñas —murmuró Ginny con burla.
—Vamos no le hagas caso Ronald. Theo es muy guapo, solo un poco… particular.
—No sé por qué os aguanto —dijo saliendo por el retrato de la Dama Gorda sin esperar a nadie.
—¿Y tú ya nos dirás quién te acompaña? —Le preguntó Harry
Hermione negó con el dedo índice.
—En fin, entonces ¿Vamos a por nuestras serpientes Ginny? —dijo ofreciéndole el brazo a la pelirroja —Si llego tarde Astoria me despellejará vivo y se hará un bolso con lo que quede de mi.
Hermione vio a sus amigos salir y dio varias vueltas sobre sí misma cuando se quedó sola en la Sala Común.
¡Era tan feliz!
La vida podía ser maravillosa y esas navidades serías las mejores de su vida.
Aún no podía creer que él se hubiera fijado en ella. Que le hubiera pedido ser su pareja en el baile como si de verdad la viera por primera vez.
Pero pese a toda esa burbuja de felicidad, Hermione, siendo Hermione, había preferido guardarlo en secreto.
¿Estaba mal desconfiar?
De verdad ella anhelaba confiar en él, por primera vez tenía una cita de verdad, por primera vez un chico guapo se había fijado en ella más allá de su ropa holgada y su inteligencia.
Hermione sabía que era bonita, de hecho esa noche se había esmerado tanto para estar perfecta para él que ni siquiera se había reconocido en el espejo al mirarse.
Volvió a la habitación cuando Lavender, Parvati y Fay salieron casi volando por el retrato de acceso a la torre y se observó por última vez.
Su pelo estaba apartado de su rostro en un semirecogido que le daba un aire distinguido dejaba ver sus pómulos algo más marcados con el maquillaje que le había aplicado Ginny. Se había colocado unos pendientes sencillos de oro blanco a juego con una gargantilla fina y delicada que tenía pequeños brillantes engarzados que relucirían a la luz de las velas.
Su vestido de color gris, era elegante, de cuello barco, con los hombros descubiertos y se ajustaba a su torso y su cintura abrazándola delicadamente. La seda caía en corte recto hasta los tobillos, con una pequeña abertura lateral en el lado derecho hasta la rodilla.
Los zapatos negros con tiras en el tobillo, la elevaban sus buenos ocho centímetros del suelo y, para completar el atuendo, un bolso de mano del mismo color servía para guardar su telesforo.
Era maravilloso que Lily Potter hubiera logrado llevar la tecnología muggle al mundo mágico, yendo incluso más allá, porque en el mundo muggle, los teléfonos únicamente servían para hablar y para mandar algún mensaje de texto. Maraunders inc, había logrado adaptar un pequeño dispositivo, que, a simple vista parecía un poco engorroso pero funcionaba fenomenal.
Tirando de una pestaña lateral salía un trozo de pergamino mágico y de la pestaña de la parte inferior una pequeña pluma para escribir. Tecleando un código numérico y un nombre, los telesforos se conectaban y todo lo que escribías en el tuyo, aparecía en el telesforo anexado.
Era una forma de comunicación inmediata, muy práctica, aunque el aparato era por el momento algo grande y Sirius estaba trabajando para mejorarlo o hechizarlo para que se pudiera utilizar un hechizo reductor en él sin devaluar la calidad del producto.
Lo de telesforo… Bien, James fue a registrar el nombre y tuvo algún que otro problema al recordar que los muggles lo llamaban teléfono.
Había dormido en el salón, según le había contado Harry, al menos una semana hasta que Lily le perdonó.
Tomando aire, dejó de divagar se apartó un rizo rebelde de la mejilla y decisió que ya iba siendo hora de bajar al Gran Comedor.
Tenía por delante la mejor noche de su vida.
DRACO
Sala Común de Slytherin 20 de Diciembre de 1996
—No puedo creer que me hayas dejado tirado —le dijo a Pansy, ofendido.
—¿Y qué esperabas? Draco eres un imbécil, ni siquiera entiendo por qué pensaste, ni un solo segundo, que iba a prestarme a hacer algo tan vil y cruel.
Draco contempló a su ex novia como se hubiera vuelto loca.
—¿Perdona? Eres el epítome de la crueldad, Pansy. Te he visto pisotear corazones con los tacones de tus zapatos sin pestañear.
—Querido —respondió ella aplicándose el carmín rojo en el labio inferior — todos y cada uno de los corazones que he aplastado con mis magníficos zapatos han sido de imbéciles como tú. Y se merecían cada uno de los taconazos. De hecho tú te mereces unos cuantos —sonrió — no seré yo quien te los de, lo siento guapo, ya no me gustas de ese modo. Pero espero que encuentres a alguna zorra como yo que te despelleje —le tiró un beso mientras se alejaba —te lo mereces.
Draco maldijo y pateó un sillón asustando a un niño de primer año que pasaba por la Sala Común.
Aquello se le había ido de las manos.
Iba a perder la maldita apuesta por culpa de Pansy. ¿Dónde iba a encontrar a una bruja sin cita minutos antes del baile?
Él había sido claro, iría con ella al dichoso baile ¿De dónde venían sus repentinos remordimientos?
Flint iba a ganarle, de nuevo y eso le carcomía por dentro.
La apuesta era sencilla, debía llevar a una de las empollonas del curso que Marcus eligiera e invitarla al baile para después dejarla plantada por otra en las escaleras del Hall antes de entrar al Gran Comedor. Si lo hacía ganaría a Marcus y elegiría el siguiente reto para él.
Llevaban haciendo eso durante dos años y de todos los desafíos aquél le había parecido el más sencillo con diferencia.
¿Y a quién eligió su amigo? A Granger. Dijo que eran dos retos en uno, primero conseguir que ella le aceptara, algo que Marcus dudaba que sucediera y segundo dejarla tirada. La chica no había tenido nunca ni una sola cita, algo normal teniendo en cuenta que era una mojigata que siempre tenía la nariz metida en los libros, no tenía sentido del gusto o de la moda y parecía demasiado tímida para dar el primer paso con nadie.
A Draco le daba algo de pena, en el fondo la chica no le caía mal, Theo le había dicho que era agradable y simpática, por lo que dejarla en ridículo delante de todo el colegio no era algo que acabara de gustarle demasiado, pero la otra opción era perder, en cuyo caso sería él quien terminara siendo el hazmereír del colegio ya que tendría que ir en calzoncillos desde la Torre de Griffyndor a las mazmorras con un cartel que dijera no soy una serpiente, soy una lagartija.
Si había algo que Draco odiara era hacer el ridículo por lo que no se lo pensó y se dijo: mejor ella que yo.
Decidido, se acercó a la castaña en la biblioteca y le dejó un trozo de pergamino sobre la mesa guiñándole un ojo antes de irse. La verdad era que no se sentía cómodo pidiéndoselo en persona, no creía ser capaz de mantener la máscara en su sitio, no sabía si podría mirar aquellos inocentes ojos sabiendo lo que pensaba hacer y pedirle ir juntos al baile.
Draco no era un santo, pero tampoco era tan malo.
En el papel únicamente la invitaba al baile y le pedía confirmación.
La muchacha había conseguido de algún modo su número de telesforo y le había respondido a día siguiente que aceptaba a invitación.
Para disgusto de Marcus, había ganado la primera parte del reto.
Ahora, por culpa de Pansy, Draco iba a perder el segundo.
Con un suspiro decidió subir a por la chica.
Si no podía ganar la apuesta de poco le serviría dejarla tirada, aún así habría perdido y además habría hecho daño a Granger solo porque sí, sin un sentido real. Draco podía ser un estúpido, pero no era un mago tenebroso despiadado e inhumano.
Se colocó la túnica de gala y la alisó, sacudiendo un poco la cabeza para que el pelo se despeinara lo justo para darle un aire desenfadado y no tan serio.
Era el baile de Navidad. Tampoco podía ser tan malo ir con el patito feo del colegio, si Theo tenía razón al menos la conversación sería decente, algo a lo que no estaba acostumbrado ya que sus citas habituales tenían muchas virtudes, pese ninguna de ellas fuera el cerebro.
Cuando llegó al Hall estaba casi vacío, a excepción de un par de alumnos de Hufflepuff algo ruidosos y una bruja escultural que estaba de espaldas. Supuso que el resto de las parejas ya habían entrado al Gran Comedor, aunque aún no se escuchaba música, debían estar esperando el discurso del director Snape.
Miró el reloj algo disgustado porque al parecer la chica no era excesivamente puntual y, al levantar la vista se dio cuenta de que una de las personas que había en la sala le estaba saludando.
De hecho era la bruja escultural que se había dado la vuelta y le miraba con una sonrisa.
En un primer momento pensó que era su día de suerte si había encontrado una cita de último momento que le permitiese ganar el reto de Marcus, pero ella se acercó con una hermosa sonrisa y un brillo divertido en sus ojos castaños y el reconocimiento le golpeó en pleno plexo solar como si fuera un ariete tratando de reventar una puerta acorazada.
—¿Granger?
—Hola Malfoy
Draco tragó saliva y trató de no tragarse de paso la lengua.
¿Qué le había pasado a Hermione Granger y cómo se había convertido en una diosa en solo unas horas?
¿Desde cuándo ocultaba todo eso debajo del holgado uniforme y del horrible pelo alborotado que solía llevar?
—Hola
Repitió él preguntándose dónde se había dejado él la labia y la locuacidad de las que siempre hacía gala.
La sonrisa de la chica pareció flaquear un poco y, dándose cuenta de que estaba haciendo el tonto en mitad de la entrado con la que, posiblemente fuera, la chica más bonita del baile, tendió el brazo con galantería hacia ella y sonrió.
—¿Entramos?
Los ojos de Granger brillaron con evidente alegría que ni siquiera trató de disimular y se agarró a él suavemente, casi como si temiera tocarlo.
En el momento en que aquellos delicados dedos se posaron sobre la manga de su túnica, un escalofrío de reconocimiento los recorrió a ambos y Draco frunció el ceño ligeramente durante un instante antes de encogerse de hombros mentalmente y seguir adelante hacia el Gran Comedor.
Acababa de pensar que, si tenía que hacer el ridículo delante de todos sus compañeros, al menos podía disfrutar de la noche hasta el final, ya que iba a perder lo haría con clase, estaba deseando verle la cara a Marcus cuando le viera aparecer con semejante compañía.
La miró de reojo de nuevo y se dijo que, si fuera menos educado, habría silbado como un animal e incluso, tal vez, podría hasta haber babeado.
—¿Preparada? —Le preguntó apoyando la mano en la cintura de ella para cederle el paso.
—Preparada.
Juntos atravesaron las puertas del Gran Comedor en el momento en que el director subía a la tarima y pedía silencio por lo que nadie les prestó mucha atención.
—Estimados alumnos — dijo con una sonrisa —bienvenidos a un nuevo Baile de Navidad. Una vez más nos reunimos para celebrar estas maravillosas fiestas juntos antes de poder hacerlo en familia, para dar las gracias por esta maravillosa era de paz. Este año tenemos una visita muy especial. Permítanme que les presente al ex director de Hogwarts, al Jefe Supremo de la Confederación Internacional de Magos y Ministro de Magia de Inglaterra, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
Todos los alumnos rompieron en aplausos mientras Snape abrazaba con cariño al anciano mago quien, pese a la edad, seguía pareciendo lo que era, el mago más poderoso del mundo.
— Gracias por tan encantadora bienvenida — les miró por encima de sus gafas de medialuna con ojos chispeantes y una genuina sonrisa — es un placer estar de nuevo aquí, de poder celebrar con vosotros estas adorables fiestas. Quiero agradecer a mi buen amigo Severus por la invitación, he de decir que me pilló por sorpresa mientras estaba reunido con el Jefe del Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas, Rubeus Hagrid quien me ha pedido que os envíe este mensaje de su parte.
El Ministro abrió la mano e hizo un gesto hacia los alumnos, de pronto cientos de pequeñas hadas revolotearon por el salón en una explosión de polvos luminosos y aleteos diminutos.
—Felices fiestas a todos, que de comienzo el baile.
La orquesta comenzó a tocar y muchas parejas se acercaron al centro de la estancia dispuestos a dar lo mejor de sí mismos, Draco tomó de la mano a su acompañante y la llevó con él.
—No sé si sea buena idea —susurró Hermione que le aferraba con fuerza los dedos — no soy muy buena bailando.
—Solo déjate llevar y yo haré todo el trabajo —dijo él con los labios pegados a su sien mientras la pegaba a su cuerpo y rodeaba con un brazo su cintura sin soltar su mano —relájate, Granger, lo haremos bien juntos.
Al principio la chica parecía tan tensa como la cuerda de un arco, pero poco a poco, según las notas se deslizaban por sus oídos con la misma suavidad que lo hacían sus pies por la pista, se fue relajando en los brazos de Draco hasta fluir elegantemente como si fueran un solo cuerpo.
—Es increíble que Dumbledore siga en su puesto de Jefe Supremo ¿No crees? —dijo intentando entablar conversación con ella.
—¿Por qué? Es el mejor mago del mundo, lo raro sería que no lo fuera.
—Sí, es el mejor mago —concordó él —pero lleva demasiado tiempo en esa posición, creo que ha sido el mago que más tiempo ha ocupado el cargo en la historia.
—Albus Dumbledore es una leyenda —dijo ella — después de vencer a Grindelwald se ocupó de llevar a Hogwarts a lo más alto —continuó diciendo con evidente emoción en la voz —Gracias a él es la mejor Escuela de Magia del mundo. Después se ocupó de la Confederación y de Inglaterra ¿Quién más podría hacer todo eso? Me encantaría conocerle.
—Mi padre lo conoce —respondió él sin saber por qué sentía la apremiante necesidad de impresionarla.
—¿En serio? ¿Y tú?
—Alguna vez he hablado con él —dijo dándose aires —pero ya sabes, él es el Ministro y yo un adolescente —añadió sabiendo que era mejor optar por la verdad —no creo que las conversaciones fueran más allá de un Hola chico ¿Cómo estás? y un Espero verte pronto.
—¡Merlín! Yo tendría tantas cosas que preguntarle y tanto por decirle. ¿Has leído su libro de La lealtad de un mago, el límite entre el amor y el deber?
— Sí —dijo Draco algo sorprendido de que ella lo hubiera leído también.
—Me pareció fascinante. Te juro que no entiendo que las ventas del inútil de Lockhart se disparen cada vez que escribe un libro sobre las virtudes de mantener el pelo limpio o Como ser el hombre más hermoso y evitar el matrimonio y que, el libro de Dumbledore o incluso la biografía de Tom Ryddle Hijo de la amortentia, acaben en algún estante perdido de Flourish & Blotts.
Draco no pudo evitar sonreír por la vehemencia de la chica y deleitarse con que pensara lo mismo que él.
—¿Has leído Hijo de la Amortentia? —Le preguntó interesado ya que era un libro que le había gustado mucho.
—¡Por supuesto! ¿No crees que es un libro increíble? Ese chico pudo haberse convertido en alguien horrible. Fue una suerte que Slughorn hiciera lo que hizo y consiguiera detenerle y demostrarle cómo podían ser las cosas.
—La vida de Ryddle fue difícil, pero demostró un gran valor a superarse a sí mismo.
—Venció la oscuridad —concordó ella — demostró que Salazar Slytherin se equivocaba y que su propia sangre sería quien, en lugar de abrir la Cámara de los Secretos, la cerrara.
—Debió de ser una época apasionante en Hogwarts —replicó Draco — lo más extraño que ha pasado por aquí desde que nosotros llegamos fue el día en el que Crabbe se comió un alarga lenguas y tuvimos que esperar tres días a que le desengancharan de la estatua de la bruja tuerta.
—Oh vamos —ella rió dándole un golpecito en el brazo — no todo es aburrido. Harry, Ron y yo fuimos en segundo curso a buscar la Cámara de los Secretos.
—¿No la selló Ryddle junto a Slughorn y Dumbledore? —preguntó él.
—Me temo que sí, pero aún así nosotros la buscamos por todo el colegio, fue divertido. Además Nick Casi Decapitado nos dijo que en los tiempos de Ryddle, todo ocurrió en uno de los baños del segundo piso. Incluso vimos un grifo con una pequeña serpiente, pero por más que intentamos hechizarla y apretarla y tocarla, no pasó nado —terminó diciendo con algo de desilusión.
—¿Y todas esas cosas las hacíais, imagino, por la noche cuando debíais estar en la Sala Común?
La chica se sonrojó.
—Bueno, digamos que Harry es digno hijo de su padre.
—¿Qué quieres decir?
—Si conocieras a los Potter o, más bien, a los miembros de Maraudes inc, lo entenderías. James Potter y Sirius Black deben haber sido los alumnos más rebeldes de este colegio antes de los gemelos Weasley.
—¿Y Potter ha decidido seguir sus pasos?
—Más o menos —respondió riendo la castaña.
—Pues Astoria —Draco señaló a la hermosa rubia que se pegaba al moreno como un si le hubieran lanzado un Epoximise —es capaz de irse a la torre de Gryffendor y coserle a los doseles de la cama para que no se meta en ningún lío. Los Greengrass son excesivamente conservadores y no soportan una sola salida de tono.
—Pues si Astoria quiere que eso —dijo ella señalándoles de nuevo mientras salían a la pista —se repita, va a tener que aprender a hacer la vista gorda.
Se sonrieron y, al terminar la canción se acercaron a la mesa de los ponches navideños.
—Vaya Malfoy —dijo Marcus Flint que bebía apoyado en la pared más cercana — que bien acompañado te veo.
Draco afianzó el agarra que tenía sobre la cintura de la chica y la guió para tomar la bebida antes de acercarse a su amigo.
—Hola Marcus —se giró hacia ella —Hermione, Marcus Flint.
Ella asintió con educación y él solo alzó una ceja con diversión.
—La vuelta de navidades será épica —dijo riendo entre dientes antes de alejarse.
—¿Por qué dijo eso?
Draco se encogió de hombros
—Marcus es un tipo extraño —fue todo lo que dijo —Sentémonos un rato o vayamos a pasear a los jardines ¿Te apetece?
Ella, como toda respuesta, dejó la copa en la mesa y sonrió.
—Claro que sí, vamos.
—Siempre podemos ir a buscar unicornios al Bosque Prohibido —susurró él tomándola de la mano —o visitar a los centauros o colarnos a buscar el espejo de Oesed, me dijo Blaise que lo vio en segundo curso.
—¿En serio? —preguntó ella sorprendida.
—¿Qué lo vio? Sí, en serio —le dio un apretón en los dedos —¿Qué vamos a ir a buscarlo? No, pequeña leona aventurera hoy vamos a cumplir las normas, así que solo iremos a pasear, como mucho, si te comportas, podría llevarte a dar una vuelta en mi escoba.
—¿En serio? —Dio un par de saltitos a su lado —me encanta volar, pero las Barredoras del colegio son muy lentas y Harry no quiere dejarme su Saeta. He visto tu escoba y es una 3.0 ¿Verdad?
Draco no pudo evitar reír ante el obvio entusiasmo de Granger y, en lugar de salir al exterior, tiró de ella hacía las mazmorras.
—¿Dónde vamos?
—A la Sala Común de Slytherin —dijo él bajando las escaleras —iré a por mi escoba, creo que nunca ninguna chica se ha mostrado tan interesada por ella. Empiezo a creer que ese fue el motivo de aceptar mi invitación.
La miró de reojo y la vio sonrojarse nuevamente.
—Sabes que no fue por eso.
—¿No? —preguntó él con la voz algo más grave, acercándose un poco a ella —¿Y por qué fue entonces?
Hermione pestañeó con coquetería y negó con la cabeza lentamente.
—Tal vez te lo diga… después de dar ese paseo en escoba.
Entre risas continuaron bajando hasta la Sala de las serpientes y, mientras Draco entraba a buscar su Saeta 3.0, preguntándose así mismo en qué demonios se estaba metiendo y Hermione le esperaba en la entrada, ninguno de los dos fue consciente de que alguien, oculto entre las sombras, les espiaba.
