Hola!
Vale, me está costando mucho escribir esto porque, a ver, quién haya leído mis historias sabrá que trato de hacer a mis personajes lo menos OoC posible y aquí estoy intentando hacer todo lo contrario sin que pierdan esa pizca de lo que son… Vamos que me estoy liando sola, pero, para mi "plan" necesito hacerlo así que… pues nada, que salga lo que tenga que salir.
Besos y abrazos
AJ
Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.
SEGUNDA PARTE U.2.0
Baile de Navidad
RON
Gran Comedor 20 de Diciembre de 1996
—¿Malfoy es la cita de Hermione?
Ron miró a su acompañante sin procesar del todo sus palabras.
—¿Cómo dices?
— Mira hacia la puerta —respondió sencillamente Theo.
Cuando lo hizo, Ron abrió la boca tanto que su pareja tuvo que cerrársela con un dedo y mantenerle los labios apretados para que nadie escuchara la explosión que iba a salir por allí de un momento a otro.
—Ron, te agradecería que no montes un espectáculo en mitad del Baile de Navidad. Por ti, por mi, pero sobre todo por tu amiga, no creo que te perdonara algo así.
Él respiró y contó hasta diez, y luego hasta veinte y, finalmente, una vez hubo contado hasta doscientos treinta y dos, pudo volver a despegar los labios sin miedo a empezar a dar voces.
—Está bien —masculló entre dientes tomando de la mano a Theo para llevarlo hacia un lateral de la sala desde el que podía verlo todo —¿Cómo ha terminado Hermione con ese payado?
—Venga Ronald —Theo le apretó con cariño el brazo — sabes que Draco no es mal tío.
—Solo un poco ególatra, narcisista y creído como el demonio.
—Bueno, quizás un poco de todo eso sí es, pero no es mal tío.
—¿Acaso es mentira la guerra de retos que se trae con Flint desde hace años? —Señaló a la pareja — porque eso, me suena a apuesta. Y Theo, si mi mejor amiga es la nueva apuesta de esos dos capullos me voy a enfadar y sí, voy a pensar que es mal tío.
—Sabes que lo de la guerra de retos es verdad, pero no creo que Draco haya sido capaz de algo así. Y si lo hubiera sido solo te digo que se iba a estrellar a lo grande. ¡Mírala! Ron, no me atraen las chicas y aún así solo puedo mirarla y pensar wow. Ella está preciosa esta noche.
—Ella está preciosa siempre —replicó Ron con absoluta lealtad.
—Tú siempre la ves preciosa porque la quieres —concordó Theo — pero aunque es bonita no cuida demasiado su apariencia y la gente solo ve lo que quiere ver, pocos intentan escarbar un poco más debajo de la primera impresión.
— Hermione no necesita ese vestido o maquillarse para ser perfecta.
—Lo sé Ron —respondió Theo, aunque él sabía que lo decía para tranquilizarle.
Suspiró y pasó el brazo sobre los hombros de Nott.
—Mírale, Malfoy tiene cara de no creerse lo que ve.
—Hazme caso—dijo Theo —si conozco algo a Draco lo último en lo que está pensando ahora es en los retos de Flint.
—Ya… —respondió con sarcasmo — No le conozco y sé perfectamente en lo que está pensando —gruñó Ron.
Era un adolescente, igual que él, con las mismas necesidades, los mismos deseos y las mismas prioridades. No necesitaba ser Premio Anual para saber que, en aquél instante, lo único que el rubio tenía en la cabeza era la forma de conseguir que Hermione se sacara ese maravilloso vestido y le dejara ver lo que había debajo, eso solo para empezar la noche.
¿Y cómo lo sabía? Pues obviamente porque él mismo llevaba más de media hora intentando encontrar la forma de llegar al mismo sitio con Theodore.
Se pasó la mano por la cara con frustración.
No estaba bien, no, no estaba bien que Malfoy tuviera pensamientos impuros con su mejor amiga ¿Verdad? Ella era inocente, pura, amorosa… Hermione no podía terminar bajo las garras de un don Juan de tres al cuarto como Malfoy. Ella no sabía las reglas del juego, no sabía separar el deseo del amor e iba a estrellarse en cuanto terminara enamorada del guaperas de turno que la trataría como una muesca más de su cabecero antes de ir a por otra presa nueva, más guapa, o más interesante.
Theo, que parecía saber lo que tenía su pareja en mente, sonrió.
—Ella es mayorcita ¿Sabes?
—Hmmpfff
— A lo mejor ella también quiere probar cosas nuevas…
—Hmmmmpfffff
— Venga Ronald. Si te pones así con esto, no quiero pensar en cómo vas a llevar a Blaise…
Aquellas palabras fueron un error.
De pronto la temperatura del magma interno que Ron llevaba un rato alimentando, se elevó de forma peligrosa.
Y es que Ronald Bilius Weasley era, en su exterior, apacible, tranquilo, cariñoso y rara vez parecía enfadarse, siempre estaba feliz de haberse conocido y de conocer a los demás, por lo que la afabilidad era la primera característica que te venía a la cabeza al pensar en él.
Pero la gente más cercana, los que de verdad le conocían, los que habían convivido con él a lo largo de los años, sabían que en realidad, el genio de Ron, el carácter difícil, su intensa cólera… vamos, su pura y simple mala leche, era como una erupción magmática.
Las erupciones magmáticas son fenómenos causados por la liberación de gas del magma o la desgasificación, cuando la caída de la densidad que impulsa el magma hacía arriba sufre una descompresión. Esto sucede así por el principio de Arquímedes, que dice que, un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluído en reposo, experimenta un empuje vertical hacia arriba, igual al peso del fluido desalojado.
Y básicamente esas palabras fueron el detonante que desgasificó a Ron.
Desde que había visto a Malfoy y a Hermione, ese fluido que era su furia, permanecía en reposo, variando de la irritación al enfado, del enfado al enojo y del enojo a la cólera. Pero estaba allí, latente, dormido.
Hasta que Theo puso en marcha el principio de Arquímedes con esas pocas palabras, siendo el empuje vertical que necesitaba para que esa magma, o cabreo monumental, erupcionara de forma explosiva, inesperada y salvaje.
El Ronald tranquilo, apacible y afable se esfumó dando paso a un basilisco enfurecido que solo quería sangre.
—¿Dónde exactamente está mi hermana? —preguntó en un siseo suave, tan suave que pudo ver como Theo se estremecía de espanto —no la veo por aquí desde hace un rato.
—Ahmmm Ron, ese no es el punto, ya sabes, yo me refería a que ellos parece que… no sé, que se gustan y eso, además Blaise ha cambiado mucho desde el último curso y él esto… mmmm, él parece realmente interesado en Ginny, interesado de verdad, ya sabes, serio y eso.
Ron podía oler el miedo, podía incluso sentir la forma atropellada y nerviosa de hablar de Theo como lo que era, la manera de ganar tiempo para evitar que cometiera un asesinato para vengar el honor de su hermana.
—¡Merlín! Lo mato. Te juro que lo mato.
Soltándose del agarre de Theo se olvidó de todo. Se olvidó de Hermione, de la apuesta, de que Malfoy era un cretino, de su cita, del plan perfectamente elaborado que iba a llevar a cabo para poder pasar un rato a solas con Nott haciendo algo más que bailar, se olvidó de todo lo que no tuviera que ver con arrancar la cabeza de Blaise Zabini y colgarla en la pared del Hall del castillo como recordatorio a cualquier pusilánime que tuviera el más mínimo pensamiento indecente hacia su hermana pequeña.
—Oh mierda.
Fue lo último que escuchó decir a Theo detrás de él antes de salir del Gran Comedor como un lobo en luna llena, sediento de sangre fresca.
HARRY
Gran Comedor 20 de Diciembre de 1996
Harry dejó a Astoria con su hermana Daphne después de bailar con ella y, antes de ir a por algo de beber vio a Ginny salir de la sala junto a Blaise Zabini.
Quizás en otras circunstancias no le hubiera dado demasiada importancia, al fin y al cabo él mismo estaba buscando el momento de salir a dar un paseo junto a Astoria, a ver si con suerte la chica le dejaba darle unos cuantos besos e ir un paso más allá en su, por el momento, platónica relación.
Pero que Ginny Weasley, la hermanita pequeña de su mejor amigo, casi una hermana para él, saliera de la mano de uno de los chicos más inestables del colegio, entre risitas tontas y secretitos en el oído, le dio mala espina y, antes de pensarlo dos veces, salió tras ellos.
Después de un par de minutos escondiéndose tras armaduras y estatuas para evitar ser visto, lamentó no tener a mano la capa de invisibilidad de su padre porque estaba siendo un infierno pasar desapercibido en un castillo que, al parecer, había convertido la fiesta de Navidad en una explosión de reuniones clandestinas y hormonas revueltas.
Pasó cerca de una clase con la puerta entreabierta tras la que Neville Longbotton, alias invatible por ser el mejor guardián del equipo de Quiddich de Hufflepuff en los últimos doscientos años,besaba a Pansy Parkinson como si quisiera comérsela allí mismo, dentro del aula de Encantamientos.
Un poco después, en el recoveco de una de las columnas, escuchó los ruidos inconfundibles de besos y susurros no sabía de quién, pero supuso que eran los dos Ravenclaw con los que se había cruzado un par de minutos atrás. Más tarde le tocó el turno a Lavender Brown que prácticamente volaba escaleras arribas con Cormac MacLaggen, seguramente camino de la Torre de Gryffindor y Luna Lovegood, siempre tan seria y sensata, estaba desmadrada riendo por el tercer piso junto a Dean Thomas que la seguía entre carcajadas.
Subió hasta la cuarta planta a tiempo de descubrir como Draco Malfoy y Hermione corrían hacia la torre del reloj con la Saeta 3.0 del rubio y tuvo que luchar contra la repentina necesidad de cambiar de rumbo y de objetivo y seguirles a ellos porque, si bien Ginny era la hermana de su mejor amigo, Hermione era prácticamente de su familia desde que a los once años había descubierto su mundo.
Pero al final decidió subir al quinto piso, pensando que a Hermione no le vendría nada mal desmelenarse un poco, Merlín sabía que era demasiado seria y estudiosa para su propio bien. Al día siguiente hablaría con ella y se aseguraría de que todo estuviera bien.
De pronto la pareja a la que perseguía entró en el baño de prefectos y, antes de poder ir detrás de ellos, alguien tiró de él desde una entrada secreta tras un cuadro y, cuando ligeramente turbado se giró para enfrentar a quien fuera que le hubiese encerrado allí, vio a los gemelos Weasley sonriéndole con idénticas caras de alegría.
—¡Hola Harry! —dijo el que parecía ser Fred
—Te hemos estado observando —replicó el que debía ser George.
—Y nos hemos dado cuenta de que tú.
—¡Nos necesitas! —terminaron a la vez.
Harry sacudió la cabeza intentando seguirles, algo que siempre resultaba complicado con aquellos dos.
—¿Os necesito? —preguntó de forma absurda —¿Por qué exactamente os necesito?
—¿Eres prefecto?
Él negó con la cabeza
—¿Y sabes la contraseña para entrar en el Baño de los Prefectos?
Él volvió a negar
—¿Lo ves? —dijo Fred o George, ya no lo tenía tan claro — Nos necesitas.
Harry parpadeó, confundido.
—¿Sabéis quienes eran? —preguntó, al fin y al cabo Ginny era su hermana pequeña, no pensó que les hiciera mucha gracia que estuviera encerrada con Blaise Zabini en ese baño.
—Nosotros lo sabemos todo —respondió uno
—Siempre —dijo el otro.
—Sin ninguna duda — volvió a decir el primero.
—¿Y no os molesta que Ginny esté allí dentro con Zabini?
—No —volvió a decir el que él pensaba que era Fred.
—No nos molesta ¿Sabes por qué?
Harry empezaba a pensar que aquella era la conversación más absurda que había tenido con Fred y George alguna vez y eso era mucho decir.
—Tenemos una alarma
Harry sintió que la sangre se congelaba en sus venas. Aquello no podía ser bueno.
—¿Una alarma? — Se atrevió a preguntar.
—Algo así, digamos que es una protección.
—¿Qué clase de protección? —preguntó de nuevo no demasiado seguro de querer oír la respuesta.
—¿No pensarás que íbamos a dejar a nuestra hermana pequeña… —dijo uno de ellos.
—La única que tenemos —añadió el otro.
—En las manos de cualquier idiota indecente del colegio —terminaron juntos.
—Oh Dios —susurró Harry —¿Qué le habéis hecho a Ginny?
—Bueno, nada malo —dijo ¿Fred?
—Siempre y cuando se comporten ahí dentro —acotó el otro con una sonrisa que a Harry le puso los pelos de punta.
—¿Y qué pasará si… esto si no se portan demasiado bien?
Los gritos comenzaron en ese mismo instante.
—Vaya — volvió a decir Fred, o eso creyó Harry —creo que al fin y al cabo lo vas a descubrir.
George chasqueó la lengua.
—Lástima, me cae bien ese Blaise ¿Sabes?
Harry salió al corredor en el instante en que la puerta del baño de los prefectos se abría y una Ginny asustada salía gritando mientras trataba de arrastrar a Blaise tras ella.
—¿Harry? —le llamó al verle en el pasillo
Harry miró alrededor dándose cuenta de que los Weasley no habían salido con él.
—Ginny ¿Qué ocurre? —preguntó acercándose a la chica
—Oh Harry, es Blaise ¡Mírale!
Él lo hizo y cerró los labios en un infructuoso intento de no prorrumpir en carcajadas.
—No Harry —dijo ella que le conocía lo bastante como para entender por qué empezaba a ponerse rojo — no lo hagas
Él negó fervientemente con la cabeza tratando de recomponerse y de no mirar al convaleciente Zabini que mascullaba incoherencias medio caído en el suelo.
—¡Harry, no! —repitió Ginny en un tono que a él le recordó a Molly dirigiéndose a Ron — Ni se te ocurra.
—Gin…. Ginn… Ginny —murmuraba lastimeramente Zabini
Y Harry explotó.
Simplemente no pudo aguantar más las risas que pugnaban por salir de su garganta y rió hasta que las lágrimas le corrieron por las mejillas en una catarata salvaje.
No podía parar, no podía ni siquiera respirar.
Ginny le regañaba, le insultaba e incluso le amenazaba pero Harry sólo podía sujetarse las costillas en un intento de evitar que se le salieran las tripas porque, estaba seguro, que si no paraba de una vez algo le iba a suceder a su cuerpo. Se retorcía espasmódicamente con cada quejido de Blaise porque, cuando pensaba que iba a controlarse, el chico volvía a gemir en su comatoso estado y Harry volvía a empezar.
—¿Pero qué te pasa Harry? —Estaba diciendo Ginny que luchaba con el peso del Slytherin para que no se le cayera de entre los brazos —¡Necesito tu ayuda! Blaise está muy mal y en lugar de ayudarme a llevarlo a la enfermería estás aquí riéndote como un demente ¿Qué pasa contigo?
¿Qué pasaba con él? ¿Pero acaso no veía a su novio?
Se arriesgó a echarle otro vistazo y un nuevo acceso de risas le hizo boquear por aire.
—Eso ¡Ahógate! —escuchó decir a Ginny con inquina, molesta por la actitud que estaba teniendo.
Y Harry quería ayudarla, de verdad que quería hacerlo, pero Zabini, además de estar medio desmayado, tenía el cuerpo, hasta donde era visible, verde pistacho, con verrugas que cubrían sus brazos y y cuello. Dónde antes había estado su tupida cabellera negra ahora había una enorme calva tan verde como el resto, con escamas en el cuero cabelludo y el olor… Santo Merlín, olía a la pescadería en la que su abuela muggle compraba cuándo él era pequeño.
Era como si se hubiera intentado transformar en un gryndelow y no hubiera llegado a hacerlo del todo.
Ahora entendía por qué Fred y George estaban tan tranquilos con las citas de Ginevra, ambos sabían que, llegado el momento, el pobre infeliz que decidiera poner un dedo sobre su hermanita iba a terminar pareciendo un pez recién pescado.
—Yo… —tosió intentando controlarse —deja, yo te ayudo —consiguió decir entre hondas inspiraciones.
Cargó al muchacho ignorando la mirada colérica de la pelirroja y, ni bien habían empezado a bajar la escalera, Ron llegó a hasta ellos resoplando como un toro enfadado.
Se plantó delante de Ginny con el ceño ferozmente fruncido y, cuando iba a empezara a hablar, se dio cuenta de que Harry estaba allí.
—¿Qué demonios es ese olor? —preguntó mirando a su amigo — ¿Qué llevas encima Harry? —olió discretamente e intentó observar más de cerca —¡Por Godric! Dime que eso no es un alumno y que es algún tipo de gryndelow mutante que ha aparecido en uno de los baños de las chicas.
Ginny puso los ojos en blanco.
—¿De verdad crees que algo así pasaría en Hogwarts? Merlín no quiera que ocurra algo medianamente divertido por Inglaterra.
—Es Zabini —dijo Harry con toda la seriedad que fue capaz de reunir.
Ron abrió los ojos como platos y al fijarse mejor y confirmar que la túnica que llevaba la bestia gigante era la ropa que Blaise Zabini había llevado al baile, rió con obvia diversión.
—¡Bien hecho Harry!
—¿Cómo dices? —preguntó sin entender por qué Ron pensaba que él había hecho aquello —Yo no he hecho nada.
—¿Has sido tú? —Ginny le miraba indignada cómo si Harry hubiera pasado de pronto a ser el indeseable número uno.
—¡No! —Harry frunció el ceño, tentado de dejar caer al novio de la pelirroja.
Encima que estaba ayudándola todavía acabaría siendo el culpable de aquel condenado asunto.
—¿Pero qué ha pasado? —preguntó Ron ayudando a Harry con la mitad del peso del Slytherin.
—Cuando llegué al pasillo Ginny gritaba y salía del Baño de los Prefectos con Zabini en este estado.
—¿Qué narices hacías allí con este idiota? —gritó Ron a su hermana
—¿Y a ti qué te importa Ronald? ¿Te preguntó yo a ti qué haces con Theo acaso?
—¡Eres una cría!
—No —espetó ella tan furiosa como él — no lo soy.
—¿Ron? —Theodore subía las escaleras mirando al pelirrojo con abyecto horror— ¿Qué le has hecho a Blaise? —preguntó sin atreverse a acercarse más.
—¿Yo? —Ron miró a Theo, ofendido —¿Por qué iba a haberle hecho yo algo? Si acabo de llegar.
—Tal vez porque lo último que dijiste antes de salir del Gran Comedor fue algo así como Yo lo mato, te juro que lo mato.
Ron bufó
— Pero no está muerto ¿Verdad?
Todos se quedaron mirando a Zabini hasta que lazó un quejido lastimero.
—No, no lo está — sentenció Harry
—Pero tenemos que llevarle a la enfermería —dijo Ginny empujándoles —¿Es que no le veis? — les gritó.
—Le vemos y, por desgracia también le olemos —respondió Ron arrugando la nariz.
—¿Por qué huele así? —preguntó Theo intentando no acercarse demasiado.
—Empieza a revolverme la tripa —añadió Harry
—A mi lleva revolviéndomela desde que le vi salir del salón de baile con mi hermana —gruñó Ron mirando a Ginny de reojo.
—Ronald eres un idiota, si quiero salir con él del baile saldré con él. ¡Es mi novio!
—Mira hombre, ahora resulta que sois novios ¡Qué romántico! ¿Te lo pidió justo antes de llevarte al Baño de Prefectos para meterte mano? ¡Qué casualidad!
—¡Cómo si no quisieras tú meterle mano a Theo! —espetó ella furiosa.
—Theo no es Blaise Zabini. Le conoce medio colegio por dejar corazones hechos purpurina después de pisotearlos.
—Eso es cierto —se vio obligado a decir Theo —Blaise es mi amigo pero es un poco veleta, como Draco.
—Hablando de Draco —Harry cambió un poco el peso de Zabini de sitio porque pesaba más de lo que parecía —he visto a Hermione irse con él hacia la torre del reloj ¿Debería preocuparnos eso?
—Claro que no —dijo Ginny defendiendo la intimidad de su amiga — ni se os ocurra ir a fastidiarle la noche a ella también.
—Perdona Ginny —se vio en la obligación de decir Harry —nosotros no te hemos fastidiado nada, si acaso te estamos ayudando, recuerda que yo te encontré ya con…. con esto en los brazos.
—Sí deberíamos preocuparnos —contradijo Ron —Malfoy y Flint siguen metidos en ese rollo de los retos y ¿Draco Malfoy pidiendo a Hermione Granger ir al baile? —preguntó con sarcasmo — ¿En qué universo? Todo el mundo sabe que a esa serpiente le gustan dispuestas, guapas y tontas y Hermione no entra en ese molde.
—Hermione es guapa —dijo Harry sin dudar
—Muy guapa —concordó Ron, leal hasta el final.
—Claro que es guapa —añadió Ginny — muy guapa ¿Tan difícil es creer que se pueda fijar en ella un chico?
—No —respondió Harry — lo difícil es creer que se pueda fijar en ella ese chico.
—No esta noche —dijo Theo que iba tras ellos —esta noche Draco sí se ha fijado en ella y mucho. Iba babeando detrás de Granger desde que entraron en el Gran Comedor.
—Eso es lo que me preocupa —murmuró Ron — Malfoy juega en otra liga.
—Dejemos a Zabini con Madame Pomfrey y vayamos a buscarlos —propuso Harry.
—Ahí van otra vez —susurró Theo a su espalda —¿No estará buscándote Astoria?
—Oh mierda, me olvidé.
—Eso no dice nada bueno de ti —dijo Theo riéndose — si la pequeña Greengrass se entera que te olvidaste de ella te hará la vida imposible.
—Ya me la hace —masculló Harry — y ni siquiera estamos juntos.
—Pues cualquiera lo diría —Ginny sonreía burlona —se pegaba a ti como Slughorn al whiskey de fuego los fines de semana.
Siguieron metiéndose con Harry y su estancada relación con Astoria mientras recorrían los pasillos hasta llegar a la enfermería.
Cuando Madame Pomfrey vio llegar a Zabini puso el grito en el cielo y les hizo dejarle en una de las camillas, exhortándoles a que la dejaran trabajar.
Permitió a Ginny quedarse sentada fuera de las cortinas esperando y echó a los demás sin contemplaciones, alegando que el baile aún no había terminado y que no necesitaba tanto público mientras hacía su trabajo.
—¿Vamos a buscar a Hermione? —les preguntó Ron cuando se marcharon.
—Creo que iré con Astoria, debe estar bastante enfadada.
—Yo que tú correría —dijo Theo tomando la mano de Ron —¿Volvemos al baile o te apetece ir a dar una vuelta?
Harry vio como las pupilas de Ron se dilataban sonrió.
Lo último que oyó mientras se alejaba de ellos fue a su mejor amigo preguntar.
—¿Conoces la Sala de los Menesteres en el Séptimo piso?
HERMIONE
Torre del reloj 20 de Diciembre de 1996
— ¿Preparada Hermione? —preguntó Draco
Ella se apoyó en el pecho del chico y cerró los ojos sintiendo como una intensa alegría la recorría.
Estaban sobre la escoba. Draco se había sentado y le había hecho hueco delante de él pasando las manos a su alrededor para afianzarlas en el palo delante de ella.
Hermione le imitó y se sujetó de la misma forma, acomodándose entre las piernas del chico.
Era una posición excesivamente íntima que debía haberla incomodado pero se sentía tan maravillosamente correcto que se limitó a disfrutar.
Estaba allí, con uno de los chicos más populares y sexis del colegio, solos, en la torre del reloj, dispuestos a tener el mejor vuelo de su vida.
—Preparada —respondió.
Draco elevó la escoba y Hermione sintió ese tirón de nervios en la boca del estómago que la hizo estremecer. Rió cuando cogieron velocidad, elevándose sobre el Lago Negro mientras tomaban altura.
Cerró los ojos inspirando hondo, disfrutando de la emoción, del viento en el rostro, del olor a menta y sándalo de Draco y de la calidez de su cuerpo pegado a su espalda.
—¿Todo bien?
Estuvo a punto de gritar al sentir el cálido aliento de Malfoy acariciar el arco de su oreja y una de sus manos apoyarse en su estómago para empujarla un poco más a él hasta que sus cuerpos encajaron perfectamente, como dos cucharitas de te en un cajón, perfectamente alineadas y juntas.
Hermione se limitó a asentir sabiendo que no iba a encontrar su voz y sintió la risa de Malfoy.
—Sujétate bien.
Imprimió más velocidad a la escoba y se dedicó a zigzaguerar alrededor del Lago, fue hasta el campo de Quiddich y volvió al castillo, pasaron al lado de la Torre de Astronomía y la lechucería y de nuevo volvieron a los terrenos y al lago.
Aquella vez Draco dirigió la escoba apenas a cinco metros de la oscura superficie y volaron recorriendo la orilla, viendo que, en algunas zonas el agua se había congelado.
Era todo tan hermoso.
Hermione había sabido que aquél sería el mejor baile de su vida, la mejor noche de toda su existencia. Se sentía como Cenicienta y además, por primera vez estaba siendo simplemente una adolescente, como todas, intentando dejar de lado su timidez y su inseguridad y disfrutar de la compañía.
Además se había dado cuenta de que a Draco le gustaba, no dudaba que a Draco le gustaban muchas otras, pero ¿Acaso no era increíble que ella hubiera sido capaz de llamar su atención? La miraba de la forma en la que Cormac miraba a Lavender, como si fuera una meiga frita y no supiera por donde empezar a mordisquearla, la tocaba con roces sutiles cuando pensaban que no se daría cuenta, como si buscara el contacto con ella una y otra vez, además esa voz, ronca y algo gutural… había leído en un libro que el deseo sexual podía hacer que eso sucediera ¿Sería posible que Draco Malfoy la deseara? ¿A ella?
—¿Te gusta patinar? —preguntó de pronto él.
El sobresalto de escucharle, de sentir sus labios húmedos en su oreja y el timbre grave de su voz, hicieron que Hermione botara del susto, con tan mala suerte que perdió el agarre y se resbaló.
Sintió que Draco intentaba sujetarla pero la soltó cuando la escoba se venció para un lado al perder el peso de ella y se agitó, sacudiéndose mientras Hermione caía al vacío.
No fue una gran caída y no fue al vacío, se dijo cuando sintió como las oscuras y gélidas aguas del Lago negro se cerraron sobre su cabeza, pero la conmoción fue fulminante y dejó de pensar.
La parálisis no duró más que unos pocos segundos, pero la angustia y el pánico de caer allí, sola, completamente a oscuras y sin la varita a mano se sintió como una eternidad en sí misma.
Después, pese a sentirse aterida y aterrorizada luchó para salir a la superficie, nadando y rezando porque el calamar gigante estuviera dormido y porque todos los seres y bestias que vivían allí no anduvieran cerca de ella en ese momento.
En el momento en qué asomó la cabeza, Draco la alzó sobre la escoba a pulso y voló hasta la orilla.
—¡Merlín Hermione! —la apuntó con la varita lanzándole un hechizo de aire caliente que la secó al instante y la abrazó — ¿Estás bien? —Hermione pensó que parecía realmente conmocionado y preocupado por ella — ¡Me asustaste!
Ella habría querido devolverle el abrazo pero estaba muerta de vergüenza ¿A cuántas chicas podría pasarles algo así?
Conseguía la mejor cita del baile, tenían un encuentro de lo más romántico por el cielo estrellado, volando solos, casi abrazaos.. y ella se caía de la escoba.
—Iba a tirarme a por ti cuando te vi salir.
Ella frunció el ceño.
—No habría sido buena idea —murmuró con un escalofrío.
—¿Tienes frío?
Pese al encantamiento de secado estaba tiritando y se dio cuenta de que sí, tenía frío.
—Debemos ir a la enfermería —la soltó para subir de nuevo a la escoba y la instó a que se colocara tras él —agárrate a mi ¿Vale? Esta vez no te dejaré caer.
Cuando llegaron a buscar a Madame Pomfrey, encontraron a Ginny sentada en una silla en la antecámara de la enfermería.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Hermione a su amiga nada más llegar.
—Blaise —respondió ella.
—¿Qué le pasó a Blaise? —Hermione sintió que Draco le agarraba posesivamente de la cintura y casi sonrió, aunque no era fácil con el castañeteo de dientes.
—No lo tengo claro —masculló Ginny que parecía entre preocupada y molesta —se puso… verde.
—¿Está enfermo? —Hermione agarró la mano de su amiga y le dio un apretón —¿Algo le sentó mal?
—No Hermione, verde, como un lagarto —inspiró hondo —espero que puedan ayudarle. Merlín ¡Estás helada! ¿Qué te ha pasado?
—Decidí darme un baño navideño en el Lago Negro —suspiró — me caí de la escoba —añadió, mortificada.
Una vez más, Madame Pomfrey se llevó a su paciente al otro lado de las cortinas.
—Bien señor Malfoy, puede usted irse al baile, a su Sala Común, o quedarse aquí haciendo compañía a la señorita Weasley, me trae sin cuidado, pero no moleste.
—¿Cómo está Blaise? —preguntó Ginny antes de que la enfermera se marchara con Hermione.
—Hmmmm descansando, aunque igual de verde, me temo.
Mientras Hermione seguía a Madame Pomfrey escuchó a Draco a su espalda.
—Bueno Weasley, ya que vamos a hacernos compañía durante un rato dime ¿Qué fue exactamente lo que pasó con Blaise?
