Wolas!

Ante el review de mi amiga mariapotter2002 que se me ha perdido un poquitín (aunque no mucho), os cuento que en ningún momento nuestros Draco y Hermione del U1.0 han ido a otro universo. Ahora bien, antes de seguir por donde me quedé, tengo que contaros otras cosas, como la vida de estos chicos del U2.0, para que les conozcáis un poco.

Lunamaga: aún un poquitín

No quiero spoilear más así que esta info os tendrá que valer jajajaja

Besos y abrazos

AJ

Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.

SEGUNDA PARTE U.2.0

De planes y contratiempos I

BLAISE

Torre de la enfermería 24 de Diciembre de 1996

8:00 PM

Blaise no podía creer que fuera Nochebuena y estuviera aún allí y aún en ese estado. ¿Pero cómo era posible que la noche del baile, que prometía ser tan maravillosa, hubiera terminado así?

Aún no era capaz de entender qué había sucedido.

Lo último que recordaba era haber estado en el Baño de los Prefectos con Ginny Weasley. Después de bailar un par de veces con ella y beber algo del aburrido ponche del colegio, le había pedido a la pelirroja que se fuera con él y ella aceptó de mil amores.

Recorrieron un buen trecho del castillo hasta que se le ocurrió ir hasta el Baño porque los rincones que más conocía parecían estar todos ocupados aquél día.

Cuando entraron en la estancia las velas se iluminaron y los grifos comenzaron a expulsar agua de colores, las pompas de jabón se elevaban creando un escenario de lo más romántico y, llevado por un impulso y por la necesidad de que la chica fuera cariñosa, le pidió que saliera con él y ella aceptó.

Cuando unos minutos después se besaban, pensó que estaba en el cielo, ella gemía en sus brazos y, aquellos ruiditos fueron tan calientes que antes de poder contenerse le estaba metiendo mano y después ya no recordaba nada más.

Según le había dicho la chica, se quedó rígido en sus brazos y empezó a colorearse de ese horroroso verde pistacho, las verrugas le brotaron en pequeñas y malolientes explosiones y, antes de que se diera cuenta de lo que pasaba, Blaise se había convertido en el hombre pez.

La creía.

Aunque en un primer momento había pensado que igual lo había hechizado ella por pasarse de la raya, lo cierto era que, después de los cuatro días que llevaba visitándole y haciéndole compañía, había terminado creyendo su historia.

Ella subía hasta la enfermería y jugaba con él al ajedrez, le había estado leyendo, habían hablado de la fiesta y le había contado acerca de Draco y Hermione y la amistad que parecía estar desarrollándose entre ellos. También le habló de Theo y el incidente del conjuro que le había hecho pasar una tarde con él en la enfermería, le leyó la carta que había recibido de sus padres desde Nueva York y le contó sobre Percy, el más listo de sus hermanos, que se había ido a trabajar a Estados Unidos porque le habían ofrecido un puesto en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional representando a Inglaterra en la sede neoyorkina.

Era un puesto increíble, sobre todo para un mago tan joven como él.

También le había ayudado, para su eterna vergüenza, a vaciar las verrugas cuando le dolían por el cúmulo de viscoso líquido verdeazulado con olor a pescado y nunca, jamás, se había reído cuando, al intentar hablar, el croaba como un sapo.

Ginny Weasley era la única persona que le trataba como a un humano pese a su apariencia, para ella él seguía siendo Blaise, no un reptil mutante y aquello le tenía muy confundido.

Lo cierto era que, cuando la invitó al baile, lo hizo porque era una pelirroja sexy, preciosa y con un genio explosivo de mil demonios que le ponía a cien. Pensó que sería un buen interludio navideño. Saldría con ella durante las fiestas, igual podrían verse fuera del colegio o en Hogsmade, tener algún encuentro tórrido si era afortunado y después un buen montón de recuerdos para almacenar mientras buscaba un nuevo romance que le permitiera sentir de nuevo la anticipación de la caza, los nervios en el estómago, la emoción del primer beso…
Y es que a Blaise le encantaban las chicas, le gustaban todas ellas o casi todas, sus voces, suaves o roncas o graves y sexuales, sus olores, dulces, picantes, a flores o caramelo, sus pieles tan tersas y sedosas en comparación con la suya. Le gustaban también sus cabellos, sobre todo si eran largos, le daba igual si eran rubias, morenas, castañas o pelirrojas, siempre que fueran divertidas, o alegres, o alocadas, o sensuales…

En realidad todas las mujeres tenían algo maravilloso y a Blaise le encantaba descubrir ese algo en cada una de ellas.

Ahora que únicamente tenía acceso a Ginny, estaba emocionado descubriendo cada día cosas nuevas de ella y preguntándose cómo sería si, en lugar de buscar una nueva conquista, se quedara con ella durante más tiempo, preguntándose cómo sería dedicar sus días a comprenderla, a entenderla, a cuidar de ella de la forma en la que ella estaba cuidando de él.

¿Sería tan malo ver por una vez adónde les llevaría?¿Sería capaz de tener una novia o al menos intentarlo de verdad?

Tal vez merecería la pena y pasaría mucho menos tiempo en dique seco.

Cerró los ojos y suspiró.

Era demasiado temprano para dormir, además tenía hambre. Supuso que ya estarían todos yendo a celebrar la Gran Cena. Seguramente todos los alumnos que se hubieran quedado estarían cenando juntos. Según le había contado Ginny aquella mañana, Snape había habilitado una enorme mesa redonda donde alumnos y profesores se sentarían para celebrar en compañía aquellas fiestas tan especiales.

Todos menos él, claro.

No había podido regresar a casa porque el director había decidido que no era buena idea, conclusión que habían apoyado desde San Mungo cuando el especialista que visitó a Blaise alegó que fuera lo que fuese lo que le ocurría al muchacho, debían abrir investigación inmediata. Incluso habían pensado en poner en cuarentena al colegio, pero por suerte las pruebas fueron concluyentes y, lo que sea que tuviera, no era contagioso, de modo que sus compañeros pudieron irse a casa, salvo él, que no solo no pudo sino que además estaba allí, solo en Nochebuena porque Madame Pomfrey pensaba que no sería prudente que, dadas sus presentes circunstancias, bajara al Gran Comedor a cenar.

Vamos, que como era feo de cojones y a ratos olía fatal, era mejor que se estuviera quietecito y escondido para no herir la sensibilidad de sus pobres compañeros.

Esperaba que por lo menos los elfos le mandaran una comida decente.

—¡Hola Blaise!

Miró con una mezcla de confusión y esperanza a la puerta por la que Ginny entraba a la enfermería. Iba cargada con una enorme cesta de picnic y una sonrisa.

Llevaba un vestido color burdeos que se pegaba a su cuerpo y le hacía parecer aún más flamígera que de costumbre.

—¡Ginny! crooooac —aunque quiso disimular su ilusión, supo que había fallado miserablemente —¿Qué hac crooooac haes aquí?

—¿No pensarías que iba a dejar que pasaras solo la Nochebuena, verdad? —fue hasta la chimenea del rincón y se sentó en el suelo —he venido a cenar contigo.

Extendió un mantel frente a ella y empezó a sacar platos, cubiertos, servilletas y toda clase de platos.

—¡Hay de todo! Espero que tengas hambre, los elfos me han preparado esta cena con un poco de cada, así que ¡Imagínate! Explotaremos antes de llegar al postre.

Blaise se acercó a ella y se arrodilló, acariciando su rostro con su palmípeda mano.

Ella no se apartó, quizás incluso se frotó contra ella con cariño.

—Gracias —susurró pegando su frente a la de la chica algo incómodo con su aspecto.

—Oh Blaise no tienes que agradecer

Y, para su más absoluta sorpresa le dio un beso en su escamosa mejilla y continuó sacando cacharros de la cesta y hablando sin parar como hacía siempre en los últimos días.

Sí, volvió a pensar Blaise iba a merecer la pena estar solo con ella… al menos estaba dispuesto a intentarlo.

DRACO

Gran Comedor 24 de Diciembre de 1996

8:45 PM

Definitivamente aquello de las aventuras Gryffindorianas no era para él.

Iba a pasar una Nochebuena de mierda, lo veía venir desde que había abandonado las mazmorras para subir a la cena navideña con los demás.

Tenía tal nudo de nervios en el estómago que temía terminar vomitando por cualquier esquina en la dichosa ronda de prefectos.

Sintió la mano de Hermione tomar la suya bajo la mesa y automáticamente, para su desconcierto, se relajó.

Siempre era igual desde hacía cuatro días.

¿Qué demonios le había hecho esa chica? Seguía diciéndose que todo era parte del proceso de culpa. Culpabilidad por haber hecho parte de una apuesta a alguien tan candoroso y bueno, culpabilidad porque hubiera enfermado, culpabilidad por haberla invitado al baile sin siquiera haberla mirado de verdad ni una sola vez antes.

Era cierto que los últimos días habían sido epifánicos.

El tiempo que habían pasado juntos fue una revelación. Ella era divertida, aguda, inteligente, sarcástica algunas veces, incisiva y absolutamente ingenua y confiada.

Habían salido a pasear por la nieve, habían patinado junto a Theo y Weasley, habían ido a Hogsmade a tomar cerveza de mantequilla con Potter y Lovegood e incluso habían hecho algunos de los deberes de Navidad juntos en la biblioteca.
Con cada rato que pasaba con ella más culpable se sentía y, a la vez, más ganas tenía de seguir compartiendo momentos.

Eran sentimientos tan contradictorios que pensó que antes de que terminaran las vacaciones habría explotado.

Él nunca había tenido jamás esa conciencia tan toca pelotas. Había ido por la vida siendo él mismo, haciendo lo que le apetecía hacer y lamentando lo justo. También era vierto que nunca había hecho daño de forma premeditada ni a propósito a nadie.

Draco siempre era claro con sus citas sobre lo que podían esperar de él y, si alguna de ellas terminaba con el corazón algo resquebrajado, no habría sido por no estar prevenida.

Con Hermione nada había sido normal y nada iba como debía ir.

Para empezar nunca debió pedirle aquella cita y para seguir, una vez que supo que no la dejaría plantada, debió advertirle que aquello no era nada serio, que había sido un baile y que, quizás, podrían ser amigos.

No pensaba dar un solo paso más. Ni siquiera la había besado ni se había comportado como si quisiera algo con ella. No paseaban de la mano, ni se hacían ojitos, ni tenían momentos que dieran lugar a malos entendidos.

Salvo en momentos como aquel, cuando ella sentía que estaba nervioso o enfadado, o triste o lo que fuera y entonces sí le daba la mano y le acariciaba en secreto, sin que nadie viera ese gesto que parecía calmarle.

Estuvo a punto de apartarla solo por la punzada de ansiedad que le generó el pensamiento de que ella le daba paz, pero no lo hizo, no lo hizo por aquella culpa que le corroía el alma.

—Todo va a ir bien —susurró con una sonrisa antes de soltarle para servirse un poco de pavo y puré de patatas —hemos contemplado todos los imprevistos, así que relájate.

—Eso Malfoy —dijo Harry que estaba sentado al otro lado de Hermione — cena un poco, nos espera una noche larga.

—No me puedo creer que mi hermana haya ido a cenar a la enfermería con ese lagarto —masculló Ron que se sentaba a su lado sirviéndose triple ración de puré — como no se comporte va a quedarse verde toda su vida.

—Mira ¿Quién sabe? —dijo Draco con una sonrisa maliciosa — lo mismo acaba casándose con Ginevra y teniendo pequeños sapitos a los que adorarás tío Ron.

El pelirrojo le tiró un trozo de pan aunque sonriendo.

—No pienso quedarme esperando aquí —dijo Theo que estaba al otro lado de Ron les miró a todos con cara de pocos amigos — no puedo creer que no me hayáis incluido en esto.

—Estabas moqueando murciélagos Theo —dijo Draco llevándose un poco de puré a la boca —no podías votar. Aunque espera —alzó las cejas fingiendo ilusión —yo tampoco pude y eso que estaba delante. Creo que es un claro ejemplo del acoso de Griffyndor contra Slytherin.

—¿Y el resto de los días? —replicó Nott —He estado aquí y no me habéis incluido en el plan en modo alguno.

—Eso ha sido culpa de Ronald —replicó Hermione ganándose una mirada asesina de su pelirrojo amigo

—¿Cómo dices?

—Cuéntaselo Ron —dijo Potter, divertido —dile a Theo por qué no está incluído en el plan.

—Harry —siseó entre dientes — no es gracioso.

—Oh sí que lo es —rectificó Draco — de hecho es maravilloso.

—Es tierno —puntualizó Hermione haciendo que las orejas de Ron enrojecieran —se preocupa por ti, Theo.

—Nos ha amenazado —dijo Harry —textualmente fue algo así como: Si a alguno de vosotros se le ocurre incluir a Theo en este estúpido plan para deslagartizar a Zabini, os juro que las verrugas de Zabini os parecerán lo último en belleza y todos acabareis pareciendo escorbutos.

Yo no quiero parecer un escorbuto Theo —replicó Draco de forma pomposa —si no fuera por eso gustosamente te cambiaría el puesto.

—No puedes —espetó Hermione —Theo no es prefecto.

—¿En serio crees que hoy alguien iba a darse cuenta de eso?

—No sería ético —respondió ella.

—A veces eres un poco rarita —murmuró entre dientes.

—No te haces una idea —le dijo Ron lo bastante bajito para que ella no le oyera.

—Ron, eres un idiota. Un idiota tierno —añadió Theo acariciando la pierna de su chico bajo la mesa — pero un idiota. Voy con vosotros.

—No —dijo Ron

—Sí —respondió él.

—Vamos vamos niños —intercedió Draco con media sonrisa —sabes que vas a dejar que venga, él sabe que tú sabes que le dejarás venir y todos nosotros en fin… me he perdido. El punto es que Hermione acoplará el plan para que vengas.

—Sí —dijo ella levantándose de su sitio para acercarse a la profesora MacGonagall.

Habló durante un rato con ella y después regresó y volvió a ocupar su lugar con lentitud.

—Ya está. Tienes permiso para ir a visitar a Blaise a la enfermería. Le he dicho a la profesora que te da apuro pedirlo porque sabes que no son horarios de visita pero que es Navidad y es tu amigo y te gustaría pasar un rato con él. Me ha dicho que no hay problema —le pasó un pergamino —tienes vía libre.

—Eres brillante —le dijo Draco y, para asombro de todos, sobretodo de sí mismo, le dio un beso en la mejilla sin pensar.

Hermione se puso colorada y asintió con los ojos brillantes.

—Gracias.

—Creí que le ibas a dejar claro que no estás interesado en ella —le dijo Ron entre dientes casi al oído.

Draco le frunció el ceño

—¿Y un beso en la mejilla da lugar a pensar que quiero algo con ella? Tú la besas en la mejilla ¿Verdad?

Ron suspiró y negó con la cabeza con gesto cansado.

—Ella no se pone roja cuando yo la beso, Draco.

Después de aquello la cena transcurrió sin sobresaltos. Hablaron de cosas sin sentido, de las clases, de sus familias y de los regalos de Navidad que esperaban encontrar. Después llegaron los postres y los brindis y, poco antes de la medianoche, la celebración terminó y los alumnos fueron libres de ir a sus Salas Comunes o quedarse un rato más en el Gran Comedor para dar margen a aquellos amigos de casas distintas a que pudieran disfrutar un poco más de la velada juntos.

—Antes de irnos —dijo Harry sacando su telesforo del bolsillo de la túnica —tengo que contestar a mi madre ¿Vale? Si no hablo con ella es capaz de presentarse aquí —Hola mamá —sonrió —estoy con Ron y Hermione, sí —escuchó con atención y soltó una risita —Dile a papá que le he oído y que mi padrino tiene razón, es un poco patoso —sus ojos se iluminaron —¿Sirius? No le hagas caso, yo voy contigo —escuchó de nuevo —no, con Remus no, él es un cretino con suerte además es demasiado impulsivo. Feliz Navidad a todos, sí, yo también os quiero.

—¿Cómo es que te dejaron quedarte? —preguntó Hermione

—Les dije que tenía que ayudaros. No estaban muy convencidos así que apelé a su sentido del honor entre Merodeadores. Les dije que, si uno de ellos hubiera pedido ayuda, el resto habría acudido y que uno de mis Merodeadores había pedido ayuda así que teníamos que acudir.

—¿Y eso fue todo? —preguntó Ron

—Sirius se ofreció a venir, a un mensaje de telesforo, me dijo.

Todos rieron al imaginarse al padrino de Harry colándose en Hogwarts para ayudarles a incursionar ilegalmente en el aula que guardaba los secretos y mejunjes de los Weasley.

—Lo peor es que sabemos que si le llamaras vendría de verdad.

—Claro que lo haría —dijo Harry

—Obviamente por eso, pese a ser un Black, acabó en Gryffindor —dijo Draco con humor

—Es la hora —Hermione se puso en pie y comenzó con el teatro —¿Ron?¿Draco? Nos toca la ronda de prefectos en el quinto piso ¿Estáis listos?

—Claro, vamos —dijo Ron dando un beso en los labios a Theo en despedida —Feliz Navidad.

Theo sonrió contra su boca

—Feliz Navidad.

—Yo subiré a la Sala Común —continuó Potter.

—Te acompaño Harry —Theo también se levantó y se acercó al moreno —yo voy a ir a la enfermería a ver a Blaise.

Todos salieron del Gran Comedor.

—Espera Harry —exclamó Fred Weasley acercándose a ellos.

Draco supo que era Fred porque ese día habían decidido apiadarse del resto del mundo y se habían vestido de forma distinta para que la gente pudiera reconocerles. Fred iba con un jersey verde y George lo llevaba azul.

—Vamos contigo —continuó George acercándose al otro lado de Harry.

—También subimos a la torre

—¿Para qué ir solos si podemos ir juntos? —volvió a hablar Fred.

—Además —dijo George —podríamos jugar alguna partida a algo ¿No Freddy?

—Por supuesto, George. Sin Ron cerca podríamos jugar al ajedrez mágico.

Draco vio a Harry desaparecer escaleras arriba junto a Theo y los gemelos Weasley.

—Mierda —dijo Ron golpeándose la frente

—¿Crees que se hayan dado cuenta? —Preguntó Hermione sin dejar de mirar a Harry mientras las escaleras cambiaban de dirección.

—No creo —se encogió de hombros quitándole importancia

—Esto no lo teníamos contemplado en ninguna de las posibles circunstancias Hermione —se vio en la obligación de puntualizar Draco.

—Es cierto —concordó ella — pero no es algo malo, al revés, piénsalo así, si están con Harry en la torre no estarán cerca de nosotros y, si salen de la torre, Harry siempre nos puede mandar un mensaje para advertirnos.

—Visto así… —cedió, porque lo cierto era que parecía más bien un beneficio de última hora que un contratiempo —¿Y Ginny? Pensé que iría con la capa de invisibilidad de Harry.

—¡Mierda el mapa! —Dijo Ron dándose una palmada en la frente — Se lo ha llevado Harry.

—Bueno habrá que improvisar.

—No no Hermione —Draco la miró son seriedad —dijimos que nada de improvisación.

—No Draco —dijo ella con dulzura —tú lo dijiste, pero a veces los planes simplemente se reajustan un poquito —Si los gemelos están lejos del quinto piso la capa no será necesaria y el mapa tampoco, somos prefectos, no debería haber nadie más que nosotros allí.

—Ya… ¿Desde cuándo la gente está donde debe estar en este castillo?

Esperaron un rato para no juntarse con los gemelos, Theo y Harry y subieron en silencio hasta el primer piso, recorriendo el pasillo que iba hasta el ala del hospital dónde estaba Nott

—¿No has subido? —Le preguntó Ron al llegar a su lado.

—No quería interrumpir —respondió él.

Draco sonrió. Theo siempre tan prudente, él habría entrado únicamente para ver si pillaba a aquellos dos haciendo algo ¿Sería posible de algún modo? frunció el ceño, pensativo ¿Podría considerarse zoofilia? ¿Sexo interespecie o algo así?

—¿Qué pasa Draco? — le preguntó Hermione que le observaba con la cabeza ligeramente ladeada.

—Me preguntaba si sería zoofilia que esos dos hicieran algo juntos. Con eso de casarse y hacer renacuajos no sé si es posible una relación así.

Habló sin pensar y no se dio cuenta de lo que había dicho hasta que Ron le insultó poniéndose completamente rojo y subió de tres en tres las escaleras.

—Si ese lagarto mutante la toca está muerto.

—Juraría que todo esto empezó precisamente porque la tocó —le dijo a Hermione en voz baja.

—¡Draco! —Fue Theo quien le regañó.

Él puso los ojos en blanco pensando que se tomaban las cosas demasiado enserio todos ellos y se preocupaban por cosas absurdas.

—¿Ronald? —La voz de Ginny, suave y tranquila, le hizo pensar que, después de todo, no debían estar haciendo nada indecente.

—Yo… esto…

El pelirrojo se rascaba la nuca con incomodidad, normal, se dijo Draco, después de haber entrado como un colacuerno húngaro arrasando con todo, ahora se había quedado más planchado que una túnica recién puesta.

—Venimos a buscarte —dijo Hermione salvando a su amigo.

—Blandengue —susurró Draco en su oído.

Ella solo sonrió y le dio un codazo amistoso.

—¿Y Harry? —preguntó la chica buscando al moreno.

—Ha habido complicaciones —dijo Theo

—Según se mire —replicó Hermione en tono cortante —hemos llegado a la conclusión de que es un beneficio más que una complicación. Ahora tenemos a los gemelos controlados.

Theo alzó las cejas con un gesto que bien podía leerse como si tú lo dices…

Está bien Ginny. Hermione, Malfoy, tú y nos iremos y Theo se quedará aquí haciendo compañía a… a Zabini.

Zabini les miraba con esos enormes ojos amarillentos de doble membrana, que parpadeaban con lentitud.

—Yo también voy —dijeron Theo y Blaise a la vez.

—Ni de coña —exclamó Draco

—Ni en broma —en aquella ocasión fue Ron.

—¿Pero estás loco? —Draco se acercó a su amigo… o al que creía que era su amigo —bastante malo es esto de ir a delinquir con esta tropa —dijo señalando al grupo —como para hacerlo además con un largarto —hizo una mueca —no me lo tomes a mal tío, pero no es que pases muy desapercibido ahora mismo.

—No me voy a quedar aquí esperando —replicó él levantándose de la cama

—Madre mía

Draco no pudo evitar soltar una risita al ver que Blaise llevaba puesto un pijama de hospital blanco que resaltaba con toda aquella piel verde pistacho.

—Dime que al menos no tienes cola —dijo entre risas —por Merlín Blaise, no puedes ir así por los pasillos.

Ron, pese a que realmente quería ahogar a Zabini por toquetear a su hermana pequeña, no pudo evitar sonreír.

—Muy gracioso Draco —dijo Blaise —no tengo cola y me puedo cambiar.

—La capa de Harry habría venido bien —murmuró Ginny.

—Que no —dijo terminantemente Ron —que no venís ninguno de los dos y punto.

Y así fue como un variopinto grupo de seis alumnos, reptiliano incluido, salió sigilosamente de la torre de la enfermería rumbo al quinto piso.

—No me lo puedo creer —dijo Draco a Ron, quien encabezaba con él la comitiva —no tienes ningún tipo de autoridad, Weasley.

—No veo que a ti te hayan hecho más caso que a mi —espetó él.

—Tu hermana, tu novio, tu mejor amiga y el novio de tu hermana… no sé a ti, pero a mi me parece que aquí el que tenía que imponerse eres tú, yo soy el único que ha venido a rastras.

—Haciendo gala de tu valentía.

—No sé que tiene que ver la valentía, pero ¿Por qué no puedo largarme? Al fin y al cabo sois un buen montón de voluntarios para la tarea. Me cambio el puesto con Theo.

—Ya tengo bastante Malfoy —gruñó el pelirrojo —déjame en paz un rato.

Murmurando, Draco dejó que Nott se adelantara y se pusiera al lado de Ron y se acercó a Hermione que estaba al final de todos.

—Cada vez hay más contratiempos —le dijo con media sonrisa.

—Ya sé que no quieres estar aquí —respondió ella —quizás debería haber hablado con los chicos y no haberte obligado a venir.

Aquellos ojos castaños se le clavaron en el alma como si fueran brasas ardientes y lo único que pudo hacer fue negar con la cabeza como un idiota balbuceante.

—No yo… está bien, tampoco está tan mal tener una aventura. Merlín sabe que nunca pasa nada interesante.

—No creo que Blaise opine lo mismo —respondió ella con una risita.

De pronto, con esos movimientos sinuosos y rápidos a los que aún no se habían acostumbrado, Zabini se giró y clavó en ellos esos enormes ojos de pupilas alargadas.

—Os he oído

—Perdón —susurró Hermione que no parecía sentirlo en absoluto.

—Déjalos Blaise —la pelirroja le tomó de la mano y siguió caminando como si nada.

Draco puso una mueca de repulsión

—Parece que le da igual que sea tan verde y repugnante—susurró a Hermione para que su amigo no le escuchara.

—No seas desagradable Draco —le regañó ella —es tu amigo. Además… no sé, creo que si te hubiera pasado a ti yo tampoco querría dejarte solo, no me parecerías asqueroso.

Y dejando aquellas palabras en el aire y a Draco más confundido que nunca, Hermione continuó caminando hacia el Aula 5B con aquél estrafalario sexteto.