Hola!
Bueno, aquí vamos con el último día del año. Quizás sea un poco de relleno, pero la verdad me cuesta escribir sobre este mundo tan sosito y "normal".
Va sin revisar, no me da la vida.
Besos y abrazos
AJ
Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.
SEGUNDA PARTE U.2.0
Un año ¿Nuevo?
HERMIONE
Jardines de Hogwarts. Mañana del 31 Diciembre de 1996
Había pasado una semana entera evitándole.
Desde que el día de Navidad, Madame Pomfrey le devolvió su cuerpo y se recuperó, había convertido en arte la habilidad de esquivar a Malfoy. Algo nada fácil teniendo en cuenta que no eran muchos los alumnos que quedaban en el castillo por esas fechas.
Al principio, cuando escuchó a los Slytherin hablar sobre la apuesta sintió una intensa rabia y pasó media noche planificando distintas formas de acabar con la vida de aquel rubio oxigenado lentamente. Pero después, según fueron pasando las horas en las que no pudo pegar ojo, la furia ciega había ido dando paso a la tristeza y a la desilusión hasta que finalmente todo lo que quedó fue vergüenza.
Las ilusiones tontas que se habían ido abriendo paso en su corazón en esos días en los que pensaba que se estaban acercando un poco, quedaron convertidas en cenizas y se sintió completamente estúpida.
Ron le había dejado caer, en alguna ocasión, pequeñas observaciones que dejaban entrever que no quería que se ilusionara con Malfoy. Sabía que ellos se llevaban bien, pero conocía la reputación del Slytherin y no quería que la hiciera daño.
Le había escuchado, de verdad que sí, pero incluso con las sutiles advertencias de sus amigos se había dejado llevar.
Draco era encantador cuando quería, inteligente, con una mente rápida y sagaz. Se podía hablar y discutir con él de cualquier cosa y además sabía escuchar y le prestaba toda su atención, viéndola de verdad. O eso había pensado hasta esa noche en la que la realidad había caído sobre su peluda cabeza como un balde de agua helada.
Todo había sido una falacia, una mentira, una actuación.
Y muy buena, la verdad, porque se la había tragado entera.
La mañana de Navidad Pansy había tratado de hablar con ella pero Hermione había huido de la enfermería antes incluso de que Ginny fuera decolorada y se había refugiado en la torre de Gryffindor, dónde ninguna de aquellas serpientes podría encontrarla.
No quería oír hablar de Draco Malfoy en lo que le restaba de vida.
Cuando Ron se enteró de lo que había ocurrido salió de la torre dispuesto al liarse a golpes con Malfoy pero al regresar parecía desconcertado e insistió en hablar con ella.
Se negó.
Malfoy había pasado a ser para Hermione El-que-no-debe-ser-nombrado y no quería, bajo ninguna circunstancia, escuchar siquiera que alguien decía su nombre cerca de ella.
Lo había logrado por el momento.
No salía demasiado de la torre, incluso había dejado de bajar al Gran Comedor, consiguiendo que uno de los elfos domésticos de las cocinas le llevara a la Sala las comidas.
Necesitaba tiempo, necesitaba curar su maltrecho corazón antes de enfrentarse a la realidad. Puede que fuera una cobardía impropia de un Gryffindor, pero era la primera vez que sufría mal de amores y creía que tenía derecho a deprimirse ¿Acaso no era parte de la adolescencia? Desearía haber descubierto esa vivencia en particular en otro momento, pero la vida venía como venía y no le quedaba otra que aceptarlo, superarlo y seguir adelante.
Aquél era el último día del año, así que había decidido salir a dar una vuelta mientras el resto de alumnos comían en el Gran Comedor. Eso le daba margen para asegurarse de estar sola en los jardines.
Al parecer se había equivocado.
— Hermione
Aquella voz hizo que se frenara en seco y mirara alrededor, buscando una salida fácil.
No. No estaba preparada para hablar con él, aún no. No cuando simplemente ese sonido hacía que su vello se erizase y sus piernas quisieran correr hacía él.
Merlín ¿Cómo era posible que se hubiese enamorado en solo unos días? ¿Acaso ella, siempre racional y lógica, no se había burlado de Lavender por ser tan emocional? ¿Acaso no le había dicho a Parvati cientos de veces que no se podía enamorar de alguien en un solo día?
Y finalmente, sin saber cómo, ni cuándo ni mucho menos por qué, se había enredado ella sola en esa historia que no tenía pinta de tener un final feliz.
—Por si no te ha dado una pista mi forma de eludirte, Malfoy —respondió sin girarse, con los ojos cerrados en el esfuerzo de sonar fría y serena —yo no quiero hablar contigo.
Le escuchó respirar profundamente, cómo si estuviera tratando de calmarse antes de volver a hablar y entonces llegó hasta ella el olor de la menta y el sándalo y se dio cuenta de que se había acercado a ella.
Se tensó.
—Sé que no quieres hacerlo, pero es que realmente tienes que escucharme.
Aquello hizo que dejara temporalmente a un lado la autocompasión y se enojara.
¡Encima! le dijo una voz en su cerebro Te engaña, te miente, te utiliza para sus estúpidas apuestas con sus estúpidos amigos, se ríe de ti y ahora tú tienes que escucharle?
—¿Yo tengo que escucharte a ti? —respondió dándose la vuelta como un resorte y clavando la mirada en aquellos ojos grises que tanto le habían perturbado en sueños las noches anteriores —Esa si que es buena —se cruzó de brazos y le encaró —tú me utilizaste —dio un paso hacia él y clavó su dedo índice en el pecho masculino —me engañaste —apretó más el dedo contra él completamente perdida en su cabreo —me hiciste creer que yo te gustaba —Malfoy dio un paso atrás —¡Maldito seas! Podías haberme contado la verdad, pero me mentiste y me seguiste mintiendo todo el tiempo.
—No es verdad —Draco dejó de dar marcha atrás y la sujetó de las muñecas, sacudiéndola ligeramente para que le prestara atención —¡No es verdad! ¡Escúchame! ¡Llevo una semana tratando de hablar contigo joder! ¿Quieres odiarme? ¿Quieres ignorarme? De acuerdo, pero hazlo cuando me haya explicado, déjame al menos contarte mi verdad.
Maldita serpiente rastrera y locuaz ¿Por qué sabía dónde empujar para que cediera? Tenía razón en algo, debería dejarle explicarse, aunque solamente fuera para poder mandarle a la mierda de una buena vez y olvidarle.
Se soltó con brusquedad de su agarre y dio un paso atrás, alejándose de él.
—Habla entonces.
Se arrebujó en su túnica y se colocó el gorro de lana. Hacía mucho frío y empezaba a arrepentirse de haberle encontrado justo allí, al lado del Lago Negro, dónde sus problemas comenzaron.
—Tienes frío —le vio fruncir el ceño e hizo el amago de tomarla de la mano, pero en el último momento se apartó y le señaló hacia el campo de quiddich —podemos ir hacia allí, en el edificio de los vestuarios hay una chimenea y hace más calor.
Ella asintió y le siguió en silencio fijándose en su espalda. Caminaba erguido, con la espalda recta y los movimientos de su cuerpo felinos y elegantes. Nunca se había fijado en él desde atrás, pero ojalá hubiera seguido sin hacerlo porque le gustaba tanto como de frente. Era algo, bastante más que ella al menos, su pelo estaba revuelto por el frío y acariciaba su nuca y sus orejas que se veían rojas. La túnica negra era amplía pero no lo bastante como para resultar informe y, al tener las manos en el los bolsillos se ajustaba a su trasero haciendo que la vista de Hermione se fuera hacia allá más veces de las que le gustaría aceptar.
Suspiró.
Querría tener un giratiempo y volver atrás, no sabía exactamente a qué parte de aquella historia. Quizás al día en que le pidió ir al baile y decir que no, al día del baile y dejarle ella a él tirado o quizás un poco después, dónde pudiera obligarle a que le contara todo y no tuviera que enterarse por el imbécil de Flint.
Cuando llegaron Malfoy abrió la puerta y le cedió el paso cerrando tras ellos. Encendió la chimenea con un golpe de varita y le señaló un perchero.
—Será mejor que te quites el abrigo y el gorro para que se sequen un poco de la humedad y la nieve, aquí estarás bien.
Se sentó en uno de los sillones individuales, alejado de ella, como si quisiera darle el espacio que necesitaba.
Hermione asintió en agradecimiento, colgó las cosas y se sentó al otro lado, en el lugar más alejado de él.
—Tú dirás, Malfoy, soy toda oídos.
Él hizo una mueca de disgusto pero no replicó. Apoyó los codos en sus rodillas y se inclinó hacia delante, como si fuera a contarle un secreto.
—Es cierto que hubo una apuesta —ella resopló pero Draco la ignoró —pero para entenderla deberíamos irnos un par de años atrás. Desde hace tiempo, Marcus y yo tenemos una… guerra de retos, por decirlo de alguna forma. Empezó siendo una tontería, una apuesta sin sentido en la que el perdedor tenía que hacer los deberes del otro durante un par de días. Pero poco a poco, con el tiempo, las apuestas han ido subiendo de nivel, así como las consecuencias de no ganarlas —se frotó la nuca con incomodidad —hasta ahora nunca había sido algo así, pero esta vez eran Marcus quien tenía que elegir el reto y la consecuencia.
—Y me tocó el premio, que afortunada.
—La consecuencia esta vez también era algo… distinta. Marcus eligió que el perdedor tendría que ir desde las mazmorras a la Torre de Astronomía en calzoncillos con un cartel que diga: No soy una serpiente, soy una lagartija.
—Vaya gilipollez —bufó ella poniendo los ojos en blanco —el que tenga que salir no llegará ni al Hall antes de que le detengan.
—Me alivia saberlo ya que el que tiene que salir así soy yo.
Hermione no sintió ninguna pena por él. Aunque el hecho de que Draco saliera en calzoncillos para que los ojos de todas las alumnas del colegio se fijaran en él, le hacía sentir una extraña y desconocida sensación en el estómago. Una que no le gustaba nada.
—Como comprenderás no me apetecía nada hacer el ridículo, así que cuando me dijo que tenía que invitar a una chica al baile y después ir con otra, acepté. Luego te eligió a ti.
—Vaya, ni siquiera me elegiste tú, sino Flint.
—Bueno, no te habría elegido para hacerte daño, Hermione.
—¿Me tengo que sentir halagada? —sonrió con cinismo —porque te recuerdo que únicamente no lo hiciste porque Pansy te mandó al cuerno.
—Cierto. Pero pude no haber ido al Gran Comedor ¿Verdad? Elegí ir contigo aunque ya había perdido la apuesta porque no quería hacerte daño.
—¡No querías hacerme daño porque ya habías perdido la maldita apuesta!
—La verdad es que, para mi sorpresa, disfruté mucho de tu compañía. Luego te caíste al Lago y me sentía culpable, así que empecé a pasar tiempo contigo.
—Genial, ahora añadimos a la lista la culpabilidad. Gracias Malfoy, cualquier chica desea que le digan que han pasado tiempo con ella por sentirse culpables de sus desgracias.
—Puede que empezara así, pero en algún momento… cambió.
Hermione se quedó en silencio sin saber qué decir ni cómo tomarse esas palabras. Lo último que quería era volver a sentir nada por esa serpiente odiosa y lo peor es que esa puñetera frase había dado alas a su tonta esperanza.
—Al principio me decía que eras guapa, que estabas buena y que bueno, que por eso igual me estaba idiotizando ¿Sabes? —se levantó paseándose por la estancia —me levantaba pensando en ti y me acostaba pensando en ti —se pasó la mano por el pelo con gesto de frustración —y sí, no era cómodo pensar en ti, no sé si me entiendes. ¿Sabes cuándo fue la última vez que me pasó eso? —se paró se frotó la cara y negó con incredulidad —nunca. Jamás me había empalmado pensando en una chica a la que ni siquiera había besado, pero solo imaginar… ¡Merlín! me volví loco, me vuelves loco. La verdad es que ni siquiera sé cómo ha sucedido.
Hermione estaba cada vez más roja y miraba a Draco alucinando ¿De verdad había dicho lo que creía que había dicho? Por Morgana que vergüenza. Sentía las mejillas ardiendo solo de imaginar lo que el chico estaba diciéndole ¿Acaso sería siquiera consciente de sus palabras?Porque parecía sumido en sus propios pensamientos, como si estuviera hablando en voz alta sin darse cuenta de que no estaba solo.
—Weasley insistía en que me alejara de ti ¿Sabes? Pero no podía —se llevó las manos al pecho tirando de su jersey gris oscuro —algo aquí me lo impedía. Necesitaba verte, hablar contigo ¡olerte, por Salazar!
¿Olerla? Hermione se olisqueó el hombro discretamente esperando oler lo suficientemente bien, dudaba entre sentirse halagada o amenazada porque Draco podría bien estar hablando de un jugoso filete.
—Vivía obsesionado por esos momentos que pasábamos juntos ¡Por Dios! Si hasta acabé yendo con vosotros en esa loca misión de mierda de Nochebuena. Porque yo sabía que iba a acabar mal, era una locura de la cabeza a los pies ¿Pero que hice yo? Ir ¿Por qué? Porque estabas tú —Volvió a pasar la mano por su pelo, arrastrando el flequillo hacia atrás y dejando la palma en su frente —y después me dice Pansy que el subnormal de Marcus ha dicho en la enfermería que eras una apuesta —se rió con cinismo —Esa es buena ¡Una apuesta! Lo que eres es una adicción. Sí, eso es, me he vuelto un adicto a ti ¿Acaso eso no es mucho peor que haber hecho una apuesta, Hermione? —Volvió a sentarse y clavó en ella sus argénteos ojos grises —Es peor. Yo metí la pata. Sí, está bien, metí mucho la pata. ¿Pero no es suficiente castigo haber acabado así? —Se señaló —llevo tres días sin dormir, no tengo hambre, no he parado de buscarte y yo… ¡Salazar bendito! Si hasta le pedí a Weasley que hablara contigo por mi.
Hermione le miraba. Se sentía tan abrumada que no era capaz de hablar. En realidad no sabía ni que decir ¿Aquello era algo así como una declaración? Vale, no es que ella tuviera mucha experiencia en esas cosas pero estaba casi segura de que, a su manera, Draco se había declarado. Lo que ocurría es que nunca había pensado que una declaración se hiciera entre gritos llenos de frustración, o que el chico en cuestión hablara de erecciones ¿Eso era decente? Podía reconocer, al menos ante sí misma, que saber que él la deseaba había hecho que su estómago diera un vuelco y miles de pequeñas mariposas revolotearan furiosas por ahí.
Se puso más roja.
La experiencia que tenía con los chicos se reducía a su cita con Draco en el baile y a sus no citas con él mismo los días posteriores, así que en sus diecisiete años nunca la habían besado ni que decir sobre otras cosas.
—¿No vas a decir nada? —preguntó él volviendo a apoyar los codos en sus rodillas.
—Yo… —sabía que si se ponía más roja iba a explotarle la cara —es que no sé que decir —dijo optando por la sinceridad.
Le vio tragar saliva y fruncir el ceño, como si estuviera debatiéndose consigo mismo y después, se levantó con rapidez, se acercó a ella y se arrodilló en el suelo para quedar a su misma altura.
—Hermione —le sujetó las ardientes mejillas con las manos y clavó aquella mirada de mercurio en la suya — sé que te invité a la fiesta con la peor de las intenciones y que soy un gilipollas que se ha portado como un capullo.
—Lo eres — no pudo evitar susurrar.
—Lo sé. Pero escúchame —se acercó a ella hasta que sus narices casi se rozaron —volvería a hacerlo —ella se tensó pero él no la dejó retirarse —volvería a hacerlo porque yo no te había visto, Hermione. Nunca me había fijado en ti y probablemente no lo hubiera hecho si no hubiera sido por Marcus y su estúpida apuesta. Pero lo hice. Y me da igual tener que ir en calzoncillos por medio colegio porque perder esa apuesta me hizo ganar.
—¿Y qué has ganado, Draco?
—Conocerte. Cuando te vi en la fiesta pensé que era un ciego por no haberme fijado nunca en lo guapa que eres, en el cuerpo tan precioso que tienes —ella enrojeció más y Draco sonrió —pero no eres la única bruja guapa que hay en Hogwarts, en cambio los días que pasamos juntos después fueron… una revelación. Me gusta estar contigo, pasear contigo en silencio, hablar contigo, discutir, bailar ¡Merlín, hasta meterme en líos contigo! Aunque puedo pasar de cualquier plan que tenga que ver con los pirados de tus amigos.
—Eres un idiota
—Lo sé —repitió él.
—Pero puedo perdonarte —murmuró Hermione.
Sabía que estaba siendo sincero. Sabía que todas y cada una de las palabras que le había dicho eran verdad. Sí, había sido mezquino y cruel, pero ¿Era imperdonable? Ni siquiera se conocían y no eran amigos. Vale que hacer algo como eso estaba mal, no había excusa para hacerlo, pero ¿Acaso no debía intentar darle una oportunidad ahora que sí estaban siendo sinceros?
—¿Lo dices en serio? —su voz, más que asombrada era de absoluto deleite.
—Sí yo…
No llegó a terminar la frase porque los labios de Draco la interrumpieron, posándose en los suyos con delicadeza, cómo si él supiera que ella era nueva en aquellos menesteres y le diera tiempo para acostumbrarse al contacto. Fue un roce suave, casi efímero. Se apartó unos milímetros hasta que sus alientos se entremezclaron y la miró.
Hermione se perdió en aquellos orbes oscurecidos que parecían dos hematitas centelleantes y antes de pensar siquiera en lo que hacía, sus ojos se cerraron y sus labios buscaron de nuevo los de Draco, presionándose más firmemente.
Le sintió sonreír sobre su boca y le acarició las mejillas, instándola a relajarse. Besó primero su labio superior, después el inferior, amoldándose a ellos, dejando que se acostumbrara a su roce, a su tacto.
Hermione sentía las mariposas de su estómago aletear jubilosas, pero el aleteo se convirtió en un auténtico frenesí cuando la lengua de Draco sustituyó a sus labios y la lamió como si fuera el mejor helado de Florean Fortescue.
Gimió, no pudo evitarlo y él aprovechó el momento para profundizar en su boca haciendo del inocente beso un enredo de lenguas y jadeos. Hermione le echó los brazos al cuello y se bajó del sofá, arrodillándose junto a él, pegándose a su cuerpo, perdida en un frenesí que no comprendía.
No tenía bastante de él, le mordió el labio y gimió cuando fue ella quien se internó en la húmeda cavidad del rubio, intentando llenarse de su sabor.
—Hermione —la voz de Draco estaba ronca y jadeaba tratando de recuperar el aliento —Hermione creo que deberíamos parar.
—¿Cómo dices?
Le escuchaba hablar, oía el sonido de su voz, pero no llegaba a comprender sus palabras. Le besó de nuevo y Draco se lo permitió durante apenas un minuto antes de volver a separarse de ella.
—Merlín, debo ser el hombre más idiota del universo pero tenemos que parar. Si no paramos perderé el control y no puedo, no así, no ahora. Dios te deseo —La besó una vez más, un beso corto, intenso, algo brusco en su necesidad.
—Creo que yo también te deseo —susurró Hermione, quien intentaba comprender las señales que le enviaba su cuerpo, desconocidas y nuevas para ella.
—Lo sé —rió él con incredulidad.
Apoyó su frente en la de ella y suspiró
—Está bien ¿Qué te parece si empezamos de nuevo?
—¿Empezar de nuevo?
—Esta noche no hay baile pero ¿Quieres que empecemos el nuevo año juntos?
Hermione sonrió con auténtica alegría.
—Si Draco, claro que quiero. ç
GINNY
Habitaciones de las chicas. Torre de Gryffindor. Tarde del 31 Diciembre de 1996
—¿Estáis preparadas? —Preguntó Hermione poniéndose unos zapatos de color rojo a juego con su vestido.
—No —Lavender se peinaba intentando que los tirabuzones que acariciaban su rostro se retiraran lo justo para dejar ver los pendientes que se había colocado —Ni siquiera tengo ganas de bajar.
—Eso es que echa de menos a Cormac —dijo Hermione poniéndose un poco de perfume en las muñecas.
—Vamos Lav —Ginny, que seguía en ropa interior, se dejó caer sobre la cama, suspirando cuando sintió el colchón debajo de su estómago —Llegará en unos días.
—Claro —la rubia la miró a través del espejo con el ceño fruncido —cómo tú tienes aquí a Zabini.
Ginny rió y se giró hasta contemplar los doseles de la cama de Fay que estaba pasando las Navidades con su familia.
—¿Quién lo iba a decir, no? Blaise Zabini siendo monógamo.
—¿Y estás segura de eso? —preguntó Lavender alzando una ceja.
—Sí —Ginny sonrió y se sentó en la cama con las piernas cruzadas —creo que todo eso de ser un lagarto le ha hecho ver las cosas desde otra perspectiva.
—¿Sabes? —Hermione se sentó a su lado —Quizás en lugar de renegar de los gemelos deberías hacerles un gran regalo. Creo que sin ellos las cosas no habrían tenido un final feliz.
—Pues igual tienes razón.
Se levantó de un salto y se acercó al armario de Hermione para buscar algún vestido que pudiera ponerse.
—¿Me dejas algo?
—Claro, creo que el vestido verde te puede quedar bien.
—Con mis zapatos —señaló Lavender hacia su baúl —los de la caja negra. Bueno ¿Y tú qué tal con Draco? Por lo contenta que has vuelto esta tarde creo que habéis hecho las paces —subió y bajó las cejas con picardía.
—Sí —su amiga se puso colorada y Lavender y Ginny rieron al verla.
—Vaya vaya —Ginny se pasó el vestido por la cabeza y se lo colocó —¿Así que le has perdonado?
—Algo así —se mordió el labio inferior y Ginny esperó, sabía que cuándo hacía eso era que buscaba la forma de contar lo que tenía en la cabeza —lo que hizo estuvo mal pero, es un poco como lo de Zabini ¿Entiendes? Él quiso ir contigo al baile como si fueras otra de tus conquistas pero, después de lo que os pasó, te ha conocido más, ha pasado más tiempo contigo y se ha dado cuenta de que igual no eres como otra de esas conquistas.
—Claro que te entiendo. Malfoy es un idiota, pero es un idiota que se ha enamorado de ti —rió con alegría —no le des más vueltas ¿Te gusta?
—Mucho
—¿Puedes perdonarle lo del baile?
— Sí
—Pues listo —respondió dando una palmada —entonces relájate y disfruta.
—Buen punto —dijo Lavender pasándole el cepillo del pelo —Voy bajando, nos vemos en el Gran Comedor.
—Blaise y yo hemos decidido pasar la noche juntos —soltó Ginny a bocajarro.
—¿Qué? —Hermione boqueó y negó con la cabeza —¿Te recuerdo del lío en el que os metisteis la última vez?
—No no, no vamos a hacer nada… por ahora. No es que no quiera, Merlín sabe que cuando Blaise me besa yo no sé que me pasa pero…
—Sí —Hermione volvía a esta roja —te entiendo.
Ginny rió.
—Lo que quiero decir es que queremos estar juntos y solos cuando den las doce. Lo otro… bueno, hasta que no consiga hablar en serio con mis hermanos no me pienso arriesgar.
—¿Vas a hablar con ellos? —Hermione fue quien rió en ese momento —¿Y qué quieres decirles? Oye chicos, quisiera tener relaciones íntimas con mi novio ¿Me podéis quitar el hechizo de castidad que tengo puesto, sea cual sea? ¿Sabes que no te harán caso, verdad?
—Ya veremos —respondió con una sonrisa de quien sabe algo que los demás no.
Y es que Ginny sabía muchas cosas de Fred y George, cosas que ninguno de ellos querría que Molly supiera y había llegado el momento de echarles un órdago a aquellos dos membrillos.
HERMIONE
Torre de Astronomía. Noche 31 Diciembre de 1996
—Draco ¿De dónde has sacado eso?
Él se encogió de hombros y le mostró un tubo, parecido a un silbato alargado y luminoso de color verde en el que podía verse una W grabada.
—Salió disparado en una de las mini explosiones de la Sala de los Weasley, lo encontré en el suelo y me lo guardé.
—¿Lo robaste?
—Lo cogí, no lo robé. Esta cosa casi me sacó un ojo, me pareció un objeto curioso.
—No debiste llevártelo Draco —frunció el ceño mirando el silbato con cara de pocos amigos —los gemelos a veces tienen cosas algo peculiares que ni ellos mismos saben para qué sirven. Eso parece un silbato luminoso.
—¿Silbato? ¿Cómo el de los árbitros de quiddich?
—Algo así, solo que brilla además de sonar, a veces cambia de color.
Draco miró el objeto con ojos brillantes y curiosos.
Hermione le cogió de la mano.
—No lo hagas Draco.
Pero lo hizo.
Sopló.
Al principio se quedaron en silencio, esperando y al no ocurrir nada, Hermione suspiró. Aunque el alivio apenas le duró un par de segundos, después un viento huracanado empezó a sacudirlo todo formando un pequeño tornado delante de ellos.
—Oh Dios mío —susurró.
Draco apretó su mano y la atrajo hacia su cuerpo y la abrazó, tratando de protegerla. Se pegaron al muro de la torre e inmediatamente, como si las rocas cedieran bajo su peso, como si la piedra se convirtiera de pronto en una plastilina pegajosa y dúctil, se combó hacia atrás, atrapándoles en un apretado abrazo.
Gritó.
Escuchó a Draco gritar a su lado sin soltarla y el mundo se oscureció convirtiéndose en una absoluta nada.
Había perdido casi todos sus sentidos. No oía, no veía… únicamente sentía el abrazo de Draco.
¿Qué estaba ocurriendo?
Sintió un tirón en su estómago, como el brusco arrastre de la aparición y en un parpadeo estaban de nuevo en la torre de Astronomía, abrazados, aterrados, solos…
No, un momento. No estaban solos.
Miró a su alrededor y se aferró con fuerza a Draco.
—¿Ves lo mismo que yo? —susurró.
—Joder —respondió él.
¿Los Weasley dando finales felices? ¡Já! Esos dos malditos magos eran un peligro para toda la humanidad!
—Voy a matarlos. Voy a matar a Fred y George.
