Hola!

Primero… chicas a mi tampoco me gusta el pairing Harry y Draco. Ojo, empecé escribiendo fics por una saga de libros "La Hermandad de la Daga" precisamente con un ship MM porque esos dos sí debieron estar juntos, así que no es porque sean chico/chico si no porque simplemente pues soy demasiado dramione, me puede … fin.

Bien, una vez vuelto a escribir todo esto que tanto me había costado, vamos con la última realidad o el último universo sobre el que voy a escribir.

Por si alguien se me ha perdido, cada PARTE es un universo y son cinco, solo que el que correspondería a la quinta parte es el que conocemos como canon por lo que no voy a escribir sobre él.

Aquí voy con la última parte antes de que la historia comience realmente.

Gracias a quienes seguís aquí, pese a lo raro que está siendo este fic xD (yo también soy muy de marvel)

Besos y abrazos

AJ

Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK Rowlings, yo solo juego un poco con sus personajes.

CUARTA PARTE U4.0

Hermione bajó corriendo las escalera del cuarto de las chicas hasta la Sala Común dónde Harry la esperaba.

— Hola —susurró algo avergonzada por la forma en la que él la miraba.

Sí, su relación había sufrido muchos cambios en los últimos meses pero aún a veces le costaba acostumbrarse a la intensidad en los ojos de Harry, a la posesividad y al anhelo que mostraban por ella, al brillo de fiera alegría con que refulgían cuando la contemplaba.

—Estás preciosa Hermione —dijo él colocándose las gafas.

Se veía casi tan incómodo como ella y aquello rompió la tensión y les hizo reír.

—Esto es raro —murmuró Hermione sin perder la sonrisa.

—No, en realidad no lo es, pero te ves… diferente.

—¿Mal? —preguntó ella con las cejas arqueadas.

—No —le ofreció el brazo y ella lo aceptó — solo no estoy acostumbrado —se frotó la nuca —ya sabes que no soy muy bueno en esto.

—Está bien —Hermione acarició su mano mientras bajaban al Gran Comedor —tal vez deberíamos haber tenido una cita antes

Le miró de reojo y le vio sonrojarse. Era increíble que, después de todo, él siguiera siendo tan increíblemente tierno.

Aquel curso no eran muchos los alumnos que se habían quedado a pasar las fiestas en Hogwarts, de modo que Dumbledore había decidido quitar las mesas de las casas y colocar una enorme mesa redonda en la que profesores y alumnos podrían disfrutar de la cena de Nochevieja en mutua compañía.

Cuando Harry y Hermione llegaron, vieron que los Slyterhin se habían sentado al lado de Snape y Ernie y Justin, quienes también estaban en el castillo aquellas navidades, se habían colocado al otro extremo, lo más alejados que pudieron de Malfoy y Zabini que eran las únicas serpientes que había esa noche.

—Hola chicos —saludó Hermione acercándose a ellos.

—Hola —respondió Justin

—¿Está ocupada? —preguntó Harry a Ernie señalando las dos sillas que habían a su lado.

—Claro que no —con un gesto les indicó que se sentaran.

—¿Cómo es que os habéis quedado? —preguntó Justin a Harry.

—Yo no quería volver a casa y le pedí a Hermione que se quedara conmigo.

Ambos rieron entre dientes y Hermione se dio cuenta de que no necesitaba usar la Legeremancia para saber lo que ambos chicos tenían en sus lujuriosas mentes.

La cena fue bastante tranquila, nada que ver con las comidas ruidosas y alborotadas de cada día, o las navidades en La Madriguera con su desorden, su bullicio constante y la común algarabía.

Harry hablaba con sus compañeros del campeonato de quiddich y de vez en cuando acariciaba la pierna de Hermione en un descuidado roce cariñoso o apretaba su rodilla solo para sentirla a su lado, para decirla sin palabras que estaba allí.

Ella sonreía cada vez que experimentaba su contacto y le miraba de reojo, recordando en qué momento su amistad se había trastocado dando paso a algo más, dando paso a la relación que les unía en la actualidad.

Fue ese verano el que lo había cambiado todo.
En el momento en que Sirius fue asesinado por Ballatrix, Hermione supo que tenía que ayudar a Harry. Su amigo estaba destrozado, completamente perdido y hundido en la más absoluta tristeza.

¿Cómo no iba a estarlo? La única familia que le quedaba, la única que realmente le amaba, acababa de serle arrebatada, una vez más.

Hermione no podía dejarle marchar a casa de los Dursley y, aunque sabía que Ron iba a ofrecerle un hueco durante las vacaciones, ella se había dado cuenta de que el bullicio y la alegría de La Madriguera era lo último que Harry necesitaba.

Así que finalmente escribió a sus padres contándoles por encima lo que había sucedido obviando detalles como la lucha del Ministerio o que sus vidas habían corrido un peligro de muerte real, ellos no necesitaban saberlo todo del mundo mágico a fin de cuentas y les había pedido permiso para invitar a Harry a pasar con ellos el verano. No habían tardado en contestar afirmativamente, su madre estaba encantada de acoger a Harry durante el tiempo que fuera necesario, así que un par de semanas antes habló con él y, para sorpresa de Ron, el chico aceptó con una sonrisa, alegando que tras perder a Sirius necesitaba alejarse un poco del mundo mágico y los recuerdos y que estar con la familia muggle de Hermione sería lo más sensato.

Al principio todo fue perfecto, divertido y maravilloso como siempre. Sus padres le habían habilitado una de las habitaciones de invitados y ellos se dedicaron a dar largos paseos, hacer excursiones, picnics, juegos de mesa e incluso pasaron juntos una semana en la playa.

Los Granger tenían una pequeña casita a la orilla del mar que Hermione adoraba. Le fascinaba salir por las noches al porche y disfrutar del sonido de las olas, del olor a sal y a humedad y de la vista del manto estrellado. A veces simplemente se quedaba allí por horas, contemplando la maravilla que la rodeaba.

Pero la tercera noche vio a Harry sentado sobre la arena observando el horizonte. Estaba muy quieto y parecía confundirse con el entorno, como una estatua de sal que se mantuviera allí, impertérrita e intemporal, esperando. Preocupada, se acercó a él y se sentó a su lado apoyando la cabeza sobre su hombro como había hecho cientos de veces antes.

Le sintió suspirar y notó los labios de él dejar un suave beso efímero sobre la línea de su pelo.

—¿Estás bien? —le preguntó entrelazando su brazo en un agarre flojo.

El sonrió levemente y se colocó las gafas

—Lo estaré.

Se quedaron así, juntos, en cómo silencio, dejándose arrullar por el sonido monótono del mar, contemplando el cielo en confortable quietud durante lo que pudieron ser minutos u horas.

—¿Qué crees que pasará ahora?

—Que todo se acelerará —respondió él. —creo que Voldemort se está haciendo fuerte, la guerra ya ha empezado.

—Creí que ya lo hizo cuando regresó.

—Sí bueno, es solo que tengo el presentimiento de que ahora se está haciendo mucho más fuerte, está agrupando a su ejército y debemos estar preparados.

Ella se estremeció

—Tengo miedo —susurró.

Y esa era la realidad. Ella era valiente, sí, pero el miedo no era cosa de cobardes, incluso los más valientes podían sentir temor y ella, Gryffindor o no, lo sentía.

Temía por sus padres muggles, por sus amigos, por sus compañeros, por ella misma. Pero por quién más temía era por Harry. Él llevaba el peso del mundo sobre sus hombros, literalmente y Hermione estaba harta de eso, estaba cansada de verle así, de verle luchar por todo y por todos. Si había alguien heroico y lleno de coraje, ese era Harry, pero no dejaban de ser unos niños jugando al juego de la guerra que habían impuesto los adultos y eso no era justo.

—Ey —Harry se enderezó y la apartó de él para tomarla de los hombros y mirarla fijamente —todo estará bien ¿Vale? Yo cuidaré de ti y tú de mi, como siempre.

Ella sonrió y le abrazó con fuerza, sintiendo los brazos de Harry rodearla como tantas veces lo habían hecho en los malos momentos.

Con un suspiro de contento Hermione hundió la cara en el cuello de su amigo, inhalando aquel aroma ligeramente picante que la hacía pensar en casa.

Entonces, en ese infinitesimal segundo en que rozó su piel con los labios, algo cambio. Sintió cómo un leve estremecimiento recorría el cuerpo de Harry haciendo eco en su propio cuerpo que tembló en respuesta. Intentó ignorarlo pero fue imposible, de pronto únicamente fue consciente de él, del calor que emanaba de su cuerpo, de su aliento acariciando su frente con cada respiración, de su olor saturando sus sentidos, de aquellas manos masculinas y fuertes que se apoyaban en su espalda…

Merlín ¿Qué le estaba ocurriendo? Por un instante quiso levantarse y salir huyendo de allí, correr tan lejos como pudiera para alejarse de aquellos extraños sentimientos que acababan de atenazar su estómago.

Que Dios la ayudara, se sentía excitada, su piel estaba erizada, su respiración acelerada e incluso sus labios cosquilleaban, demandando saciar el hambre que acababa de despertar la cercanía de Harry.

Ella no sabía nada de todo aquello, la única experiencia que había tenido fue un beso dulce e intenso con Viktor en cuarto curso, pero no era tonta y había leído lo suficiente y escuchado lo justo para entender lo que le estaba ocurriendo a su cuerpo.

Sintió la mano de Harry tensarse en su cintura y como la piel de su cuello se erizaba bajo sus labios, le escuchó dejar escapar el aire entre los dientes en un resuello y, muerta de vergüenza sintió que su cuerpo se humedecía al darse cuenta de que él se estaba sintiendo, contra todo pronóstico, de la misma forma.

Se asustó. Se sintió atenazada por un pánico visceral porque ¿Cómo era posible que su mejor amigo estuviera despertando en ella aquellos anhelos? Su cuerpo le reconocía, le deseaba. Cerró los ojos y acarició su pelo con las yemas de los dedos hasta que Harry tembló bajo sus manos.

¿Qué debía hacer? ¿Debería enfrentarse a lo que estaba sucediendo de frente y sin miedo? ¿Debería levantarse y olvidarlo como si nunca hubiera pasado?

Gryffindor como era y sabiendo que Harry jamás sería capaz de hacer algo con todo aquello, decidió que no podían dejarlo pasar como si nada porque si lo hacían, su relación se vería afectada y la incomodidad se asentaría entre ellos destrozando poco a poco su amistad.
Además ella le quería ¿Era posible que ese cariño fraternal hubiera cambiado poco a poco sin que se dieran cuenta? ¿O simplemente era una reacción de sus cuerpos adolescentes que comenzaban a despertar y sentían una sana curiosidad incontenible?

—Harry —susurró con los labios pegados a su cuello, degustando, inocentemente, el sabor de su piel ligeramente humedecida.

—¿Si? —sonrió porque su voz sonaba estrangulada y ronca, como si tratara de ignorar lo que estaba sucediendo, como si él, el Niño que Vivió, el Elegido, el Salvador del Mundo Mágico, no tuviera miedo de enfrentar a la muerte, a una caterva de dementores, a una bruja sádica y loca o al mago tenebroso más peligroso de todos los tiempos pero, sin embargo, no quisiera hacer frente a lo que estaba ocurriendo entre ellos.

—Tenemos dos opciones —dijo con su tono de voz más remilgado —o bien ignorar esto que ambos sabemos que acaba de pasar o hacer algo al respecto y quitárnoslo de encima.

Le sintió tragar saliva y notó el movimiento de su garganta al hacerlo.

—¿Quitárnoslo de encima cómo? —preguntó completamente tenso.

—Oh Harry —rió sin humor y se incorporó para mirarle a la cara —me pregunto…

Se sentó a horcajadas sobre las piernas del chico, completamente perdida en aquellos ojos suaves del color del musgo y apoyó las manos en sus hombros.

—Hermione —le oyó susurrar con voz temblorosa.

Vio el sonrojo de sus pómulos y sintió una extraña ternura entremezclada con ese insólito anhelo que apretaba su estómago en un puño.

Mandando al cuerno todo se inclinó hacia él y le besó.

Sus bocas colisionaron en un beso doloroso por su ternura, un beso suave, fugaz, un beso tan lleno de afecto y sentimientos que les hizo completamente vulnerables. Aquel beso, simple y algo torpe, dejó sus almas al desnudo y ambos se apartaron unos centímetros para mirarse a los ojos, atónitos y maravillados por aquella extraña conexión que habían sentido en el momento en que sus labios se rozaron.

Jadearon y Hermione sintió las manos de Harry abarcando su cintura para empujarla hacia él, apretándola contra su torso, ella le rodeó el cuello con los brazos y, como en una coreografía impecable ambas bocas volvieron a buscarse en pequeños besos juguetones, besos exploradores que reconocían y tanteaban, besos que poco a poco dejaron atrás la ternura y fueron volviéndose demandantes y bruscos. Hermione gimió y Harry aprovechó el momento para irrumpir en su boca, su lengua, húmeda y anhelante recorrió aquella calidad cavidad con hambre, devorándola con un ansia que ella jamás habría esperado de Harry. No fue un beso de sincronía perfecta como en las películas románticas que Hermione veía en el mundo muggle, pero fue perfecto en su imperfección.

La timidez pareció abandonarles y sus deseos más primitivos tomaron el control absoluto de sus cuerpos. Él la atrajo hacía sí, empujando a Hermione a que le rodeara las caderas con las piernas y ambos gimieron cuando entraron en un contacto tan íntimo que hizo que los corazones de ambos bombearan en una loca carrera de frenéticos y erráticos latidos.

Ninguno de ellos sabían lo que hacían, se dejaban llevar por las demandas de su cuerpo, sus instintos liberados por el frenesí de aquella pasión compartida que apenas eran capaces de comprender.

Sus lenguas se enredaron una y otra vez con ansía, besándose con toda la pasión reprimida a la que estaban dando rienda suelta, todo ese deseo hasta entonces ignorado.

Allí, solos, envueltos por la oscuridad, acunados por el arrullo de las olas e impregnados del olor de la tierra mojada, la sal y la humedad, se dejaron llevar entre gemidos hasta que Harry, jadeando, aferró las mejillas de Hermione y se apartó de ella lo suficiente como para apoyar la frente sobre la suya y suspirar.

—Hermione —susurró besándola de nuevo, en aquella ocasión un beso intenso pero corto, dulce y cariñoso — creo que elijo la opción tres.

Ella le miró confusa, con las mejillas arreboladas y el pelo desordenado, con algunos rizos pegándose a su rostro.

—¿Cuál es la opción tres?

— No lo sé, la que surja a partir de este momento —respondió él —si tú quieres.

Hermione le aferró las muñecas y volvió a buscar su boca con una sonrisa.

—Sí, sí que quiero.

A partir de allí fueron redescubriéndose poco a poco, acomodándose a esa nueva relación que había nacido entre ellos. Estar juntos fue tan sencillo como respirar, simplemente era lo correcto. Hermione sentía que habían dado un paso que estaban destinados a dar, como si fuera lo apropiado, lo que debía de ser. Ellos eran simplemente perfectos el uno para el otro.

Se complementaban tanto que ella no podía sentirse más feliz.

Siguieron con los mismos planes y el mismo ritmo de antes, solo que ahora, cuando salían a pasear lo hacían tomados de la mano, cuando hacían un picnic terminaban tumbados sobre la manta prodigándose besos y caricias cada vez más traviesas, cuando jugaban al trivial o las damas, sus manos se buscaban por debajo de la mesa… todo se sentía tan perfecto que Hermione simplemente no entendía por qué habían esperado tanto tiempo para verse, aunque Harry creía que las cosas pasaban cuando tenían que pasar y se limitaba a disfrutar de aquellos recién descubiertos sentimientos que habían conseguido sacarle de su dolor y su autocompasión.

Seguía llorando la muerte de su padrino, pero había entendido que la vida continuaba y que él, pese a todo, también se merecía rascar sus propios momentos de felicidad.

Cuando se reencontraron con Ron, su amigo pareció sorprendido y algo molesto, pero la amistad de los tres estaba demasiado arraigada, era demasiado fuerte para que algo así pudiera quebrarla, sobre todo cuando, un par de semanas después de volver a Hogwarts, Lavender Brown se dedicó a besuquearle en cada rincón del colegio en el que le encontraba.

—¿Hermione? ¿Estás bien?

Vio la mano de Harry pasar por delante de sus ojos reclamando atención.

—¿Cómo? —sacudió la cabeza prestándole toda su atención —Lo siento Harry, estaba distraída ¿Qué dijiste?

Él señaló con la barbilla a Malfoy que estaba al lado de la puerta del comedor hablando con Snape.

—Se ha levantado para irse pero Snape le ha parado —miró su hora —se que quedan apenas quince minutos para la media noche, pero si salgo ya puedo esperarle en el pasillo del séptimo piso.

—Voy contigo

—No, tienes que quedarte aquí y vigilar a Snape ¿De acuerdo?

—Está bien —dijo algo molesta —¿Llevas el galeón?

Él se tocó la túnica

—En mi bolsillo.

—Ten cuidado —susurró sujetando su mano

Él solo sonrió y se agachó para robarle un beso rápido.

—Lo tendré.

Cuando se marchó Hermione se quedó pendiente de cada movimiento de Snape y Malfoy. En aquel momento lamentaba no tener una oreja extensible para escuchar la conversación que tenían aquellos dos.

Al terminar de hablar, Snape se dirigió a las mazmorras y Malfoy se encaminó al lado contrario. No pudo evitar seguirle, quería asegurarse que iba hacia Harry así que fue tras él con sigilo, esperando poder desenmascararle pronto.

Se dio cuenta de que iba hacia la Torre de Astronomía y subió intentando no hacer ruido en aquellos viejos y chirriantes escalones.

Ni bien puso un pie en el último de ellos una mano aferró con fuerza su muñeca y la estampó contra el muro de piedra. La brusquedad del golpe le hizo jadear y el dolor trepó por su espalda

—Suéltame Malfoy —siseó buscando con sus ojos la oscura mirada del Slytherin

—¿O qué Granger? —espetó él enfrentándola con el rostro apenas a unos centímetros de distancia —¿Dónde te has dejado a Potter?

—He dicho que me sueltes, hurón —dijo ella arrastrando las palabras en una perfecta imitación del rubio.

—¿Y si no quiero?

—¿Estás seguro?

Draco miró hacia abajo al sentir la punta de la varita de la castaña clavándose en el lateral de su cuello y maldijo, soltándola con cara de asombro.

Dio un paso atrás y sacó su propia varita con la celeridad de un buscador de quiddich.

—¿Quieres terminar el año con un duelo, Granger? Perfecto… que… apropiado.

—¿Estás seguro de que quieres pelear Malfoy? Vaya, me sorprende tanta valentía estando aquí sin tus guardianes.

Él rió sin humor

—Siempre me he preguntado si los sangre sucia puede volar ¿Lo intentamos?

¡Rictusempra!

¡Levicorpus!

Ambos se apartaron a la vez. Draco se parapetó detrás de una columna y Hermione usó un escritorio para atrincherarse tras él.

—Eres un cobarde Malfoy —espetó ella asomándose por encima de la madera —¡Desmaius!

El hechizo pasó casi rozando al chico que se había asomado y Hermione volvió a apoyarse contra la mesa buscando frenéticamente el galeón en su bolsito. Rebuscó pero no lo encontraba y estaba demasiado estrecho allí detrás para conjurar su patronus.

—Tú eres la que está detrás de un mueble, Granger.

Sacó del bolso el silbato que Ron le había dado el día antes de irse a casa por Navidad y lo miró con el ceño fruncido recordando las palabras del pelirrojo. Fred me ha dicho que esto es capaz de sacarte de un apuro en un parpadeo, si soplas cuando estás en peligro puedes salir de allí cagando leches, es como abrir un pasadizo secreto. Quédatelo, puede haceros falta.

Espero que Fred tenga razón —susurró antes de soplar.

¡Reducto!

Escuchó a Malfoy y saltó a tiempo cuando el escritorio reventó en cientos de pedazos. Se arrastró hacia él y, justo cuando volvió a asomar su aristocrática nariz por el lateral de la columna le apuntó sin clemencia.

Incarcerus

Jodida y estúpida sangre sucia ¡Desátame!

—Vaya vaya Malfoy, te noto… algo liado.

—Cuando salga de esta voy a matarte

Ella chasqueó la lengua con fastidio

—Sí, eso es lo que hace la gente como tú ¿Verdad?

—¿La gente como yo? —preguntó él entrecerrando los ojos.

Se acercó y le levantó la manga de la túnica de un tirón, dejando a la vista la Marca Tenebrosa

—Los mortífagos —susurró con frialdad —solo quería confirmar lo que suponíamos.

Durante una fracción de segundo algo titiló en los ojos de Malfoy, algo que Hermione podría haberse perdido si no hubiera estado observándole tan de cerca. Miedo, arrepentimiento, dolor, soledad… ¿Qué eran todos aquellos sentimientos que se desbordaban del rostro del rubio?

—¿Qué coño….

Malfoy miraba algún punto detrás de Hermione con auténtico pánico y ella se giró para ver qué había causado aquella conmoción en sus facciones normalmente impertérritas.

Las palabras de Ron volvieron una vez más es como abrir un pasadizo secreto.

—No puede ser.

Delante de ellos, como si de una película de ciencia ficción muggle se tratara, una abertura había abierto lo que, en cualquier cómic, podría ser una portal interdimensional o una brecha espacio temporal. ¡Santa Morgana! Por un instante de histeria absurda se preguntó si Thor saldría de aquella fisura que rasgaba el universo delante de sus narices.

Cerró los ojos, parpadeando como si pudiera hacer desaparecer aquel agujero negro ¿De verdad aquello estaba ocurriendo?

Sintió cómo el viento se agitaba y la grita comenzaba a absorberlos.

—¿Qué está pasando? —oyó gritar a Malfoy en medio del estruendo y del rugido huracanado que se formó alrededor de ambos.

Le miró, vio que estaba siendo arrastrado hacia aquella nada que se veía tras la grieta y, de forma inconsciente le sujetó del brazo aferrándose con la otra mano a la barandilla.

—¡Desátame! —gritó el chico

—No puedo usar la varita —replicó ella intentando afianzar la sujeción.

—No me sueltes —lo dijo con aquel tono autocrático que tanto odiaba pero la miró a los ojos y de forma fugaz Hermione pudo ver el miedo en ellos.

—No lo haré —replicó

Y no lo hizo.

Cuando se dio cuenta de que era incapaz de mantener el peso de ambos con una sola mano supo que únicamente había dos opciones, soltarle para salvarse ella o soltar la barandilla y rezar.

Sabía que Malfoy no tendría ningún reparo en dejarla a su suerte y que, si los papeles estuvieran invertidos ni siquiera la habría sostenido en primer lugar.

Pero ella no era Draco Malfoy.

Así que soltó la baranda y, su último pensamiento antes de que aquella brecha los absorbiera fue que si Harry y Ron se enteraban de que había sido tragada por un agujero negro por intentar salvar a Malfoy iban a matarla.

Después de aquello la nada más absoluta se cerró en torno a los dos y se quedaron flotando en una completa oscuridad, rodeados de un atronador silencio, solos, privados de sus sentidos.

Hermione apretó los dedos en torno al brazo del chico sintiendo que era lo único real a lo que podía aferrarse, perdida como estaba en aquel lugar que no era un lugar, fuera del tiempo, donde no importaba si todo ocurría en un segundo o una eternidad.

De pronto fueron expulsados de golpe de dónde fuera que hubiesen estado y cayeron contra el suelo en un revoltijo de brazos, piernas y quejidos.

—Maldita sea — Malfoy se retorcía debajo de su cuerpo —¿Me puedes desatar ya? —masculló mientras Hermione se ponía en pie y le ayudaba a hacer lo mismo.

—Oh Oh —susurró ella pegándose inconscientemente al rubio que la miró con asco durante un segundo antes de que una voz que sonaba exactamente igual que la suya le hizo girarse.

—Vaya, otros dos…

—¿Pero que está pasando? —dijo dando un paso atrás y pegándose un poco más a la castaña que, al parecer era lo único real allí.

—Este Draco no me cae nada bien

Miraron hacia su derecha dónde una copia exacta de Hermione estaba cruzada de brazos.

—Mira —murmuró ella — ya somos dos.

—Granger ¿Estás viendo lo mismo que yo? —preguntó en un susurro. Ella asintió —¿Dónde narices estamos?

—Creo que en el infierno —respondió ella.