GUARDIÁN DEL TRONO DIVINO

Capítulo 12


...


En contra de todo sentido común, la alianza de gremios continúo con sus intentos por derribar Ainz Ooal Gown. A pesar el lento progreso y la gran cantidad de jugadores derrotados, la alianza parecía estar decidida a sacrificar cada una de las unidades que les quedaran, en lugar de renunciar a su ridículo orgullo.

Esta no era una situación con la que Momonga se podría identificar.

A diferencia de la alianza, los miembros de Ainz Ooal Gown tenían una razón para pelear, ellos estaban apostando la existencia de su gremio en esta lucha. Pero para los miembros de la alianza, poco más que algo de oro y algunos recursos raros y equipo se podría saquear de su miope victoria.

El objeto con más valor que quedaba en la necrópolis, era la tumba en sí, los mayores tesoros del gremio ya no estaban en ella. Como medida extra en caso de una hipotética derrota cada uno de los tesoros habían sido transportados a las profundidades de su mina en Jötunheim.

Momonga no podía conseguir una respuesta satisfactoria al resentimiento que mostraba la alianza en su contra. Por supuesto, él era muy consciente de la reputación del gremio, pero llegar al extremo de reunir un ejército para aplastar su nombre… sin importar como lo viera, era llevarlo demasiado lejos.

Sacudió la cabeza para descartar esos inútiles pensamiento, Momonga regreso su mirada a las múltiples escenas proyectadas frente a él en la sala del trono.

Como líder del gremio, Momonga había tomado el papel de jefe final contra los invasores, originalmente se había discutido la idea de que los cuarenta y un miembros esperaran en la sala del trono para enfrentar a los invasores en un épico combate final.

Pero la idea fue rápidamente protestada por el miembro más dedicado al gremio.

En palabras de El Anciano, no hacer nada y esperar a que la alianza llegara a la sala del trono era un igual a escupir en el legado de Ainz Ooal Gown, dejar que los invasores pasaran sin repercusiones por el paraíso que habían creado era el desprecio máximo en contra de toda su esfuerzo.

Pocos de los integrantes de gremio se quejaron contra las reprimendas de El Anciano y, aunque en apariencia y comportamiento Momonga no manifestaba un cambio notable, lo cierto es que se había sentido profundamente arrepentido por su actitud.

"¿Cómo pudo pensar en rendirme tan fácilmente?"

Avergonzado de sus pensamientos tan derrotistas, Momonga puso a trabajar su posición como maestro de gremio e insto a sus amigos a preparase para enfrentarse la invasión. El ánimo del gremio no estaba en su mejor momento, pero a petición de su maestro de gremio cada uno de los cuarenta y un miembros redoblo sus esfuerzos en organizar las defensas de la tumba.

Al terminar la reunión de planificación, Momonga se había acercado a El Anciano para agradecerle por hacerle reconsiderar su postura y animar al gremio a luchar.

"No tienes que agradarme por nada, amigo. Simplemente me emocione un poco, tal vez demasiado, por la promesa de tener una gran lucha". Respondió el dragón con su común tono casual, sin decir más palabras El Anciano se disculpó y se separó para seguir trabajando en las defensas. Pero mientras se alejaba, casi fuera de su audición, Momonga escucho como El Anciano pronunciaba una frase a la que no lograba darle sentido.

"No permitiré, que ninguno de ellos desaparezca".

El recuerdo regreso a Momonga al presente, y entre todo el revoltijo de pantallas busco las que mostraban el escenario del sexto piso.

Momonga deslizo su mano por el aire y un teclado holográfico se manifestó, introduciendo una serie de comandos y el paisaje cambio instantáneamente para mostrar árboles, animales, grupos de jugadores y a sus compañeros de gremio. Navego entre el desordenado collage de imágenes hasta ver a un grupo de jugadores atrincherados contra el muro exterior del piso mientras intentaban evitar que un hombre con características draconicas se acercara.

Concentrándose particularmente en este enfrentamiento, Momonga amplio la pantalla para ver como los jugadores lanzaban todo tipo de hechizos y habilidades de largo alcance en contra de su oponente. Pero este siempre reaccionaba en el último instante saltando con una gran agilidad para trepar entre los arboles cercanos, solo para que el segundo siguiente esquivara otro ataque y regresara al suelo para comenzar de nuevo.

Las maniobras de El Anciano resultarían comprensibles de no ser por el hecho de que cada vez que pasaba por el suelo, tomaba un puñado de rocas y se detenía el tiempo suficiente como para arrojarlas en forma de un contrataque.

Momonga intento descifrar el porqué del actuar de El Anciano, cada vez que él arrojaba una piedra, el delantero del grupo, equipado con un enorme escudo de torre saltaba para interceptar el ataque, cualquier intento de daño era frenado por el defensor y el resto del equipo de invasores se centraban en continuar su aluvión de ataques.

Momonga observo como esta dinámica se extendía por unos minutos, hasta que El Anciano fallo en esquivar, recibiendo el impacto directo de un hechizo de viento.

En consecuencia, El Anciano fue empujado para estrellarse con el tronco de un árbol.

Finalmente viendo a su enemigo se indefenso, los invasores centraron sus ataques en el dragón caído.

Aunque parecía aturdido por primer ataque, dando evidencia de sus años de experiencia, el dragón rápidamente se incorporó, dio un giro por el suelo y rodeo el mismo árbol con el que se había estrellado.

Lo ataques impactaron la planta, pero en evidencia de la calidad del trabajo de Blue Planet, la corteza del árbol solo se sacudió.

Perdiendo de vista su objetivo, los jugadores detuvieron las hostilidades, el silencio y la nube de polvo levantada de los impactos iniciales, cayeron sobre el campo de batalla.

Ninguno de los combatientes se atrevió a desviar la mirada por temor a perderse el próximo movimiento del dragón.

Pero Momonga estaba en una posición privilegiada en este momento. A diferencia de los jugadores que se negaban a apartar a mirada, Momonga miraba la lucha desde un ángulo favorable y no se permitió perder el flujo de todos sus participantes.

Cuando El Anciano se perdió de la vista fija de la cámara, rápidamente cambio a una visión panorámica del área.

El nuevo paisaje estaba estacionada a un dictación razonable del lugar de la lucha, por lo que pudo tener un enfoque más general del escenario.

Ahí fue donde lo encontró, El Anciano había dejado su posición tras el árbol hace ya mucho tiempo, ahora él estaba parado directamente sobre el equipo de jugadores.

Los jugadores de la alianza parecían estar hablando entre ellos, no necesitaba activar el sonido para escucharlos como intentaban organizase mientras tenían la oportunidad.

Tras años de haberse conocido, y años de haberse enfrentarse en duelos tanto competitivos como de entrenamiento, Momonga tenía una clara comprensión de las habilidades de su amigo.

Ver las luchas de El Anciano siempre resultaron ser un espectáculo, debido al uso de una amplia variedad de estrategias impredecibles.

Los enfrentamientos más difíciles de El Anciano sacaban su lado más creativo, y en base a las complicaciones que había visto hasta ahora. La expectativa de Momonga comenzó a acrecentarse.

A pesar de su conocimiento, la duda y la sorpresa se manifestaron en Momonga cuando de la nada, una descomunal plancha de metal negro apareció sostenida en la mano del dragón. Con un gesto casi trivial, arrojo el trozo de mineral al aire y cuando dio una vuelta para quedar prácticamente horizontal, El Anciano salto sobre ella y la velocidad de la caída se multiplico de forma drástica.

Momonga pudo jurar que escucho a su calaverita mandíbula caer al suelo, en el momento en el que El Anciano y la plancha de metal se estrellaron en contra del desafortunado equipo reunido debajo.

El grupo ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando notaron la sombra de algo grande posicionarse sobre sus cabezas.

El impacto hiso temblar los alrededores, provocando que una parte del sexto piso se sacudiera y el polvo se levantara para cubrir la totalidad de la visión junto a las hojas de los árboles que cayeron por la sacudida

El defensor, posicionado demasiado lejos del resto del grupo finalmente se levantó del suelo luego de haber perdido el equilibrio, y miro la nube de polvo en donde una vez habían estado sus compañeros.

"...pero... ¿qué...?" Logro tartamudear.

"Uff. Eso sí que tomo demasiado tiempo." Escucho acercare una voz, proveniente de la nube de polvo.

"Necesitaba que te alejaras un poco de ellos, los tanques pueden tener una gran resistencia y fortaleza que les permite soportar golpes que de otro modo los mandarían a volar. Aunque no sé si tu personaje hubiera podido soportar esto..." Dijo mientras daba dos pisotones en la loza y provocaba dos golpes sordos. "Bueno, era mejor asegurarse".

El defensor que quedo sin palabras al mirar al mismo hombre con el que estaban peleando pararse casualmente frente él.

Con la misma actitud indiferente, con la que había visto aplastar a sus compañeros, el defensor vio como el hombre se daba la vuelta y levantaba sus brazos para estirar su cuerpo.

"Bueno, solo quedas tú, y por lo visto, tienes una buena defensa y una buena velocidad, pero dudo mucho que tus ataques sean lo suficientes fuertes como para dañar mi armadura. Así que, te doy la oportunidad de rendirte, o puedes escoger pelear. No soy nadie para decirte que hacer".

"¿Entonces, que eliges?" El Anciano se volvió, tomando una posición de lucha en una forma de reafirmar sus palabras, pero cuando dio la vuelta lo uno que pudo ver era la paisaje boscoso del sexto piso.

"¿Eh?, ¿a dónde se fue?"

Desde la sala del trono, Momongo cubrió su cara con su mano, ver las luchas del anciano siempre resultaron ser entretenido. No solo por la emoción que era ver como un jugador profesional explotaba al máximo sus habilidades, sino, porque cuando se trataba de él, era casi seguro ver lo absurdo de una escena.

Momonga soltó un resoplido divertido unos segundos después.

Decidió no darle más vueltas al asunto y paso de las pantalla que proyectaban la lucha del gremio a las de configuración y estadísticas, estas se presentaron en forma de un cuadro de color celeste oscurecido, varias pestañas ubicadas en la parte superior del panel dividían por sección cada uno de los aspectos manejables del gremio.

Momonga deslizo su mirada a través de las opciones hasta llegar a la ranura de registros, un nuevo cuadro salto frente a él cuándo presiono un botón, y entre toda la información presentada, una cifra llamo especialmente su atención.

[Número de bajas: 7386]

La información recopilada de la alianza establecía un aproximado de diez mil unidades, el registro anterior al inicio de la invasión, era un poco más de quinientos, todos ellos eliminados por los propios integrantes de Ainz Ooal Gown al enfrentarse en el área superficial de la tumba, lo que impidió que ninguno de los asaltos siquiera se adentrara en las catacumbas y recogiera información de sobre sus defensas.

Momonga miro el reloj siempre presente en la esquina inferior de su interfaz, cerró las ventanas de información luego de ver como el conteo de bajas volvía a aumentar en tres dígitos.

"Se está hiendo tarde, mañana tenemos que volver a trabajar". Pensó mientras suprimió un bostezo involuntario.

"¿Los demás se molestaran si dejo mi posición, y voy a buscar un poco de diversión?" Le pregunto a nadie en específico, la única persona que lo acompañaba en la sala del trono estaba parada a su lado, en espera de los comandos que le permitieran actuar.

"Albedo," Momnga regreso su mirada hacia la última guardiana de piso, "¿puedo encargarte la protección de la sala del trono?"

Sin el más mínimo cambio en su posición, Albedo le regreso la mirada acompañada de una cálida sonrisa de aceptación.

"Hum. Lo tomare como un sí".

El maestro de gremio se separó del trono, miro por última vez la gran sala vacía del décimo piso y levanto su mano para mirar el anillo de su gremio.

Las llamas en sus ojos parecían brillar cuando uno idea llego a su mente, y su nuevo destino se estableció.

"Esta tontería ya ha durado demasiado..."


...


NOTA:

Gracias por leer, espero que te haya gustado.

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Y si quieres dejar una crítica constructiva siempre será recibida.

Esta luego.