Capítulo 2
Ezio abrió despacio la puerta de su dormitorio, asomándose levemente para ver si su mujer dormía aún, y al verla tumbada en el lecho leyendo una carta, volvió la vista a sus hijos para darles la señal de entrar.
Giovanni fue el primero en cruzar la puerta con entusiasmo, acompañando a su padre al unísono para felicitar el cumpleaños a la turca, quien dejó la carta a un lado con una sonrisa, recibiendo el abrazo de su hijo.
-Feliz cumpleaños, madre. –Habló el niño tras separarse de ella, pasándole su regalo con emoción.
-Oh, mi vida, es muy bonito. Gracias.
Nuray cogió el pequeño pájaro hecho con varios materiales, el cual portaba una rosa blanca en el pico, fingiendo que había sido una total sorpresa. Besó a su hijo en la mejilla y posó el objeto sobre la mesilla de noche, dejando que Giovanni se recostara sobre su regazo mientras su hermana se acercaba hasta quedar frente a ellos, portando un lienzo de tamaño mediano. La joven posó sus ojos oscuros en los de su madre, y habló con algo de rigidez.
-Felicidades, madre. He estado preparando esto para ti.
-Cariño, es precioso. Tienes mucho talento para la pintura. –Murmuró con verdadera sorpresa su madre, al ver que era un retrato de ella misma.
-Me he fijado en el retrato que os hizo el maestro Leonardo y está colgado en la biblioteca. Quería que fuera una sorpresa.
-Me ha contado que eres muy buena. Está muy satisfecho con tus avances. –Agregó Ezio con orgullo, haciendo que su hija le sonriera. El asesino hizo un leve gesto de cabeza para que la chica se acercara a su madre, quien tendió sus brazos hacia Adara. La muchacha se acercó a recibir su abrazo, besando a la matriarca en la mejilla.
-Ahora tu regalo, padre.
-Muy bien. Allá voy. –Ezio se levantó de la cama a la orden de su hijo menor, rebuscando en uno de los muebles de la estancia. Avanzó hacia su misma posición con un bulto de cuero enrollado en forma de cilindro. –Feliz cumpleaños, amor. Lo vi en Toledo y pensé que te encantarían.
Nuray sonrió sabiendo por dónde iban los tiros, y tras acariciar la mejilla del hombre tomó el objeto, desplegándolo sobre los pies de la cama. Sus hijos exhalaron palabras de emoción al observar el juego de cinco cuchillos arrojadizos, grabados con la inicial de la turca en el mango del mismo metal reluciente.
-Qué bien me conoces, esposo. Me encantan. Gracias, Ezio.
-He pensado que tu vuelta al trabajo debe ser por todo lo alto, mi amor. Vuestra madre es la que mejor puntería tiene de toda la orden, lo era cuando la conocí, y sigue siéndolo. Eres increíble.
La turca sonrió con cariño, y ambos se besaron tras la frase, haciendo que los chicos comenzaran a decir que se levantaran y empezaran a prepararse para la llegada de los invitados, rompiendo aquella magia que los hacía incomodar.
Nuray dejó de hablar con Leonardo, dejándolo con su marido y Rosa cuando escuchó que llamaban a la puerta. Echándole una mirada inquisitiva a una de las empleadas de su casa fue a abrir, recordándola que hoy ellos eran invitados igualmente.
-¡Por fin! –Agregó feliz al ver ante ella a Yusuf y Claudia, quienes con la misma alegría la abrazaron. Llevaban meses sin verse.
Giovanni y Adara no esperaron a que la pareja entrara a la casa para correr a recibirlos con emoción. Nuray pronto se dio cuenta de la prominente barriga de Claudia, quien abrazó a su hermano con cariño en aquel momento, haciendo que igualmente dirigiera la vista a su vientre.
-¿No me digas que estás embarazada? ¡No habías contado nada!
-Queríamos que fuera una sorpresa para hoy. Vamos a ser padres al fin. –Respondió la hermana Auditore con felicidad, anunciando que saldría de cuentas en menos de dos meses.
Las felicitaciones se vieron interrumpidas por una nueva y última llegada que atendió el patriarca de la familia.
-¡Maquiavelo, Zorro! ¡Cómo me alegro de veros de nuevo!
Los hombres se saludaron con sendos abrazos, pasando después al interior. Ezio cerró la puerta y se quedó contemplando el interior del amplio vestíbulo de la casa, donde gran parte de todas las personas importantes de su vida se abrazaban y hablaban felizmente con amplias sonrisas en el rostro. Aquello pasaba muy pocas veces, y en ese momento de su vida era capaz de ver que era el mayor regalo de todos. Sonrió con nostalgia y un deje de tristeza al pensar a la vez en su pasado, y en el futuro.
Nuray dejó su vaso de vino tras un largo trago, sonriendo mientras observaba a su alrededor en el amplio comedor de la villa, donde sus amigos bebían, reían y hablaban esparcidos por la sala, pero aquel gesto se difuminó cuando posó sus ojos en Yusuf y su hija, apartados en una zona donde el turco le enseñaba movimientos de lucha.
La joven estaba tremendamente atenta y centrada en lo que su amigo le enseñaba, y pudo atisbar con temor como lo hacía bastante bien. Le recordaba tremendamente a ella, y en aquella escena pudo visualizar su propio pasado cuando Yusuf la entrenó.
Ambos se detuvieron tras unos pocos minutos, y cuando Adara salió corriendo en busca de su hermano, Yusuf encontró a Nuray mirándolo en soledad, con lo que se acercó hasta ocupar una silla a su lado, sirviéndose vino mientras hablaba.
-Adara tiene un gran potencial para la lucha. No sé de quién lo habrá heredado. –La turca sonrió levemente ante su broma, pero el hombre volvió a hablar cuando escuchó su suspiro resignado. –Eh, ¿a qué viene esa cara larga?
-Bueno, a que eso me preocupa mucho. Está muy interesada en nuestro mundo, y ahora que vas a ser padre, verás que es algo terrorífico si te toca vivirlo. Está empezando a no ser una niña, Yusuf, y nuestra relación cada vez es más tirante, sobre todo a causa de esos malditos temas. Su rebeldía es mayor por momentos, y yo soy la mala que sólo quiere fastidiarla y hacer que haga lo que yo quiero. No entiende que sólo pienso en su bienestar. Ezio sin embargo lo lleva mucho mejor y quiere que le demos cancha, así que, en resumen; mis hijos en general me ven como a una bruja, y él es el amigo-padre enrollado.
-Nuray, ¿y te extraña que Adara sea tan rebelde y tenga todo tan claro? ¡Es igualita a ti, por Dios! Mírala.
La turca obedeció y fijó sus ojos en ella. No sólo en carácter eran tremendamente parecidas, incluso físicamente. Sus ojos oscuros y penetrantes, el rostro anguloso y piel morena, su cabello azabache como la noche, que Adara prefería llevar corto, en una melena recatada que rozaba levemente sus hombros. Lo único que había sacado de su padre era la nariz y boca. Giovanni era mucho más parecido a Ezio.
-Oh, Yusuf… lo sé, y por eso tengo tanto miedo. Sé que vamos a discutir mucho, porque aunque trate de negarlo, querrá seguir nuestros pasos, y no quiero que le hagan daño en ninguna forma posible.
-Lo sé, pero sabes que aunque se dedicase a la pintura y olvidara la lucha, también sufriría. La vida es sufrimiento en gran medida también, pero pase lo que pase te tendrá ahí para apoyarla y cuidarla siempre. Tu hija te ama, tus hijos te aman, Nuray. Eres una madre increíble y ellos lo saben.
La turca sonrió a su amigo mientras este la agarró de la mano, apretándola levemente para darle fuerza.
-No sabes lo mucho que te echo de menos. Ojalá estuviéramos más cerca. –Confesó Nuray, haciendo que Yusuf ampliara su sonrisa y se inclinara para poder abrazarla, pero pronto se separaron cuando escucharon el grito de Laura.
La mujer había abierto la puerta y le habían entregado una caja de madera, que había abierto levemente levantando la tapa, hallando algo horrible que hizo que la dejara caer al suelo.
Todos los presentes observaron con estupefacción como una cabeza humana rodaba por el suelo, manchándolo de sangre al instante.
-¡Laura, tranquila llévate a los niños dentro, vamos! –Ordenó Ezio mientras su esposa y Yusuf se acercaban a la cabeza, examinando también la caja, por si ocultaba algo.
La sirvienta obedeció y corrió hacia los hijos del matrimonio Auditore, pero la niña se resistió a caminar, mentando a su padre con un susurro.
-Adara, obedece. –Habló Ezio sin humor en el tono, haciendo que la chica se dejara guiar por Laura, dejando a los adultos solos.
-Es Arístides. –Anunció Nuray tras guardar la cabeza dentro de la caja. Maquiavelo entonces pasó a tomar la palabra con voz grave.
-Parece que la reunión de trabajo no va a poder esperar a mañana, amigos.
