Capítulo 4
-¡Ezio, ya llegan!
Ante el grito de Nuray, el italiano dejó los papeles que leía y corrió hacia el balcón principal de la casa, observando junto con ella a Rosa y al comerciante a caballo, llegando a las escaleras de acceso a la villa. Inmediatamente después, ambos salieron del lugar para dirigirse a la puerta del hogar y recibirlos, agradeciendo internamente que sus hijos no estuvieran allí aún. Ezio se debió rápidamente para avisar a Yusuf y su hermana, volviendo con su mujer.
-Pasad, por favor. ¿Cómo fue el viaje? –Preguntó Nuray, quien los recibió en primera instancia mientras se ofrecía a recoger sus capas de viaje y guardarlas.
-Afortunadamente no hemos tenido incidentes, y hemos podido ir todo lo rápido que deseábamos. ¿Todo bien por aquí?
-Todo en orden, Rosa. –Intervino Ezio mientras aparecía, dirigiéndose después al hombre de tez tostada. –Yamir, nos alegra que hallas podido regresar. Nos temíamos lo peor después de lo ocurrido. Sentémonos y cuéntanos lo ocurrido.
El indio dio las gracias y todos caminaron hacia el comedor, sentándose a la mesa mientras Laura llevaba un par de jarras, provistas de agua y vino. Tras que Auditore le diera las gracias, el grupo quedó solo y el comerciante empezó su relato con rostro compungido, tras los saludos breves de Claudia y Yusuf.
-Estos últimos tres años fueron decisivos, avanzamos mucho como sabéis, pero justo cuando íbamos a conseguir el fragmento, parte del templo se derrumbó a causa de un terremoto, así que trabajamos para poder acceder de nuevo a la gruta que de él llevaba hasta el artefacto. Era muy profunda y angosta, desembocando en una estancia pequeña. La esfera reposaba en un hueco excavado en la pared, y en torno a él había una serie de grabados extraños y dibujos; supusimos que serían importantes, así que llevamos un oriundo dibujante y los reprodujo con exactitud. Recuperamos el artefacto justo a tiempo de que otro terremoto volviera a sepultarlo todo, pero los templarios nos encontraron. Nos habían estado espiando, quién sabe desde cuándo, la cosa es que esperaron a que hiciéramos todo el trabajo. Eran muchos aquel día que salíamos con el fragmento, más de veinte. Mataron a Arístides ante mí, dejándome vivo a propósito para que trajera el mensaje de que nos destruirán, y que Pedro Mendoza no se rinde. La única buena noticia que tengo es que no saben nada de los dibujos, porque nadie salvo Arístides y yo entramos en la gruta. Y eso a grandes rasgos es todo, amigos. Os enseñaré lo que descubrimos.
Acto seguido, el indio sacó de su zurrón un gran pliego de papel, extendiéndolo sobre la mesa para que el grupo observara lo copiado en las paredes de aquella estancia lejana.
Unos dibujos esquemáticos mostraban una gran devastación, con animales y personas muertas, otras matándose entre ellas, y desastres naturales alrededor, todo encuadrado dentro de un círculo formado por cuatro esferas de mediano tamaño. A un lado de aquello se hallaba una breve inscripción en un idioma desconocido, que pronto identificaron.
-Es la misma lengua que el texto del nuevo mundo. La misma civilización debió esconderlos y repartirlos. –Comentó Nuray mientras todos lo observaban, coincidiendo.
-Debemos dárselo a Alonso para que se lo lleve a las Indias.
-Sí, eso haremos –agregó Ezio al comentario de su hermana, prosiguiendo-. Debemos partir hacia España de inmediato, no sólo para llevarle el nuevo texto a Alonso y ver si conseguimos encontrar quienes sepan esa lengua, también debemos ir a vigilar a Mendoza para preparar nuestros siguientes pasos; robarle el fragmento de la India, ponerlo a salvo, y matarlo.
-Sí, y desde luego que tratar de ocultar los fragmentos es sumamente importante por lo que parecen decir esos dibujos. Está claro que el poder de los cuatro juntos desembocará el apocalipsis. Los hombres no están preparados para tal poder.
El grupo guardó silencio ante el comentario del turco, meditando que tenía total sentido aquella interpretación, puesto que sabían de buena mano el poder sólo de una de aquellas piezas. Era menester que los templarios, y sobre todo un hombre como Mendoza, no pudiera usar aquella fuerza nunca.
-¿Habéis hablado sobre quién irá a España? –Preguntó Rosa, acabando con el silencio. El grupo se miró unos instantes, y Claudia rápidamente intervino, haciendo una propuesta.
-¿Por qué no vais Nuray y tú, hermano? No podemos levantar sospechas, así que no puede ir un gran grupo, y uno solamente es demasiado arriesgado. Dos es perfecto, no llama la atención. Nuray quiere volver al trabajo de campo, y tú conoces bien a los asesinos de España y la situación. Yusuf y yo podemos cuidar a Giovanni y Adara, incluso quedarnos en la villa para que no alteren su rutina y estén mejor; además, creo que me conviene no viajar más hasta dar a luz.
Ezio y Nuray se miraron un instante para verificar que ambos estaban de acuerdo con ello sin necesidad de palabras. La morena habló entonces.
-Hablaremos con los niños para asegurarnos de que pueden afrontar la situación, y si es así, iremos los dos.
-No creo que pongan problemas, están muy concienciados con nuestro trabajo; además, se lo pasan genial con Yusuf.
Los presentes sonrieron ante el comentario de Ezio, y prometió darles una respuesta aquel mismo día, antes de la cena cuando hablaran con los chicos. Después de aquello, la reunión acabó y los anfitriones dejaron descansar y asearse a sus recién llegados invitados, poniéndose manos a la obra en la redacción de cartas informativas para los miembros que dirigían la hermandad de las principales ciudades de la península itálica.
Nuray y Ezio aparecieron en el jardín trasero de la villa en busca de sus hijos, quienes jugaban con espadas de madera tras la comida pasada con todos los que habitaban en ese momento en el lugar, lo cual les había encantado por las historias del lejano oriente del comerciante, y las anécdotas del pasado de sus familiares en sus viajes.
Los chicos dejaron la lucha al ver a la pareja, entendiendo que algo ocurría, a pesar de que los contemplaban con serenidad y una leve sonrisa. Ambos esperaron a que su padre hablara, instándoles a que los acompañaran a un banco cercano.
-Chicos, tenemos algo de lo que hablaros. –Comentó relajadamente el patriarca, sentando a Giovanni sobre sus rodillas, mientras a su lado se posicionaba su hija, y al de esta, Nuray, quien agregó unas palabras antes de que él comenzara el relato.
-Podéis decirnos libremente lo que pensáis y queréis sobre esto, sea lo que sea. Vosotros siempre seréis lo primero para nosotros.
-Eso es. Cómo sabéis, el trabajo para la hermandad vuelve a estar en su máximo apogeo, porque tenemos nuevas pistas del artefacto que nos han robado en la India. Creemos que está en España, igual que Mendoza, así que hay que comprobarlo para poder trazar nuestros planes futuros. Han propuesto que seamos vuestra madre y yo quienes vayamos. Sería una temporada de un par de meses, quizás algo más, lo que nos llevaría estar lejos de casa. Vosotros en ese caso os quedaríais con los tíos, aquí en la villa, porque tía Claudia necesita descansar hasta tener a su bebé. Nos iríamos pasado mañana; por supuesto, no nos perderíamos el cumpleaños de Adara. –Añadió con una sonrisa mientras estrechaba a la niña con un brazo contra sí, esperando después una respuesta pacientemente.
-Sabemos lo importante que es vuestro trabajo y que nadie puede hacerlo mejor que vosotros, así que esperaremos vuestro regreso, aunque os echaremos de menos.
-Os echaremos mucho de menos. –Matizó Giovanni tras el comentario de su hermana, tratando de que sus ojos no se humedecieran, sin conseguirlo. Ezio limpió la lágrima que cayó por su mejilla a la par que Nuray hablaba.
-Veréis que pasará rápido, porque os lo pasaréis muy bien con Yusuf. Nosotros estaremos bien, y os escribiremos desde España. –Susurró con cariño mirando a los dos niños, centrándose en el menor al ver que su hija asentía firmemente. -¿Estarás bien, cariño?
-Sí, madre. Lo prometo. –Respondió Giovanni, limpiándose la cara, haciendo que su madre sonriera y alargara la mano para acariciar su mejilla, pasando después a abrazar a Adara con un brazo, y coger la mano del niño para hablar. –Sois los chicos más valientes que jamás hayan existido. Estamos muy orgullosos de vosotros.
-Y esperamos que sea recíproco. –Bromeó Ezio haciendo que los niños sonrieran y afirmaran con la cabeza, cambiando de tema después. –Como compensación, y teniendo en cuenta que es inútil luchar contra los elementos, hemos dado vía libre a vuestro tío Yusuf para que os enseñe lo que querías sobre pelear, y además, tenemos algo especial para ti, Adara. Vamos a adelantarte el regalo de cumpleaños para que empieces mañana. Vas a aprender a usar la espada, la de verdad, con un asesino que va a entrenarte específicamente.
-¡Muchas gracias, padre!
Adara abrazó a Ezio con entusiasmo, llena de alegría y emoción, pasando después a hacer lo mismo con Nuray, quien disfrutó aquel abrazo sin reticencias enormemente, susurrándole que se lo merecía y estaba segura de que sería una excelente espadachina.
