Capítulo 9
Nuray despertó despacio, sintiéndose feliz al hallarse en su casa, en su cama por fin; pero al girarse para abrazar a su marido se halló sola en el lecho, lo que le hizo preguntarse qué hora sería.
La turca se desperezó levantándose, dispuesta a lavarse antes de vestirse con ropa informal y cómoda, saliendo del dormitorio una vez lista.
En cuanto puso un pie en el pasillo, escuchó sonidos de espada, y la voz de su marido de vez en cuando dar alguna instrucción.
Sabiendo lo que ocurría, Nuray puso rumbo a las escaleras, quedándose apoyada en la barandilla mientras contemplaba desde arriba a Ezio y Adara pelear en el vestíbulo de la casa, ante la lluvia del exterior.
-Eso lo has aprendido de Yusuf, ¿eh? -Comentó alegre el italiano ante una estocada rápida de la niña, quien asintió con una radiante sonrisa.
Nuray no pudo evitar sonreír al ver el orgullo del padre, y la alegría de su hija. Ambos se adoraban, y era más que palpable aquel sentimiento. Sin darse cuenta, Yusuf se puso a su lado, acunando a su hija en brazos.
-Estás sonriendo, ¿ya estás más relajada con el tema?
-No mucho, pero no puedo hacer nada. Le has enseñado mucho, por lo que he podido ver.
-Aprende deprisa. Es muy buena. No te preocupes.
-Ya te diré lo mismo dentro de unos años, veremos cómo te va cuando sea esta pequeñaja la que quiera luchar y ser como su papi. -Se burló ella mientras tomaba al bebe en brazos, haciendo que su amigo sonriera ampliamente.
-Si te soy sincero, pienso más en que algún patán pueda hacerle daño. Dios santo, y aún es un bebé y eso me ronda la mente. Esto va a acabar fatal.
-Para eso estaremos nosotros. Nuestros hijos aprenderán a hacerse valer y respetar, y si aun así les rompen el corazón, nos tendrá igualmente. Vas a ser un padre increíble, Yusuf.
-Gracias, amiga. Lo cierto es que estoy aterrado. -Se sinceró con una leve risa, haciendo que Nuray le devolviera el gesto con ternura.
Ambos cambiaron de actitud cuando Giovanni apareció por el pasillo, dándoles los buenos días mientras besaba a ambos adultos en la mejilla, para después acercarse de nuevo a su madre al ver que sostenía a su prima.
-¿Puedo cogerla yo también? -Preguntó con un deje de súplica, haciendo que Yusuf asintiera rápidamente, con lo que Nuray habló.
-Ven aquí. Yo te ayudaré a sostenerla. Sentémonos en la escalera.
El niño, muy contento de inmediato siguió a su madre y se sentó en el escalón delantero al suyo, siguiendo las instrucciones dadas por la turca para depositarle con cuidado la niña en sus brazos, aunque Nuray también estaba sosteniéndola levemente.
-Ten cuidado, tesoro. Tienes que tener cuidado con su cabeza. -Susurró mientras veía al niño acariciar al bebé, dándole pautas. Nuray volvió a coger a la niña en brazos cuando esta gimoteó, amenazando con llorar.
Ambos se levantaron y Nuray devolvió al bebé a su padre, pero la conversación se vio cortada ante la interrupción de Ezio, quien había detenido su entrenamiento con Adara.
-Amor, ven a pelear conmigo para enseñarle a nuestra hija ese movimiento tuyo tan útil cuando la lucha a espada te sobrepasa.
La morena sonrió con diversión viendo como su marido trataba de hacerla rabiar para que cediera, y sintiéndose animada como lo estaba, aceptó la oferta, bajando hasta llegar a su altura.
-Déjame tu espada, cielo. -Dijo a Adara, quién obedeció y fue a sentarse en la escalera con su hermano y Yusuf, ante el espectáculo.
-¿Estás lista? -Preguntó Ezio con un deje de burla, a lo que ella respondió con una sonrisa llena de seguridad.
-Puede que seas mejor que yo en esto, pero conocerte tan bien no hace sino darme ventaja, esposo.
Automáticamente después del comentario ambos empezaron a batirse con velocidad, haciendo que los niños quedaran boquiabiertos ante la lucha real entre ambos, tan fluida que daba la impresión de ser sencillo incluso. Por su parte, Yusuf reía y comentaba con mofa algo de vez en cuando, recordándole a Ezio el evidente paso de los años.
Nuray actuó en cuanto tuvo oportunidad, llevando la rodilla al estómago del italiano tras un par de rápidos movimientos de espada para distraerlo, deteniendo la brusquedad y fuerza del golpe antes de tocarlo, a pesar de que Ezio llevó la mano a la zona para evitarlo.
-Y ese es el famoso golpe. Me gusta más la lucha cuerpo a cuerpo. -Comentó la mujer mientras sonreía a su marido, quien le devolvió el gesto, para acto seguido quitarle la espada, tirando al suelo ambas, pudiendo así abrazar a la mujer por la cintura y besarla con ganas, mientras escuchaban las quejas de sus hijos de inmediato.
Claudia y Ezio se habían quedado hablando sentados a la mesa tras la cena, mientras sus respectivos cónyuges habían ido a acostar a sus hijos, regalándoles algo de intimidad a los hermanos. Ambos se hallaban rememorando historias de sus infancias con una gran nostalgia. Nuray apareció en primer lugar, sonriendo al verlos felices, sentándose frente a la pareja.
Mientras comentaba que los niños habían caído rendidos, el sonido de alguien llamando a la puerta les hizo ponerse alerta.
-Quedaos aquí. -Habló Ezio a la par que se levantaba raudo, dirigiéndose a abrir.
En cuanto pudo observar a las personas al otro lado perdió la tirantez de su cuerpo de inmediato, y la sorpresa lo embargó. Rosa y Caterina Sforza se hallaban ante su casa, envueltas en gruesas capa de viaje.
-Hola, Ezio. Sentimos aparecer de este modo. Ni siquiera sabíamos que habías regresado. -Habló Rosa, haciendo que el italiano las dejara pasar dentro. Aún conmovido por la sorpresa. Sus ojos se posaron en Caterina en cuanto se quitaron las capuchas. A pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo bella, manteniéndose lozana.
-¿Qué estáis haciendo juntas? ¿Qué pasa?
Antes de que respondiera, Claudia y Nuray aparecieron en la estancia. Sus caras delataron igualmente su sorpresa, pero no dijeron nada, escuchando el relato de la condesa.
-Rosa ha estado conmigo en Forli desde hace una semana. Me he visto en la obligación de comunicarme con los asesinos ante una importante pista del Fruto que poseen los templarios. Un amigo de mi marido se enteró de que el nuevo preferiti será el hijo de Della Rovere y Lucrecia Borgia. Y de que el Fruto está en Italia escondido. Mendoza tiene mucho contacto con esa familia y va a hacer Papa a Giuliano. Cuando eso pase tendrá vía libre a los recursos Vaticanos.
-Nos enteramos en España de que el artefacto está aquí, pero no sabemos nada más. Saber de sus nuevos planes con Giuliano es un gran avance, podemos investigar por ahí. Gracias, Caterina, y a ti Rosa por lo que estás haciendo. ¿Qué más nos hemos perdido?
-Los templarios han asesinado a mi marido. Sé que me están buscando para darme el mismo final, y a mis hijos, pero ya me he encargado de ponerlos a salvo lejos de aquí. Están en Francia con su institutriz, escondidos con la familia de ella. Necesito ayuda para recuperar mis dominios. Aún dispongo de un ejército bajo mi orden, por el dinero, claro; no han podido quitarme todo lo que me pertenece, pero hay lealtad hacia mí entre sus filas. Y eso puedo ofrecéroslo a cambio de ayuda.
-Por supuesto que te ayudaremos. De momento poneos cómodas y pasad al comedor. Os daremos algo para calentaros y reponer fuerza mientras nos ponemos al día.
La pareja de mujeres caminó hacia el lugar indicado mientras Ezio desparecía hacia la cocina, encontrándose con Claudia y Nuray, quienes las saludaron cortésmente, haciendo que la incomodidad fuera percibida cuando se dirigieron a Sforza.
