Capítulo 10

Nuray había despertado pronto aquella mañana tras una noche sin haber podido dormir plácidamente.

Saliendo despacio del cuarto tras vestirse, se dirigió a la planta baja de la casa, yendo a la cocina para beber agua, saliendo de allí para encaminarse al comedor. Se quedó de pie en el umbral al ver que sentada a la mesa se hallaba Caterina. La mujer tenía un rostro lóbrego, y el ceño levemente fruncido al pensar en cientos de cosas. Al ver a la turca, sonrió levemente.

-Buenos días, Nuray. Qué madrugadora.

-Buenos días. No pienses que es una costumbre. No he dormido bien. –Comentó mientras se acercaba hasta sentarse frente a Sforza.

-Ya, a mí me ha pasado lo mismo. Son demasiadas cosas. Espero que al menos tu inquietud no se deba a mi presencia en tu casa. Las cosas no acabaron muy bien la última vez que estuvimos juntas.

-Caterina, eso pasó hace 11 años. Está olvidado. –Respondió Nuray con firmeza, reclinándose en la silla mientras la condesa la miraba fijamente.

-¿Así que no tienes miedo, ni desconfianzas de ningún tipo?

-Aunque las tuviera, no creo que tú fueras tan imprudente de querer tenerme como enemiga. –Sforza sonrió levemente, entendiendo a la perfección aquella pequeña amenaza oculta. -No obstante, no. No tengo dudas. Confío plenamente en mi marido.

Las dos mujeres se sostuvieron un instante las miradas, serias y decididas. La castaña asintió tras aquellas palabras, sabiendo que iba a recibirlas de antemano. Al volver al rostro en Nuray lo encontró igual de tranquilo, sin atisbo de tirantez. Estaba en completa calma.

-Ezio ya por ese entonces estaba completamente enamorado de ti, y he podido comprobar que eso continúa siendo del mismo modo, a pesar del tiempo pasado. No te he preguntado eso para hacerte entender nada por mi parte. No estoy loca como para flirtear con tu marido en tu propia casa, ni soy tan desagradecida. Sólo quería pedirte disculpas por el pasado, y por la parte de culpa que me toca. Busqué a Ezio en ese entonces y contribuí a vuestros enfados, y lo siento mucho. Lo quería; no de esa forma incondicional como tú, pero si lo quise.

-No te culpo. Es un hombre increíble. De verdad, está olvidado. Acepto tus disculpas. –Anunció la turca con una leve sonrisa, haciendo que Caterina respondiera de igual modo, dándole las gracias.

Antes de que ninguna volviera a hablar, Giovanni apareció en la sala llamando a su madre, pero se quedó anclado mientras sujetaba el pomo de la puerta al ver que estaba con una desconocida. Ante el gesto de mano de Nuray, el niño se acercó.

-Giovanni, esta es Caterina Sforza, la condesa de Forli. Es una buena amiga de tu padre desde hace mucho, y una gran aliada de la orden. –Presento a la mujer Nuray mientras alzaba a su hijo para sentarlo sobre ella.

-Hola, señora.

-Hola, Giovanni. –Le devolvió el saludo la condesa, con una gran sonrisa llena de ternura. –Eres un chico muy educado, y muy guapo.

-Gracias, señora. Dicen que me parezco a mi padre.

-Oh, sí. Desde luego que es cierto.

Ambas mujeres sonrieron y se miraron fugazmente en medio del silencio, pero por primera vez, aquello no resultó incómodo, porque al fin todo había vuelto a su lugar entre ambas.


El comedor de la villa Auditore quedó sumido en un breve silencio tras la cena y la salida de la sala de los niños, a quienes Laura había ido a acostar para que el grupo de asesinos pudiera hablar de trabajo. Sólo los leves gemidos de Livia rompían la calma mientras Claudia trataba de dormirla en sus brazos.

La voz de Yusuf fue la primera en intervenir tras el comentario de Ezio, quien había informado del envío aquella mañana de una carta a Maquiavelo contándole lo sucedido.

-Yo no estoy seguro de que esperar aquí sin hacer nada sea lo mejor. En Roma hallaremos más información, y más rápido. Allí van a necesitar ayuda.

-Lo que no podemos permitirnos es que Mendoza vuela a adelantarse, y si llamamos la atención moviéndonos lo hará, Yusuf. -Agregó Ezio calmadamente, haciendo que su hermana hablara.

-Ezio tiene razón. Además, la carta de respuesta no tardará más de un par de días en llegar. Entonces nos pondremos en marcha, quienes elijamos. Deberíamos pensar dónde podría estar el Fruto, seguir con ello. ¿Qué opciones podría tener para esconderlo por aquí?

-Quizás alguna propiedad Della Rovere. Se deben favores mutuamente, y no es tan sospechoso. -Dijo Caterina, haciendo al grupo pensar unos instantes. Tazim intervino de nuevo.

-Si hacen Papa a Giuliano hijo, quizá lo lleven al Vaticano. Es un sitio muy bueno para esconder algo. Es prácticamente inexpugnable, aunque no paras nosotros.

Los presentes sonrieron al comentario, y el silencio volvió a reinar durante unos segundos mientras pensaban de nuevo dónde podría estar escondido el artefacto. Ezio murmuró que Mendoza no era de los que delegaban asuntos importantes, y debía tenerlo cerca, bajo su supervisión. Ante aquel comentario, la expresión de Nuray cambió, interviniendo poco después a consecuencia de sus recuerdos.

-La villa de Padua... Tras la muerte de su tío, él debe haberse quedado con ella, es muy posible que incluso se aloje allí la mayoría del tiempo, y esconda el artefacto en el lugar, donde él pueda controlarlo todo, lejos o no.

-Allí es donde te tuvieron cautiva. Y a Russolo. -Murmuró Rosa, recordando el plan del pasado y como aquello desembocó en la muerte de Antonio. El incómodo silencio confirmó que todos recordaban el oscuro suceso. Nuray retomó el tema, apartando a Luigi de su mente.

-Sí, ese lugar es perfecto y enorme. Deberíamos tratar de investigar por ahí, esperar a ver si hacen Papa a Giuliano, y si hay movimiento entre el Vaticano y la villa. La mejor opción sería atacar en un traslado, pero si no lo hacen y está en su casa, es mejor opción que el castillo de San Angelo.

-Nos ocuparemos de eso a su debido tiempo, pero es una opción muy posible. Habrá que buscar la forma de obtener información indirectamente.

-Yo partiré mañana a Venecia y empezaremos a movernos. Estamos cerca, vigilaremos los caminos y trataremos de involucrarnos con los guardias. Ante cualquier dato, nos pondremos en contacto. Mejor mandando a alguien que por carta.

-Estupendo, Rosa. Eso haremos. -Respondió Ezio a la morena. -Ahora solo podemos esperar, así que vayámonos a la cama y aprovechemos la calma que tenemos aún, amigos.

Todos estuvieron de acuerdo, y resignándose comenzaron a despejar la sala poco a poco.


Ezio había hablado con Caterina sobre su futuro tras la salida de todos, volviendo al dormitorio minutos después, encontrando a Nuray sentada frente al espejo, cepillándose el cabello, como solía antes de dormir.

-¿Qué habéis decidido? -Preguntó la mujer, observando a Ezio sentarse en la cama, tras ella.

-Esperaremos a tener información antes de ir a Forli y reunir el ejército que le quede. Se quedará aquí y la protegeremos. Mandaremos algunos asesinos de Florencia a reconocer el terreno antes para no correr riesgos innecesarios. Ahora te toca a ti responder preguntas. ¿Desde cuándo hablas a solas con Caterina? Giovanni me ha contado vuestra reunión de la mañana.

Nuray sonrió y se levantó tras acabar, sentándose junto a Ezio.

-Me ha pedido perdón por lo que pasó en Forli. Admitió que fue detrás de ti más de lo que debería; le dije que lo entiendo, pero que todo quedó en el pasado. Ambas sabemos que nada semejante se repetirá porque estás loco por mí. -Se burló con una sonrisa pícara, haciendo que su marido respondiera de igual modo, besándola fugazmente en los labios.

-Me alegro de que empecéis de cero, pero tienes que reconocer, que al verla llegar anoche te pusiste un poco nerviosa, porque tú también estás loca por mí.

-Más de lo que me gusta admitir -Respondió divertida, pasando a susurrar de forma sensual mientras paseaba los dedos por lo poco que aquella camisa dejaba ver del pecho de Auditore. -Soy más de hechos que de palabras, así que, si quieres comprobarlo, pensaba meterme en la bañera antes de dormir; podrías acompañarme, esposo.

Ezio amplió su sonrisa, y sin decir nada la beso con pasión, comenzando a recorrer su cuerpo con ardientes caricias.