Capítulo 11
El suave toque de los nudillos en la puerta de la biblioteca, hicieron que Ezio alzara la mirada de su escrito, observando a la ama de llaves de su casa, quien se adentró al ver la sonrisa del hombre.
-Señor, acaba de llegar esta carta desde Roma. –Comento la castaña mientras se la entregaba.
-Muchas gracias, Laura. Ya sabes que puedes llamarme Ezio.
-Lo sé, pero es algo raro para mí. Lo siento.
-Está bien. Haz lo que te resulte más cómodo. –Agregó de forma afable, abriendo la carta de Maquiavelo, dirigiéndose a la mujer antes de leer. -¿Aún no han vuelto del mercado?
-No, señor. No creo que tarden mucho más. Le avisaré cuando lleguen.
Auditore le dio las gracias a Laura, quedando solo de nuevo, entonces desplegó el papel y comenzó a leer con avidez, esperando nuevas al fin.
"Querido amigo, ante todo te pido disculpas por la tardanza de esta carta, pero los acontecimientos así lo han requerido, puesto que andábamos tras algo, y pensé que sería mucho más gratificante comunicarme con algo que decir.
Hemos confirmado con nuestros espías, que el hijo de Della Rovere será investido Papa dentro de dos semanas. El otro preferiti fue asesinado discretamente, supongo que os habrá llegado la noticia de su supuesta enfermedad, pero lo han envenenado en realidad por orden de Mendoza.
Tras las noticias de que el Fruto está aquí nos pusimos a ello de inmediato, sobre todo vigilando a Della Rovere, pero sabemos que él no lo oculta; lo tiene Pedro en algún lugar, y pensamos que podría ocultarlo en la villa heredada de su tío en Padua. Es por ello que Zorro se puso en marcha para allá. Me dijo que pasaría antes por Venecia y trabajaría con los asesinos de Rosa. Yo seguiré de cerca lo que suceda en el Vaticano, e intentaremos saber si allí ocultan algo, o si pudieran hacerlo tras la investidura de Giuliano.
Nos enteramos también de lo que ha pasado en Forli y a Caterina; Supongo que os pondréis en marcha para restablecer el poder de la condesa y protegerla. Si necesitáis ayuda, ya sabes que contamos con muchos efectivos en Roma.
Esperaré tu respuesta, y ojalá que nuevas y buenas noticias, Ezio."
El asesino dejó el papel sobre el escritorio, reflexionando sobre lo leído. A Maquiavelo no se le escapaba nada, y aquello le hizo sonreír. Quizás pronto tuvieran información sobre qué ocurría en aquella villa de Padua, sin necesidad siquiera de tener que ir hasta allí, y así poder ocuparse del asunto de Forli, el cual debía ponerse ya en marcha tras la semana y media transcurrida desde la llegada de Caterina a Monteriggioni. No obstante, el asesino aparcó el tema para seguir redactando su carta, esperando a la llegada de toda su familia para tratar el futuro.
La familia Auditore al completo junto con Caterina se hallaban en el gran comedor de la casa, a pesar de que ya había transcurrido largo rato de la comida. La mesa se hallaba de nuevo limpia, pero todos esperaban a poder hablar del trabajo y la carta de Maquiavelo cuando los niños volvieran a sus obligaciones con la llegada de sus maestros.
A la hora prevista, Laura abrió la puerta principal a los dos profesores, y para sorpresa de Nuray y Ezio, Adara salió rápido para recibir al asesino que le enseñaba a usar la espada, a pesar de que sabía que la reunión de aquella tarde era sobre cuestiones de la hermandad muy importantes.
Cuando los adultos quedaron solos al fin, Ezio habló, poniéndoles al corriente de los detalles de la carta venida de Roma. La primera en hablar fue Nuray, sorprendida por las sospechas coincidentes con ella.
-Tiene que estar ahí. Deberíamos ir y trazar un plan para entrar a escondidas, aunque sea peligroso, pero no hay otro modo de obtener el fragmento. Conocemos el interior, no tiene por qué ser como la primera vez.
-Antes deberíamos resolver el asunto de Forli; además, podríamos usar los hombres de Caterina para el plan de Padua, siempre y cuando el sigilo sea imposible.
Nuray asintió ante el comentario de su marido, escuchando alzarse la voz de Claudia.
-Deberíamos no demorarnos más, y puede que fuera buena idea montar una buena en Forli, acabar con las tropas de Mendoza para que posen allí su vista, dejando así trabajar con menos vigilancia a Zorro y Rosa. Para ese entonces ya estarán en Padua.
-Es buena idea. Hagámoslo, pongámonos en marcha esta noche, Ezio.
El mentado posó sus ojos en Yusuf, pensándolo unos instantes, recorriendo los rostros de los presentes después para observar que estaban de acuerdo, con lo que aceptó.
-Muy bien, eso haremos. Yo iré con Caterina. Pasaremos por Florencia para reunir a los asesinos de la ciudad, con ellos y los hombres de la Romaña podremos derrotar a las tropas que queden allí.
-Iré también, Ezio. Necesitas a alguien que te ayude a organizar todo. Claudia, amor, aún debes descansar y terminar de reponerte del todo. Y Nuray ha tenido su porción de diversión, me toca a mí. –Se burló para relajar la atmosfera, haciendo que ellas sonrieran, aceptando su oferta. Ambas distinguieron aquel deje de seriedad en Ezio, que supieron se debía a que el hombre cada vez más, anhelaba alejarse de todo aquello, pero no podía, y eso le pesaba cada día más.
-Bien, si eso es lo que deseas, Yusuf, eres bienvenido, pero no es necesario y puedes quedarte con tu hija, amigo.
-No puedo dejarte solo, ninguno aquí vamos a permitirlo, Ezio. Todos hacemos sacrificios. Podemos partir a media noche. Me ocuparé de organizarlo.
El italiano sonrió y le dio las gracias, agradeciendo interiormente su jovialidad, que tanto bien hacía, para acabar zanjando el tema al tener concretado el asunto.
Nuray se adentró en el dormitorio, cerrando la puerta atrás de sí, observando a Ezio terminar de vestirse y ocultar sus armas cortas entre los ropajes, preparado para el viaje entro los caminos de la Toscana. Al ver a la morena sonrió levemente, pero la mujer captó en su rostro la rigidez aún presente, como pasó al mediodía. Tras besarlo fugazmente en los labios, habló con suavidad, acariciando su mejilla.
-Ezio, ¿estás bien?
-Sí, amor. No te preocupes por mí. Ya sabes qué me pasa de todos modos.
-Sí, pero esto es algo que no durará más de un par de semanas a lo sumo, y estás cerca. Volverás pronto a casa y estaremos todos juntos. Sabes que aún estás a tiempo de que vaya yo en tu lugar. A nadie le importará.
-Es mi deber, Nuray. Soy un maestro de la orden y no puedo huir de ello por mucho que me empiece a pesar, pero gracias igualmente, mi amor. Te quiero.
-Y yo a ti. Ojalá pudiera ayudarte. Me mata verte así, y saber que es algo contra lo que no podemos luchar. Acabaremos recuperando los fragmentos y dará igual cuantos Mendozas puedan aparecer después. Ganaremos, te lo prometo, y tú podrás descansar al fin.
Ezio sonrió de forma sincera ante la firmeza de la turca, uniendo sus labios con los de ella en un beso cargado de sentimiento, para después abrazarla mientras susurraba cuánto la necesitaba en su vida.
Tras separarse la mujer lo instó a que bajaran en busca de Yusuf y Caterina, quienes debían estar ya esperándolo para partir, puesto que era media noche. Ezio asintió, y tras ponerse su brazal de hoja oculta y recoger el zurrón con algunas de sus cosas, salieron directos al cortile de la casa, donde vieron a sus amigos esperando.
Claudia se separó de su marido para abrazar a su hermano en despedida, dejando que los amigos turcos hicieran lo mismo ante la mirada de Caterina, quien se sintió fuera de lugar, pero feliz de ver la escena. Se sorprendió cuando Nuray se acercó a ella, antes de que se pusieran en camino. La morena la besó en la mejilla a modo de despedida, haciéndola sonreír ante su frase expresada en un susurro sólo para ella, convenciéndola de que aquella mujer no la guardaba rencor.
-Cuida de Ezio, por favor, pero procura recordar que es mi marido.
-Por supuesto. Puedes estar tranquila.
Ambas se sonrieron, y acto seguido, el trío ignoró aquella escena extraña para verlos partir definitivamente, dejando la casa atrás.
Nuray se acercó a Claudia, abrazándola con un brazo por los hombros al verla algo taciturna, entendiendo bien lo que debía sentir.
-Todo saldrá bien, tranquila. ¿Conseguiste dormir a Livia?
-Sí, aunque lo hizo Yusuf. Es tomarla en brazos y que se tranquilice al momento. –Comentó con una sonrisa nostálgica, haciendo que Nuray riera levemente.
-Debe ser cosa de vuestra familia. Con Ezio las cosas eran iguales. No sabes lo que me ha costado que se durmieran antes.
-Son unos chicos muy curiosos e inquietos, pero buenos. Cuando os fuisteis nos hicieron contarles un montón de historias del pasado. Os admiran enormemente a los dos.
-Sí, lo sé, y eso es lo que me preocupa. –Agregó sonriendo a la castaña, aunque interiormente de nuevo la preocupación golpeó a la turca. Aquello no cambiaría.
