Capítulo 12
Nuray abrió los ojos abruptamente, abandonando su intención de dormir cuando escuchó sonidos cercanos, provenientes de la misma planta, del final de aquel pasillo al que su dormitorio quedaba más cercano. Aquel último cuarto era el de Laura, y parecía que había intentado gritar, a la par que algo había caído al suelo pesadamente con un ruido sordo.
Sin perder tiempo, la turca se levantó y salió del cuarto tras tomar uno de los cuchillos que Ezio le había regalado, avanzando entre la oscuridad con cautela, atenta a cualquier sonido.
Abrió la puerta del cuarto de la empleada doméstica en un golpe seco para observar que un extraño intentaba asfixiarla con sus propias manos.
La morena rápidamente cortó la garganta de aquel hombre tras abalanzarse sobre él, liberando a la temerosa mujer, a quien instó rápido al ver que estaba bien, a encender la vela de su mesilla de noche y seguirla, pero pronto ambas se alertaron al escuchar los gritos de Giovanni y Adara.
Laura corrió tras Nuray al verla salir disparada hacia el cuarto, coincidiendo con Claudia en el pasillo. Auditore alzó la voz para dirigirse a la sirvienta, mientras corría con Nuray en busca de sus sobrinos.
-¡Enciérrate en mi cuarto con Livia y no salgas. ¡La ventana está bloqueada!
Antes de que Claudia pudiera alcanzar a Nuray, tuvo que detenerse y hacer frente a la pareja de hombres armados que entró rompiendo una de las ventanas del recibidor, separando su camino del de su cuñada.
Nuray encontró la puerta del cuarto de sus hijos cerrada, y sin pensarlo comenzó a golpearla con la pierna sin importar el dolor hasta que logró abrirla, observando que un desconocido trataba de atar y amordazar a los niños para llevárselos, habiendo conseguido maniatar al muchacho, quien lloraba tendido sobre su cama, inmóvil.
La turca no lo pensó y lanzó el cuchillo contra la espalda del intruso, liberando a su hija ser reducida al no poder zafarse del agarre. A diferencia de su hermano, ella no lloraba.
-¡Vamos, tenéis que esconderos en un lugar seguro! Todo va a ir bien. –Comentó velozmente mientras desataba a Giovanni, abrazándolo al instante con fugacidad, al igual que a su hija, para después guiarlos tras ella hasta el exterior.
Al estar al tanto de los planes de seguridad, los niños siguieron a su madre hasta las escaleras para descender a la primera planta, y de ahí bajar al escondite oculto bajo la villa donde se custodiaban los fragmentos del Edén. No obstante, aquello iba a ser complicado al descubrir que varios hombres habían entrado en la vivienda, y Claudia se batía con ellos a espada como buenamente podía.
-¡Id al cuarto de Claudia y esperad con Laura, vamos! –Gritó Nuray mirando a los niños un segundo, para después correr en auxilio de la castaña, a quien habían herido levemente en el vientre.
Nuray lanzó su cuchillo contra uno de aquellos templarios que iba atacar a Auditore a traición por la espalda, haciéndose con una espada enemiga en su trayecto hacia su nuevo oponente, luchando contra él hasta lograr matarlo. Contempló después de refilón como Adara seguía en las escaleras, observandoo la lucha sin Giovanni.
-¡Adara, márchate con tu hermano, ahora!
La niña no obedeció al grito imperativo, y contempló a poca distancia una espada enemiga junto a un cadáver. Sin pensarlo más corrió a hacerse con ella, y en cuanto se hubo levantado, tuvo que enfrentarse a un hombre aparecido desde uno de los cuartos, dispuesto a arrebatarle su vida con su acero.
Adara esquivó el estoque, y fue capaz de combatir un par de nuevos intentos del templario de matarla hasta que recibió una patada que la tiró al suelo, haciendo que perdiera la espada. Cuando parecía estar perdida, el hombre cayó fulminado al suelo cuando un cuchillo voló hasta su cara, haciéndolo morir en el acto. La muchacha vislumbró que había sido su tía la responsable, quien esta vez le gritó que se marchara de allí ante lo ocupada que se hallaba su madre luchando contra dos rápidos individuos.
Cuando la niña reaccionó y concluyó que irse era menester, la puerta principal se abrió de golpe, dando la entrada a Ezio y Yusuf, quienes sin perder tiempo combatieron contra los enemigos para ayudar a las mujeres, vislumbrando que Caterina obviaba sus indicaciones y comenzaba a disparar con su arma de fuego, entrando en la casa.
El comedor de la villa se encontraba envuelto en un silencio tenso, roto por el viento que soplaba aquella fría madrugada, y por el sonido del trabajo de Nuray en la herida de Claudia. El resto de presentes guardó silencio tras que hubiera hablado de lo sucedido, quedando sentados en torno a la mesa mientras bebían vino especiado para calentarse.
Poco después, el sonido de los pasos de Laura llegando a la sala rompieron la quietud.
-Todo está en orden, si no me necesitan más, me retiro.
-Claro, muchas gracias, Laura. Y lo sentimos mucho. Si necesitas algo, no dudes en decirlo. –Comentó afablemente Nuray, terminando la costura en la piel de su cuñada, pasando a lavar sus manos en un recipiente de barro cercano.
Tras la salida de la mujer, el grupo se vio sorprendido por la llegada de Giovanni y Adara. El niño susurró en un sollozo ahogado que no podía dormir, y su padre de inmediato le instó a correr a sus brazos con un gesto, sentando en sus rodillas mientras lo abrazaba en silencio.
-Si siempre tienes tanto miedo nunca serás valiente. –Habló la niña mirando a su hermano, haciendo que todos la miraran un segundo, sin intervenir, pero Nuray se giró y avanzó hasta ella, visiblemente enfadada.
-Todo el mundo tiene miedo, hasta el más valiente, y tenerlo es signo de ser una persona inteligente, algo que tú no has demostrado en absoluto. Tu hermano ha hecho lo que debía hacer, porque entiende el peligro de la situación y que no está para nada preparado para hacerse el héroe, niñata engreída y estúpida.
-¡He sido capaz de defenderme! ¡Qué sabrás tú de mí!
Nuray, ante el grito de la niña, le dio una sonora bofetada en la mejilla, haciendo que se llevase la mano a la zona afectada, para después clavar sus ojos rabiosos en ella y escuchar sus palabras sin ápice de amabilidad.
-¡Casi te matan! ¡Te has puesto en peligro por tu vanidad, y lo has hecho con el resto! ¡Soy tu madre, y una buena luchadora, al contrario que tú, así que si te doy una orden la obedeces y punto, porque esto no es un maldito juego!
-Seré mejor que tú y te tragarás tus palabras, madre, porque me voy a convertir en asesina, y tú no podrás evitarlo porque padre es el maestro y cree en mí. Tú no eres nada en la hermandad. –Sentenció desafiante sin alzar la voz, pero Nuray continuó gritando, fuera de sí.
-¡Créeme cuando te digo que tu padre aquí no tiene autoridad! ¿Crees que esta vida es fácil, qué es divertida y estupenda? Ser un asesino es un sacrificio, es dolor en todas sus facetas, niña. Lo sufres, y lo infliges hasta tu último aliento. Es tener a veces que herir y matar a gente inocente en realidad, que son simples daños colaterales. Es tener las manos y la conciencia manchadas de sangre al recordar la gente que sufre esas muertes; hijos, padres, hermanos…No somos santos, ni héroes como crees. Esta vida es ver morir a los que quieres porque es el único modo que tus enemigos tienen de destruirte por completo. Tu padre vio morir a toda su familia ahorcada en una plaza, y a su propia madre desangrarse en sus brazos cuando César Borgia la apuñaló ante sus ojos.
-Nuray, es suficiente, amor. –Susurró Ezio al ver que su cólera no disminuía, y sus hijos empezaban a estar afectados por todo aquello, pero la mujer lo cortó.
-¡No, Ezio, tiene que saber cuál es la puta verdad, que no hay parte bella en esta vida como cree! Todos aquí hemos perdido gente por ser lo que somos. Amigos y familia. ¡Todos! Nosotros hemos estado a punto de morir varias veces, ¿sabes? ¡¿Ves está horrible cicatriz? –agregó señalando su cuello, mostrando la marca horizontal en él-, César Borgia casi me mata por ella. ¿Y está? Muy emocionante, ¿no? –Dijo mostrando uno de sus hombros y clavícula. –Una flecha que casi me mata mientras trataba de salvar a Leonardo y Claudia de una emboscada. Conoces las cicatrices de tu padre a la perfección. Muchas de las heridas que las ocasionaron estuvieron a punto de matarlo. La peor fue en Grecia, cuando le clavaron una espada en el estómago y lo tiraron desde una cornisa de un templo. Estuvo semanas inconsciente sin que supiéramos qué ocurriría con él. Puede que llegues a ser mejor que yo, Adara, ojalá sea así, nada me gustaría más, pero nada te apartará del dolor, porque este camino lo es, y tú no pareces verlo. Te crees muy mayor, pero aún tienes mucho que aprender.
La niña continuó escudriñándola con sus ojos vidriosos, enfadada e impotente, hasta que la mujer salió de la sala sin decir nada, abandonando la estancia que quedó en el mismo estado de parálisis.
