Capítulo 14
Ezio terminó de repasar el plan de asedio al castillo de Caterina sobre el mapa de aquella zona, encontrando innumerables peligros que, a pesar de haber sido vistos por todos, sólo a él parecían aterrar al pensar en las consecuencias. No obstante, no había otra forma de arrebatar la zona a los templarios, como habían concluido tras largos días de debate y trabajo sobre el terreno.
El italiano apartó la vista del papel que reposaba en la gran mesa, llevándose la mano al rostro con un cansado suspiro. No se enteró de la entrada de Caterina en la estancia hasta que esta habló.
-¿Qué sucede, Ezio? Llevas unos días muy serio, y no es nada propio de ti.
-Hay demasiados riesgos, y no sé cómo puedo reducirlos.
-Todo plan conlleva riesgos, y todos sabemos que esto es algo complejo. No puedes hacer más. No te tortures con eso, porque pase lo que pase no será tu culpa. Nunca podré agradecerte todo lo que has hecho por mí, ni perdonarme por ser una pequeña parte de lo que te causa tanto daño.
Tras que la condesa hablase de aquella forma solemne tras un silencio, Ezio se dio la vuelta para mirarla, no entendiendo sus palabras sombrías.
-No tengo que perdonarte nada, Caterina. ¿Por qué dices eso? -El italiano la observó sonreír levemente antes de hablar.
-Estás aquí por mí, lejos de tu familia. Sé que eso es lo que más te duele en el mundo, apenas puedes ocultarlo, Ezio. Sé que cada vez te pesa más el atuendo de tu hermandad.
-Nunca he podido engañarte. -Susurró con una nostálgica sonrisa, suspirando discretamente antes de hablar. -Tienes razón en lo que dices, y me siento terriblemente perdido por ello. Cada vez que tengo que marcharme, da igual por cuánto tiempo, odio más esta vida, y no tengo más que la egoísta sensación de que me importa poco el mundo, porque lo único que quiero es volver a estar con mi familia. El tiempo pasa demasiado rápido, Caterina, y siento que los aleja de mí. No podré recuperar lo que no viva a su lado.
-Lo siento mucho, Ezio. Es horrible saber que ninguno podemos cambiar la situación, no al menos a corto plazo. No obstante, te diré que tienes la suerte de ser consciente de que lo acontecido no volverá, eso te hace vivir como pocos son capaces; no estás desperdiciando nada de tu tiempo. Mañana al amanecer acabaremos con esto y volverás a casa.
La mujer consiguió una sonrisa sincera de parte del italiano, lo que le hizo devolverle el gesto antes de dejarlo solo, entendiendo que a pesar del ánimo, necesitaba refugiarse en su soledad y pensar antes de lo venidero.
Claudia se levantó rápido de la silla cuando escuchó la puerta principal abrirse, y salió al recibidor de la villa para encontrarse con Nuray y sus sobrinos recién llegados al fin.
-Nuray, carta de Maquiavelo. Hay novedades. -Comentó al instante mientras agitaba el papel al aire, pasándoselo a la turca, quien en realidad se centró en ella para escuchar el resumen. -Mendoza esconde en su villa de Padua el fragmento que tiene, lo han averiguado de una fuente fiable, una cortesana que frecuenta el jefe de su guardia personal aquí. La mujer lo ha escuchado personalmente. Nadie hará ningún movimiento hasta que mi hermano regrese y podamos pensar qué hacer.
La turca levantó los ojos tras unos instantes del papel, habiendo leído en un rápido vistazo de forma superficial, pasando a responder a su cuñada.
-No hay tiempo para eso, cada día que pasa corremos el riesgo de que sepan qué sabemos. Que Ezio ni esté es algo que juega en nuestro favor para recuperarlo. Le escribiré de inmediato para contárselo, y también lo que opino.
-Estoy contigo, creo que debemos actuar cuanto antes. Y además creo que Rosa y Maquiavelo también lo hacen, por lo que dice la carta.
-Sí, y yo. Nos pondremos en marcha. Mañana partiremos hacia Padua. Hablaré con Luca y Laura para que se hagan cargo de la casa y aumenten la protección, por si quisieran tratar de robar los fragmentos.
-¿Vamos a quedarnos aquí con Luca? -Alzó la voz Adara, haciendo que su hermano dirigiera la vista de forma triste hacia su madre, quien respondió con firmeza, sin pensar.
-No, iremos todos. Ahora mismo es más seguro que permanezcamos todos juntos. Sé que es un viaje demasiado largo para un bebé, Claudia, pero allí somos muchos más. Podremos protegerlos mejor.
-Sí, estoy de acuerdo. Sólo me preocupa por lo complicado del viaje, ya sabes.
-Lo sé, claro. Voy a organizarlo todo de la mejor forma posible. No correremos riesgos. Quedaos con tía Claudia, niños. Voy a encargarme de todo. -Agregó Nuray para concluir al recibir un gesto afirmativo de su cuñada, para volver a arrebujarse en su capa y salir de la casa.
Claudia se acercó a sus sobrinos y los rodeo por los hombros mientras les instaba a andar con ella, hablando con calma al ver sus rostros serios ante lo escuchado.
-No hay por qué tener miedo, chicos; todo irá bien. Además ya habéis visto que podemos solas con todo. Venga, vamos a ayudar a Laura con la cena.
Aún no había amanecido y las nubes que se ocultaban en el cielo oscuro dejaban caer una fina pero intensa lluvia sobre Forli.
En completo silencio, el ejército que habían reunido los asesinos y Sforza se dividía para ocupar sus posiciones ante el asalto al castillo, donde los altos mandos del enemigo y el grueso de sus tropas se cobijaban.
Tal y como estaba previsto, en cuanto en la parte principal de entrada comenzó el ajetreo, con las pocas máquinas de asedio que habían conseguido de aliados de Caterina, el grupo de Ezio comenzó a trepar la muralla por su parte trasera para llegar antes de ser detectados por aquel flanco.
Como habían esperado, pudieron llegar casi todos a la parte alta antes de que las defensas templarias llegaran en su grueso al lugar, así pues, pudieron luchar contra los recién llegados y dar tiempo al resto de hombres a subir.
Yusuf y Ezio se reunieron pronto entre la marea humana, adentrándose en el castillo tras deshacerse de sus enemigos. Recodaron las explicaciones de Caterina sobre dónde podría estar el jefe del regimiento templario, y pusieron el camino hacia la zona alta para buscar el dormitorio principal, al que en su estancia años atrás nunca habían subido.
El sonido de un tiro hizo que se escondieran tras una pared, reculando veloces al cruzar al nuevo pasillo.
-Yo lo distraeré y te cubriré. Tú sigue y encuentra a ese bastardo de Garibaldi. -Habló Yusuf mientras se preparaba, no dejando que Ezio pudiera protestar, lanzándose contra el enemigo mientras recargaba su pistola.
El italiano apretó la mandíbula y corrió hacia el pasillo, buscando la escalera que llevaba a la parte más alta, batiéndose a espada con aquellos pocos enemigos que quedaban allí, para comenzar a abrir puertas rápidamente en busca del capitán templario, descrito vagamente por Federico, el hombre de confianza de Caterina.
Al llegar a la puerta del dormitorio, Ezio abrió velozmente para sorprenderlo, pero tuvo que reaccionar ágilmente para no recibir la estocada del acero enemigo en un mal lugar, consiguiendo que su armadura le protegiera del corte.
Enseguida el asesino se abalanzó contra Garibaldi, quien acababa de levantarse de la cama, aún yendo vestido con unos simples pantalones y camisa, peleando a espada hasta que ambos la perdieron a manos del contrincante, comenzando a luchar con los puños.
Ezio acabó en el suelo y Garibaldi encima, quien trataba de apuñalarlo en el cuello con una pequeña daga que escondía en su ropa, pero la entrada de Yusuf lo distrajo, haciendo que el florentino le arrebatara el poder, sacando su hoja oculta para reducirlo y ocupar su anterior posición.
-Dime lo que sepas sobre los planes de Mendoza en Italia, y dónde oculta el Fragmento del Edén que nos robó.
-Vas a matarme igual, asesino, y si no lo hará Mendoza. ¿Para qué voy a hablar si mi destino está escrito?
-Si me dices la verdad te dejaré vivir. Tengo dinero para que te largues tan lejos como quieras. Habla. Dónde lo esconde, ¿está en Padua? -Ezio apretó el filo contra el cuello del hombre, pinchándolo con rudeza para asustarlo, aunque su oferta era más que jugosa.
-Sí, está allí, al menos de momento. Ese hombre no cuenta mucho, no tengo nada que decir sobre sus planes. Pedro Mendoza no tiene amigos, no se fía de nadie, y los que parecen sus aliados simplemente son utilizados y desechados en cuanto obtiene lo que quiere, tal y como demostró con su tío. Ya verás lo que tarda en deshacerse de Della Rovere. Yo que tú ahora me iría a buscar a la condesa, asesino. Ha mandado que la capturemos y la matemos. Mis hombres deben tenerla ya.
La sonrisa malévola del capitán hizo que Ezio se enfureciera y relegara el temor a segundo plano, pero en cuanto comenzó a escuchar unos gritos clamando su nombre se alejó del capitán para asomarse a la gran ventana, contemplando la muralla delantera, que quedaba a poca distancia bajo ellos. Yusuf se ocupó del enemigo, contemplando a su amigo alejarse veloz por la preocupación.
-¡Ezio Auditore! Pedro Mendoza quiere mandarte un mensaje para que recuerdes que siempre él irá por delante.
Auditore sintió que su respiración se cortaba al ver que un templario tenía a Caterina atada de manos y amordazada, sujetándola cerca de la muralla con pretensión de arrojarla al vacío. La mujer no se movía y contemplaba con dignidad su final, posando los ojos en los del italiano.
Ezio abrió la ventana para saltar sin pensarlo, a pesar de que la caída era algo alta, pero en cuanto hizo aquello el templario empujó a la condesa de Forli y la arrojó al vacío sin miramientos.
