Capítulo 16

Nuray se cansó de planear estrategias para salir de aquella celda fría y oscura al no hallar manera posible sin la llave, y una vez más se acercó a los barrotes, agarrándose a ellos para gritar con fuerza que quería ver a su hija, así como clamando que Mendoza tuviera valor de dar la cara al menos.

La turca calló al escuchar la entrada de alguien en el pasillo, y pronto observó la llegada de un soldado llevando a su hija con los brazos atados a la altura de las muñecas. Sin humor ordenó a la mayor alejarse de la puerta para meter a la niña tras que obedeciera, empujándola rápido contra su madre.

Adara no dijo nada, manteniéndose seria y cabizbaja mientras su progenitora la desataba torpemente, dando evidencias de su dolor físico y debilidad tras el tiempo pasado. Al terminar, Nuray agarró su rostro con las manos, observando que la habían golpeado y sangraba levemente por el labio.

-¿Estás bien, cielo? ¿Qué te han hecho?

-Sólo me han hecho preguntas, pero no he contestado, por eso me han hecho esto. Querían saber cosas sobre Padre, y la orden.

-Adara, haz lo que quieran, hija. No sabemos qué pueden hacer si no. Después arreglaremos lo que puedan descubrir. No te preocupes. -Susurró con suavidad mientras de pie volvía a fijarse en la cerradura, pero tuvo que agarrarse a los hierros al sentirse desvanecer cuando el mareo la inundó.

-¡Madre! ¿estás bien? -Preguntó con miedo la niña, corriendo hasta su posición, ayudándola a sentarse despacio. Observó que su hombro seguía sangrando, y el improvisado tapón que se había hecho con algo de ropa no surtía efecto.

-No puedo seguir perdiendo más sangre. Tienes que ayudarme a taponarlo bien, cariño. Ayúdame con esto.

La niña asintió y terminó de rasgar un jirón de la camisa de su madre, para después pasarlo varias veces por su hombro herido, apretando con fuerza, hasta atarlo sobre sí mismo, como le indicó la tuca.

-¿No vas a reñirme?

Nuray contempló a la chica al escucharla susurrar de forma quebrada, encontrando vergüenza en su lenguaje corporal, y pronto respondió con serenidad.

-No, porque sé que sabes que hiciste mal, y que no volverá a ocurrir, ¿verdad?

Adara asintió y bajó la mirada de nuevo, para que Nuray no la viera llorar, pero no pudo ocultarlo y su madre alzó la voz.

- ¿Por qué lloras? Ya sabes que no voy a gritarte. -Bromeó sonriendo levemente, sabiendo que debía estar asustada. Al contrario de lo que esperaba conseguir, la niña lloró con más ganas, hablando sin mirarla.

- Porque tengo la culpa de esto. Los guardias estuvieron burlándose porque caí en la trampa y consiguieron atraparme, y encima también a ti. Tenías razón, mi vanidad me ha cegado desde el comienzo y no tengo ni idea, y ahora por mi culpa van a matarnos.

- No van a matarnos, cariño. Saldremos de aquí, Claudia traerá ayuda, ya lo verás. Somos más listos que ellos. Piensa que esto te valdrá para ser mejor, Adara, para darte cuenta de que siempre hay cosas que aprender y nunca debemos confiarnos.

- Lo siento, madre. -Susurró tras asentir a su comentario, alzando la vista para mirarla, encontrando que la morena sonreía con ternura, haciendo un gesto para que se acercara y poder abrazarla.

No pasó mucho tiempo hasta que el sonido de alguien entrar en el pasillo hizo que se separaran. Nuray se adelantó y cubrió a su hija, encarando a la pareja de templarios que entraron en la celda, quedando bloqueando la puerta, cerrada por un tercero que quedó fuera.

Bueno, ya que la niña no ha dicho nada, venimos a probar con la señora Auditore, que tendrá mucha más información. Así que ibais camino a Padua. ¿Por qué? ¿Quién os espera y cuál es vuestro propósito?

Tienes mucha fe si piensas que voy a decir algo.

Ya, contamos con que no hablaréis por la buenas. Por eso vamos a probar diferentes fases hasta que lo hagas. Empecemos con la primera.

En cuanto el hombre concluyó la frase, su compañero agarró a Adara para retenerla, mientras él mismo se acercaba a Nuray y comenzaba a pelear contra ella, consiguiendo ganarle terreno rápidamente. Enseguida la tiró al suelo y empezó a patearla en el costado con saña repetidas veces, ignorando los gritos angustiosos de la niña.

-Bueno, volveremos en media hora para seguir un poco más -Habló tras alejarse hacia atrás, visualizando a la morena tratar de incorporarse con gran enfuerzo, tosiendo sangre. -Si no hablas tras la siguiente paliza, la tercera será para tu hija.

Automáticamente después, ambos hombres salieron de la celda, desapareciendo de la escena mientras Adara se agachaba junto a Nuray, llorando sin ser capaz de pronunciar palabra.


Ezio y Yusuf iban en silencio en sus caballos camino a Padua, deseosos de llegar a la casa donde se escondían allí los asesinos, la cual había pertenecido a una anciana curandera que conocieron en el pasado.

Tas recibir la carta de Nuray en Forli se pusieron en marcha al instante, recorriendo la distancia en tiempo récord, ansiosos y preocupados por saber que las cosas podrían suceder sin estar presentes, ni cerca de su familia.

Antes de la caída del sol la pareja entró en la ciudad, llegando ante la casa que habían conocido en el pasado, siendo invadidos por la nostalgia un breve tiempo, hasta que un hombre desconocido abrió. Era alto, de rostro afilado y perilla alargada. Su mirada afable de ojos cansados por la edad se encontró con los confusos de Ezio, pero el desconocido habló en primer lugar ante su gesto.

-No os habéis equivocado, pasad. Me llamo Tiziano; Laura era mi madre, tras su muerte recogí el testigo de trabajar con los asesinos.

-Era una gran mujer, nos ayudó mucho en el pasado. Gracias por continuar con su labor. -Habló Ezio mientras llegaban al centro de la estancia principal, la cual no había cambiado desde que estuvieron allí. Nadie tuvo tiempo de intervenir de nuevo cuando Claudia apareció por el pasillo.

La mujer anduvo veloz hasta la pareja de hombres, abrazando primero a su hermano fugazmente, para después besar a su marido con ímpetu.

-¿Cuándo llegasteis? ¿Y Livia? -Preguntó Yusuf tras separarse de ella. En cuanto vio los ojos de Claudia supo que algo ocurría, pues estaba más seria de lo normal.

-Está bien, duerme. Llegamos anteayer.

-¿Dónde está el resto?

Antes de que Claudia pudiera responder a Ezio, Giovanni salió de un cuarto y corrió al ver a su padre, abrazándose a él con fuerza mientras comenzaba a llorar. El italiano le correspondió con ganas, agachándose para facilitar la tarea.

-Giovanni, ¿por qué lloras, cariño? -Preguntó el asesino con dulzura, secándole las lágrimas, pero el niño no cesaba de derramarlas, y su llanto se intensificó cuando su padre volvió a hablar. - ¿Dónde están mamá y Adara?

-Ezio… -Susurró Claudia, haciendo que su hermano se levantara, mirándola seriamente.

- ¿Dónde están Nuray y Adara, Claudia? ¿Qué pasa?

-Las han secuestrado. Pasó hace dos días, a la altura de Ferrara cuando partíamos de una posada para acabar el viaje. No encontraban a Adara y Nuray fue a buscarla. Sabemos que están en Padua también, en el palacio de Mendoza. Rosa Y Maquiavelo han ido con sus hombres a sacarlas de allí, Ezio. Todo va a ir bien.

El italiano tardó en reaccionar ante aquella noticia, observando los ojos de Claudia mientras lo agarraba de los hombros, serenándolo para no asustar más a su hijo menor. Haciendo acopio de entereza, Auditore se controló y habló mirando a su hermana.

-Voy para allá ahora mismo. Quedaos con Giovanni.

-Yo también voy. -Agregó Yusuf, sin pensarlo, volviendo a ponerse la capa, imitando al italiano. -Lo siento, sevgi. -Susurró tras besar a Claudia, siguiendo a su amigo hasta salir veloces de la casa.

Claudia suspiró mientras rezaba porque todo fuera bien, pasando a abrazar al niño con un brazo, susurrándole que fueran a la cama a intentar dormir.