Capítulo 18

Nuray despertó abruptamente tras una pesadilla, doblándose con rapidez sobre su vientre hasta quedar sentada en la cama, lo que hizo que se quejara ante el dolor de sus costillas.

La mujer maldijo en un susurro, y trató de respirar despacio y profundamente, como el médico le había dicho, pero tras un par de respiraciones paró en seco al escuchar unas voces cercanas, provenientes del salón de aquella casa.

Tras reconocer la voz de Maquiavelo y Rosa junto con las de su familia, supo que aquello era una reunión de trabajo, y con un deje de enfado se puso en pie con dificultad, para después salir del cuarto con decisión, fingiendo no sentir dolor al aparecer en el umbral de la puerta ante el resto.

El grupo sentado a la pequeña mesa circular de la casa de Tiziano calló en su debate y se giró al escuchar la voz de la turca, quien los observaba apoyada en el marco de la puerta sin arreglar en absoluto, pero con una fiera dignidad inscrita en el rostro.

-¿Por qué no se me ha avisado sobre esta reunión?

-Nuray, ¿qué haces levantada? -Susurró Ezio mientras se ponía en pie, pero su mujer le hizo un gesto para que la dejara.

-Que alguien me responda. ¿Por qué no me habéis avisado? Yo soy parte de esto.

-No te ofendas, amiga. Sólo queremos que te recuperes completamente lejos del ajetreo. Necesitas descansar. -Agregó Yusuf con tono afable.

-Estoy bien, y aunque no vaya a intervenir en nada en un tiempo, puedo hablar y escuchar. Quiero saber qué pasa y ser parte de esto también.

-Tienes razón, no pasará de nuevo. Siéntate y te contaremos todo. -Habló Ezio mientras hacía un gesto para que tomara asiento en su silla, pasando a acercar otra para sentarse a su lado. Acto seguido dio pie a Maquiavelo para que hiciera el resumen y continuara donde lo dejó.

-Efectivamente, tenían escondido en la villa el fragmento del Edén que estaba en la India, y hemos tratado por todos los medios de seguir la pista de los templarios desde que te sacamos de allí. Pretenden llevarlo a Roma para esconderlo en el Vaticano ahora que Giuliano ya es el nuevo Papa, pero aún no lo han trasladado por miedo a que los interceptemos. Ambos bandos esperamos un movimiento del contrario para reanudar la lucha. Creemos que van a llevarlo a Venecia para esconderlo en una propiedad de Giuliano hasta que las aguas se calmen y parece ser que es allí donde él mismo y Mendoza se reunirán. Desde luego no es una información segura al completo, pero por eso mismo discutíamos sobre la estrategia a seguir a partir de aquí. Debatíamos sobre volver a dividirnos y mandar un grupo a Venecia para estar al tanto de lo que ocurra, y yo volveré a Roma para informar desde allí.

-Yo me iré con Rosa a Venecia. Es mi turno. -Añadió Claudia con firmeza cuando Nicolás terminó, haciendo que Ezio respondiera tras observar que Yusuf hacía un esfuerzo por no intervenir.

-¿No es demasiado pronto, Claudia?

-Tanto Livia como yo estamos bien, y Yusuf puede cuidarla. Todos tenemos que hacer sacrificios, hermano. Tú deberías quedarte esta vez con tu familia y descansar, y pienso que tú deberías hacer lo mismo. -Añadió mirando a su marido, quien habló al instante.

-Yo estoy perfectamente, no necesito descansar. Concuerdo con que Ezio debería tener su momento de respiro, pero no puedo dejar que te marches a Venecia sin mí, a pesar de que deseo estar con nuestra hija más que nada.

-Podéis ir ambos con Rosa, nosotros cuidaremos de Livia. Todo estará bien.

Al comentario de Nuray, la pareja se miró un instante, hablando sin palabras para decidir qué hacer, pasando después a contemplar a los presentes, quienes daban a entender con sus gestos que por ellos estaba bien.

-Bien, nos iremos con Rosa a Venecia mañana. Gracias a los dos. -Dijo Claudia, dirigiendo a Ezio y Nuray, quienes sonrieron levemente mientras Maquiavelo volvía a tomar la palabra, continuando con los planes.


Con cuidado, Nuray retiró el vendaje de su hombro para descubrir la herida cosida, abandonando las telas sucias sobre la pequeña mesilla cercana a la cama, para después alejarse hacia la mesa donde había preparado lo necesario para limpiar la zona.

Unos segundos después de comenzar, la puerta se abrió lentamente para dar paso a Ezio. La morena continuó al ver que era él, hablando sin mirarlo.

-¿Dónde están los niños?

-Los he dejado con Tiziano. Les está enseñando cosas de botánica y remedios medicinales. No me hacían ni caso, están fascinados con él. Ven, déjame hacerlo a mí. -Agregó mientras se ponía frente a ella.

-Puedo hacerlo yo, Ezio.

-Ni siquiera hace una semana aún, Nuray.

-Pero estoy bien, no es para que me tengáis sin poder moverme.

-Lo sé, mi amor. Sólo quiero cuidarte, déjame hacerlo. -Susurró mientras acariciaba su mejilla, sonriéndola con cariño.

La mujer le devolvió el gesto y asintió, pasando a seguirle hasta la cama donde ambos se sentaron mirándose frente a frente. Nuray habló tras que el italiano comenzara a lavar con un paño mojado su herida.

-No será esto una excusa para además tocar más de la cuenta, ¿no, esposo? -Bromeó la morena al contemplar al hombre demasiado serio. Ezio río levemente y siguió su juego, no distrayéndose de su tarea.

-¡Qué mal pensada! Aunque he de reconocer que las ganas me consumen, pero seré paciente hasta que te recuperes lo suficiente como para celebrar nuestro reencuentro con la pasión que merece.

-Tarea complicada en una casa donde vamos a tener que estar pendientes de tres niños.

-Somos expertos en ser discretos y sigilosos, mi amor; encontraremos una buena forma. Hablando de casas, ya he encontrado una cerca para movernos allí. Lo he hablado con Tiziano, él me ayudó, y aunque continúa diciéndome que no es necesario y no cree que nos descubran, prefiero no seguir poniéndolo en peligro más tiempo.

-Bien, estoy de acuerdo. ¿Cuándo nos iremos?

-Mañana mismo Tiziano tendrá las llaves. Está a las afueras de la ciudad, para que no puedan vernos más de la cuenta. Al oscurecer podríamos salir para allá.

-Pues así lo haremos. -Respondió la turca con una sonrisa, pasando a besar a Ezio cuando terminó de vendar la herida limpia. No pudo evitar hablar de nuevo ante la evidencia de que el hombre no era el de siempre. -¿Estás bien? ¿Quieres hablar sobre algo?

-De todo y de nada, a la vez. Son muchas cosas las que me atormentan, no puedo estar tranquilo con la sombra de ese bastardo tras nosotros. Tengo la constante sensación de que algo ocurrirá, y no puedo evitar sentir la rigidez de ese miedo. Caterina sólo fue el principio. Pedro Mendoza no es como el resto. Su ambición va más allá de conseguir los frutos del Edén, de tener el poder. Su objetivo es destruirnos, destruir la hermandad; Y va a hacerlo acabando conmigo. Esa es su obsesión, lo que no consiguió ni su tío, ni Borgia.

Nuray tuvo que contener un suspiro de resignación al saber que aquello que decía era cierto, y sus miedos eran totalmente fundados, pero debía sobreponerse ante la fatalidad y ser fuerte por su marido, sumido en sus horas más oscuras. La turca tomó el rostro del asesino entre sus manos y habló con convicción, mirándolo fijamente.

-Tú, Ezio Auditore, eres uno de los hombres más fuertes y valientes que jamás he conocido. Puede que ese bastardo nos haga daño de mil formas, pero nunca podrá acabar contigo, porque no vamos a dejar que ocurra. No voy a dejar que pase, te lo prometo. Suceda lo que suceda, voy a estar contigo para ayudarte, mi amor.

-Lo sé, y eso es lo que hace que no me vuelva loco. Eres y serás siempre lo mejor que me ha pasado, Nuray.

-Lo sé, esposo. -Bromeó mientras limpiaba una lágrima del hombre, haciéndolo sonreír, para después abrazarlo con amor.