Capítulo 21
Una larga semana había pasado desde que la familia al completo había salido de Padua para dirigirse a Monteriggioni, y aunque la gran parte del viaje estaba hecho, aún un par de días los separaban del hogar, debido a la velocidad moderada que aquel volumen y discreción les requería. A pesar de haber pensado en dividirse para hacer el largo recorrido, finamente descartaron la idea por ser más seguro en caso de problemas.
Aquella noche la familia se había detenido en una gran posada de la ciudad de Bolonia, la cual estaba bastante concurrida por la celebración de una fiesta patronal, lo que les vino bien para pasar desapercibidos entre la multitud.
Tras haber cenado juntos en el amplio y concurrido comedor del lugar, Ezio y Nuray habían quedado los últimos tras que Yusuf y Claudia se retiraran a descansar con su hija, mientras los vástagos del matrimonio Auditore jugaban en la estancia.
Nuray, quien se había acercado a la barra para obtener más vino, se sentó al lado de Ezio y le puso su vaso delante, lleno de nuevo, diciéndole que por su seriedad parecía necesitarlo. El italiano sonrió levemente al mirarla, pasando a beber.
-Ya estamos muy cerca de casa, tranquilo. En dos días habremos llegado, Ezio.
La turca le sonrió y pasó a besarlo en la mejilla, y observó como se relajaba un poco para volver a la trivial conversación que mantenían anteriormente, pero ambos se vieron interrumpidos por la llegada de Adara, quien no necesitó hablar para mostrar a sus padres que sus noticias no eran buenas, puesto que sus facciones rígidas hablaron solas.
-No encuentro a Giovanni. Jugábamos al escondite y no podíamos salir de esta habitación, como dijisteis, pero no está aquí, llevo un rato ya buscando.
Los dos adultos se levantaron al escuchar aquello, viendo que la niña estaba asustada y decía la verdad, con lo que se pusieron en marcha, dividiéndose para buscar por la posada. Ezio se quedó con la niña en el comedor, para buscar por la planta baja, mientras Nuray se dirigió a las escaleras que conducían a los cuartos.
La turca anduvo por los pasillos hasta llegar al dormitorio donde se alojarían, pero al entrar observó que estaba en completa oscuridad y no había nadie dentro, con lo que decidió ir a la habitación de Claudia y Yusuf, pero antes de llegar a la puerta, escuchó como alguien cerraba por fuera.
A pesar de que ella corrió y golpeó la puerta mientras exigía respuestas, nada ocurrió, escuchando como unas rápidas pisadas se alejaron por el pasillo, pero aquello quedó en segundo plano cuando un tiro retumbó en el edificio, seguido de los gritos de las personas de la primera planta.
Aquel estruendo hizo que la turca quedara inmóvil unos instantes, para después volver a usar la fuerza contra la puerta bloqueada. Pero pronto descubrió que aquello sería inútil, con lo que se alejó y pensó un plan para salir de allí, sabiendo que fuera lo fuese que estaba ocurriendo debía ser cosa de los templarios para ir contra ellos.
Nuray se acercó a la ventana, abriéndola velozmente, vislumbrando que la altura era considerable, y el muro del edificio totalmente liso, lo cual no le permitiría descolgarse de modo alguno, pero debía salir como fuera. Tras una maldición en voz alta, la mujer optó por saltar al árbol más cercana de su ventana, al cual podría llegar a pesar de las posibilidades de fracasar.
Sin pensarlo mucho y tras asegurar varios de sus cuchillos al cinturón, Nuray saltó con el impulso que le permitió el pequeño alfeizar, agarrándose a una de las gruesas ramas que se encontraban un poco más bajas que el nivel de la ventana, guardándose para sí el quejido de dolor en su antigua herida, pero no pudo soportarlo en la bajada hasta el suelo, y tuvo que dejarse caer antes de tiempo.
Al primer vistazo la mujer tuvo que esconderse tras el tronco del árbol cuando un disparo se dirigió contra ella, vislumbrando como el encapuchado que lo había producido corría para alejarse de la escena.
Ante aquello, Nuray corrió tras él hasta perderlo entre la multitud que salía huyendo de la posada por la puerta principal, con lo que maldijo en voz alta y se dio un segundo para buscar a su marido entre el caos, encontrándolo pronto corriendo tras alguien, gritando el nombre de su hija y el monosílabo no, con fuerza y miedo.
Un hombre cargaba a Adara sobre su caballo, justo delante de él, y partía al galope lejos del lugar, tras otro que llevaba al niño pequeño de la pareja. Nuray entonces corrió para imitar a Ezio al entender qué estaba pasando, pero la turca perdió la templanza cuando vio como otros hombres a caballo que abandonaban la escena tras los captores disparaban contra su marido, quien no se inmutó ante aquello y continuó el mismo rumbo, enloquecido por el miedo.
-¡Ezio, no! -Gritó mientras corría para alcanzarlo, pero sin logar nada hasta ver que uno de los disparos lo alcanzaba y derribaba.
Nuray se recuperó del pavor al ver que él se levantaba con rapidez y pretendía volver a seguir a los ya muy alejados individuos, pero al fin consiguió llegar hasta el italiano, empujándolo para resguardarse ambos tras la pared de un edificio.
-¡Ezio no podremos salvarlos si te matan, para, por favor! -Le rogó para que dejara de tratar de zafarse y luchar contra ella.
-¡Se los han llevado a los dos, Nuray! ¡Hay que ir tras ellos! -Le instó con desesperación, tratando de levantarse del suelo, sin dejar que ella examinara la herida de su pecho por la metralla del sucio disparo que lo había alcanzado en parte. La morena hizo acopio de sus fuerzas para mantenerse serena, hablándole mientras sujetaba su rostro.
-Vamos a recuperar a nuestros hijos, Ezio, pero debemos hacerlo con la cabeza fría para que todo salga bien. Mendoza sabe que si les pasa algo no cederemos, van a estar bien, ya lo verás.
-Aparecieron varios tras el disparo en el comedor, aprovecharon el revuelo para llevarse también a Adara; La perdí de vista un segundo y no pude… yo no pude… -Murmuró con los ojos vidriosos, comenzando a llorar presa del temor y la rabia, pero Nuray lo abrazó, hablando para calmarlo.
-Lo sé, mi amor, no es tu culpa. Vamos a buscar a tu hermana y Yusuf, Empezaremos a planear nuestra estrategia.
Ezio asintió mientras conseguía calmarse un poco, obedeciendo a la morena y poniéndose en pie, siguiéndola de vuelta a la posada cuando observaron a Yusuf entre la gente a las puertas del lugar.
-¡Nuray, Ezio! ¿Qué ha pasado? Nos habían encerrado en el cuarto por fuera -Preguntó velozmente, temeroso al ver la cara de sus amigos.
-Han sido los templarios. Se han llevado a Giovanni y Adara.
-¿Qué? -Fue todo lo que el turco pudo decir ante la estupefacción por la frase de Nuray, pero antes de que la conversación continuara, Claudia apareció veloz con su hija en brazos, portando un papel arrugado en sus manos.
-¡Chicos, han dejado esto para nosotros! Una de las camareras lo tenía clavado al pecho. La habían matado en la cocina.
Ezio cogió el papel con velocidad, leyendo en voz alta y quebrada la escueta nota.
-"Estaré esperando en Roma a que me devuelvas lo que me has robado, y me recompenses con los detalles que sé que te guardas sobre el fragmento que falta de las Indias. Ante el menor atisbo de creeros más listos que yo, tus hijos pagarán las consecuencias. Tu fiel amigo, Pedro Mendoza".
Ezio se quedó paralizado unos instantes, para después arrugar el papel con furia y tirarlo al suelo, echando a andar casi de forma automática, pero decidida a causa del enfado.
-¡Ezio, espera! ¡Tienes que calmarte! -Gritó Yusuf mientras iba tras él al contemplar que Nuray se había quedado anclada en su sitio, con la mirada perdida mientras su mente corría si control entre amargos pensamientos que aceleraron su respiración. Apenas escuchó las dulces palabras de consuelo de Claudia mientras que con su mano libre frotaba cariñosamente su espalda.
