Capítulo 26
Ezio se levantó despacio del lecho tras despertar, ignorando sus dolores, escuchando sonidos en la estancia contigua donde se encontraba su hijo.
Se acercó hasta la cómoda frente a la cama, lavándose la cara en el gran cuenco lleno de agua que reposaba allí, para después encaminarse hasta la puerta y salir cruzando el pasillo hasta llegar al de Giovanni.
La puerta estaba entornada, así que el hombre la empujó levemente hasta poder asomarse. Encontró allí a su hija y a su mujer. La niña estaba ayudando a Nuray mientras ésta limpiaba la herida del niño, ahora descubierta del vendaje.
-Así que aquí estáis todos. -Habló el italiano con una sonrisa, haciendo que los presente lo miraran. Adara se levantó del suelo para correr abrazarlo. Ambos se acercaron hacia la cama al separarse.
-¿Cómo te encuentras? -Comentó Nuray tras recibir un rápido beso en los labios de su marido. Él sonrió para después responder sin darle importancia, sentándose a su lado para mirar a Giovanni, sentado de espaldas a su madre.
-Estoy bien, amor ¿Cómo te encuentras, tesoro? ¿Estás bien?
-Sí, padre. Duele mucho. -Murmuró el niño entre quejidos, cuando Nuray comenzó a untar algo en su herida limpia. Ezio lo besó en la frente y habló con cariño, levantándose para dejar trabajar a la morena.
-Lo sé, cariño, pero con las medicinas verás que se alivia. Has sido muy valiente; los dos lo habéis sido.
Los dos niños sonrieron levemente al hombre, quien les devolvió el gesto con ganas. Pudo vislumbrar lo mismo en Nuray, y se sintió mucho mejor al ver que se encontraba más animada que la noche anterior.
-¿Qué te hicieron, padre? -Rompió el silencio el pequeño.
-Me colgaron del brazo derecho y me dejaban caer sin tocar el suelo, pero gracias al desarrollo de mi musculatura, porque me mantengo en forma todavía, aunque vuestra madre me llame viejo, los daños no han sido catastróficos. No podré recuperar toda la movilidad del brazo, así que tendré que aprender a usar a espada con la izquierda. Eso va a ser lo más difícil, pero me esforzaré para no decepcionaros y que sigáis sintiéndoos orgullosos.
-Siempre estaremos orgullosos, padre. De los dos. -Agregó Adara tras la broma del italiano, con solemnidad.
Nuray acarició su rostro y le dio las gracias, pasando después a besar a Giovanni en la mejilla y terminar de vendar su herida ya lista. Ezio los contempló con cariño, sintiéndose feliz y agradecido a pesar de las circunstancias. Cuando Nuray se levantó al finalizar, el hombre se acercó para besar a su hijo, hablando.
-Ahora vuestra madre y yo debemos reunirnos con el resto y hablar de trabajo. Quedaos juntos aquí, ¿vale? Volveremos cuando terminemos.
Los niños no rechistaron, y Adara se sentó en la cama con su hermano para observar marcharse a los adultos tras dedicarles una sonrisa, que poco a poco se fue desdibujando en sus rostros hasta llegar a la estancia principal del escondite.
Los presentes en aquel improvisado salón se callaron al ver entrar al matrimonio. Claudia se puso en pie rápido para ir a abrazar a su hermano, al cual no había visto aún. Yusuf permaneció sentado, con su hija en brazos, pero habló con alegría al verlos.
-Cuánto nos alegramos de que estés bien, Ezio. ¿Cómo va Giovanni?
-Ha tenido suerte, se pondrá bien, aunque está sufriendo bastante. -Agregó Nuray mientras se acercaba al turco, poniendo las manos en sus hombros. Claudia y la mujer se abrazaron brevemente cuando Maquiavelo habló tras el requerimiento de Ezio de ponerles al día.
-Luchamos en el castillo para tratar de recuperar el fragmento y detener a Mendoza. No conseguimos ninguna de las dos, aunque sí sé que logramos herirlo y mermar sus fuerzas bastante. Algunos de nuestros hombres estuvieron vigilando y siguiéndolo para ver a dónde iba a esconderse. Sabemos que ahora mismo está en una villa a las afueras, en el Trastevere. El palacio pertenece a un banquero importante, Agostino Chigi, quien tiene negocios con Della Rovere. Esa es la conexión que une a esos tres. Discutíamos sobre la posibilidad de atacar hoy mismo, sin darles más tregua para que no se rearmen o escapen más lejos.
-Es la mejor idea, arriesgada, pero si no queremos perder lo que hemos conseguido, no hay más opciones.
El silencio se hizo tras aquel comentario de Claudia, en el cual los presentes se miraron entre ellos, esperando la respuesta del maestro. El hombre tenía el ceño fruncido, meditando sobre aquello antes de hablar.
-Sí, estoy de acuerdo. Tratemos de acabar esto entonces, pero extrememos las precauciones. Nos estarán esperando.
-Nos prepararemos y saldremos al atardecer. Llegaremos al abrigo de la oscuridad. -Agregó Maquiavelo con decisión, levantándose de su asiento. -Voy a reunir a los asesinos y organizarlo todo. Creo que lo mejor es encontrarnos en las inmediaciones de la villa al anochecer, y atacar a bocajarro.
-Sí, será lo mejor. Velocidad, esa será la clave. -Añadió Yusuf, asintiendo hacia Maquiavelo. ¿Quiénes iremos? -Agregó al instante, haciendo que Nuray respondiera sin dudar.
-Todos menos Ezio deberíamos ir. Necesitamos el mayor número de gente posible. Si alguno más ha sido herido, debería quedarse.
-Estamos bien, iremos. Lo siento, hermano.
Claudia posó los ojos en el florentino, sabiendo que aquello lo estaría matando por dentro, pero se sorprendió de su entereza al verlo susurrar que estaba bien, asintiendo con solemnidad.
-Nos veremos cerca del río antes de entrar en la villa a medianoche. Adiós.
El grupo observó marcharse a Nicolás en silencio, el cual fue roto cuando Claudia habló tratando de rebajar la tirantez.
-Bueno, deberíamos prepararlo todo para partir esta tarde. Tenemos que buscar caballos nuevos y a alguien que nos guie hasta el lugar. Me ocuparé de eso, ¿de acuerdo?
-Está bien; Gracias, Claudia. -Dijo Nuray con una sonrisa, observándola ponerse en marcha tras besar a Yusuf. Ezio habló cuando se hubo ido.
-Tened mucho cuidado, puede que haya preparado algo ante la previsión de un nuevo ataque.
-Ezio, tranquilo. Seremos cautos, ya nos conoces.
El florentino no fue capaz de devolverle la sonrisa al turco, quien despreocupado se levantó cuando su hija comenzó a gimotear, amenazando con llorar. Nuray se dio cuenta de la seriedad de su marido y se plantó ante él, besándolo en los labios con cariño.
-Nada de lo que pueda pasar será tu culpa, de nadie. Tenemos que hacer esto, mi amor. Cuida de nuestros niños y descansa, ¿vale?
-Lo intentaré, amor.
La morena le devolvió la sonrisa, para después volver a besarlo con más intensidad, observando que al fin había conseguido que se relajara un poco.
El bosque estaba en absoluto silencio, incluso las alimañas se encontraban ocultas ante la negrura de aquella noche de luna menguante. Sólo a un par de kilómetros se observaban unas tenues luces del palacio de la villa Chigi.
Los grupos de asesinos se habían dividido creando dos grandes masas. Una ofensiva, preparada para romper las fuerzas que les impidieran entrar en el lugar, y otra enfocada a introducirse en el palacio y buscar a Pedro Mendoza y el fragmento.
-Es la hora. -Susurró Maquiavelo al ver preparados a parte de sus hombres con un ariete, esperando la señal para correr hacia la puerta de entrada de la villa.
