Capítulo 27

Bastó sólo un minuto para que el silencio de la naturaleza en la nocturnidad fuera quebrado abruptamente tras conseguir que la verja de la entrada cayera al suelo. Todo aquel barullo fue acompañado de los gritos templarios alertando del ataque, así como de las ajetreadas pisadas por la zona para formar ante la inminente lucha que comenzaba.

Los asesinos no perdieron tiempo, y en tropel corrieron hacia el jardín y entrada de la gran vivienda, comenzando la encarnizada lucha a espada contra la poca guardia recién llegada.

Nuray se centró para cumplir su parte, ignorando su alrededor y la cantidad cada vez mayor de templarios que salían a repeler el ataque, corriendo tras dos de sus compañeros romanos hacia el lateral del palacete.

Los tres treparon el robusto árbol cercano a la pared hasta alcanzar el alfeizar de una ventana del segundo piso. Aquel debía ser uno de los muchos dormitorios, tal y como habían deducido por el plano conseguido de la villa, que el propio arquitecto les había vendido ante su mal momento económico. A la señal de que la turca estaba preparada para cubrirlos, el primer hombre saltó para alcanzar la ventana, rompiéndola automáticamente con el mango de su gran puñal.

Enseguida Nuray y el segundo asesino pasaron a hacer lo mismo, adentrándose en aquel cuarto vacío y sumido en la oscuridad de la noche, escuchando el ajetreo tras la puerta. Ante uno de los gritos de un soldado, supieron que el segundo grupo había entrada ya por el otro ala.

Tras unos breves murmullos la puerta fue abierta, y Nuray junto con el primer hombre salieron al pasillo, reaccionando rápido para atacar a un guardia que justo entraba en él velozmente. Sin perder tiempo se pusieron en marcha. Debían encontrar a Mendoza y el fragmento.

Varios de los cuartos registrados en aquel lugar estaban vacíos o cerrados con llave, lo que hicieron que el trío llegara pronto a la bifurcación que contaba con el vestíbulo y el ala este. Junto a las escaleras dobles que llevaban a la planta baja, un grupúsculo de ambos bandos se batía a espada.

La turca se deshizo de un contrincante tras clavarle una de sus dagas en el cuello, para después vislumbrar como a pocos pasos de ella, una de las asesinas era derribada por su atacante. Antes de que el hombre lanzara su estocada contra ella, Nuray lanzó su cuchillo a la cervical de templario haciéndolo perder el equilibrio y caer por la escalera.

-Gracias. -Habló la muchacha mientras se levantaba con ayuda de la mujer.

-¿Hay alguna novedad por el otro lado? -Preguntó veloz, volviendo a la pelea.

-Hemos encontrado el artefacto, y parece que Mendoza debe estar también en esa zona, aunque, que sepa, no lo han encontrado.

La turca asintió y esquivó la batalla para correr hacia el otro lado del pasillo, buscando desesperadamente rastro del otro grupo donde estaba Claudia, pero sólo halló silencio y restos de la pelea pasada; destrucción del mobiliario y rastros de sangre, pero no cuerpos.

Nuray entró en el dormitorio principal, observando allí dos cadáveres de enemigos y un gran estropicio. Parecía que aquel había sido el foco de la lucha en la zona. Se fijó en una píxide de plata tirada en el suelo, vacía, y pensó que si allí había estado Mendoza, ese lugar podría haber cobijado el artefacto.

De pronto, el sonido de la artillería en el exterior la alarmó, haciendo que se asomara a la rota ventana del lugar, ofreciendo la panorámica de entrada a la villa donde la lucha seguía. Varios soldados habían aparecido por un lateral, desde el patio trasero, con un par de cañones de mano. No obstante, aquello no fue lo que llamó su atención.

Entre la penumbra cercana a la entrada observó salir corriendo a Pedro Mendoza, quien ni siquiera había perdido tiempo en ponerse ropa de vestir, escoltado por tres hombres bien armados. Antes de disponerse a gritar para que alguien repara en aquel hecho, pudo ver como Yusuf junto con otra asesina salían corriendo tras ellos.

Sin pensarlo un segundo, Nuray echó a correr fuera del cuarto, dirigiéndose a las escaleras para llegar a la salida, esquivando e ignorando las peleas por el largo camino. A cada sonido de disparo escuchado, su corazón recibía una nueva punzada de miedo, que se mezclaba con la adrenalina.

Al llegar a la puerta al fin buscó incansable con la mirada a su amigo y Mendoza, pero no daba con ellos, ni con nadie conocido entre la batalla, así que se comenzó a deambular corriendo por el jardín, dirigiéndose hacia la zona trasera donde sabían había otra salida tras la amplia zona verde.

A lo lejos observó varias figuras en la negrura peleando, alumbradas por unas pocas antorchas del establo cercano y la luz lunar. Distinguió a la par como Mendoza subía en un caballo al aprovechar el caos entre sus soldados y los asesinos, y como rápidamente antes de partir sacaba una pistola y disparaba a alguien.

Uno de los asesinos, al que pronto reconoció como Yusuf, corrió tras el caballo tras el fallo de aquel disparo que sólo hirió levemente a una de la asesina. Mendoza aprovechó la oportunidad y tras terminar de cargar, detuvo el animal para girarse abruptamente y no fallar, disparando al turco con una sonrisa en su rostro.

Nuray se detuvo de golpe ante la aprensión de ver caer al suelo a su amigo de espaldas, corriendo enseguida hacia el lugar, al igual que la asesina que había sido herida y no se hallaba enfrascada en la lucha.

-¡Yusuf! ¡Yusuf! -Alzó la voz de forma alterada la turca, dejándose caer de rodillas ante él. Encontró un fuerte flujo de sangre en su pecho, en la zona donde la armadura había sido atravesada con saña. -Ludovica, corre, ¡busca un caballo para que lo saquemos de aquí!

La muchacha asintió, obligándose a quitarle la vista al herido, saliendo corriendo veloz.

-Tranquilo, Yusuf. Vamos a sacarte de aquí, te pondrás bien. -Dijo la morena, apretando con fuerza sobre la herida con un pañuelo que llevaba al cuello.

-Me cuesta respirar… Nuray, Claudia; busca a Claudia. -Logró susurrar el hombre, fijando sus ojos en los de ella con desesperación. La morena tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano por mantenerse entera y ser optimista.

-Tranquilo, enseguida estaremos con ella. No hables y trata de respirar profundo.

Nuray tragó saliva con dificultad, luchando por no llorar mientras veía que él obedecía, a pesar de verse que quería hablar. Poco después la batalla cercana terminaba, haciendo que dos asesinos se añadieran a la escena. Los hombres ayudaron a la morena a taponar la herida para proceder a mover a Yusuf.

Pocos minutos después, Nuray alzó la vista al horizonte al escuchar un caballo cabalgar. Cuando la poca luz se lo permitió, vislumbró en él a Ludovica y Claudia. Auditore descabalgó rauda para casi abalanzarse sobre su marido. Muy pronto las lágrimas empezaron a formarse en sus ojos ante la gravedad de sus heridas.

Claudia habló en primer lugar, al observar el esfuerzo que suponía para el moreno, quien sonrió levemente, fijando sus ojos claros en los de ella.

-Lucha, mi amor, por favor. El médico te salvará, ya lo verás.

Yusuf asintió muy levemente, llevando su mano temblorosa hasta la mejilla de ella, quien la sujetó con fuerza contra su cara, no pudiendo retener las lágrimas.

El grupo se aleó del herido cuando dos de los hombres lo levantaron para alzarlo, poniéndolo en un pequeño carro de madera traído desde el establo. Cuando todo estuvo preparado, Claudia y Nuray montaron en el animal para partir todo lo velozmente posible hacia el escondite del Cojo, atenazadas por el imperante y frío silencio que al miedo acompañaba.