Capítulo 28
Ezio escuchó desde la cama jaleo, y tratando de no despertar a Adara, quien dormía a su lado, se levantó lo más rápido que pudo al escuchar poco después a su hermana gritar pidiendo un médico.
-¿Qué pasa?
-Quédate aquí, cariño. -Agregó el hombre al ver que la niña se había despertado, saliendo al instante del cuarto, con el miedo haciendo su corazón palpitar con fuerza.
Tras salir del cuarto caminó hasta salir del angosto pasillo que comunicaba con el resto de habitáculos, llegando hasta la puerta que daba acceso a la estancia principal del escondite. Ni siquiera se dio cuenta de que Adara le pisaba los talones.
En cuanto entró, observó la escena que ocurría a gran velocidad: Yusuf inconsciente era cargado por Nuray, Claudia y un tercer asesino romano, mientras el médico llegaba hasta ellos raudo, comenzando a dar órdenes al hombre para ayudarlo a cargarlo y llevarlo a una de las estancias.
-¿¡Qué ha pasado?! -Preguntó veloz Ezio al ver que los hombres desaparecían de la escena, acercándose hasta las mujeres.
-Mendoza escapaba y lo siguió. Le disparó. -Susurró Nuray, anclada en su posición mientras perdía la vista en la puerta que daba al pasillo.
Antes de que su marido pudiera añadir nada, los sollozos de Claudia rompieron el silencio. La castaña no pudo soportar más presión y se dejó caer al suelo, drenando su miedo con desconsuelo mientras se tapaba la cara con las manos aún ensangrentadas.
-Tranquila, Claudia. Se pondrá bien, ten esperanza. -Murmuró su hermano tras arrodillarse a su lado, abrazándola con fuerza.
Adara contempló lo que estaba pasando con aprensión, pero luchó contra el terror para que no la paralizara ante tanto sufrimiento, y acabó dirigiendo la vista a su madre, aún en la misma posición, seria y mirando a la puerta. Al igual que su tía, ella también estaba muy cubierta de sangre, pero no lloraba.
La niña se acercó despacio a ella, y cuando la turca miró sus ojos automáticamente comenzó a llorar en silencio, sosteniéndole la mirada. Adara no dijo nada, simplemente corrió hacia ella y la abrazó. Automáticamente su madre la correspondió con ganas.
Nuray comenzó a desnudarse despacio, tirando la ropa de trabajo ensangrentada a una esquina del cuarto mientras rememoraba las palabras del médico hacía unos minutos al salir de la operación, la cual había durado varias horas.
-He conseguido que deje de perder sangre, pero su estado es muy grave. No puedo sacarle la bala, o lo mataría. Uno de sus pulmones ha sido muy dañado. He dejado los tónicos para el dolor en el cuarto, y vendré dentro de unas horas a comprobar si su pulmón sigue llenándose de líquido o no. Sólo nos queda rezar porque pueda soportarlo.
La mujer obvió que la puerta se abría con suavidad para dar paso a Ezio, y continuó con su tarea, quedando desnuda finalmente para poder cubrirse con una amplia camisola que usaba para dormir.
El italiano se acercó por su espalda cuando estuvo vestida, posando un beso en su hombro descubierto. Tras un segundo habló en un susurro para no despertar a Livia, con quien se quedarían esa noche.
-He llevado a Adara al cuarto con Giovanni; los dos duermen. Claudia está con Yusuf. Seguro que dentro de unas horas despierta, ya lo verás.
Nuray se dio la vuelta tras unos instantes, aún sin haber abierto la boca, y evitó posar sus ojos vidriosos en los de su marido, simplemente se abrazó a su cuerpo y dejó que él la aferrara contra su torso tras depositar un beso en su cabeza.
El resonar de aquel disparo en sueños hizo que Nuray despertara abruptamente, incorporándose con velocidad, lo que hizo que Ezio se sobresaltara enseguida y la acompañara.
-¿Estás bien, amor?
-Sí, sólo ha sido un sueño… ¿Has podido dormir algo? -Preguntó mientras observaba que tomaba en brazos a su sobrina, la cual comenzaba a gimotear.
-Apenas, al igual que tú.
La mujer suspiró mientras se levantaba, para después lavar su rostro con el agua helada que descansaba en el gran cuenco de la cómoda. Aquello la despejó al instante, pero no pudo apartar su miedo, avivado por la reciente pesadilla.
Tras unos minutos, el matrimonio salió del cuarto con el bebé, encontrando en la sala principal a la pareja que regentaba el tugurio. Sus caras eran serias, pero fingieron una sonrisa al verlos llegar, ofreciéndoles algo para comer, cosa que los asesinos rechazaron amablemente.
-Vuestros hijos aún duermen, me he pasado hace un momento. -Comentó la mujer de cabellos oscuros, haciendo que Ezio se lo agradeciera amablemente.
Antes de que nadie hablara de nuevo, la puerta se abrió para dar paso a Claudia. Su aspecto era delator no sólo de su pésimo estado anímico, sino también de que no había descansado nada, estando al lado de Yusuf desde la llegada al escondite hacía ya horas.
La castaña habló con una sorprendente firmeza, cosa que tampoco sorprendió a nadie al saber que había tenido toda la noche para drenar sus emociones. Cuando tomó a su hija en brazos sus palabras fluyeron.
-Yusuf despertó hace algo más de una hora. Empieza a tener fiebre y cada vez respira peor. Quiere verte, Nuray.
La mentada asintió levemente, sintiendo que su corazón se encogía ante el miedo que aquel encuentro le provocaba por los desalentadores pronósticos que se avecinaban. Sin poder evitarlo recordó a cómo fue todo aquel proceso con su madre, y tuvo que dejar de pensar velozmente para volver a respirar.
Sin decir nada se dirigió al cuarto de su amigo, con la cabeza embotada por sus pensamientos y el leve dolor de cabeza tras no haber descansado. Después de inspirar varias veces y contener su inminente llanto, entró muy despacio en la habitación.
Con la misma lentitud se acercó despacio hasta el hombre, quien respiraba con dificultad y un extraño sonido. La mujer contempló la herida tapada en su pecho descubierto, y el sudor perlando su rostro, algo pálido.
-Nuray, siéntate conmigo.
La turca tragó saliva y se forzó a caminar ante su susurro para sentarse a su lado en la cama, quedando frente a él. Tomó su mano con cuidado y le sonrió levemente, pero se veía incapaz de hablar. Yusuf se dio cuenta de aquello e inició la conversación en su lengua materna, sorprendiendo a la asesina. Casi nunca hablaban en turco desde hacía mucho.
-Lo siento, Nuray. Voy a morir y ese cabrón vuelve a ganar. Necesito poder despedirme de ti apropiadamente, amiga.
-No, Yusuf, no está todo perdido, el médico… -Respondió ella entre sollozos, en su idioma. El hombre la cortó.
-Todos sabemos que no es así, tienes que aceptarlo y prometerme que no vas a perderte en la ira, y necesito también que hagas algo por mí, aparte de seguir cuidando de nuestra familia. -Yusuf continuó cuando ella asintió, apretándole la mano. -Prométeme que llevarás a Livia a conocer nuestra tierra, y le enseñarás nuestra lengua. Necesito que sepa de dónde provienen sus raíces, y así entienda las cosas que le expliquen de quién y cómo fue su padre. Es una lástima que no pueda volver a ver Estambul, me tendré que conformar con recrear su belleza en mi mente una última vez.
Nuray le devolvió la leve sonrisa sin poder aguantar el llanto, y pasó a retirarle un mechón de cabello de la cara mientras respondía.
-Te prometo que conocerá todo, Yusuf. Claro que lo haré. También debo hacerlo con mis hijos.
-Gracias. -El turco guardó unos instantes de silencio, para volver a retomar la conversación, acariciando a la par el rostro de la asesina. -Tú has sido mi familia, la única que tuve hasta encontrar a Claudia. Sabes que has sido para mí como una hermana, incluso a veces he sentido que eras mi hija. Tú padre me salvó la vida y me dio una nueva, plena y feliz a vuestro lado, por eso no me voy con tanta tristeza. Espero encontrarlos a ambos de nuevo, nada me gustaría más.
-Oh, Yusuf. No puedo perderte a ti también.
El sollozo de la morena se quebró ante la magnitud de su dolor, con lo que apartó sus ojos de los claros de él para llorar con ganas, hasta que Yusuf llamó su atención de nuevo.
-Eres fuerte, podrás reponerte como siempre haces. Nunca dejaré de quererte, y tú nunca dejarás de quererme, y eso te dará fuerza con el tiempo, amiga. Ahora voy a pedirte un último favor. Reza conmigo la oración final.
-¿Qué? Pensé que tú no creías en Alá. -Agregó ante su requerimiento, recordando que su padre llamaba así a uno de los capítulos del Corán.
-Bueno, estuve mucho tiempo con tu padre, y al final algo queda. Venga, sé que te lo sabes. Creo que necesito hacerlo por si acaso.
Nuray sonrió ante su broma, pero sabiendo que la verdad se ocultaba tras ella, comenzó a recitar los versículos, siendo seguida por el turco en un tenue murmullo cansado.
