Capítulo 44

Ezio y Claudia entraron en la villa, escuchando de fondo el murmullo que ya era habitual en el lugar desde hacía dos semanas, tras la llegada de los nuevos huéspedes. Mientras se encaminaban al gran comedor principal, el sonido del ajetreo de la cocina comenzó a llegarles, al igual que el olor de la comida que pronto se serviría.

-Adelántate, voy a cambiarme antes de ropa y ver a Livia.

Ezio asintió ante el comentario de su hermana, avanzando hasta cruzar la puerta del amplio salón, donde todos estaban reunidos. Aquella era una comida importante tras las novedades obtenidas tras un breve viaje a Florencia por parte de los hermanos, por lo que los rusos y Rémy estaban allí.

El italiano buscó enseguida a su mujer en el lugar, hallándola sentada a la gran mesa junto con uno de los hombres de Oksana. El segundo al mando, de nombre Yuri, tenía una mirada glacial y melena rubia rapada por los lados. No obstante, había abandonado su habitual seriedad mientras sonreía hablando con la turca, mostrándole unos cuchillos.

Nuray terminó la conversación poco después de percatarse de la llegada del florentino, levantándose para acercarse al extremo opuesto del lugar, donde Ezio se servía vino de una jarra.

Ambos se sonrieron al estar frente a frente, besándose fugazmente, acto seguido.

-Supongo que estos días no has tenido tiempo de aburrirte por aquí. -Comentó el hombre con burla, haciendo que ella sonriera, entendiéndolo al instante.
-Me llevo bien con ellos. No sólo con Yuri.
-Desde luego, compartís rasgos de carácter, amor. Aunque eso no quita que le gustas. He visto cómo te mira.
-Sí, yo también me he dado cuenta, pero no tienes que preocuparte; sigo prefiriendo a los morenos italianos, aunque no negaré que desde luego es atractivo. -Dijo ella mientras dibujaba una sonrisa pícara, que él respondió.
-No me digas eso, amor. No estoy en mi mejor momento para tener que competir contra tal bestia. Aunque si él olvidase a qué mujer está tratando de conquistar, sería capaz hasta de luchar con los pies si fuera necesario.

Nuray rió ante su respuesta, dejándose abrazar por la cintura mientras hablaba mirando sus ojos marrones.

-Tranquilo, esposo. Está siendo muy educado y prudente. Además, pese a todo, nadie quiere tener que vérselas con Ezio Auditore. Sólo yo me atrevo a eso.

El italiano ensanchó su sonrisa para pasar a unir sus labios con los de la morena, dándole más pasión al encuentro hasta que los empleados entraron en la sala, comenzando a organizar la mesa.

Los presentes tomaron asiento ante las breves palabras de su anfitrión, guardando silencio hasta que se hubieron acomodado a la llegada de Claudia, y él habló.

-Amigos, traemos buenas noticias de Florencia. Allí mis hombres han recibido información de Maquiavelo desde Roma. Confirma que Mendoza está oculto en el Vaticano, y que sus tropas venidas de España se han reunido allí, uniéndose a las de su socio, el Papa. Tanto ellos como nosotros sabemos de sobra que esto no tendrá otra salida que una inminente batalla entre los dos bandos. Los dos hemos reunido un ejército, y nadie ha tenido la suficiente fuerza o destreza como para ganar por otros medios. Propongo que encuentro hayamos reunido el mayor número de los nuestros, vayamos a atacar.

-Estamos contigo, Ezio. -Intervino Rèmy, fijando la vista en él un instante antes de seguir. -Y creo hablar en nombre de todos. Sabemos a qué nos atenemos, sabemos que debemos destruir esa amenaza. Todos hicimos un juramento y seremos fieles hasta las últimas consecuencias. ¿Ha conocido Maquiavelo si saben de nuestros movimientos desde el Vaticano?

-No. Pero todos estamos igual en ese aspecto. No vemos la tormenta, pero sabemos que está acercándose. Él se está preparando como nosotros. Sabrá cuando salgamos para ir por él a Roma, no lo pillaremos por sorpresa. Eso ya es imposible para los dos bandos.

-No necesitamos la sorpresa. -Agregó la líder rusa con decisión. -Somos muchos también, y somo mejores luchadores que ellos, eso lo sabe todo el mundo.

Oksana compartió una sonrisa torcida con el francés antes de volver a mirar a Ezio, finalizando su intervención con la promesa de todo el apoyo de su gente. Auditore asintió y volvió a tomar la palabra.

-Bien, os lo agradezco a todos. Espero que esta sea la última gran batalla que tengamos que librar, amigos, y que la fortuna nos sonría con seguir respirando después de ella.

-Brindo por eso. -Dijo Rèmy mientras alzaba su copa, siendo imitado por todos, acto seguido.

El grupo comenzó a comer poco después, continuando con la charla sobre los detalles de la inminente batalla de una forma menos solemne, hasta que se vieron interrumpidos por la entrada de Luca, una de los asesinos más cercanos a la familia Auditore en la villa.

El joven anduvo unos pasos hasta parase frente a Ezio, hablando después en voz alta y seria.

-Yan-Sen ha llegado a Italia, maestro. Su barco atracó anoche en Ancora. Llegarán a la villa en menos de una semana. Al parecer son unos 20.

-Gracias, Luca. -Habló tras un breve silencio Ezio. Muy pronto Oksana alzó la voz tras un suspiro de cansancio.

-Preparaos para el fin de la diversión, chicos. Llega el aguafiestas.


Ezio entró en el dormitorio, cerrando la puerta para dirigirse a la cama, donde Nuray estaba ya metida, aunque despierta, esperándole. El italiano habló mientras sentado en el lecho, se descalzaba.

-Me ha costado mucho que los chicos trataran de dormir. Tenían muchas preguntas.

-Sí, parece no tener fin. Al menos no están ya tan asustados. -Respondió la turca, abrazándose al hombre cuando se tumbó a su lado. -Te he echado de menos. Desde Génova apenas podemos estar juntos con todo este ajetreo.

-Yo también a ti, mi amor. Pero por fin tenemos nuestro momento. -Agregó mientras la aferraba más contra él, pasando después a besarla. Nuray pronto habló de nuevo, cambiando de tema.

-¿Qué te ha dicho Oksana de lo que piensas que deberíamos hacer con los fragmentos? ¿Le has hablado también de la respuesta de Leonardo a tu carta?

-Sí, le he contado todo. Parecía algo reticente, pero confiesa que, a pesar de la curiosidad y la tentación de tal poder, es demasiado peligroso. Dice que ella estará a mi favor también. En cuanto a la carta de Leonardo, bueno. Ya teníamos previsto que él no viera mucha opción de destruirlos sin saber qué poderoso material es lo que lo conforma, así que creemos que lo mejor es deliberar para buscar un buen lugar donde esconderlos.

-Bueno, entonces no son malas noticias. ¿Por qué estás tan preocupado, Ezio?

-Por el tema de Yan-Sen. Hablé en privado con Oksana del tema, ya que es la única que lo conoce realmente. No se fía de él. Dice que es evidente que no sirve realmente a la hermandad. Está metido sólo por conseguir sus objetivos personales, y eso nunca es bueno, sobre todo teniendo casi un ejército como tiene.

Nuray guardó unos instantes de silencio, pensando en aquello. Inspiró discretamente, sintiendo el temor que perturbaba a su marido, pero no lo dejó exteriorizarse cuando se incorporó levemente para mirar a Ezio a los ojos al hablar.

-Gracias a Oksana sabemos a qué atenernos. Estaremos vigilándolo, y si hay que intervenir, lo haremos sin dudar. No vamos a permitir que se abra un frene nuevo, y menos dentro de la orden por el egoísmo de nadie. Vamos a trabajar todos juntos, no te preocupes.

El italiano le devolvió la leve sonrisa mientras ella agarraba su rostro, pasando a besarle fugazmente antes de acomodarse de nuevo a su lado para dormir.