Kapitän
FRANCIA, 1942
Steve quiere retroceder el tiempo, echar todo para atrás y evitar la situación en la que están ahora. Ha perdido el escudo, una ráfaga de disparos cuando sobrevolaban las playas de Normandía llevando a cabo la estrategia para abrir un nuevo frente en la Europa Occidental. Los Comandos Aulladores han sido puestos bajo su mando en esta misión suicida -ahora piensa eso-. Aquellos territorios parecen impenetrables. El escudo se ha perdido en el océano y ellos han sido sobrepasados.
A Steve no le gusta nada de esto. Es decir, es como si ellos hubieran sabido que vendrían. Cómo si la operación D de el General Fetchet se hubiera filtrado.
Él ha sido completamente inmovilizado y apartado como si sus oponentes supieran a qué clase de fuerza se enfrentarían. También, Steve observa, aquellos hombres no son soldados comunes del ejército alemán. Los uniformes completamente negros y la calavera con una serpiente saliendo del conducto óptico, detalles que definitivamente no porta el ejército.
—Kapitän.
A Steve le obligan a estar de rodillas. Parpadea acostumbrándose a la luz amarilla y distingue el interior de un almacén. El símbolo de la calavera con la serpiente en la pared detrás del hombre frente a él.
Botas negras, brillosas y perfectamente pulidas llegando por debajo de la rodilla. Pantalones negros y guerrera a juego. El tipo tiene una hebilla de cinturón claramente de un oficial de alto rango. Distintivas en los puños, los brazos que los mantenía atrás ahora lo ha pasado a los costados. Otra insignia en el cuello de color rojo y un puñal con cadena dorada.
—Kapitän.
Steve alza el rostro. Un acento alemán muy marcado. El hombre blanco y de nariz afilada le sonríe mostrando la dentadura completamente blanca.
—Un gusto. Al fin puedo conocerle.
Aquel hombre le rodea. Postura erguida manos a la espalda nuevamente.
—Bringt es. —Ordena en su idioma y los soldados que permanecían en la periferia salen y regresan en cuestión de segundos cargando una mesa con un artefacto cubierto con una tela blanca. Steve no me presta mucha atención pues se le seca la boca cuando distingue a Cindy entre ellos. Ahora ya no viste el uniforme verde, uno completamente negro y la insignia en su pecho declara la traición. Steve ahora todo lo entiende.
Ella lo observa de reojo quitando la tela dejando ver un recipiente de cristal y dentro de el un cubo transparente desprendiendo su propia luz blanca.
—Der perfekte Soldat.
Steve se remueve en su lugar, inquieto ante aquellos ojos con un brillo rojizo que le miran con pesadez. Una ráfaga de corriente eléctrica en el cuello y la presión en su manos aumenta.
—Con esto no sólo ganaremos la guerra. El imperio será construido.
Steve no da crédito a lo oye y lucha más por liberarse. Aquel hombre extraño se le acerca tocándole con dureza de los cabellos haciéndole ver aquel cubo que ahora sostiene en la mano. Steve se refleja en la luz del objeto y una sensación de deseos, sentimientos ocultos, reprimidos le saltan a la mente como fuego en el pastizal en un verano seco.
—Puedes sentir su poder ¿Kapitän? Infinito e interminable poder del cubo cósmico. Y tu nos ayudaras a cumplir con aquella y diminuta perfección.
—¿Quién eres? —Steve logra decir, se siente agotado. Una lucha interna dentro de él se ha liberado. Siente de repente mucha furia contra Cindy, contra aquel hombre que besó a Bucky, contra quienes le molestaban cuando era un escuálido, contra quienes mataron a golpes al hombre que amaba su amigo Arnold. Contra su padre. La imagen de su progenitor dejando caer puños cerrados contra su madre en el suelo de la cocina, sala, en la habitación le invade más que nunca. Steve cierra los ojos con fuerza. Y tiembla, tiembla como si fuera de nuevo aquel niño enfermizo que lo contemplaba todo desde las sombras sin poder hacer realmente nada. Dios, realmente siente mucho odio hacia su padre y hacia sí mismo.
—Mi nombre es Der Rote Schädel —el hombre dice con simpleza. Steve lo escucha lejos, con la vista borrosa, observa como aquel hombre deja aquel cubo en la caja de cristal. Hace una seña con la mano enguantada y Cindy con los hombres se llevan aquel extraño artefacto. Después, hace otra seña con los dedos y Steve se sumerge en la oscuridad.
—Steve... ¡Hey! ¡Steve!
La voz de Bucky es cada vez más indudable, Steve intenta despertar pese la pesadez sobre su mente y la somnolencia.
Abre los ojos tallándolos varias veces con la mano. Levanta el rostro del suelo húmedo enfocando la mirada, las paredes de una celda húmeda y fría se hacen presentes.
—¿Buck…? —pregunta casi inconscientemente.
—Por aquí.
Steve encuentra los ojos de su compañero de armas detrás de una diminuta abertura en la pared. Steve se levanta con torpeza, tropieza hasta ahí. Las manos las coloca donde Bucky se sostiene de los abarrotes para poder asomarse.
—¿Estas bien? —pregunta en automático.
—Estamos vivos. No te preocupes.
Steve se inclina, es innegable el alivio que siente al advertir a Bucky vivo e íntegro, e inconscientemente empieza a sobarle los nudillos con los pulgares.
—¿Tú cómo estás?
Permanece callada. No está muy seguro. Hay muchas cosas deformes y sucias en su cabeza en este momento. No quiere hablar de eso, no quiere siquiera pensar en eso, entonces se inclina buscando confort y queda de forma en que casi juntas los labios a las manos del más joven.
—Esa mujer —murmura sin levantar el rostro, los dedos de Bucky están llenos de tierra y las uñas, la orillas, sucias y molidas.
—Lo se, Dugan está furioso. Le dijo hasta de lo que se iba a morir. Morita piensa que fue ella la que convenció a Fletcher de que nos enviaran. Ella estuvo infiltrada todo este tiempo.
El rubio asiente débilmente con la cabeza—. ¿En dónde están los demás?
—En la celda de al lado. Gabe está conmigo.
—¿Tienes comunicación con el resto?
—Si.
—Bien.
Steve arruga las cejas, cierra las manos encima de las contrarias tratando de procesar la deslealtad confirmada. Duele, hiere el orgullo haciéndole sentir como un ingenuo.
—Steve, tenemos que salir de aquí —Bucky interrumpe sus pensamientos.
—Algo no está bien.
—Por supuesto que algo no está bien. Estamos capturados, maldita sea.
Steve no puede evitar la risita escapándose por la ironía del menor.
—No estoy seguro de que hacer, Buck. —No le va a decir que se siente como idiota, Steve Rogers, se supone que ya no es aquel perdedor de dieciséis años que timaban por ser tan "ingenuo y débil" como le decía su padre, aunque a veces lo decía con otras palabras. Y ahora, justo en este momento, el nombre de Capitán América le pesa más que nunca sobre los hombros.
—Hey…
—No debí confiarme, debí haber analizado más la situación. Cometí un grave error y ahora…
—Steve.
—Todos ustedes...
—Ya para ahí —Bucky dice firme, casi suena molesto, y cuando Steve se arma de valor para mirarlo, el menor suaviza su temple como cuando uno se arrepiente de haber regañado a un cachorro de la calle por querer algo de comida—. Aún no estamos muertos. En lugar de lamentarse hay que buscar como putas vamos a salir.
Steve permanece en silencio, suelta las manos del menor dispuesto a separarse. Necesita pensar, pero Bucky logra meter una entre los barrotes tomándolo fuertemente del brazo impidiéndole retirarse. Steve le lanza una mirada.
—Creo en el Capitán América—Bucky baja la voz y le suelta— pero lo más importante, creo en ti Steve.
Steve, ahora mismo, siente un vuelco en el estómago.
Un corazón fuerte te llevará más lejos que cualquier condición física. Un corazón fuerte significa que nunca te das por vencido. Las palabras de su madre retumban en su pecho y cabeza, no hacen más que incentivar el ardor que Bucky ha impuesto.
Bucky confía en él. No en el Capitán América. Confía en el hombre detrás del escudo así como lo hacía Sarah, así como lo hacía Arnold.
—Estate alerta —Le dice a Bucky cuando escucha soldados acercándose a su celda y luego clavan las llaves para abrirla. Han tenido tiempo, dos horas aproximadamente para formular una ruta de escape. Con el menor tenido contacto con el resto de los comandos, Steve tiene el objetivo de sacarlos a todos de aquí.
No pone resistencia cuando es llevado nuevamente a lo que parece ser el despacho de aquel hombre. Está de pie mirando por la venta y Steve detecta que están cerca de la playa.
—Esta guerra está a punto de terminar. Pronto habrá un resurgimiento.
—Claramente no has estado allá afuera.
El hombre alemán sonríe—. Claro que he estado del otro lado, Kapitän. Los hombres pierden la razón con facilidad, solo los más fuertes son capaces de tomar el control. Mentes fuertes con objetivos claros...
Steve escucha a la vez que inspeccionaba el lugar. Hay dos soldados detrás de la puerta. Las celdas, dos pisos abajo, no tiene mayor vigilancia, deben de estar seguros de los muros que los rodea. Y Steve solo contabiliza dos puñados de soldados esparcidos.
—Y usted nos ayudará.
—No, yo creo que no.
El alemán sonríe —Todos tenemos demonios, Steven. La cuestión es quién domine a quien. El cubo potencializa lo que uno tiene en el interior. No todos son capaces de manejar sus faltas y culpas. Es por eso que el mundo esta como esta. Esto debe ser limpiado.
—Somos humanos y tratar de hacer lo correcto es lo que nos diferencia. Pero eso no nos hace superiores.
Una carcajada estrepitosa resuena—. Esto va a hacer más difícil de lo que pensé. Tu mente es pequeña. Un desperdicio a gran potencial. —El soldado hace señas con las manos y dos soldados entran.
Steve, analizando sus posibilidades, toma del brazo de quien lo lleva, lo alza estampando contra el escritorio. El segundo hombre reacciona. Steve lanza un patada desarmándolo, seguido, va contra el hombre tras el escritorio que ha hecho sonar una alarma.
—Quizás algún día lo entiendas.
Steve le estrella un puñetazo en el rostro. Y es su sorpresa que parte de la piel de aquel sujeto se queda pegada al guante dejando ver en su carne roja debajo. El hueso maxilar asomándose de color rojizo.
¡Que mierda!
De un momento a otro hay mucho ruido afuera. Otra chicharra ha sonado y las detonaciones se escuchan no muy lejos.
Bucky.
Steve mira hacia la ventana.
—¡Hände hoch! —Soldados han entrado al despacho apuntando con sus armas. Y Steve sin el escudo, opta por tomar aquel hombre de metro ochenta y lanzarlo contra los soldados aprovechando esto para saltar por la ventana. Corre contra los automóviles ahí estacionados esquivando las balas desde arriba. Entonces los ve.
—¡Capitán! —Morita grita cubriéndose del fuego enemigo contra el muro. Dugan a su lado. Del lado opuesto Bucky y Gabe respondiendo al fuego enemigo.
—Tenemos transporte del otro lado esperándonos.
—Hay que movernos —Dugan corre hacia él antes de lanzarle un arma.
—Voy tras de ustedes, sáquenlo de aquí —le dice a Morita y a Bucky para que lleven a un Gabe herido tras ser alcanzado por un proyectil. Steve le cubre esperando que todos pasen. Cuentas la balas guardando dos por si acaso y les alcanza rodeando la cordillera donde hay un yate abandonado.
—¡Rápido, rápido!. —Dugan dice encendiendo el motor. Steve llega con ellos al momento que lo ponen en marcha.
—Los perdimos, probablemente piensen que seguimos en tierra. —Steve intuye mirando hacia la playa sin señales de los soldados—. ¿Están todos bien?
—Excepto por la bala en mi trasero, excelente, señor. —Gabe dice.
Fue Cindy quien les ayudó a escapar y dejó el yate en el lugar estratégico. Ella murió en el escape.
Steve no sabe cómo sentirse el respeto.
—Realmente estaba arrepentida, creo que… al final, tuviste algún efecto en ella —Bucky le dice una vez que van de regreso de la carpa de Phillips. Ha sido un día largo. Steve tendrá que hacer un reporte y luego entregarlo. Hará uno detallando cada parte incluso la del cubo.
Bucky duerme mientras él sigue escribiendo con la tenue luz de la candela. Con la vista cansada y la cabeza hecha un caos, deja la pluma y el papel. Se recuesta a lado de su compañero. Las imágenes que vio tras el cubo siguen retumbando en su cabeza. Steve se da vuelta inquieto en su catre, desliza la mano mecánicamente a la cama junto a la suya y se siente aliviado cuando sus dedos descansan sobre el pecho de Bucky. Lo abraza con sutileza por temor a despertarlo. Se hace prácticamente bolita a un costado del menor dejando que su respiración tranquila le ayude a conciliar el sueño.
