INVADERS
Son las primeras horas del día cuando Bucky aparece con dos taza de café. Steve deja de teclear la máquina de escribir sacando quinta hoja.
—Vaya que te estas esmerando.
—Es preciso los detalles —se desploma en el respaldo dándole un sorbo a la bebida caliente.
Bucky toma una de las hojas, la lee en silencio—. No estoy seguro que al Coronel Fetcher le agrade esto. ¿De verdad un cubo?
Steve asiente dando otro trago.
—¿Es algún tipo de arma? —Bucky deja el papel y su taza vacía sobre la pequeña mesa de madera.
El rubio niega con la cabeza—. Sentí mucha energía —dice después de un leve silencio, luego busca unas mejores palabras para describirlo—, como si te atrajera.
Bucky le ve, la confusión en el rostro, cejas arrugas con preocupación—. Steve, no se si sean las mejores palabras para que utilices con Fletcher.
El mayor se soba el entrecejo y luego se pierde mirando la taza de café. Lo sabe pero tampoco va a mentir. Y mientras guarda las hojas en el sobre, Bucky camina asomándose por la puerta.
—Hay mucho movimiento.
—Vi a mi padre —Steve suelta de repente en otro intento de poder explicarse. Consigue la atención del menor quien deja a un lado el ajetreo de afuera.
—No tuve una buena relación con él ¿sabes? —Steve alza la voz, sus ojos encuentran los de Bucky ya un costado suyo. Una mano sobre su hombro. Steve sonríe pesadamente de lado tratando de desviar la pesadez que le traen esos recuerdos—. Lo vi tan real, como si el cubo lo supiera.
Bucky se queda en silencio. Asiente con lentitud tirando la comisura de los labios hacia un lado.
—¿Quieres hablar?
—No —pero sigue tenso, le duelen los hombros, y toma la pluma con fuerza empezando una hoja en blanco a trazar garabatos sin sentido.
Se detiene cuando las manos de Bucky empiezan a masajearle los hombros.
—Casi no dormiste anoche —le dice.
Steve omite un quejido, realmente no sabe si Bucky le está ayudando pero tampoco va a alejarlo pues eso le parece peor, y solo se concentra en esos toques causándole escalofríos y confort a la vez. Las manos de Bucky pasan por su espalda y espina dorsal. Steve cierra los ojos. Y un hormigueo le recorre la base de la nuca cuando los dedos del más joven le comprimen los nódulos de los músculos del cuello.
—¡Capitán! —gritan desde afuera. Y como si se tratase de fuego, Bucky se aparta de un brinco y Steve siente los vellos erizar.
—¡Capitán! —Morita entra sin avisar.
—¿Qué pasa? —Steve responde calmando, ignorando su pulso como si hubiese corrido.
—Un tipo extraño ha aparecido desde el mar y trae el escudo.
Steve se pone de pie intercambiando una mirada con Bucky.
—¿Dónde está? —dice inmediatamente.
—Aun en la playa. Los hombres lo han rodeado.
Cuando llegan a la playa Steve no da crédito a lo que ve, como si faltara algo más que añadir a estos últimos días. Orejas puntiagudas, piel pálida, cabello largo y negro como el ébano al igual que sus cejas y pestañas tupidas. Viste un tipo de pantalones oscuros que parecen más una armadura. Va descalzo y sobre el lado derecho trae un a hombrera del mismo material que ahora Steve ve de cerca y parecen conchas de mar. Todo de negro. Se ve joven con la piel lisa como si se tratara de porcelana.
—Esto es tuyo —una voz calmada pero profunda. Nada intimidado por los soldados, aquel extraño le lanza el escudo que perdió en el mar hace días.
Steve lo toma sin problemas—. ¿Quién eres?
—Namor.
—Eso no me dice mucho.
—Solo Namor.
Steve se aproxima con precaución al no ver intenciones de atacar. El sujeto ni siquiera trae un arma.
—¿Qué buscas?
—A ti, claramente. Vengo en son de paz. Observe todo desde el mar. Te tengo una propuesta.
Steve arruga las cejas.
—Sobre el cubo.
Ante esto dicho se pone en alerta y lo examina con la mirada. Aquel extraño de temple seria hace una mueca triunfante con los labios sabiendo que tiene su atención.
—Acompáñame.
—No, aquí estoy bien. No le agrado a tu general.
Steve voltea. Phillips está a una distancia prudente con más hombres apuntando.
—No te harán daño.
Namor contiene la burla. —Claro que no. ¿Steven? Steven Grant Rogers. Los alemanes realmente tienen tu expediente. Su espía fue muy buena —le lanza un sobre mojado que traía junto al escudo.
Steve contempla aquellos documentos húmedos y ya borrosos por el agua, y con enojo se da cuenta que se trata de prácticamente de todo su historial médico.
—Ya es suficiente con un espécimen.
—¿Qué te crees? —Bucky salta, sin embargo Steve le extiende la mano para que no avance.
—No han sido días fáciles, dime ¿qué es lo que quieres? —A Steve le importa muy poco la ofensa y sigue con tono cordial pese que está empezando a impacientarse.
—Ayúdame a destruir el cubo y a detener al Cráneo Rojo.
—¿Al Cráneo Rojo?
—El hombre que enfrentaste. Es sabio reconocer su límites, Steven, yo no podré solo. Tú sabes bien de lo que hablo.
—¿A qué ejército perteneces?
—A ninguno. Vendré mañana. Piénsalo. —Es lo último que dice y para sorpresa de todos se sumerge en las aguas saladas sin salir de nuevo a la superficie.
—Iré con él —Bucky exclama a su superior.
Phillips no da respuesta limitándose a cerrar los ojos con fuerza en signo de desaprobación.
—Ustedes me asignaron bajo su mando, no puede revocar esa orden ahora.
—Soldado —Steve advierte.
Bucky le mira, está enfadado, muy enfadado pero al final traga su berrinche y sale de ahí sin decir más.
—Esta es la misión, Rogers —Phillips exclama una vez que el joven se marcha.
—Escucho.
—Nos ha llegado un reporte. Quiero que lo investigue —le desliza unos documentos sobre el escritorio—, la A.I.M. es una organización del triple eje, no estamos muy seguros pero mencionan que están involucrados mentes japonesas y alemanas en el desarrollo de armas y manufactura con tecnología de punta. Y como puede ver en los reportes, hacen mención importante a un objeto como el que usted menciona.
—Ya veo —Steve guarda los documentos después de ojearlos en lo que el superior hablaba.
—Sea prudente, no haga que me arrepienta.
Steve asiente.
—Ah, y será decisión suya si se lleva a Barnes o no.
Jim Hammond y Thomas Raymond o "Toro" como le dice el primero.
—No mencionaste a los demás —Steve se queja cuando ya van sobre los cielos en C-47 que tampoco tiene idea de dónde lo han sacado.
Jim es un hombre rubio de unos treinta años, un poco más alto y sonrisa ladina casi todo el tiempo. Viste un uniforme peculiar de color rojo opaco, parecidos a los que usan para bucear.
—Es para que no se queme. —Dice guiñando el ojo—, Toro también está aprendiendo a controlar el fuego —presenta a su compañero mucho más joven, no como Bucky pero tampoco es un adulto. Toro es de pelo negro y ojos cafés, media estatura, y al igual que su mentor viste rapa similar que se puede observar debajo de la gabardina café que trae encima.
—Espero hayan traído ropa de invierno, Namor es horrible dando detalles —Toro les dice.
Steve y Bucky se miran entre sí. El menor sonríe negando, por supuesto que no traen ropa para invierno.
—Nos la arreglaremos —aun así Bucky dice tan confiado como si tratara de una visita al parte y no a la guerra.
RUSIA, 1943
—Su nombre es Johann Schmidt. Tiene bajo su mando tropas y acciones militares. Ha supervisado personalmente tomas y saqueos de muchas ciudades, y por lo que sabemos ahora tiene el cubo cósmico.
—Todavía no me queda claro qué es —Steve habla muy superficial, casi un hilo de voz solo para poder ser escuchado por las otras dos personas alrededor de la mesa.
Han podido entrar a Rusia después de semanas buscando, rastreando algún indicio del Cráneo Rojo.
—Lo más concreto que tenemos es que la A.I.M. desarrolló la matriz de contención de ese poder dando como resultado el Cubo Cósmico. ¿Qué poder? esa es la gran pregunta —Namor voltea el mapa sobre la mesa—. Y ahora sabemos que el Cráneo se ha adentrado a Alemania. Han resguardado el Cubo después de que destruyéramos su base en Francia.
— Le prendimos fuego —Jim dice orgulloso.
—Fue donde encontré tu expediente. Ese hombre ve en ti un arma. Pero fracasó evidentemente. Lo que nos deja a Wolfgang von Strucker y Heinrich Zemo, sus dos manos derechas responsables de-
—De la A.I.M. —Steve concluye.
—Tú superiores han dado con la organización de Strucker. Se sospecha de algunas instalaciones en Siberia. Habrá que encontrarlas, tal vez así podamos saber más a que nos enfrentamos y después hay llegar a Alemania.
—Esta guerra parece interminable —Jim se queja. Y Steve piensa que no es para menos.
Sale de la tienda de Namor después de finalizar su reunión, es fácil organizarse con ellos, Namor es orgulloso y algo egocéntrico, pero muy centrado en sus objetivos. Jim es más jocoso y relajado aunque luego Steve lo pilla muy abstraído. Los invasores, así les han llamado en pequeños poblados, primero era algo poco común, después se volvían cada vez más reconocibles durante su travesía. Los invasores, dicen, los invasores que han venido a ayudar a liberar.
Steve camina rumbo a su tienda dejando las marcas de sus botas sobre la nieve, frota las manos tratando de calentarse y luego las mete a los bolsillos.
Es su sorpresa cuando ve a Bucky platicando gustosamente con Toro. Los dos frente al fuego, el de cabellos negros le muestra a su joven compañero de armas una llama sobre su palma y luego la hace transformarse en un caballo sin jinete. Es correcto decir que Jim y Toro son un tipo de antorchas humanas. Dominan el fuego, un elemento que está con ellos. Y pese al frío, parece ser que solo él y Bucky son los únicos afectados ante las bajas temperaturas.
Bucky se levanta cuando lo ve despidiéndose de Toro con la mano.
—Toma otras mantas, aquí ellos parecen ser inmunes al frío, incluso Namor. —Le dice una vez que los dos se encuentran en su tienda.
—Vengo bien, estar con Toro es como estar alrededor de una fogata siempre.
Steve hace inconscientemente una mueca.
—Parece que se han hecho amigos.
Bucky se encoge los hombros—, es divertido.
Steve hace un intento de sonrisa y le lanza una chaqueta—, a dormir soldado.
En la mañana mientras los tres mayores desayunan, Bucky y Toro forman bolas de nieve y las lanzan al árbol donde han señalado el centro a darle. Bucky por supuesto no falla ni una vez.
Namor se soba el glabela—. Ya tenía suficiente con uno.
Jim ríe. —Déjalos distraerse, no los puedes tener todo el tiempo bajo las trincheras. No se te quita lo amargado ¿Qué vas hacer cuando subas al trono?
Steve parpadea confundido.
—¿Qué no te dijo?
—Cierra la boca, Jim.
—Nuestro querido Namor es su alteza serenísima. Príncipe del reino de las profundidades ¡auch!
—Dije que cerraras la boca —Namor, realmente molesto, se coloca de pie marchándose de ahí desapareciendo tras la llanuras cubiertas por la nieve.
—Es un mutante —Jim susurra como si de verdad temiera ser escuchado por el otro—. Su papá es humano, su mamá es la hija del emperador del mítico reino submarino.
—¿Mutante?
Jim sonríe—, tú tienes tus… talentos por el suero, Toro tuvo un accidente nuclear y yo también fui creado, pero se dice que hay seres que ya nacen con dotes. Los mutantes. Incluso corren los rumores de que los Nazi tienen a uno muy joven que manipula el metal.
—¿Por eso pelea? —Steve pregunta después de pensarlo un poco.
—Namor pelea por muchas.
—¿Y tú? —indaga— ¿por qué te unes a la causa?
—Como le digo, yo fui creado, Cap. Experimentos nada agradables, y exhibido como si fuera un objeto. Mentes brillantes, si, pero corrompidas —Jim pausa y le mira seriamente, algo muy inusual— ...no lo sé Cap, pero me alegra que esté de nuestro lado.
—¿Qué edad tienes, Barnes? —Jim pregunta una tarde mientras van levantando el campamento.
—17 señor.
Incluso Steve se sorprende, es cierto, ya ha pasado tiempo desde que se conocen. Y por primera vez se da cuenta que no sabe cuándo es su cumpleaños.
—Su cumpleaños es el 10 de Marzo. —Toro dice casual.
—Entonces oficialmente eres el más joven, Toro tiene 19.
Steve permanece callado el resto de la tarde.
La noche cae, Buck no parece notar mucho el estado de ánimo del mayor, se la pasa hablando con los demás y fuma un cigarro con el compañero de la antorcha humana antes de meterse a la tienda.
—Nunca me dijiste cuando es tu cumpleaños. —Steve suelta mientras termina de limpiar el escudo con un pañuelo y dejarlo en la esquina junto al casco.
—Nunca lo preguntaste.
Steve lanza una mirada.
—Está bien, solo pensé que no tenía importancia. Estamos en guerra y bueno, no han sido los mejores momentos, además, tampoco te pregunté el tuyo.
—El 4 de julio.
Bucky ríe con ganas—. Ahora entiendo el porque cuando hablas casi puedo escuchar el himno nacional.
Steve rueda los ojos, sin embargo, no puede evitar escapar una leve sonrisa.
—Sí importa, Buck —dice después de un breve silencio.
—¿Qué?
—Tu cumpleaños.
Y ahora Bucky le sonríe.
—Te agrada Toro —Steve agrega posteriormente, no sabe cómo plantear preguntas, y ante esa intriga que siente, su lengua se suelta más rápido de lo que piensa.
—Claro, hacemos buen equipo.
—No, no me refiero a eso. —Steve se relame los labios, no quiere decirlo pero es como si hablara con los ojos porque Bucky pone cara de pánico.
—¿Qué… qué es lo piensas? —tartamudea.
Steve le mira y Bucky ahora inmediatamente entiende. No hay ofensa, más bien molestia en los azules de menor quien rueda los ojos y saca aire exasperado.
—Bucky...
—No le voy a saltar a todos los vatos que les hable —sisea—, si fuera así, hubiera follado con la mitad del campamento.
—Bucky, no quise... solo fue un comentario.
—Tus jodidos comentarios, Rogers. —Bucky le pasa de lado pagándole con el hombro y luego toma su cuchilla empezándose a sacar la tierra de las uñas. Ahí parado sin ningún sentido.
—Buck… —intenta, busca las palabras para que el castaño desarrugue las cejas y deje de hacer ese tic nervioso—, es solo que me importas, y bueno yo...
—¿De verdad? —el menor pregunta con ironía a flote, sin dejar de hacer lo que está haciendo y sin levantar la mirada, e incluso truena la boca con burla.
Steve se acerca pase la rabieta del menor y le quita la cuchilla un tanto brusco—. Nunca te he mentido, no hay razón para que no me creas ahora. —Quiere apartarle los cabellos del rostro y hacerle que lo mire, pero su mano tiembla sin sentido.
Entonces solo lo observa, Bucky se muerde el labio inferior, luego pasea los ojos por el suelo, respira pesadamente un par de veces, y luego levanta el rostro, sus ojos como dos navajas tersas.
—Estás equivocado, Steve.
El aludido levanta una ceja —¿A qué te refieres?
Bucky de repente se ve turbado, inquieto y luego forza una sonrisa que a Steve le duele.
—¿Te acuerdas…? Yo me dejé follar a cambio de 10 dólares y cigarrillos.
Steve se desconcierta, lo agarra con las defensas bajas, parpadea no sabiendo muy bien hacia donde la conversación. Bucky no quita aquella mirada filosa.
—La cosa es que es a ti a quien quiero besar y no necesariamente tienes que pagarme.
El mundo se Steve da un giro por completo, la garganta se le seca y su pecho se apachurra. Siente frio, mucho frio como si la sangre se le congelara.
—Lo siento… —apenas susurra, dicta clavando una estacada en el pecho del menor.
—No lo hagas… —Bucky de verdad trata de sonreír y es su gesto lo que termina por destrozar al mayor— …ya presentía esto. —Se encoge los hombros dándose media vuelta—. Olvida toda esta mierda.
Bucky sale tomado la cajetilla de cigarrillos. Steve en su trance, lo ve partir con un vacío en la boca del estómago y por primera vez en toda su vida se siente como un completo cobarde.
