Q es por, ¿quieres…?
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—Oye Soul, ¿quieres tener un hijo?
Si no fuera lo suficientemente hábil, el pequeño niño que había lanzado al aire a modo de juego, habría caído y entonces sería asesinado por Shinigami-sama.
—¿¡Q-Qué dices tan de repente!? —Soul exclamó, asegurándose de que el pequeño bebé en sus brazos estuviera bien. A cambio, recibió una risa infantil y un jalón de cabello.
Maka lo miró fascinada, sintiendo un tirón de ternura en el fondo de su corazón. Soul bajó al pequeño al pasto, dejando que jugara con las cosas que Liz les dio antes de llevárselo.
—Parecen gustarte mucho —respondió ella, sin dejar de prestar atención al hombre, que no perdía pista del pequeño—. Cuidas mucho a los niños y ellos parecen adorarte, por eso pensaba si querías tener uno propio.
Soul quitó la mirada del niño, para mirarla a ella con una expresión complicada.
—Yo… —Se llevó una mano al cuello, de pronto avergonzado—. No lo sé. Pienso que actúo como cualquiera si le dejaran encargado a sus hijos.
Ella negó. Dejó su lugar en el árbol dónde estaba sentada para ponerse junto a él y mirarlo más de cerca. Era increíble como un hombre como él, con pinta misteriosa y sombría que, vinculado a una fuerza aterradora llena de violencia, podía ser tan cariñoso y amable cuando se trataba de niños.
—Aunque al principio te quejabas, realmente disfrutas tener a los niños a tu alrededor. Eres como un padre para Chrona, los hijos de Black Star te aman, te llaman tío y no dejan de preguntar por ti cuando estás fuera. Cuidaste un tiempo a la hija de Kim y Ox durante la revolución de las brujas, y ahora estás aquí, a cargo del hijo de Kid —enumeró, mirando al bebé voltear hacia ella, con sus brillosos ojos azules idénticos a los de Liz.
—Hablas cómo si no hubieras estado en todo eso —comentó él, tomando al niño para dárselo a ella.
Maka lo abrazó, cuidando que no le jalara sus lentes. El niño bostezó y se recargó en su hombro, cansado de los juegos y paseos. El sol comenzaba a bajar.
—Tus alumnos te adoran también, siempre parecen buscar tu consejo y asesorías. Aunque bueno, aun con tu pinta vaga tienes buen aspecto, no los culpo por querer saltarte encima.
—Para ya —Soul la miró fijamente cuando lo mencionó—. Espera, ¿acaso eso te pone celosa?
Pillada, Maka soltó una risa, de la que se arrepintió cuando el niño protestó a punto de llorar. Se apresuró a mecerlo.
—Por supuesto que no.
—Es una lástima, porque yo si me siento celoso cuando los adolescentes precoces están todo el día en la sala de maestros, esperando por ti para darles asesorías, ¿quién diría que una nerd pecho plano podría cambiar tanto? Eres hermosa.
Él le lanzó esa mirada honesta que le tanto le costó mostrar al paso de los años. Poder verlo sincero, mostrando todas las facetas que se empeñó en guardar, era una de las cosas más maravillosas que le recordaban el por qué lo amaba.
Se inclinó para besarlo, cuidando que el pequeño no lo notara entre sus sueños.
—Bien. Si, me pongo celosa a veces —aceptó, tras separarse—. Pero no te creas sólo por eso. Ellos son adolescentes y nosotros adultos. Si me dejas por una niña engreída, primero te arrancaré uno a uno tus dientes.
Soul se echó a reír y después volvió a besarla.
—Antes muerto.
Su pecho dolía de tantos sentimientos.
No podía creer lo sinceros que eran ahora el uno con el otro. Una relación que les costó forjar a través de evasivas, conflictos y en medio de batallas.
El primero en notar sus sentimientos, fue como siempre, Soul.
O al menos, fue el primero en decirlos.
Ella no era tonta tampoco. Después de la derrota de Ashura, la ascensión de Kid y el regreso a Shibusen, algo en su relación cambió.
Eran mucho más unidos que antes, si era posible. Pese a sus miedos de que Soul ya no lo necesitara, él se encargó de demostrarle lo contrario. Él estuvo a su lado mientras pasaba el duelo de dejar a Chrona lejos de ellos, y la apoyó en cada empresa en la que se sumergió para encontrar una solución y traerla de vuelta.
Cuando tomó la decisión de viajar a la tierra de las brujas para investigar la magia espacial, él lo aceptó a pesar de haber intentado convencerla de ir con ella. Maka no sabía cuánto tiempo le tomaría volver y él, como última Death Scythe, no podía dejar al resto del mundo. Fue entonces cuando Soul le confesó que estaba enamorado de ella.
Al principio no podía creerlo, ¿cómo podía ser cierto si siempre estaban peleando? ¿Cómo creer si era el primero en decir lo poco atractiva que era? ¿O las comparaciones que la hacía entre ella y el resto? ¿Pensar que Soul la amaba? ¡Era una locura!
Pero luego pensó en las veces en que la protegió, cuando fue capaz de recibir una herida mortal para salvarla y nunca se lo reprochó. La vez en que casi muere cuando fue noqueada durante el escape de Ashura y él la abrazó para mitigar su caída. El cómo la cuidó al ser presa de la magia de Arachne, y soportó la locura de la sangre negra para evitar contaminarla.
Soul aceptó cada herida y pérdida de cordura, y siempre se aferró a ella. Le mostró el camino fuera de Ashura y se quedó a su lado cuando tenía todo para irse porque ya era una Death Scythe.
—Tal vez ya no te necesito como mi técnico, pero te necesito como mi pareja. No quiero un mundo sin ti, no quiero que elijas a alguien más y no elegiré a nadie más que a ti.
—¿¡Por qué me dices esto ahora!? —Le había gritado, conmocionada por la revelación de sus sentimientos. Sentía que Soul la intentaba retener con esa excusa, le era tan injusto que lo dijera justo cuando iba a atravesar el portal con Eruka y Free.
Nadie más de los presentes podía hablar, demasiado sorprendidos por el arrebato de los eventos. Maka ni siquiera sabía qué era lo que sentía exactamente por Soul.
Tenía tanto miedo de tener una relación formal, tanto miedo de dar todo y terminar en un pozo de traición y amargura si era engañada. Tenía miedo de amar y no ser amada con la misma intensidad.
—No soy un idiota, Maka —Él le respondió, sin apartar la mirada. Cómo si nadie más que ellos estuvieran ahí—. Sé que vas a encontrar la forma de traer a Chrona de vuelta, después de todo, las brujas son demasiado poderosas y nunca se tuvo la oportunidad de comprender su poder hasta ahora. También sé que tal vez ni siquiera necesites de mí, o de los amigos que dejas para conseguirlo, y que te lanzarás a todo por ello. No dudo en que tendrás éxito. Puede que incluso no quieras regresar.
—Eso no…. —Quiso negarlo, pero Soul tenía razón. Estaba dispuesta a sacrificar todo para cumplir su promesa.
—Por eso, al menos así, me aseguro de que tengas una razón para volver. Aunque sea sólo para rechazarme.
Algo dentro suyo le dijo que no lo rechazaría, porque a pesar de su inseguridad, quería a Soul. Si lo amaba como él decía que lo hacía por ella, no estaba segura.
—Volveré con Chrona —Le aseguró. Tomando fuerza de su interior para meter en su corazón esa nueva promesa—. Y si aún me sigues queriendo, te responderé adecuadamente.
El sonrió con ese aire de superioridad amenazante que hacía sus ojos carmesíes brillar.
—Esperaré por ustedes el tiempo que sea necesario y aún te seguiré amando.
Ambos compartieron un último abrazo, más lento que cualquier otro que hubieran tenido antes, dónde trataron de impregnar la esencia de cada uno en la piel para la ausencia que los esperaba.
—Tienes que volver, pecho plano.
—¡Agh! ¡Sólo tú puedes arruinar un momento así!
Con un sutil Maka-chop, Maka se fue de Death City.
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Tras siete largos años, a la vista y pasmo del mundo, la luna se partió en dos. Una mitad desapareció en un extraño humo de ceniza. El portal del reino de brujas volvió a abrirse y a través de el, salió Maka llevando de la mano a una pequeña Chrona de cuatro años que no recordaba nada.
Para ese entonces se topó con nuevas sorpresas. Black y Tsubaki ya tenían su primer hijo, Ox y Kim esperaban el suyo. Kid estaba con Liz y el resto de las armas, ya eran lo más cercano a Death Scythes.
Soul era maestro en Shibusen, y fiel a su palabra, la esperó.
Maka le dio su respuesta.
No se casaron porque no lo necesitaban. Empezaron una nueva vida como pareja, ocupándose de Chrona, siendo maestros en Shibusen y enseñando a las nuevas generaciones la historia de cómo el mundo llegó a lo que era.
Pasaron muchas más cosas juntos. Como una familia. No se sentía que les faltara nada.
Sólo que a veces, Maka notaba el anhelo de Soul cuando veía a sus amigos con sus hijos, y el cómo cuidaba a Chrona a pesar de que era casi ya una adolescente que empezaba a recordar su vida pasada.
Y también estaba ella, que no era indiferente a esa necesidad de sentir algo propio que demostrara cuánto era el amor que se tenían.
—Ya es tarde —Soul se ocupó de guardar las cosas del pequeño shinigami que estaba profundamente dormido en sus brazos—. Ya irán por él.
Maka esperó pacientemente a que terminara. Puso una manta para cubrir al niño del frío de la noche que comenzaba a caer.
—Entonces Soul, no me respondiste, ¿quieres tener un hijo? —preguntó de nuevo, comenzando a caminar rumbo a casa. Soul caminó a su lado.
—Lo quiero —aceptó, haciendo que el corazón de Maka vibrara—. Aunque no se trata de mí solamente, no quiero que te sientas presionada, ¿crees que estamos listos?
De reojo, Maka miró al hijo de Kid durmiendo plácidamente, ajeno al mundo adulto en el que ella vivía, y de las decisiones que podían cambiar su vida.
—Sólo sé que no quiero que seamos unos padres como los que tuvimos.
Él la rodeó por la cintura y le dio un casto beso en la cabeza.
—¿Eso es un sí?
—Eso es… que tendremos que decirle a Chrona que tendrá un hermanito.
—O hermanita.
Maka reprimió la risa.
La noche de Death City era mucho más hermosa que cualquier otro día.
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