Z es por Zutto

SIEMPRE.

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—Mudarse apesta.

Dos simples palabras que sentenciaban por completo su mañana.

No recordaba haber empacado tantas cosas y, sin embargo, las cajas no se terminaban. Parecía que por cada una que subía, veinte más aparecían mágicamente en el auto.

—Yo soy el que debería estarse quejando, tú subes una caja y yo subo diez, ¿por qué tenías que elegir un departamento en el quinto piso? ¿Es que no había alguno libre en el uno?

—Mientras más abajo estés, hay más posibilidades de que alguien entre a robarte, ¿sabías que las estadísticas apuntan a robos de departamentos en las primeras tres plantas?

—Tus datos sosos del internet no harán que mis brazos duelan menos.

—Creí que esto sería un perfecto ejercicio para cultivar tus increíbles músculos, ¿qué tal si alguna chica de este edificio se asoma y te ve cargando estas cosas? Un hombre tan varonil y atractivo. Una oportunidad en un millón.

—Suena convincente, pero, ¿eso te pondría celosa?

—Es muy probable que sí.

—Entonces dame más cajas.

Giró los ojos, con una sonrisa que se complementaba con la de él y un sonrojo que pudo ocultar gracias a estar pasos adelante.

Los dos continuaron con el saqueo a la camioneta, llevando las cosas a lo que sería su nuevo hogar en Death City. Aún les quedaba desempacar, decorar la casa, comprar muebles y surtirse de utensilios y despensa. Sólo contaban con tres días antes de que el semestre comenzara.

Estaba muy emocionada de haber conseguido llegar hasta ahí. Miró la puerta con el número 506 por el que acababa de entrar al menos unas diez veces antes. Siempre que ponía un pie dentro, se sentía como si fuera la primera vez.

Era un departamento pequeño, lo suficiente cómodo para dos personas. Además, aunque Soul refunfuñaba, sabía que estaba encantado con el lugar, ya que era el único departamento que sobresalía del edificio, dándoles una maravillosa vista.

Si alguien le preguntara si alguna vez creyó que podría tener una vida tranquila y normal, trabajando en Shibusen, la escuela de sus sueños… su respuesta sería una negativa total.

A los ojos de los demás, podría parecer un capricho que decidieran mudarse hasta ahí habiendo cientos sino es que miles de escuelas más cercanas para trabajar. No así, en su caso, sentía que necesitaba ir a Death City, había algo que la llamaba a ir. Una conexión misteriosa.

La ciudad era… extravagante y muy peculiar.

Era una metrópolis pequeña, establecida en el medio de un desierto de Nevada, Estados Unidos; que, pese a la enorme distancia con otras ciudades, no carecía de ningún servicio e incluso si el mundo entero desapareciera y sólo quedara la ciudad, sus habitantes podrían sobrevivir sin ningún problema. Su diseño era muy peculiar, los edificios, las casas, comercios y demás estaban erigidos alrededor de la escuela, siendo ésta el centro, que, por cierto, estaba en lo alto de una montaña y para llegar había que cruzar unas alucinantes escaleras. Era el principal atractivo de Death City, aparte de sus calles estrechas que más parecían pasillos, las extrañas e inquietantes calaveras y cruces de decoración que, junto a los colores entre oscuros y brillantes, sumergían el ambiente en un Halloween eterno.

La historia contaba que se fundó por un hombre solitario que huía de la presión social y el miedo que infundía. Se decía que era una especie de "protector", que tenía habilidades sobrehumanas y poderes con los que ayudaba a los que lo necesitaban. Vestía de negro y usaba una máscara blanca similar a un cráneo, por lo cual obtuvo el sobrenombre de Grim Reaper, o cómo ella lo conocía en su idioma natal, Shinigami.

Pese al miedo de su apariencia, la gente a la que ayudó estaba tan agradecida con él que decidieron ayudarlo en su aislamiento, llevándole comida, enseres y demás. Él, agradecido, les dio una especie de bendición que los hizo sanos, fuertes y exitosos. Estos a su vez, ayudaban a más personas pasando la buenaventura. Poco a poco el miedo fue desapareciendo y la gente decidió quedarse a hacer compañía al hombre. Con el tiempo, más personas se unieron, levantaron casas, comercios, se hicieron carreteras y pronto se fundó la ciudad, con el Shinigami siendo el líder político y una especie de alcalde al que todos respetaban.

Nombraron a la ciudad Death City, donde la mala fortuna muere.

Ahí mismo, él fundó Shibusen,una institución que contaba con las mejores carreras de humanidades, deportivas y de artes. Siendo casa de los mejores artistas, políticos y deportistas del mundo. Además, la ciudad en sí era una referencia a lo que ella consideraba la obra maestra cúspide de la literatura moderna. Una historia que abarcaba los secretos más cruciales de Death City y lo mezclaba con un mundo ficticio de fantasía, con demonios asediando el mundo, dónde existían brujas, dioses, clanes de asesinos, humanos normales y humanos que se transformaban en armas unidos en equipos para mantener la paz: Life Eater. Un nombre tan simple y corto, y de igual forma poderoso para la saga.

Una historia que el mismo Shinigami creó, e hizo que el mito de Death City se volviera aún más famoso.

Maka amaba esos libros. Si le pidieran hacer un resumen, se llevaría cuando menos una semana para hablar de la historia y los personajes creados en la leyenda de la ciudad.

No sólo era la historia, había algo inquietante en ello. Una extraña similitud y comprensión de los personajes, cómo si pudiera entender completamente lo que estaba sucediendo, y recrearlo en su mente como si hubiera estado ahí mismo. Nunca dudó de su imaginación, sabia lo grandiosa que era, sin embargo, la forma en cómo se imaginaba el mundo de los libros le resultaba tan familiar.

Podía verse en el reflejo de uno de los protagonistas. Su inseguridad, su duda, su fortaleza y su lucha. Movida por la insana curiosidad del origen del libro, fue otra de las razones por las que no dudó en aplicar para trabajar ahí.

Y bueno, Soul no estuvo en desacuerdo.

Soul era… no había una buena forma de describirlo porque a veces ella misma no comprendía la magnitud de lo que les unía. Lo conoció tres años atrás, cuando estaba tan loca en el auge de la saga. Ambos eran estudiantes en sus respectivos países. Ella estudiaba Lenguas Extranjeras en Tokio y él en el Conservatorio de Música en Inglaterra.

No había ninguna probabilidad de que se conocieran sino fuera por el libro.

Un día cualquiera, mientras navegaba por internet recogiendo historias para un proyecto, se topó con el mito de Death City y los libros de su fundador. No tardó mucho en enamorarse de la reseña, y mucho menos en encargar el primer tomo.

Pronto, estuvo comentando y compartiendo su opinión en foros sobre la historia y la paranoia de la locura que llevó al Shinigami a crearla. Para Maka, los personajes principales eran únicos, y aún más único lo era el chico protagonista, Mike. Quién era con quien sentía la similitud. A pesar de ello, para ella el mejor personaje sin duda era su compañera, Life, y el misterio que la rodeaba.

Soul fue atraído por sus opiniones. Era también fan del libro, aunque él se decantaba por Mike para decir que era el mejor personaje de los dos. Se enfrascaron en una graciosa pelea en un foro que terminó con ambos lanzando sus mejores argumentos.

Por supuesto, esa batalla fue el inicio de su amistad. Desde entonces, Maka había estado en contacto con él, sin importar la enorme distancia que los separaba. Vivían en extremos opuestos del mundo y podrían nunca haberse conocido. Pero atraídos por una conexión casi mística, poco a poco fue conociendo a Soul.

Al principio le pareció un chico demasiado relajado e indiferente, que respondía a las expectativas de su apariencia y se forzaba a actuar "cool", lo que se notaba en sus constantes discusiones sobre los libros. Con el tiempo, ella pudo ver que no era una fachada sino realmente una parte de él, además era valiente, astuto, se preocupaba enormemente por las personas a las que tenía aprecio, desconfiaba siempre de las personas hasta que le demostraran confianza y lealtad, era observador y, en una faceta más íntima, protector y atento.

Los mensajes dejaron de ser suficientes, comenzaron las llamadas, las video llamadas y finalmente, tuvo que aceptar que la existencia de Soul era algo mucho más importante en su vida de lo que quería admitir. Lamentablemente en cuestión de sentimientos era poco asertiva y más cobarde de lo que parecía. Y fue el propio Soul quien marcó un antes y un después en su relación.

Soul no sólo se le confesó, sino que le propuso la mayor locura de toda su existencia. Por el amor que le tenían a Shibusen, le sugirió que ambos aplicaran para trabajar ahí como maestros cuando se graduaran. Cosa o no del destino, fueron aceptados casi inmediatamente.

La noticia fue lo mejor del universo. Recibir el correo de la prestigiosa institución fue una sensación tan mágica.

Por obvias razones, sus padres no estuvieron de acuerdo. Para ellos, irse era una forma de escape para no asimilar su divorcio. Pensaban que su mente era un tremendo desorden emocional, y que sólo buscaba alejarse lo más posible de la familia rota en que su vida se convirtió. Eso sin añadir el hecho de que se estaba yendo con un desconocido. Que, si bien hablara con él a diario, bien podría ser una fachada. Ella misma lo habría pensado, sino fuera porque algo en su interior le decía que necesitaba ir, que necesitaba conocerlo. Y cuando ambos se encontraron en el aeropuerto, esa sensación se hizo aún más grande.

Una mirada a sus ojos somnolientos y su sonrisa filosa, le dijo que estaba destinado a pasar. Perder la fuerza de sus brazos era un precio mínimo a pagar para todas las emociones y experiencias a punto de vivir.

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—¿Nervioso?

—Por supuesto que no. Los nervios no están hechos para mí.

—¿De verdad? Porque tardaste demasiado poniéndote gel en el pelo. Creí que siempre te veías perfecto.

Soul le dio una mirada resentida, mientras se pasaba una mano por el pelo asegurándose de que ningún mechón rebelde esté fuera. Maka reprimió una risa y recibió en cambio, un codazo.

Ambos caminaban por los pasillos concurridos de Shibusen, entre cientos de miradas curiosas de los chicos que caminaban rumbo a sus clases. Podían escuchar risitas, una que otra mirada soñadora dirigida a Soul y un par de suspiros en cada grupo de estudiantes.

Se dirigían a la oficina del director, luego de que uno de los maestros veteranos de nombre Sid, los reconoció y les dijo que el director los esperaba antes de que entraran en labores.

—Qué pesada eres. Sí, estoy nervioso, ¿contenta? Y es que cómo no estarlo si nos llamaron a la oficina del director, ¿qué tal si ahora que me ve en persona piensa que no soy lo que busca?

La cara afligida de Soul frenó su sarcasmo. Se aclaró la garganta, entendiendo la preocupación del joven. Era guapo sin duda, un tipo que robaba miradas con sólo verle dos segundos. Alguien que marcaba presencia apenas al entrar en alguna habitación y que hacía que el silencio cobrara sentido con sus miradas.

Sus caracteres albinos y los profundos ojos rojos que resaltaban sobre su dentadura filosa complementaban al perfecto fuck boy de cualquier novela adolescente. Nadie podría tomarlo en serio, como el tipo duro y serio que podía ser. Sin embargo…

—Se tiene que ser sordo para dejarte ir. Eres el mejor músico que hay, aún con tu pinta de holgazán. Estoy segura de que no encontrará a nadie mejor que tú para enseñar a esos chicos —dijo en una media sonrisa que fue suficiente para desaparecer las arrugas del rostro de Soul.

—No sé cómo que es que te creo cuando ni siquiera tú comprendes bien la música. Supongo que es amor.

Pillada desprevenida, le dio un codazo con el que tropezó. Lanzó un largo suspiro, negando con la cabeza para quitarse el bochorno, su corazón palpitaba dolorosamente. Era una suerte que dejaran atrás los pasillos de salones para entrar por unos más estrechos, iluminados con velas resaltando de las paredes de color negro proyectando una luz tenue.

—Idiota, estamos en el trabajo. No digas cosas así de la nada.

—Me gusta que ya no te esfuerzas en negarlo, eso es un avance. Lo tomo como una victoria.

—Si no estuviéramos a punto de ver a nuestro nuevo jefe, ya tendrías un libro en tu cabeza.

—Y yo agradezco que hayamos llegado ya —Doblaron en una esquina y frente a ellos, estaba la única puerta con letras exageradamente grandes y doradas que resaltaban la palabra DIRECTOR. Soul la miró, tomó brevemente su mano y con una sonrisa continuó—: gracias, Maka.

Maka le apretó la mano en un asentimiento silencioso antes de soltarlo e inhalar profundo hundiendo su propio nerviosismo. Tocó la puerta, anunciando su llegada y no tardó mucho en recibir un adelante, invitándolos a pasar.

En sincronía, su mano y la de Soul empujaron la pesada puerta.

El techo de la habitación era alto, sin ventanas, lo suficiente iluminado para apreciar la misma decoración de cruces y cráneos que sin duda resaltaban. Una alfombra roja cubría el suelo dándole un aspecto elegante y distintivo.

Había cuadros enmarcados en las paredes que tenían fotos de estudiantes destacados. Inclusive podía ver al primer ministro de Japón posando en una de ellas cuando aún era un crío. También se podía apreciar un par de estantes llenos de libros, de lo que parecían ser anuarios de generaciones pasadas. Años y años resguardados. Y en lo más alto, en vitrinas especialmente conservadas, estaba lo que inmediatamente reconocieron como la saga que los llevó ahí. Exhibido a modo de trofeo.

Si algo resaltaba de esa habitación, era el curioso espejo de cuerpo completo rectangular de marco dorado que sostenía a los lados un par de velas, apagadas. Ya sería muy raro que también estuvieran encendidas.

En medio de todo ese despliegue de misticismo y excentricidad, tras un elegante escritorio negro y sentado en un enorme sillón de respaldo aterciopelado rojo, se encontraron con unos brillantes ojos miel en una cara de pálida piel, una sonrisa serena y un muy inusual cabello negro teñido de blanco por un lado perfectamente a la mitad de su frente; pertenecientes a un joven de aspecto no demasiado mayor a ellos, que si no fuera por el traje impecable de negro y la etiqueta de director, podrían pensar que también era un maestro o estudiante.

La tarjeta en la mesa decía Death the Kid, nombre que concordaba perfectamente con el del remitente del correo y según las investigaciones, descendiente directo del fundador e hijo del anterior. Actual alcalde de Death City.

Era la primera vez que lo veían, aún si vivían en una época de internet y redes sociales, nunca se había conseguido una foto de los descendientes del Fundador Shinigami. Y las únicas que se veían en la oficina era la de un hombre alto vestido de negro, con capa y una máscara quién probablemente era el fundador, y otro cuadro dónde el joven frente a ellos posaba en lo que parecía ser una sala, flaqueado por dos chicas rubias. Sin duda, era una familia que se ocultaba tras el prestigio y que a nadie parecía importar no saber sus verdaderos rostros.

Ahora podía entender por qué.

Un brillo recorrió su mirada ante el incómodo silencio en el que se sumió el encuentro.

—Sé que esperaban a un hombre mayor en este mismo lugar —dijo, en un tono solemne mezclado en rara alegría—, no se dejen llevar por mi apariencia, tengo algunos años más de lo que creen.

Sin saber muy bien cómo reaccionar a su descuidado comentario y a su expresión fascinante, si en algo concordaban es que ver a ese joven ahí, les daba una cierta sensación de familiaridad.

—Tomen asiento, no les quitaré mucho su tiempo, sé que tienen que ir a la sala de maestros para adecuar sus escritorios y presentarse a sus primeras clases.

Los dos ocuparon las sillas frente al escritorio.

—Es… un placer conocerlo —Maka fue la primera en recuperarse del shock—. No vamos a defraudarlo. Honraremos la confianza que nos otorgó pese a nuestra poca experiencia laboral.

—Vamos a demostrarle la genial inversión que hizo con nosotros. No se arrepentirá de ninguno de nuestros sueldos.

Si las miradas mataran, el reproche que obtuvo de Maka lo tendrían enterrado bajo tierra unos tres metros.

Death the Kid no inmutó, en cambio, sonrió denotando una confianza abrasadora.

—Sé que lo harán. Sé que Shibusen necesita de ustedes para… —El director desvió su mirada hacia los libros en lo alto del estante— hacer grandes cosas. Maka Albarn, Soul Evans, si necesitan algo no duden en solicitarlo. Estoy seguro de que encontrarán Shibusen fascinante, contamos con excelentes profesores que serán buenos compañeros y, el alto grado académico nos respalda, no dudo de sus capacidades y de su motivación. Yo realmente espero que Death City sea un buen hogar para ustedes.

Una sonrisa se filtró en el rostro de Maka, misma que Soul compartió.

Pasaron por mucho para llegar ahí, no se irían tan fácil.

—Gracias señor, por la confianza.

—Sí, gracias. Y si usted necesita algo de nosotros, sin duda lo haremos. Trabajaremos lo mejor posible —completó Maka.

Death the Kid asintió, recostándose en el respaldo de su silla.

—Bien, no espero menos. Es todo, pueden retirarse.

Se levantaron de los asientos y en una reverencia se despidieron del Director.

Todo era tan perfecto que ni siquiera se preguntaron en por qué él los llamó juntos y no por separado y por qué, al salir alcanzaron a escuchar su voz ceremoniosa diciendo:

"Me alegra volver a verlos, Maka y Soul"

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Después de un largo y agotador primer día, rodeado de una serie de eventos excepcionales, desde la reunión con el director hasta conocer a sus colegas maestros. Como el frenético profesor de educación física, Black Star, quién desde que vio a Soul, lo alzó por lo alto proclamándolo como su nuevo mejor amigo; y la serena Tsubaki Nakatsukasa, la profesora de sociales que les sirvió té y galletas y les regaló un bonsái para decorar su nuevo hogar.

Se encontraban recostados en el nuevo sofá. Maka releyendo por quien sabe cuánta vez el primer libro, y Soul en su laptop para actualizar sus redes sociales.

—Eh mira, Chrona ahora está en Canadá. Dice que cuando termine el proyecto ahí, vendrá a visitarnos.

Eso avivó la atención de Maka.

—¿En serio? ¡Qué bien! Tengo muchas ganas de mostrarle en persona la genialidad de Death City —respondió, aunque sin quitar por completo sus ojos de la lectura.

—¿Nunca te cansas de leer verdad? Teniendo google aún los prefieres. Aunque bueno, quién no lo haría con semejante historia. Aun así, el otro día escuché que tanta lectura hará que te quedes ciega. Y a algunos le han salido hongos en la cabeza.

—¿En dónde viste eso? ¿En YouTube, o en Tik Tok? ¿No has tenido suficientes fake news?

—¡Mis fuentes son confiables! Los miles de millones de visitas los respaldan, síguete burlando y no te ayudaré a podarte la cabeza.

—No te preocupes, voy a recordar no decirte —le dijo, poniéndose aún más cómoda sobre él. Su olor varonil era ciertamente adictivo.

La coincidencia de lo que los unió, la sensación de seguridad y amor del chico y sus propios sentimientos explotando, no estaba segura de que hubiera una mejor vida que esta.

—Hey —Soul volvió a hablar en tono emocionado acomodándose en el sillón para que Maka entrara perfecto entre sus brazos—. Tienes un nuevo comentario en tu post de Death City.

Eso llamó su atención.

—¿Algún seguidor llamándome loca por venir a vivir aquí?

—Nah, es alguien nuevo. Kim Diehl. Me preguntó si es su nombre verdadero o un pseudónimo.

—¿Qué dice? —preguntó echando un vistazo a la pantalla de la laptop.

—Dice que está feliz porque te atrevieras, y que… aunque a que suene loco, ella cree que todo lo que pasó en la saga es real, con otros nombres y en una época muy antigua. Pero que todo eso se erradicó para que pudiéramos vivir aquí ahora.

La aseveración por alguna razón la hizo estremecer.

—Wow, eso es demasiado radical hasta para mí.

—Realmente hay cada friki en el mundo.

—Por cierto, ¿hiciste ese test de qué serías en el universo de Life Eater?

Una pequeña risa se le escapó a Soul. Justo hablando de frikis.

—Sí, y resulta que si existiera en ese mundo como ésa Kim dice, yo sería un arma. Al parecer, mi increíble atractivo y fuerza me dan las habilidades necesarias para ser una perfecta y muy cool Guadaña.

—… ¿Sacaste menos de 80 puntos?

Soul resopló, dando indicios de su respuesta.

—D-Déjame decirte que ser un arma también tiene un alto nivel de inteligencia. Las armas podemos ser muy inteligentes también.

Maka rio, no porque no lo creyera sino porque ver a Soul haciendo berrinche era adorable.

—Mucha risa señorita inteligencia, entonces tus risas significan que serías, ¿una meíster?

Hundiéndose más en su pecho, respondió:

—Y una muy buena.

Soul dejó la laptop sobre la mesa y Maka dejó el libro a un lado, se quedaron en silencio con Soul abrazándola por detrás, disfrutando del calor corporal del otro.

—Oye Maka… —Soul habló en un susurro lo suficiente para que ella escuchara— Si ese mundo existiera… o si nosotros estuviéramos en él tú crees que…

—¿Si… seríamos meíster y arma? —preguntó, al mismo tiempo que las ilusiones se desvanecían poco a poco.

Soul asintió sin decir más. Esperando su respuesta.

Maka sonrió. Dejó su cómodo lugar, levantándose para girar hacia él y tomar entre sus manos, su rostro.

Ambos se miraron antes de que lo inevitable sucediera. Sus labios se acercaron despacio a los suyos, un suave roce explorando la suavidad y el sabor.

—Soul Evans —murmuró, separándose por apenas centímetros para que ojos se encontraran—, ya sea en este mundo, en uno de vampiros, en uno dónde seamos simples estudiantes de preparatoria, o en otro mundo con demonios y armas, e incluso si eres una chica y yo un chico… siempre te elegiré.

Soul la abrazó, fundiéndose en su esencia cómo si tratara de absorber cada gramo de su ser.

—Lo sé. De una u otra forma, nos encontraremos. Desde que te conocí no he dejado de pensarlo, que nuestro destino es estar juntos.

Se quedaron así, abrazados. Grabando en sus pieles la presencia del contrario.

Fue una casualidad que se encontraran, ¿o tal vez no lo era?

Sin importar las circunstancias, una cosa era segura para ambos.

Soul no era nada sin Maka, al igual que Maka no lo era sin Soul.

Sus vidas estaban entrelazadas entre la magnitud de universos y reencarnaciones existidas y por existir.

Simplemente, le pertenecían al otro.

Por y para siempre.

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