DISCLAIMER: Este one shot participa en el concurso "Sonnet at midnight" organizado por la página de Facebook "Sasusaku Eternice Moi."


Los personajes no me pertenece, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Por los oscuros y fríos pasillos se desplazaba la figura femenina, en su mano sostenía los expedientes que había revisado esa mañana. Suspiró, era la misma rutina de siempre y se imaginaba los resultados, en su lista había más de treinta mujeres, pero aprobarían menos de cinco. La situación era cada vez más complicada. Se detuvo frente a una puerta, digitó la clave y entró en la habitación.

—Buenos días, soy la doctora Sakura Haruno y estoy a cargo de examinarlas.

Las mujeres presentes asintieron, ¿qué otra opción existía? Negarse era imposible. Por ley estaba establecido que toda mujer fértil debería entrar al programa Génesis, se sometería a rigurosos exámenes médicos, se evaluaría su salud física y mental. A las seleccionadas se le implantarían los embriones para iniciar con la gestación.

Las horas avanzaban, los asistentes de Sakura se movían por toda la sala a prisa, llevando muestras a los laboratorios, conduciendo a las mujeres para hacerles más estudios y entregando los resultados a ella. Frotó su sien, no eran nada alentadores, las exigencias que los altos mandos habían establecido en los últimos meses eran demasiadas y cada día aumentaban. Si continuaban así, el día de mañana no habría ninguna candidata apta.

Sakura pensaba que esto era un error, que lo mejor era dejar que todo fuera como antes, que cada pareja decidiera cuando y como tener a su bebé, la maternidad se había deshumanizado a tal grado que ya no importaba si una mujer deseaba o no ser madre. Sentía culpa por contribuir a este tipo de prácticas, pero todo era por el bien de la humanidad.

Al término de su jornada solo tres expedientes estaban en su mesa. Tal como lo había predicho, se encaminó hacia la oficina de su jefe y tocó la puerta.

—Adelante —la voz le causó un ligero escalofrío, siempre tenía ese tono frío y calculador.

—Tengo los resultados de la jornada de hoy. Tres candidatas aprobaron los rigurosos parámetros —deslizó los documentos hacia él y volvió a su posición aguardando su respuesta—.

—Esto es un absoluto fracaso —giró en su silla y le dio la espalda como si la pared tuviera algo interesante que ver—. ¿Por qué solo tres, Sakura?

—No están en buenas condiciones, no se puede tener mejores candidatas así, mientras sigamos bajo tierra no habrá mejores opciones.

El silencio reinó en la habitación, la población mundial había mermado debido a las consecuencias de sus acciones, habían ofendido a la madre naturaleza y esta respondió con violencia. Terremotos y tormentas fueron más que suficientes para hacer que los seres humanos se destruyeran entre ellos. Los sobrevivientes pelearon para obtener los pocos recursos que habían quedado, los ataques nucleares dejaron al mundo estéril, al final la sensatez volvió a las mentes de los dirigentes y se unieron para formar la colonia Zhang.

Se habían sumergido bajo tierra, era la única forma de sobrevivir, arriba no había más vida y el oxígeno era tan impuro que, lejos de ayudarlos a sobrevivir, los mataba. Los científicos de esa época establecieron un sistema de purificación del oxígeno que se determinaba distribuyendo al interior de la colonia, lo más complicado había sido obtener luz solar, los mantos acuíferos les proporcionaban agua.

—Orochimaru, sabe que lo que tenemos aquí no se equipara a la vida que teníamos antes.

—Ya no existe esa vida, Sakura —la interrumpió y volvió a girar en su silla—, tu naciste en este laboratorio, creciste en estos túneles y vivirás por siempre aquí.

—Si tan solo se hicieran expediciones más allá de la periferia —suavizó su tono para ocultar su enfado—, se podría encontrar algo más. Han pasado más de cien años, la Tierra podría haber iniciado su proceso de restauración. Podría estar curándose sola.

Una risa sarcástica escapó del hombre frente a ella, sus suposiciones eran un chiste para él, las expediciones no tenían buenos resultados, reportes sobre tormentas, vientos huracanados y el agua de la lluvia no era vital, por lo tanto no podría ayudar a restaurar la vegetación.

—Iniciaré un programa para mejorar la calidad de los alimentos, aumentaremos raciones en la alimentación de mujeres, con eso bastará —Orochimaru hizo un ademán para hacerla salir.

Sakura estaba por protestar cuando alguien llamó a la puerta, Orochimaru le permitió la entrada y le insistió con la mirada para que se marchara, Sakura se dio la vuelta para avanzar hacia la salida.

—Sasuke —se quedó impresionada al ver al recién llegado, su corazón latió con fuerza.

Sasuke apenas le dedicó un sutil sonrisa, mientras sus miradas se cruzaron por unos segundos antes de que él siguiera avanzando y ella tuvo que salir a prisa de esa habitación, era tan obvia con sus sentimientos hacia el capitán de expediciones, Sasuke Uchiha. Un hombre que resaltaba por sus habilidades, destreza e inteligencia, no se limitaba solo a obedecer, establecía una estrategia para cada misión y se reflejaba en su tripulación, la que volvía con menos daños.

Al igual que Sakura, también había nacido gracias al proyecto Génesis, como todos en ese lugar, en los primeros años de la colonia las cosas no fueron como se esperaba, los humanos no estaban adaptados a esa vida subterránea, la mayoría desarrolló claustrofobia, otros más enfermaron por la mal nutrición que existía, fue así como se ayudaron de la genética para mejorar los cultivos y alguien tuvo la brillante idea de aplicarlo en humanos.

En la primera década, un cuarto de población había muerto y lo seguirían haciendo hasta extinguirse. Eugenesia, esa había sido la clave, crear seres humanos más resistentes, más capaces y cada vez se fueron haciendo más ambiciosos, querían un humano perfecto, un equilibrio entre belleza, inteligencia y fortaleza. ¿Eso era posible? La nueva generación que nacería comprobaría esa hipótesis.

—Hermosa generación de tres —Sakura murmuró viendo sus copias de los expedientes, miró la otra lista de las mujeres que examinaría el día de mañana—. O tal vez de seis.

—¿Te gusta hablar sola?

La voz de Sasuke la hizo sobresaltarse tirando algunos papeles, le dirigió una mirada de reproche antes de empezar a levantarlas, él estaba parado en el marco de la puerta mirándola con una sonrisa de satisfacción por haberla asustado, aunque luego su expresión cambió y Sakura lo notó.

—¿Pasa algo?

—Nada. No hay nada allá arriba.

Sakura entendía su frustración, desde niños habían soñado por subir a la superficie, pero no solo como parte de una expedición, querían vivir ahí, ver esos paisajes que solo conocían por el material de estudio de la colonia. En cada viaje Sasuke le daba la misma respuesta, nada, nunca había un pista de vida, las montañas de Zhangjiajie en China habían sido su salvación durante un siglo, pero más allá de ellas no existía vegetación alguna. Las antiguas potencias mundiales habían sido reducidas a polvo.

—Más allá de la periferia, podría haber —su voz se fue apagando.

Nunca le había contado su idea porque él mejor que nadie conocía la situación en el exterior, lo de ella solo era suposiciones, pero si sus montañas estaban intactas ¿por qué no lo estarían otras zonas de concentrada vegetación?

Sasuke no dijo nada, solo mantuvo su atención en ella. Sakura era por mucho la mujer más inteligente que conocía y su idea no le parecía descabellada, él en muchas ocasiones lo había pensado, ir más allá de los límites permitidos, pero los suministros no serían suficientes, necesitarían además una nave exploradora incluso mejor que la suya.

Por un momento Sasuke se imaginó huyendo con ella, buscando esos otros lugares que imaginaba donde pudiera haber vida, si lo hicieran alcanzarían la libertad. Los dos estaban atados a servir en la colonia, Sakura había entrado al proyecto Génesis como cualquier otra mujer, como una candidata, pero no había sido aprobada, en cambio la doctora a cargo la había llamado para que trabajara para ella y cuando se retiró, Sakura ocupó su lugar.

Si eras no eras calificado como donante de células reproductoras o como gestante, no había forma que tuvieras hijos, si los bebés no nacían en el laboratorio, todos serían condenados. La población era controlada de esa forma para un mejor aprovechamiento de recursos.

—¿Nunca has pesando ir al Amazonas? —La voz de Sakura sacó a Sasuke de la burbuja de sus pensamientos.

La expresión de Sasuke delató ante ella que ese lugar nunca había sido una de sus opciones para investigar. Obtuvo una sonrisa de su parte como respuesta, tenía la mirada fija en otra parte así que la volvió hacía él.

—Sería un buen lugar para investigar. Los alimentos aquí son de mala calidad, no es lo mismo la luz solar a la artificial —soltó un suspiro—, no tienen suficientes nutrientes.

Sakura se puso de pie y tomó los tres expedientes de la mesa, contempló los documentos como si hubiera algo extraño en ellos.

—Después serán dos, una y luego ninguna, no habrá a quién inseminar. No habrán nuevas personas para esta colonia. Sasuke —ella le dirigió una mirada de preocupación—, no vamos a sobrevivir aquí, esto no es vida y no hay libertad.

Él la contempló y tenía mucha razón, en cada expedición que hacía se sentía libre, las restricciones de la colonia se le olvidaban, cuanto daría por que Sakura sintiera lo mismo, liberarla del lúgubre laboratorio, de la odiosa presencia de Orochimaru.

—Es una locura, olvídalo —Sakura continuó hablando usando un tono despreocupado, pero había tristeza en sus ojos—. Son anhelos míos, nada nos garantiza que haya vida allá afuera, quizá se necesitan milenios para que la Tierra renazca y para cuando eso pase, ya no estaremos aquí.

Después de aquella charla Sakura se saturó de trabajo, de esta forma callaba sus propios anhelos, su deseo de ser libre, lo que más le dolía era tener que renunciar a Sasuke, en la colonia no había cabida para romances ni mucho menos para formar familias a voluntad. Soltó un hondo suspiro, así sería hasta el fin de sus días, llevaría con ella ese profundo amor que se había cultivado durante todos estos años, pasaron su infancia y adolescencia juntos, tomaron caminos separados, pero que llegaban al mismo sitio, seguían encontrándose una y otra vez.

Muchas veces pensó que Tsunade, su predecesora, la había salvado de gestar una y otra vez hasta que en el laboratorio la desecharan, pero no había ninguna recompensa, de ninguna manera iba a poder estar junto a él. Había visto llorar a muchas mujeres por la misma razón, amaban a alguien, pero el amor estaba prohibido. Solo importaba la supervivencia de su especie.

Sus deseos de salir de ahí estaban relacionados con sus sentimientos, fuera de la colonia podría haber esperanza para ella y para todos los demás que estuvieran dispuestos a amar o solo vivir.

—Por el bien de la humanidad —se repitió mientras terminaba de examinar a las nuevas tres gestantes—. A partir de hoy vivirán aquí para tener una mejor atención de sus embarazos.

Trataba que la frase no sonara como un "están secuestradas, no volverán a ver la luz", pero sabía que exactamente así era como sonaba. Esa era la realidad dentro de la colonia todos estaban secuestrados, era prisioneros por su deseo de subsistir. No había razón para creer otra cosa.

Sasuke recorría los pasillos para dirigirse a la cámara del gobernador de la colonia, Orochimaru le había dicho que debía entregar los informes de expediciones de cada bimestre, esa era una de sus tareas como capitán, encontró la puerta semi abierta y antes de tocar escuchó a dos hombres parlotear.

—Y qué me dices de las expediciones, Sai —esa era la voz del Danzo, el gobernador.

—En un momento vendrán los informes oficiales, por lo que sé todas han sido un fracaso. No hay señales de vida más que nuestras montañas.

—Claro, nunca van a encontrar vida si les das a buscar en el lugar equivocado —soltó una risa escalofriante—. Vivirán como ratas por el resto de sus vidas y yo seguiré teniendo el control.

Sasuke retrocedió unos pasos y se mantuvo en silencio, ¿todo este tiempo sus expediciones habían sido una farsa? Miró lo que sostenía en sus manos, tenía ganas de romper esos estúpidos reportes, no valían nada.

—No cree que arriesga demasiado, señor —Sai hizo una pausa como si buscara las palabras adecuadas—. Vivir encerrado junto a ellos cuando puede gozar de las maravillas de un planeta restaurado.

—Para conservar el poder, hay que hacer sacrificios —hizo una pausa mientras meditaba posibles escenarios—. Subir a la superficie es algo que debe planearse con cautela.

Las risas sonaron por toda la habitación, Sasuke había escuchado suficiente. Ahora todo tenía sentido del por qué se limitaban las expediciones, Sakura tenía razón. Si iban más allá de la periferia la posibilidad de encontrar vida era muy grande, si alrededor de las montañas se concentraba la contaminación que ellos generaban y no había manera de procesarla, eso podría estar causando daño ambiental, pero lejos de ellos podría ser que los ríos corrieran limpios, las aves cantaran y los campos fueran verdes. Valía la pena intentarlo.

Tocó la puerta y los dos hombres murmuraron, Sai fue quien salió, era la escolta y mano derecha de Danzo. Lo miró con recelo, seguro se preguntaba si Sasuke había escuchado su conversación previa.

—¿Cuándo llegaste? —su tono era amenazante.

—Justo ahora. Los informes de las expediciones de los últimos dos meses —extendió los documentos y Sai los tomó.

—Puedes marcharte, el gobernador está ocupado.

Sasuke asintió con la cabeza y se retiró del lugar. Era mejor no verlo, no sería capaz de contenerse y muy seguro lo destrozaría por haberles mentido, no solo a él y su equipo de expedición, sino a cada uno de los colonos. Ellos creían firmemente en él, habían renunciado a formar familias felices y aceptaban el hecho de que siempre habría que donar óvulos y espermatozoides para luego obligar a las mujeres a llevar esos embriones que no siempre eran suyos. Incluso él había creído en sus palabras, aceptó su destino y escondió sus sentimientos por la única persona de toda la colonia que le importaba, durante su adolescencia muchas veces soñó con encontrar un lugar donde vivir fuera de la colonia, podría estar con ella y si así lo quisieran, tendrían hijos.

Ninguno de los dos había tenido padres de verdad, lo mucho que hacían era darle los apellidos de sus donantes, pero nunca convivieron con ellos, no sabían lo que era tener una familia de verdad. Era algo que quería de verdad, formar una familia junto a Sakura, tenía que sacarla de ahí.

Había una nave mejor que la suya, el Arca III, se entendía por qué se llamaba así, ciertamente ese pasaje de la Biblia había inspirado su construcción y esta era la tercera y última versión, su finalidad era llevarlos a la superficie para iniciar sus nuevas vidas, pero eso jamás iba a suceder. Y aunque pudieran volver nunca serían libres, Danzo encontraría la forma de seguir atándolos a él.

Sasuke llegó hasta el compartimiento del laboratorio dónde se almacenaban los archivos, un chico le había dicho que la encontraría ahí, ella terminaba de ordenar los nuevos expedientes de las gestantes. Le dedicó una sonrisa al verlo llegar.

—Tenemos que irnos.

Sakura le miró perpleja, ni siquiera le dio explicaciones, pero ya la estaba tomando del brazo para sacarla de ahí.

—¿De qué hablas? —se soltó de su agarre—. ¿Qué pasa? —solo salían interrogantes de sus labios, lo conocía muy bien para saber que no le estaba diciendo todo.

—Nos mienten, Sakura. Todo esto es una farsa, hay vida más allá.

La risa de ella lo descolocó, ¿por qué se reía en un momento como este?

—Sasuke, no hay nada allá fuera, ¿cuántas veces has ido y que has encontrado? Muchas y nada —suspiró mientras lo miraba con tristeza—. Solo son ideas mías, mis deseos de huir.

—Danzo, lo escuché hablando con Sai —miró hacia fuera de la habitación para asegurarse que nadie los estuviera escuchando—. Limitan las expediciones por una razón, no quieren que se sepa la verdad y así seguirá controlando a todos aquí.

Era una noticia difícil de asimilar, Sakura sabía que Sasuke jamás le mentiría, si lo decía era verdad. Miró hacia donde estaba el archivero que acaba de usar, cuantas mujeres condenadas por la ambición de un hombre, jamás en su vida lo había visto, pero él era quien incrementaba las exigencias para elegir a las candidatas. Ponía una presión horrible sobre sus hombros y ella a su vez, lo hacía sobre esas pobres mujeres.

—Tenemos que decirles a todos —susurró—, Sasuke, no podemos huir nada más por qué sí. Tienen que saber la verdad.

—No nos van a creer, sin pruebas no.

"La expedición es de quién la dirige, no del gobernador", esas palabras se las había dicho Itachi, quién había sido su instructor y lo más cercano a un hermano. Ambos habían nacido gracias a los mismos donantes y la coincidencia iba más allá, porque la misma mujer los había llevado en su vientre. Tenía razón, Danzo no iba a limitarlo más. Tenía la fidelidad de su tripulación, solo faltaba Sakura, sí, la pensaba llevar con ella. Antes de ir con ella había explicado su plan a su equipo y ellos también estaban molestos de haber sido utilizados de esa forma tan ruin.

—Vamos a hacer una expedición más allá de la periferia.

Sakura casi se desmayó de la impresión, se sentía culpable. Ella había metido esas ideas en Sasuke, aunque Danzo hubiera dicho que era posible, no habría manera de saber a donde ir exactamente y además las naves no estaba capacitadas para resistir viajes más largos.

—No hay forma que tu nave resista eso, me lo dijiste —bajó la voz, si alguien sospechaba algo entre ellos irían a ver de inmediato.

—Pero el Arca III sí lo hará.

—¡Sasuke, no puedes tomarla! Esa es para salir de aquí y además no te lo van a permitir.

Sakura salió de la habitación junto a él. No quería que alguien viniera a husmear.

—No voy a pedir permiso, partimos en tres horas cuando se reinicien los purificadores de oxígeno. No faltes.

Sakura quedó sorprendida, el plan ya estaba en marcha. Tenía tres horas para decidir si huiría con él, ¿sería capaz de dejar todos atrás? Sobre todo a esas mujeres que acababan de confiar en ella, apenas se fuera otra persona ocuparía su lugar o el mismo Orochimaru se encargaría de vigilarlas. Aquí nadie es indispensable, todos son reemplazables. Muere alguien, nace uno más.

Pruebas. Eso había dicho Sasuke, para liberarlos necesitaban pruebas, el testimonio de un explorador, una planta o algo que les hiciera ver que su lugar no estaba más en esa colonia, sino arriba. Elevó su vista, salir de esos túneles, no volver todas las noches a su oscura cámara donde apenas si cabía ella acostada. Libertad, aire de verdad, ¿sería seguro respirar? Con el respirador bastaría, uno de los mejores inventos del hombre, purificaba el aire antes de entrar a tus pulmones.

Valía la pena intentarlo, solo faltaba ella en la tripulación, iría con Sasuke, no sabía que les avecinaba afuera, pero si estaban los dos juntos, no tenía miedo.

Sakura salió corriendo del laboratorio y siguió el camino hacia el hangar, no le extrañaba que Sasuke no estuviera, sabía moverse rápido, no llevaba nada consigo, en tres horas también había cambio de guardias, conocía a la perfección el laberinto que formaban los túneles, podría salir de ahí con lo necesario. Cambió la ruta y llegó a su cámara, tomó los cambios de ropa que creyó necesarios, miró el reloj sobre la pared y esperó. El tiempo avanzó lento, faltando media hora salió para empezar a recorrer el camino hacia el hangar, anduvo más veces que cualquiera por esos pasillos, podía eludir con facilidad a los guardias, se mantuvo pegada a la pared sintiendo las vibraciones, derecha, se volvió a detener, murmullos de voces, ahora por la izquierda. Logró llegar el hangar y la nave estaba lista.

—Ella llegó —anunció el rubio que montaba guardia, el fiel amigo de Sasuke, Naruto—. Sube, solo faltan un minuto.

Sakura irradiaba felicidad y entró, la tripulación estaba lista, todos miraban sus relojes, se estaban sincronizando con el reinicio del purificador, era demasiado grande y la nave pasaría a través de este, duraba sesenta segundos, tiempo en el que deberían salir fuera del alcance de su impulso inverso. El riesgo era que se darían cuenta de su huida, la ventaja era que tampoco iban a seguirlos, era vital mantener una buena distancia en ese corto lapso.

—Diez. Nueve. Ocho.

Sakura se sentó y se colocó el cinturón de seguridad, ajustó la mascarilla de oxígeno. Estaba lista.

—Tres. Dos. UNO.

La nave salió disparada del hangar mientras las alarmas sonaban tras ellos, Sakura no podía ver que pasaba afuera, pero lo sabía. Todos estaban conectados a un suministro portátil de oxígeno por un minuto, hasta que el purificador no terminara de reiniciarse, no podrían respirar dentro de la colonia. No se evitó preguntar si aquello también era una farsa. Lo sabría con el tiempo, había mucho que hacer. Volvería para liberarlos a todos, junto a Sasuke y los demás, le darían esperanzas a la humanidad.

—Aumentando velocidad.

Todos se aferraron más a sus asientos mientras avanzaban más rápido hacia la salida, la luz natural se notaba fuera, era como un atardecer, uno de verdad.

—¿A dónde iremos? —Sasuke le preguntó.

—Al Amazonas, por supuesto.

Ambos se tomaron de las manos, estaban juntos en esto, su viaje apenas era el comienzo, un día volverían a la colonia para derrumbar la farsa que Danzo había plantado, un día todos saldrían de ahí tal como ellos lo habían hecho, pero primero tenían que descubrir que eso que el gobernador no quería que viera. ¿Había un Edén allá afuera esperando por ellos? La esperanza de al fin formar una familia llenó de calidez su corazón.