Disclaimer: Sakura Card Captor y sus personajes no me pertenecen son propiedad de CLAMP, pero la historia es completamente mía.

Hola de nuevo, creo que al ritmo que voy podre actualizar cada semana, jejeje. Pero a ver que dice la inspiración. Muchas gracias por el apoyo y su lindos review.

"Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio."

–Tácito

CAPITULO II – "Lo necesario"

Frotó una y otra vez su corbata con el trapo húmedo. Genial lo que faltaba, esa era su corbata favorita y al parecer ahora estaba arruinada. Suspiró frustrado mientras se quitaba la prenda y la lanzaba a la lavadora con la última esperanza que quizá dicho aparato pudiera eliminar la gran mancha roja que predominaba en la tela.

Cerró los ojos un momento e intentó repasar lo que pudo haber salido mal. Al inicio la chica se mostró amable mientras le atendía, pero en cuanto menciono la posibilidad de que vendiera la heladería para que dejaran de molestarla los abogados, le lanzó enérgicamente una copa llena de nieve de grosella. Por suerte su fuerza no había sido suficiente para lastimarlo, aunque por otro lado su traje decía otra cosa. Tendría que preguntarle a su madre, cuando la viera, cuál era la mejor manera de quitar aquella horrible mancha de helado.

Sobó su cuello algo tenso —Que idiota soy, no debí apresurarme a sugerirle la posibilidad

— Te vez agobiado Shaoran, deberías relajarte, el estrés puede matarte y eso no me conviene. De otra manera tendría que pagar yo mismo todo el alquiler.

Frunció el ceño al reconocer la voz de su compañero de departamento. Se trataba de Eriol Hiragizawa, hombre enérgico que se denominaba a sí mismo como un artista bohemio. El chico era dueño de una pequeña librería en el centro de la ciudad, llevaban años conociéndose desde la preparatoria.

— Eriol por favor no molestes. No es un buen momento para tus comentarios fuera de lugar.

El pelinegro rio levemente — Tranquilo, no lo digo por molestarte. Por como luces el día debió ser muy dulce, no sé exactamente que comiste, pero para que tu vestidura lo probara tuvo que haber estado delicioso.

—¿Eso te parece? — Sacó el aire levemente mientras gruñía levemente. Eriol no tenía la culpa de lo que le había pasado — Un caso difícil, solté mi lengua más de lo que debía y pues mi contraparte respondió con energía.

— Vaya, eso no pasa seguido. Debí estar ahí para grabarlo. El afamado abogado Li perdiendo los estribos, digno de encuadrar para mi gusto.

Inconscientemente sonrió, al final el idiota de Hiragizawa no podría sacarlo de quicio, no después de que Clow le aseguró que al completar aquel caso de la heladería, tendría un puesto en la corte — ¡Ja! Nadie puede hacer eso Eriol, simplemente me emocione y me descontrole un poco, pero nada de importancia.

— Sigo sin créelo, pero si el hijo prodigo de los Li me lo asegura hare como que te creo, aunque tu ropa me asegure lo contrario. ¿Con que manjar exótico decidiste bañarte? ¿Caviar en azafrán? ¿Vino tinto de la fragata? ¿Jamón ibérico bañado en clericó?

— Deja de burlarte. Es solo un poco de helado de grosella.

— El helado debió ser muy bueno por lo que veo. ¿Siquiera lo probaste antes de que llegara a tu cabeza?

Se llevó una mano al rostro intentando despejarse. ¿Por qué Eriol tenía que ser tan molesto? —¿Por qué hablamos de mí? ¿Es necesario que me humilles cada vez que me pasa algo que no puedo controlar? Mejor cuéntame, ¿qué tal estuvo la cita que tendrías hoy?

— Entiendo lo que quiere hacer señor conciliador de las leyes, quiere cambiarme el tema para recordarme que los mortales como yo debemos buscar una pareja a la vieja usanza, aunque créeme no es algo que me moleste. Al final, no todos podemos tener una belleza de prometida. Por cierto... ¿Cómo esta ella? ¿Meiling te ha llamado?

— Ella está bien, pasó el verano en casa de mi madre y creo que ha ido de gira con su padre. Pero espera, no desvíes el tema con Meiling. ¿Qué paso con tu cita? Es demasiado temprano para que regresaras, ¿acaso paso algo? ¿Kaho se sentía mal?

El pelinegro pulsó el botón de la lavadora mientras ambos observaban el movimiento del agua que de a poco empapaba su ropa — No es tan fácil Shaoran. Kaho una buena mujer pero no sé si nuestra relación funcione, son demasiados los momentos en los que simplemente no encajamos. Quizá+ soy egoísta por decir esto, pero hay días en que te envidio por tu relación con Meiling, quizá el matrimonio por compromiso no es tan malo cuando ambas partes se quieren.

— Es un matrimonio arreglado Eriol, debemos llevarnos bien y querernos mínimamente, así lo han dispuesto nuestras familias.

El pelinegro levantó una ceja con duda —No lo digas de una manera tan fría, porque yo sigo sin entenderlo por más que lo he pensado todos estos años, haces parecer que las relaciones humanas no son más que un mero trámite o un negocio.

— Querido amigo, ¿acaso no lo son? Esas tonterías del amor eterno no son para todos. Debo ser realista en cuanto a lo que realmente quiero y eso es, estabilidad, posición y equilibrio.

Su amigo no comprendía realmente sus motivos, para Eriol la vida era fácil, demasiado sencilla. —Aun así, un hombre que tiene una fortuna con sus padres, una herencia millonaria, una prometida hermosa y un apellido con prestigio en China. Ha decidido dejar todo por trabajar en un simple bufete de abogados. ¿Qué es lo que buscas realmente Shaoran Li? Quizá sea el amor que tanto desvaloras.

— Por favor Eriol, no estoy para estas conversaciones tan ridículas. Mis metas son claras y sabes que nada me detiene cuando tengo algo en mente. Amigo con el respeto que te tengo, pero el amor solo es para idiotas.


Llevó una de sus manos a su boca mientras bostezaba. Con algo de dificultad terminó de servir su chocolate caliente a la par que buscó sentarse en su pequeño sillón de madera y encender la televisión. Las ventas ese día no habían sido buenas y el estúpido de ese trabajador social no había hecho otra cosa más que agriarle la jornada y si a eso le agregaba las deudas que tenía que pagar por los impuestos de la casa y de la heladería, las cuantiosas cuotas de la luz y del agua se acumulaban. Quizá de nueva cuenta, tendría que vender algo del escaso inmobiliario que aún quedaba en su residencia para intentar pagar algo de las deudas. Agobiada terminó su chocolate y apagó la televisión, no tenía caso pensarlo más. Mañana sería un nuevo día y quizá esta vez sí podría ganar algo más de dinero.

Abrió los ojos solo después de escuchar su despertador sonar estrepitosamente, como casi todos los días a las 4:30 am en punto. Con dificultad se levantó y vistió rápidamente, cambiando su cálida piyama por un delantal y uniforme de trabajo. Sin demora se puso en parcha.

La bicicleta que montaba era vieja pero confiable en su tarea, en menos de 30 min, estaba en la heladería. De colores pastel, con vidrios cristalinos, decoración de cobre y bronce, conservaba el local en buenas condiciones, con el tono tradicionalista que su madre había cuidado con tanto empeño. Entró por la puerta trasera y se puso a trabajar, ayer apenas había alcanzado a cubrir los precios del mango, el limón y la fresa. Por lo que tendría que trabajar rápido y aprovechar lo máximo de la fruta si quería obtener las máximas ganancias posibles.

Limpiar, lavar, cortar, preparar y nevar. Todo implicaba un gran esfuerzo que le parecía mínimo, cada vez que alguien probada sus creaciones y le alagaba por su sabor. No sintió el tiempo correr y cuando por fin terminó era ya la hora de abrir. Pasó el producto a sus refrigeradores correspondientes mientras limpiaba la maquinaria de congelación.

Desde dentro del inmueble levantó con dificultad la cortina de hierro y se topó con el rostro de un demonio. — Buenos días. ¿No prefiere que le ayude a levantar eso?

— ¡¿Qué hace usted aquí?! ¡Creí dejarle claro que no quería que se volviera a acercar a mi negocio!

Confiado de que la chica sostenía la pesada cortina de metal, aprovechó su oportunidad y le ayudo a levantarla con un movimiento simple. — Tranquila ya le dije que no soy su enemigo.

— ¿Entonces que hace aquí? Ya le deje claro que no quiero venderle mi heladería a ninguno de sus amiguitos abogados.

¿Qué diablos quería ese hombre? Si no la creía competente de romperle una botella de jarabe de fresa en la cabeza, pronto le mostraría que era capaz de hacerlo — No es eso, yo vine a disculparme.

— ¿Qué acaba de decir?

— Estoy diciendo que lo lamento, no era mi intención ponerla incomoda con una conversación sobre un asunto que le desagradaba, solo que... me dio mucha curiosidad preguntárselo ayer, eso es todo.

— Vino, hasta acá. Por su atuendo intuyo que antes del trabajo, a las nueve de la mañana en punto, a decirme que ¿lamenta haberme hecho sentir incomoda? ¿Piensa que le voy a creer? Déjese de bromas, no me gusta la gente se burla de mí.

La chica Kinomoto parecía enojada. ¿Por qué rayos la tonta no se había rendido a sus pies por su amabilidad y encanto? Estaba siendo amable. — Son modales, no me burlo de usted. Solo quiero demostrarle que tengo modales y no me gusta incomodar a las mujeres.

— Vaya... ¡¿Ahora hace esto porque soy mujer?!

Apretó sus puños alrededor de su maletín esperando encontrar paciencia. —Lo habría hecho por cualquiera, soy un hombre intachable, de modales y ética incorruptible. No se crea especial señorita Kinomoto.

— Bien supongamos que le creo. Ya se disculpó. Ahora lárguese porque tengo más helado de grosella de dónde provino el de ayer y creo que no le gustaría llegar a su trabajo perfumando en su esencia. ¿Verdad?

Mantuvo el temple y sonrió sin complicaciones. — Tranquila por favor no me juzgue así, yo no he hecho nada. Ágamos un trato, véndame un poco de nieve de limón y me iré de aquí.

La chica pareció dudar, pero después de un rato entro de lleno al local, sirvió su pedido y lo puso en una bolsa de cartón, entregándoselo rápidamente. —Tómelo y lléveselo, si tarda más de 20 minutos solo quedara agua. Ahora por favor váyase.

Asintió lentamente y pagó por dicho artículo. Sin despedirse se dirigió a su auto y se puso en marcha al trabajo, tan solo fueron 10 minutos de la heladería a su centro laboral. Un tiempo más que aceptable. Ingresó su carnet en el escáner de seguridad de su oficina y entró al inmueble cargando su maletín y la bolsa de cartón que de inmediato metió a su pequeño congelador de mini bar.

Mientras se sentaba detrás de su escritorio, solo podía pensar una cosa "la chica era demasiado terca y desconfiada", quizá no tan fácil se dejaría engatusar por su palabras de confianza acerca de que vender era lo "mejor" para ella. Sacó un folder de su maletín y de entre los papeles selecciono una foto en particular, donde se podía ver de lejos a aquella castaña cerrando su negocio.

— ¿Qué rayos voy a hacer con usted señorita Kinomoto?

— Veo que estás ocupado Li. Yo solo necesitaba tu firma para el entrego de la papelería de la próxima semana.

Sorprendido dejo la fotografía de nueva cuenta en el folder y observó a Takeshi. ¿Cuándo había entrado él ahí? Recibió el documento por parte de su amigo, de inmediato lo firmó y se lo entregó. — Espero que esta vez no tarden tanto con el envió. En fin, solo estaba analizando el caso de heladería Kinomoto.

Takeshi tomó el papel y lo guardo debajo de su brazo en una capeta de plástico— Uff, no sabes cuánto te agradezco que te ocuparas de eso, no solo yo, creo que la mayoría del personal de aquí en verdad te debe una. Esa mujer es una bruja, no escucha palabra alguna y ataca de manera constante. ¿No lo crees?

— Es una mujer de carácter. No se deja engañar tan fácil por palabras.

— Dímelo a mí, en este trabajo donde la mayoría debe desarrollar un léxico bueno para convencer a otro, ninguno de los que hemos ido, ha logrado hacer a la chica cambiar de opinión. Es demasiado agresiva en el asunto.

Se llevó una mano a la barbilla mientras pensaba, quizá... — Según tengo entendido que los animales salvajes atacan por tres razones principales Yamazaki. La primera de ellas es para proteger a sus crías, la segunda es porque se encuentran heridos y se sienten vulnerables, y la tercera es porque tienen miedo.

— ¿Qué dices Li? ¿La chica Kinomoto te parece tan simple? A mí me parece una mujer bastante compleja.

Negó con la cabeza — Para nada, no hay mucho que nos diferencie de las bestias y estas, no son para nada complicadas. Ella es una bestia más. Aun no termino de leer su expediente, pero al parecer no tiene descendencia, ni familia, tampoco tiene problemas de salud, así que solo me queda una opción.

— ¿Crees que tenga miedo? Pero que cosas dices Li. La chica me parece bastante valiente y la verdad impone respeto. ¿A que podría temerle?

— Es una fachada, estoy seguro que por dentro debe estar aterrada y de eso nos vamos a aprovechar. No nos deben importar sus miedos, en realidad desde ahora serán nuestros aliados.

Yamazaki parecía pensativo mientras le observaba — ¿Y qué piensas hacer con eso? ¿De qué sirve? Al final solo nuestras palabras son armas, somos hombres que vivimos de la retórica, más haya no podemos hacer nada y si la chica dijo que no, entonces se acabó. Si quisieres insistir con ello solo acabaras con una copa de helado rota en la cabeza. Todos aquí lo entendemos y creo que tú también deberías hacerlo. Nosotros creemos en ti, pero no para el caso Kinomoto. Nosotros creemos que eres el único que puede persuadir a Clow de que desista de la idea de comprar esa heladería y por fin dejar en paz a esa niña. Solo estamos perdiendo el tiempo.

Le dio la espalda a su colega y miró por la ventana de su despacho — No voy a retroceder en esto, ni voy a convencer de nada a Clow, yo haré lo necesario para completar el trabajo.

— Debemos ser realistas Li, esta vez no podemos ganar. ¿Qué piensas hacer? ¿Seducirla, enamorarla y engañarla para que venda?

— Hare lo que sea necesario.

— Debes estar bromeando.


¿Algún review? !Nos vemos en una semana!