Disclaimer: Sakura Card Captor y sus personajes no me pertenecen son propiedad de CLAMP, pero la historia es completamente mía.
Como prometí, aquí estoy. Muchas gracias por su apoyo, espero disfruten el capítulo y no olviden dejar un review.
"Le gusta al frio monstruo entrar en calor al sol de las conciencias limpias."
–Friedrich Nietzsche
CAPITULO III – "Helado y café"
A pesar de que corriera era innegable resistirse al hecho, la lluvia lo había alcanzado y su destino era quedar empapado. En su delgado abrigo intento proteger sus pertenecías de la humedad del ambiente, pero el árbol que apenas le cubría un poco del torrencial, no ayudaba en la tarea. Miró el reloj de su celular, 7:34 pm y ningún taxi disponible en sus aplicaciones. Era un idiota por no consultar el estado del clima antes de salir y dejar su auto en el departamento. Una decisión para nada inteligente, caminar en la lluvia sin paraguas y con la terrible suerte de no poder conseguir un taxi, a ese paso lo único que lograría conseguir sería un resfriado.
Llevó el brazo lo más rápido que pudo a su boca al sentir aquella sensación tan familiar — ¡Achís! — Tal parecería que pronto se cumplirían sus sospechas — Deus, que suerte la mía. Ya no puede pasarme nada peor.
Como si sus palabras hubieran molestado a alguien de arriba, la lluvia arrecio con fuerza y el viento rugió reclamándole aquella afirmación. Levantó la cabeza buscando un mejor refugio que le protegiera un poco más hasta que lograra conseguir un transporte. Sin pensarlo corrió a la luz de la única tienda que se veía alrededor. De un portazo nada delicado entro de manera estrepitosa mientras exhalaba el aliento contenido sobre su carrera.
— ¿Se encuentra bien señor?
Se incorporó de a poco, solo para toparse con un hermoso jade — Yo... em... lo siento, estoy bien solo que la lluvia me... — Dejo de ver tan solo un segundo a la chica para observar su alrededor, veía una cuidada heladería de especial encanto, algo que lo dejaba sin palabras — wow que belleza.
La chica se impresiono ante sus palabras y de inmediato retrocedió dudosa — ¿Disculpe?
Rápidamente la miro de nuevo a los ojos, comprendiendo el peso de su parla — Lo siento, me refería al local, es muy hermoso, tiene herrería perfectamente esculpida a semejanza de la francesa, muy parecida a la tan famosa del palacio de correos en México o a la librería Livraria Lello de Oporto. Me sorprende el detalle y cuidado en cada arreglo.
Más bastaba decir que el inmueble tenía un encanto francés y calidez bohemia, nada mejor podía describir un lugar que sin lugar a dudas se convertiría de sus favoritos para comer y degustar a su vez un buen libro.
— Veo que sabe mucho de la arquitectura, no se equivoca, mi madre y padre viajaron por muchos lugares y tomaron ideas de esos viajes para levantar esta heladería. Tiene mucho amor y conocimiento de por medio.
— Puedo verlo claramente — Conversar con aquella flor de característica sensible le estaba amainando el día. — Me disculpo de nuevo por la grosería de mi parte, no debí ser tan brusco al entrar a su negocio señorita, pero me estaba empapando en la lluvia y... — Sacó los papeles que resguardaba debajo de su abrigo — necesitaba proteger algunas cosas. Aunque apenas creo que lo logre, la humedad ya está permeando las hojas.
— No solo las hojas, ¡usted está todo empapado! Le traeré una toalla, espere.
Vio a la chica retirarse mientras él se sentaba en un banco de la barra. Necesitaba algo caliente y quizá ahí no podría encontrarlo, que lastima. De inmediato la señorita volvió con la toalla y con una tasa de lo que suponía era un delicioso café, el cual extendió amablemente al alcance de sus manos. — Me ha leído la mente, es usted muy amable, no cualquiera hace esto con un extraño.
La vio negar con la cabeza — No es un extraño realmente, hace algunos años cuando era niña mi padre solía llevarme a comprar libros en la librería de Persephone Books, era un lugar muy bonito y con una amplia variedad en su catálogo de obras. Su abrigo trae el escudo de la tienda, por eso lo he reconocido, ¿señor... Hiragizawa?
Soltó una carcajada antes de contestar. ¿Qué tan perceptiva era esta mujer? A cada momento le caí mejor. —Por favor, dime Eriol si me dices señor Hiragizawa me recordaras a mi padre. Pero tiene razón, en efecto soy propietario de esa librería, el sexy, intelectual y bohemio dueño. Solo que hoy olvide traer sombrilla y la idea de caminar no fue la mejor.
La castaña rio ante su sorpresa y no tardo en seguirle el juego— Bien podría seguir en la lluvia señor Eriol, no fue mala idea correr hacía aquí.
— Es verdad que no lo fue... en serio por favor solo dime Eriol, si me dices señor, me siento viejo. Aunque quizá no deba pedírselo, después de todo le estoy causando tantos problemas ¿señorita...?
— Sakura Kinomoto, propietaria de esta heladería y descuide, no me está causando molestias es bueno ver nuevos rostros por aquí, últimamente no he tenido muchos clientes.
Aquello le sorprendió — Ya veo, este distrito en la ciudad ya no es uy visitado, lamento eso. ¿Puedo decirle Sakura?
—Adelante usted me ha dejado llamarle por su nombre
— Entonces Sakura, ¿qué le parece la idea de tener un cliente permanente? Me ha embrujado su pequeña heladería.
No esperaba pasar su fin de semana en esa sucia heladería, sin embargo si eso tenía que hacer para cumplir sus objetivos, no cedería. Tan solo tenía que cruzar la calle y entrar en el establecimiento, pero algo le detenía de momento. A tan solo unos pasos, en la esquina de la calle una madre batallaba furiosamente con su hijo de quizás dos o tres años. Dando un vistazo un poco más de cerca se dio cuenta de la razón que mantenía al pequeño entre lágrimas, en el cielo a lo lejos aún se podía distinguir la figura del globo en forma de perro que se perdía entre las nubes.
Liberó el aire contenido y se acercó a la madre que luchaba por hacer sonreír al infante —Disculpe no quiero ser grosero, pero... tengo esto —sacó de su pantalón una barra de chocolate y se la ofreció — quizá ayude
La mujer recibió el dulce con apuro — Hijo muchas gracias, pero no sé si... — De inmediato el niño tomó el chocolate
— Veo que a su pequeño le encanta el chocolate tanto como a mí.
— Vaya logro hacer que se tranquilizara, a él le gustan mucho los dulces a diferencia mía y de padre. No sabe cuánto se lo agradezco, por lo regular no cargo estas cosas.
Rápidamente metió su mano a su chaqueta. — Espere, tengo unos cuantos más de estos. — Sacó tres conejos de envoltura dorada —No son perritos como le gustan al pequeño, pero definitivamente también son simpáticos.
— Muchas gracias, de verdad. Pero creo que no puedo aceptarlos, ya hizo mucho por nosotros.
— Tómelos, le aseguro que tengo más y bueno probablemente no debo decírselo, pero quizá debo racionarlos con prudencia. La verdad no sé cuánto dulce debo consumir un niño.
La mujer rio mientras tomaba los conejos — Creo que usted será un buen padre, déjeme pagarle tan buena acción de su parte con nosotros.
— Eh, no quiero ser impertinente probablemente su esposo me golpearía señora. No se preocupe, puede dejarlo así, no me debe nada.
— No tema, mi esposo es bastante amable estoy seguro que no se molestara. Además creo que encontré la mejor manera de agradecerle. ¿Me dijo que le encantaban los dulces, verdad?
Asintió lentamente ante la mirada de la mujer — Si, pero yo...
— No se diga más, justo aquí al lado está la famosa heladería de los Kinomoto. ¿Qué le parece si le invito algún helado o paleta? Venga, vamos, yo invito.
La madre le jaló con fuerza a pesar de que sostenía a su bebe. Cruzaron la calle y entraron al establecimiento. Por un momento espero recibir un grito de reclamo de la dueña de aquella heladería, sin embargo se encontró con la sonrisa esplendida de la castaña.
— ¡Buenos días! Bienvenidos sean. ¿En qué puedo ayudarles?
— ¡Querida! Debo saldar una deuda, me puede decir ¿Cuál es el helado más grande y extravagante que tengas? Estoy segura que el sabor será sorprendente
— Bueno, tenemos unas canastas de galleta maciza que lleva cinco bolas de helado, con una fresa en lo alto, lo baño de cobertura de chocolate, con un poco de granola u otro cereal de presencia, lo corono con una pequeña tableta de chocolate hecho a mano.
No supo por qué. Pero aquella descripción le hizo agua la boca. No sonaba para nada mal. — Muy bien corazón, dame uno de esos y deja que el señor escoja los sabores. Te dejare aquí el dinero, puedes quedarte con el cambio. Yo debo irme ya, es tarde y aun debo volver a casa revisar los pendientes. Ser madre, esposa y jefa no es nada fácil. Muchas gracias joven y espero disfrute el helado.
Se despidieron con un leve movimiento de cabeza y la mujer tan rápido como entro, le dejo solo con la señorita Kinomoto. De inmediato el silencio regreso al lugar — Yo he... supongo que debo decirte los sabores, ¿no?
Observó como la chica tomó con fuerza la medida del helado. Empezaba a temer de nuevo que le fuera a agredirlo de un momento a otro. — Lo vi...
— ¿Qué dice?
— Desde aquí vi como los ayudaste. Fue... fue algo muy lindo.
La chica sonrió y su semblante relajo — No era su obligación ayudarla y sin embargo hizo lo que pudo por hacer feliz al bebe. Yo... quizá he sido muy injusta con usted, nadie que trate así a un niño puede tener malas intenciones. Soy yo la que debe disculparse con usted. Lamento haber sido tan ruda, no es su culpa que eso abogados quieran quitarme la heladería, usted solo tenía curiosidad. Disculpe.
Antes tal revelación se quedó sin palabras —Yo no... la señora y el niño, solo, debía... — frustrado y avergonzado por no poder hilar sus ideas, se sonrojo y bajo la cabeza, gruñendo en el acto, pensó en levantarse y salir de ahí, pero la castaña de inmediato lo tomó del hombro distrayéndolo.
— Deje le preparo su helado. Le daré sabores muy ricos, hoy por la mañana justamente salió la nieve de galleta y también la de dulce de leche. ¡Ya se! También le pondré piñon, un poco de granillo de chocolate y para coronar a la reina de las preparaciones, le pondremos una cereza.
La paranoia era un estado mental que le había enfermado definitivamente, de otra manera no se podía explicar cómo había sido tan huraña con un joven que tenía toda la pinta de ser un buen trabajador social. Ere evidente que esa unión de univocidad que mostro con el niño, era algo que no se podía fingir. Con gracia terminó su obra maestra y la sirvió en uno de sus platos más bonitos. — Por favor disfrútelo y no dude en decirme que le parece. Por cierto creo que ya hemos pasado algunas cosas y usted sabe mucho de mí, mientras que
— Shaoran Li. También de mi parte fue muy descortés abordarla como lo hice el otro día, no tenía el derecho de incomodarla.
La chica sonrió ante sus palabras — Esta bien, creo que ambos fuimos unos tontos. Que le parece señor Li, si desde hoy lo dejamos como borrón y cuenta nueva. Soy Sakura Kinomoto, dueña de esta heladería y aficionada a los libros, las comidas caseras y las series.
Se relajó ante el ambiente, mientras sonreía sin darse cuenta — Shaoran Li, abo trabajador social, me gustan las cosas dulces, la música clásica y la arqueología. Un placer
— Entonces señor Li, pruebe su helado, estoy segura que le encantara.
Cogió la cuchara plateada que tenía el plato y dio un bocado al contenido de la nieve, respiró hondo al sentir los saberes recorrer su paladar. SUBLIME, esa era la mejor palabra para describir aquello, la textura y el sabor estaban tan bien balanceadas que parecían brincar en su paladar y nadar en un frenesí continuo — Wow, esto está muy rico, créame es difícil que algo me deje sin palabras, pero esto tiene una marco tan
— Un secreto de familia que imprimimos en todos nuestros productos señor Li, ¿no lo experimento también con el helado de limón que se llevó el otro día?
Un poco apenado, se incomodó ante lo que iba a revelar — La verdad es que tuve mucho trabajo y lo deje en el refrigerador de mi minibar, no tuve tiempo de comerlo.
— Ya veo... entonces disfrute el helado.
Asintió mientras terminaba el postre, entre pausa y pausa, pudo platicar un poco con la chica. Cosas sin importancia como el clima, los sabores y el tipo de galleta que usaba. Al terminar su postre, pidió un medio litro extra de helado de queso con frambuesa. Sakura le dio su pedido y después de pagarlo, se despidió prometiendo que volvería pronto.
Todo se nublo entonces cuando llego a su departamento. Se sentó en uno de los sillones de la sala y dejo el helado entre sus pies. ¿Qué diablos había estado haciendo? No era un niño para distraerse así de fácil y ponerse a jugar con una chiquilla heladera. No importaba que el helado de verdad hubiese estado rico, la realidad es que no era un mocoso que olvida de su trabajo solo por satisfacer un capricho de su lengua. Era un error habar periodo la noción de lo que hacía, pero quizá no había estado tan mal, al final del día la chica ya no le veía como un enemigo y quizá esa era la mejor ganancia de momento. Se levantó y tomó la bolsa que contenía su helado, debía reafirmar su compromiso. Lo mejor era tirarlo al bote de la basura.
Terminó de acomodar los libros que había llegado, si quería continuar con su estudio de la hermenéutica de las obras de Cortázar primero debía de concluir con la limpieza de la librería. Además no solo era eso, quería acabar con sus pendientes lo antes posible, desde su terrible incidente en la lluvia, ahora había encontrado un hermoso diamante en medio de las minas de carbón. Sakura era una chica muy linda y quizá no sería mala idea visitarla después de cerrar, se llevaría a "Rayuela" para que le hiciera compañía mientras conocía en el procesado a la simpática castaña.
— Quizá no sea tarde para pensar que podemos ser algo más y bueno, si no se puede concretar, siempre es grato hacer amigos tan interesantes como ella.
Uff, he tenido mucha tarea TwT, por eso me tienen con capitulo nuevo pero cortito. No olviden dejar un review, los leo siempre Owo Saludos y ¡nos vemos en una semana!
