Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece.
Universo Alterno de Vrains que continúa mi historia en la cual los personajes de GX son vampiros, en un mundo en el que un Haou vampiro logró utilizar la «Súper Polimerización» para crear un mundo de Noche Eterna; así que se recomienda leer esa historia antes..
Noche Eterna: Yusaku Fujiki
I. Escape
El exterior era aterrador. Mucho más de lo que decían las historias con las que creció Era un lugar lleno de sombras, con una enorme luna roja como única fuente de luz, la cual le daba al bosque el aspecto de haber salido de una pesadilla. También era frío, por lo que tuvo que asegurarse de que su abrigo estuviera bien cerrado. Además de soplar en sus manos para calentarlas.
Pero, incluso con esos inconvenientes, no era tan malo como la habitación de blanco. Podía entender la Oscuridad: siempre lo hacía sentir seguro. La Luz lo asustaba. Ese sitio estaba lleno de luz, algo que sus cuidadores y sus profesores siempre le dijeron que era la representación del bien. ¿Cómo podía ser bueno algo que sólo le trajo dolor? Dolor constante, día tras día, durante seis largos meses que se sintieron como años.
Yusaku respiró profundamente, inhalando el aire frío. Se sentía distinto al aire de Den City. Por supuesto, este era aire puro de verdad, por decirlo de alguna forma, no esa mezcla industrial que se producía dentro de las ciudades.
Miró hacia atrás, al enorme Domo que parecía de color rojo oscuro bajo el resplandor de la luna roja.
—¿Sabes? Hubo un tiempo en que fue blanca —comentó su compañero, el pequeño «duende» de color negro que vivía en el disco de duelo que «tomó prestado» del orfanato.
—¿Blanca?
—¡Sí! Incluso había gente que pensaba que estaba hecha de queso. Ahora siempre es roja.
«Como la sangre», pensó Yusaku. Detestaba el color rojo de la sangre. Estaba harto de que los doctores sacaran tubo tras tubo de su sangre. Había uno en especial que parecía disfrutar hacerlo de tal forma que le causara el mayor dolor posible cada vez que le clavaba la aguja. Ese era otro motivo para detestar el blanco: era el color de las batas de los médicos, quienes se suponía debían ayudarlo, no causarle más dolor.
El niño miró al duende por un momento, con sus ojos verdes por completo inexpresivos.
—La luna está hecha de rocas.
El duende se «desinfló» hasta ser un simple ojo dentro de la pantalla del disco de duelo.
—Deberías probar a usar tu imaginación. Eres el niño más sombrío que haya conocido jamás.
—No tengo tiempo para imaginar cosas.
Desperdició mucho tiempo haciendo eso durante esos seis meses en la habitación de blanco. Cerraba los ojos e imaginaba que no estaba allí, en ese sitio en el cual el ganar o perder los duelos era la diferencia entre sentir dolor o alimentarse para sobrevivir otro día. Pero, sin importar cuanto lo hiciera, la imaginación y la realidad eran dos cosas diferentes. Soñar que no estaba allí, o que alguien iba a sacarlo, se volvió un ejercicio cada vez más inútil. Era gastar fuerzas cuando lo único que importaba era sobrevivir… Hasta que se rindió.
«Piensa en tres cosas…»
Apartó la mirada del domo de Den City y volvió a centrarla en el bosque.
—¿Estás seguro de que este es el camino?
—¡Por supuesto! Mientras avancemos siguiendo ese enorme tubo, llegaremos a la ciudad de Neo Domino. Calculo que serán una semana de viaje, sin embargo, puedes lograrlo. Siempre y cuando sigas mis indicaciones.
Yusaku asintió y volvió a caminar.
El «tubo» al que se refería el duende era la estructura que protegía las vías del tren bala que conectaba la Ciudad Estado de Den City con Neo Domino. Ambas, junto con Miami City más al Sur, eran las únicas ciudades al sur de lo que una vez fue Japón. Las tres ciudades se conectaban mediante trenes. En otro tiempo habría habido rutas marinas y aéreas, pero eso era antes de que la «contaminación y el cambio climático» forzaran a los humanos a refugiarse en domos como ese.
Por supuesto, esa era la historia oficial. Gracias al duende aprendió que en realidad afuera de los domos todavía había vida, simplemente los gobiernos lo ocultaban. El duende fue quien tuvo la idea de salir y seguir las vías desde fuera para llegar a Neo Domino. En realidad, a Yusaku nunca se le pasó por la mente la idea de escapar de Den City, no hasta que el duende comenzó a hablar con él a través del televisor y de la tableta del colegio.
—Si los médicos de este lugar no te ayudan, ¿por qué no buscar mejores? Podrías ir a ver a la famosa Doctora Aki. Es una prestigiosa investigadora que trata con personas con tus peculiares habilidades.
Yusaku enarcó una ceja. ¿Habilidades peculiares?
—¿No lo sabes? Eres lo que ellos denominan un «Duelista Psíquico».
El uso de la palabra duelista le costó al duende un par de semanas en las que Yusaku no quería hablar con él. No era un duelista, de hecho, si pudiera pasar el resto de su vida sin volver a ver una carta o un disco de duelo, estaría mejor. El duelo sólo causaba dolor.
Yusaku sabía dentro de sí que era absurdo creer que podría vivir su vida sin relacionarse con el duelo. Todo en el mundo giraba en torno a él: el duelo mantenía los reactores que daban energía a las ciudades funcionando. Sin duelo no tendrían luz similar a la que una vez les dio el sol, ni el oxígeno que respiraban, ni las plantas de tratamiento que convertían en agua salada en agua potable para el consumo humano y el riego de las plantas que les daban alimento y más oxígeno.
En su mundo, era imposible estar lejos del duelo. Sin embargo, le causaba tanto dolor sólo pensar en él que deseaba poder hacerlo.
Aun así, el duende se esforzó y lo convenció de que tal vez irse era la mejor opción.
Yusaku argumentó que era imposible por tres motivos.
Primero: siempre había alguien vigilando, fueran los cuidadores del orfanato, los hombres que lo llevaban y traían del hospital y los mismos médicos. Sin contar las cámaras de seguridad que había por todas partes y que incluso lo vigilaban mientras dormía.
Segundo: era un niño de siete años, casi ocho, huérfano y sin ningún adulto que lo ayudara. Aunque pudiera escapar, le sería imposible comprar los boletos para ir a la ciudad Neo Domino.
Tercero: incluso si ambos puntos anteriores se cumplían, su medicamento para el dolor, producto de esos seis meses en la habitación de blanco, era estrictamente administrado por el personal del hospital. En cuanto el efecto pasara, terminaría en el suelo presa de él.
De alguna forma, como si fuera mágico, el duende consiguió hacer posible lo imposible: desactivó las cámaras y trazó una ruta de escape; sugirió ir por afuera tras demostrarle que todo eso de que era imposible vivir en el exterior de los domos era una mentira; y, finalmente, le consiguió las pastillas que necesitaría para el viaje, además de cápsulas con nutrientes (de esas que sólo los muy ricos podían permitirse) para que no sufriera hambre en el viaje.
Así pues, Yusaku siguió al duende a esa aventura cargado solamente con el disco de duelo en el cual viajaba el duende, una mochila con Roboppi (el robot personal que le obsequiaron para ayudarlo con su «tratamiento») y las píldoras en sus bolsillos.
En teoría, según el duende, todo debería salir bien. Mientras no perdieran de vista el tubo con las vías férreas, llegarían pronto a Neo Domino, en donde la Doctora Aki podría ayudarlos.
Pero el duende no contó con un hecho: la vida fuera de los domos de las ciudades era posible para los humanos, y también para otras cosas. Cosas que se suponía debían ser simples imágenes en cartas, hologramas en un disco de duelo o datos en el interior de Link Vrains y otros servicios de Realidad Virtual.
Cuando la luna se ocultó y el cielo quedó completamente oscuro, algo comenzó a moverse entre las sombras.
Yusaku, siendo un niño enfermo debido a los seis meses de tortura, no pudo escapar de un grupo de goblins. Sí, goblins, como los del Duelo de Monstruos. De hecho, eran los goblins del juego de cartas.
II. Ataque
Yusaku no supo por cuanto tiempo viajaron. Al igual que en sus días de cautiverio en aquella habitación de blanco, el tiempo dejó de tener sentido para él.
No había visto al duende ni a Roboppi desde que lo capturaron. Tampoco tenía sus pastillas, por lo que procuraba no moverse a causa del dolor. Complicado, dado que lo habían cargado como a un costal de papas al comienzo, para luego meterlo al interior de un viejo barco de velas. Estuvo mareado la mayor parte de ese viaje.
Al final, los goblins desembarcaron en una isla habitada por muchos de ellos. Aunque, mientras lo llevaron encadenado por una calle, vio a muchos otros monstruos (y algunos humanos) que vagamente pudo reconocer de otras cartas del juego.
Luego de eso, lo llevaron a un edificio que parecía ser una extraña mezcla entre una aduana, una prisión y una perrera. Los goblins hablaron en un idioma extraño, que a Yusaku le parecía casi más una serie de gruñidos que palabras en sí. Salvo el momento en que lo capturaron, cuando le cuestionaron en varios idiomas humanos (entre ellos el inglés y el japonés) si había escapado de sus «amos» y de dónde provenía, ninguno de ellos había vuelto a hablar en un idioma conocido. Salvo para ordenarle que comiera o que avanzara cuando, debido al cansancio, ya no podía moverse más.
Fue dejado en la oficina, encadenado junto con otros humanos y monstruos de aspecto humanoide que también fueron trasladados en el mismo barco.
El goblin que parecía ser el capitán de dicho barco, se acercó al escritorio y habló con un goblin vestido como si fuera un oficial de aduanas. Fue la primera vez en mucho tiempo que vio a Roboppi y el disco de duelo en el que estaba el duende. El goblin los arrojó sobre el escritorio sin ninguna contemplación. Yusaku sintió ganas de gritarles, lo habría hecho si no estuviera tan cansado por el viaje y el dolor. ¡Roboppi no era un objeto al que podían tratar así! ¡Era su amigo, su único amigo! Y, hasta cierto sentido, el duende también lo era, aunque fuera chillón y ruidoso la mayor parte del tiempo.
Una serie de explosiones sacudieron el edificio. Hubo gritos de pánico y la mayoría de los goblin salieron huyendo del lugar, dejando a sus prisioneros a su suerte. En el caos, Roboppi cayó del escritorio y fue pateado varias como si fuera una pelota. En cierto momento, cuando estuvo cerca de él, Yusaku se arriesgó y, a pesar del dolor, alcanzó a Roboppi. Se abrazó a él y se hundió lo más que pudo sobre sí mismo y contra el muro, como si quisiera que la pared detrás de él lo tragara, como tantas veces hizo cuando estaba atrapado en la habitación de blanco.
«Piensa en tres cosas», recordó la voz de quien lo había salvado. «Tres cosas para sobrevivir…»
Le pareció que pasó una eternidad, quizá incluso se desmayó en algún punto, no estaba seguro, hasta que finalmente los ruidos de batalla y las explosiones se detuvieron. La habitación quedó en silencio, sólo roto por uno que otro crujir en la madera del edificio que lo rodeaba.
—¿Estás bien, niño? —le preguntó alguien en un japonés que le parecía un poco extraño.
—Parece que el ataque terminó —susurró otra persona—. ¿Quién habrá atacado?
—Seguramente algún otro clan —respondió un monstruo con voz ronca—. El Rey Goblin se ha hecho de muchos enemigos desde que decidió colonizar parte de lo que antes era el mundo humano. Esto sólo sirvió para enfadar al Rey Supremo de la Noche.
Las personas encadenas comenzaron a temblar de miedo en cuanto escucharon esto último.
—¿El Rey Supremo? —se atrevió a preguntar Yusaku con voz ronca.
—¡Vaya! —dijo el viejo monstruo con un tono mitad burla, mitad incredulidad—. Alguien que no conoce al Rey Supremo. Es el rey de los vampiros y, si crees en los rumores, el responsable de que el mundo sea como es. El desterró a la Luz de este mundo, he hizo que las Doce Dimensiones y el Mundo Humano se conectaran para siempre. Hay quienes dicen que no está contento con eso: quiere convertir al universo entero en su imperio personal, gobernar sobre toda criatura y convertirse en el amo de la vida y la muerte.
—¿De dónde eres, niño? —le preguntó la primera persona que le había hablado.
Yusaku se mordió el labio y no respondió.
—Lo atraparon en Kyushu —respondió alguien por él—. Tres goblins locos que se acercaron demasiado a las Ciudades de Kaiba.
—¿Eres de Kyushu? ¿Qué hacía alguien de Kyushu fuera de los domos?
—Tiene sentido. Es un niño muy bonito. Nadie que sobreviva fuera de las Ciudades de Kaiba se vería como él. Esos goblins que lo atraparon debieron pensar que con eso tenían sus vidas resueltas. ¡La cantidad de oro que cualquiera pagaría por este niño! Si sobrevivimos, tal vez deberíamos venderlo. He escuchado que a Oberón, el Rey de las Hadas, le gustan los niños pequeños como él. Pagaría muy bien.
Yusaku se encogió más en su lugar.
—¡Idiota! Incluso si esos rumores fueran verdad, ¿cómo pagarías para usar uno de los Puertos de Otra Dimensión? Esos cabrones vampiros los vigilan muy bien. Y los Goblins jamás te dejarían utilizar el suyo. ¡Acabarías encadenado de nuevo antes de siquiera preguntar!
Antes de que alguien pudiera decir cualquier otra cosa, la puerta se abrió y una mujer entró en la habitación. La mujer sostenía una lámpara de gas como las que Yusaku había visto en una vieja película de época. Traía un vestido blanco, una capa negra con bordados de oro y un sombrero que parecía ser el de un mago.
—¡Sobrevivientes! —llamó en voz baja—. ¡Varios monstruos y cinco humanos!
La mujer levantó lo que parecía ser un cetro o una varita. La punta de cristal se iluminó en un resplandor blanco.
—¡Tengo a un niño muy enfermo!
La mujer se agachó junto a Yusaku, estiró su mano en su dirección, lo que hizo que el niño se encogiera sobre sí mismo, mientras apretaba su abrazo sobre Roboppi.
—Está bien —le dijo con voz suave—. Ya estás a salvo.
La puerta volvió a abrirse.
Una mujer vestida con una armadura y un disco de duelo en su brazo entró a la habitación. Sus ojos resplandecieron en color dorado mientras recorría uno a uno a los presentes. Esto provocó jadeos de miedo. Yusaku incluso escuchó a varios decir «vampiro» por lo bajo.
—Soy Rei Saotome —se presentó la mujer—. General de la sexta Orden de Duelo, bajo el mando del Príncipe Judai. Desde ahora esta isla está bajo ocupación del Rey Supremo de la Noche Eterna.
Yusaku se apretó más, estremeciéndose cuando sintió las manos (aunque amables) de una de las mujeres pasar por su espalda intentando tranquilizarlo.
—Recibirán atención médica —siguió la general—. Luego de eso, tendrán la opción de solicitar ser devueltos a sus lugares de origen. O, si lo prefieren, pasar a formar parte de los súbditos de Su Majestad.
La mujer hizo una señal con su mano. Otra mujer, una pelirroja con un vestido blanco similar al de la primera que entró, se presentó ante ellos.
—Soy Janis: curandera personal al servicio de la General Saotome. Desde este momento son mis pacientes.
III. Janis
Por primera vez en mucho tiempo, Yusaku no sentía dolor. Había dejado de creer en la magia durante esos seis meses de tortura en la habitación de blanco. También fue allí en dónde dejó de creer en los dioses. La amable cuidadora del orfanato siempre les dijo que rezaran para que Dios les concediera la felicidad. Durante semanas, mientras estuvo atrapado, rezó. Dios nunca llegó a ayudarlo.
Sin embargo, cada vez que la Curandera Janis pasaba sus manos cargadas de magia por su cuerpo para sanar sus heridas y detener el dolor, Yusaku recuperaba un poco más de esa capacidad de creer que todavía quedaba algo bueno en el mundo. Aunque no sabía si era un dios u otra cosa.
Por supuesto, le costó un poco confiar en la Sacerdotisa Luminosa. Ella era un Espíritu de Duelo, y en su mente todavía relacionaba al duelo con el sufrimiento.
Fue un alivio saber que Roboppi estaba bien. A pesar del trato busco y los golpes, funcionaba perfectamente. Esto se debía a que, al ser un objeto pensado para ser dado a niños que como él habían pasado por traumas graves, fue diseñado para ser resistente. Claro, Yusaku no sabía esto, y por un tiempo creyó que no volvería a hablar con Roboppi.
El pobre robot supuso que había hecho algo mal cuando el niño de ocho años se abrazó a él llorando, casi como si fuera un salvavidas.
—¡Creí que ya no te vería más!
—Roboppi fue programado para cuidar del amo Yusaku. Roboppi siempre estará aquí. El amo Yusaku no debe llorar por Roboppi. Roboppi no quiere que el amo sufra.
Mientras Yusaku se recuperaba, Janis estaba cada vez más furiosa. ¿Qué clase de monstruos habían hecho eso? El niño estaba lleno de traumas tanto físicos como mentales. Dolor constante, pesadillas, y su confianza en otras personas completamente destruida. Claramente, había sido víctima de tortura y malos tratos. Había visto a víctimas de monstruos que lo habían pasado mejor que él.
Le gustaría poder hacer más por el niño, pero le era imposible. Tenía muchos pacientes a quienes tratar en esa isla. Era obvio, al tratarse de un punto de compra y venta para los goblins.
No eran las criaturas más agradables. Se dedicaban al saqueo, la venta de esclavos y la piratería en general. El Príncipe Judai incluso se negaba a reconocer a su Rey como tal. Era un pirata, eso era todo. Lo habían expulsado del Mundo Oscuro cuando consiguieron conquistarlo por completo y el maldito huyó hacia lo que quedaba del Mundo Humano. Esto hizo que el Príncipe lo tomara personal, más por su Consorte que por sí mismo. El consorte del Príncipe Judai, Sho Marufuji, no solía estar a favor de ir a la guerra, no obstante, cuando alguien cometía crímenes como los que el llamado Rey Goblin hacía, hasta él podía volverse el más belicista de los miembros de la Corte del Rey Supremo.
Janis revisó sus informes. La mayoría de sus pacientes humanos estaban listo para ser repatriados o enviados hacia la Ciudad de Tokio, el principal puerto del Imperio de la Noche Eterna en el Mundo Humano. Allí se les darían sus documentos de ciudadanos y podrían comenzar a buscar cómo ganarse la vida de ahora en adelante. Técnicamente, Yusaku también estaba listo para ser dado de alta de sus cuidados.
Suspirando, la sacerdotisa luminosa se dirigió hacia la improvisada oficina de la general Saotome. Janis había sido parte del mazo de Rei desde que ella era humana. La vio luchar en la Academia contra la Sociedad de la Luz y su corrupción, y aunque al comienzo no estaba tan segura de todo eso de «desterrar la luz de ese mundo». No podía negar que, a pesar de las cosas que pasaban con seres como esos goblins, la mayoría del tiempo todo parecía ir por un mejor camino. Al parecer, deshacerse de la Luz de la Destrucción para siempre, alivió mucha de la rabia del antiguo Rey de Kronet. A causa de esto, poco a poco la reputación del Rey Supremo iba mejorando a lo largo de todas las Dimensiones, las cuales por primera vez en la historia estaban tan unidas que no parecía que alguna vez hubieran estado separadas.
Cuando entró a la oficina de la general, se llevó una sorpresa al ver allí al Príncipe Sho, consorte de su majestad el Príncipe Judai.
—Los siento mucho. Volveré cuando no estén ocupados…
—Tonterías —dijo el joven vampiro con una sonrisa cálida—. Le pedí a los guardias que te dejaran pasar por algo. Quiero escuchar el informe médico de los rescatados.
Janis asintió. Procedió a resumir los casos de quienes estaban listos para partir; quienes prefería que se mantuvieran un poco más bajo su cuidado; y quienes debían ser trasladados al cuidado de algún otro curandero debido al tipo de lesiones o enfermedades que presentaban a causa del trato recibido por sus captores, o incluso a sus vidas previas.
Cuando llegó al niño (con mucho trabajo lograron que les dijera su nombre: Yusaku), los ojos del Príncipe Sho se entrecerraron con furia.
—¿Algo más? —preguntó con voz peligrosa—. ¿Abuso sex…?
—Por fortuna no —se apresuró a decir ella—. Pero, pude constatar las marcas y el daño interno producto de constantes choques eléctricos. También, siente miedo ante cualquier cosa relacionada con el duelo, salvo un disco de duelo de diseño claramente humano encontrado en la habitación de dónde lo rescatamos.
Sho cerró los ojos en un rictus de dolor y rabia.
Había sido un incansable perseguidor de los llamados Duelos del Inframundo. Participó en suficientes duelos de vida o muerte en el año y medio que pasó en el Reino de la Noche Eterna siendo humano. Ahora que el Rey Supremo había cumplido su cometido, no creía que el duelo debiera seguir siendo usado como un arma de guerra y tortura. Sin embargo, todavía había mucho trabajo por delante.
—¿Qué han averiguado del niño? ¿De dónde viene? ¿Tiene padres?
—El disco de duelo es lo suficientemente peculiar para ser sospechoso —dijo Rei—. Interrogué a quienes viajaron en el mismo barco que él. Parece que viene de Den City.
Sho hizo una mueca de desagrado.
Era una ciudad-estado humana controlada por una compañía que la verdad, por lo que sabía de ella, no le agradaba en lo absoluto. El tipo que la dirigía a veces le recordaba demasiado a su padre. Pero, ¿qué se podía esperar del nieto de uno de los hermanos mayores de Manjoume?
Sho no estaba a favor de la guerra, sin embargo, debía ser honesto consigo mismo: muchas veces le costaba reprimir sus deseos de tomar un ejército y marchar sobre la ciudad. Por desgracia, Den City era aliada de Neo Domino y Miami. Ir a la guerra contra ciudades a las que Kaiba dotó de su mejor tecnología no era algo que el Imperio de la Noche Eterna pudiera permitirse en esos momentos.
—Quiero ver al niño —dijo al tiempo que se ponía de pie.
Sho no necesito conocer al niño por más de una hora, cuando ya decidió que iba a hacer respecto a él. Si Den City se enteraba, sería un problema diplomático gordo. Aun así, estaba seguro de que Judai iba a apoyarlo.
Por otro lado, quería ver la cara de Judai cuando regresara a casa con un niño tomado de su mano.
—Judai, quiero que conozcas a Yusaku: nuestro hijo.
Sintió que el sabor amargo de su boca se pasaba de sólo imaginar la escena
Respiró profundamente, aunque en realidad no lo necesitaba al ser un vampiro, y luego se centró en lo feliz que le hacía sentir la idea de adoptar un niño.
Sho había escuchado muchas veces que los vampiros eran seres caprichosos. Después de décadas siendo uno, podía entender por qué. Por otro lado, tal vez se estaba reflejando mucho en ese niño y por eso quería adoptarlo. Cierto, su padre jamás lo electrocutó ni lo forzó a tener duelos. No, Kyo Marufuji hizo cosas reprobables, pero siempre se aseguró de no dejar marcas físicas. La opinión pública le importaba mucho como para permitirse que alguien las notara.
IV. Regreso
Yusaku miró a la abuela Camula una vez más, antes de dirigir su atención al domo que albergaba a Den City.
—¿Sabes? No tienes que hacer esto. Podrías llamar a tus padres y ellos se ocuparán de que este lugar sea arrasado hasta sus cimientos.
Yusaku lo sabía. Pero también que esto era algo que debía hacer solo. Durante los últimos siete años había conseguido recuperar la felicidad que le habían arrebatado en esa habitación de blanco. Creció rodeado de una familia un tanto atípica (vampiros, por extraño que parezca): con dos padres amorosos, y tres abuelos (uno de ellos un Guardián Dragón-Demonio) que arrasarían con fuego y azufre a los responsables de su sufrimiento del pasado. Eso sin contar a sus muchos tíos: Ryo, quien le enseñó que había oponentes a los que simplemente no había que tenerles respeto, pues ellos no te respetarían a ti; la tía Rei, quien le mostró la disciplina; el tío Mokeo, quien le ayudó a comprender sus extrañas habilidades psíquicas; e incluso el tío Johan, el único, junto a sus padres y su abuelo Haou, a quien jamás pudo vencer en un duelo, y debido a esto le enseñó mucho.
—Lo sé. Pero, antes de eso, hay otros como yo allí a quienes debo ayudar. Además, tengo que descubrir la identidad de la persona que me salvo la vida. Es posible que todavía esté en ese lugar. Una vez que sepa la relación entre el Incidente de hace nueve años y estos Caballeros de Hanoi me pondré en contacto. Lo prometo.
También debía encontrar a Ai, la inteligencia artificial llamada «ignis» que lo convenció de escapar de Den City siete años atrás y a quien en su inocencia infantil llamaba «duende».
A lo largo de los años, Ai lo había visitado varias veces a través del viejo disco de duelo que robó al escapar de Den City. Así fue como aprendió un poco sobre el incidente y se enteró de que de hecho Ai nació de los datos que se recopilaron con su tortura. Ai, al ser una inteligencia artificial con consciencia propia y libre albedrío, se sintió culpable cuando supo que su origen lo estaba pasando mal. Por eso investigó quien podría ayudarlo, y luego lo convenció de escapar de Den City para ir en busca de la Doctora Aki.
Al final, las cosas no salieron como Ai planeó. Tenía todos los datos que Den City conocía sobre las «tierras salvajes» fuera de su domo, pero no había forma de que supieran que un grupo de goblins decidieran explorar cerca de la ciudad esos días.
El «duende» no paró de disculparse por eso cuando por fin pudo volver con Yusaku, y también por no presentarse antes (algo sobre otros ignis siendo estúpidos). Yusaku tardó un tiempo en convencerlo de que estaba bien. De no ser por eso, no habría encontrado a su familia. No sería Yusaku, Príncipe del Imperio de la Noche Eterna.
Siendo ese el caso, tenía tres motivos para volver:
Primero: encontrar a Ai. Cuatro años atrás, recibió un escueto mensaje de su parte, casi como si fuera uno de esos viejos telegramas: «Mundo Ciberso en peligro. Caballeros de Hanoi. Debo ocultarme. Mantente a salvo». Yusaku esperó por años a que volviera a comunicarse. Ahora no podía esperar más. Se infiltraría en Den City y averiguaría que había pasado con Ai.
Segundo: debía averiguar que tenían qué ver estos caballeros de Hanoi con el Incidente Perdido, dónde estaban las otras víctimas, qué había pasado con ellas y sobre el paradero de la persona que le salvo la vida.
Tercero: desenmascarar el proyecto Hanoi y a sus involucrados. Asegurarse de que pagaran por lo que hicieron. Si no a través de la justicia, entonces mediante la venganza.
—Gracias por traerme, abuela. Lamento meterte en esto.
—Tonterías. Harías esto tarde o temprano. —Camula depositó un suave beso en su frente—. Cuídate mucho. Trata de comunicarte constantemente, de otra forma, no creo que deba decirte lo que harán tus padres.
Yusaku sonrió. Cualquier venganza que él pudiera planear, no se compararía a lo que sus padres harían. Ahora, si el que acudiera en busca de venganza fuera el abuelo Haou… Bueno, en ese caso, los implicados en el tal Proyecto Hanoi desearían no haber nacido.
—Volveré —le aseguró a su abuela.
Tenía que hacerlo. Pensaba recibir la Sangre de sus padres a los dieciocho años para ser no sólo su hijo adoptivo, sino también su hijo vampiro. Su venganza contra Hanoi era su último pendiente antes de convertirse en un ser atado por siempre a la Oscuridad.
Tal vez ese siempre fue su destino. La Oscuridad siempre le pareció mejor que la Luz. Siendo así, no parecía tan raro que el Ignis de la Oscuridad naciera de él.
Al comienzo pensé escribir un resumen de la infancia de Yusaku desde el momento en que Sho decide adoptarlo. Al final, opté por dejar eso afuera, por si algún día tengo la inspiración para escribir una historia completa sobre la vida de Yusaku en este mundo.
Igual, no descarto dar el mismo tratamiento a otras series de Yu-Gi-Oh!, e imaginar como serían las vidas de sus personajes en este universo.
