CAPÍTULO 5 (INICIO)
- Kagome, cuéntanos ¿Qué hiciste en tu tiempo?- se impacientó Shippo mientras esperaba su cena. Carne de un jabalí que había cazado InuYasha y que ahora cocinaba Kaede con esmero.
Todos dejaron de mirar el crepitar de las llamas para concentrarse en Kagome y esta se puso nerviosa de pronto- Pues no mucho, terminé mis estudios, trabajé y seguí entrenando como sacerdotisa- dijo finalmente sin dar muchos detalles, mirando a Kaede al mencionar lo último, quien le devolvió una mirada orgullosa.
- ¿En tu época aún entrenan a las sacerdotisas?-preguntó con asombro Miroku- por lo que nos dijo InuYasha no hay demonios allí.
- Si, es decir, aún quedan templos que entrenan sacerdotisas basados en los métodos de esta época aunque con algunas diferencias.- aclaró Kagome.
- ¿Y porque estabas trabajando?- preguntó con curiosidad Shippo, pues recordó que Kagome una vez le había dicho que en su tiempo se estudiaba para encontrar un empleo pero que ocasionalmente había gente que tenía que trabajar y estudiar al mismo tiempo ya que necesitaban el dinero.
- Bueno, quería ayudar a mi madre con los gastos, en ese momento ella lo necesitaba y se puede decir que ese trabajo me ayudó también en otras cosas- respondió con simpleza.
- ¿Y en qué trabajabas?- esta vez fue el turno de Sango.
Kagome pareció reflexionar un momento luego miró a sus amigos y en especial a InuYasha que parecía observarla con curiosidad, sin embargo, permanecía callado- en el templo, mi maestro decidió contratarme para realizar algunas labores allí- no era del todo cierto pero aquella verdad a medias evitaría que sus camaradas se preocuparan más de lo necesario.
- ¿Maestro?-preguntó escéptico InuYasha, en un susurro.
- Si, Kudu, un señor mayor, amigo de mi abuelo- aclaró Kagome.
InuYasha no respondió únicamente asintió con aprobación, Miroku le miró y estuvo a punto de reír con burla pero se contuvo cuando vio la mirada de advertencia del peliplateado. Sango desde su posición junto a Kagome miró con diversión la escena pero también retuvo la risa llevándose una mano a los labios.
- ¡Mira que eres celoso!- gritó Shippo riendo a carcajadas provocando que Sango y Miroku se rindieran ante la risa e incluso Kaede y las niñas se contagiaron de la misma.
- ¡Cállate!- exclamó InuYasha rojo de la vergüenza, en este punto fue Kagome la que dio rienda suelta a su melodiosa risa, sus ojos, se llenaron de lágrimas. Hacía tanto tiempo que no reía así. El medio demonio detuvo sus intenciones de golpear al pequeño y miró embelesado a la muchacha.
A Inuyasha le pareció incluso mágico aquel sonido, tuvo ganas de reír también pero en cambio esbozó una pequeña sonrisa y volvió a sentarse en su sitio. Los presentes dejaron de reír para mirar con asombro la actitud del muchacho que no parecía prestar atención a nadie que no fuera la joven tratando de tranquilizarse.
Fue Kaede quien irrumpió el momento al anunciar que la comida estaba lista, sirvió los cuencos de arroz y repartió los pinchos de carne para que InuYasha y Shippo no se comieran lo de los demás.
- ¿Y vosotros? ¿Cómo habeís estado?- preguntó Kagome.
- Estos últimos años han sido agridulces. Tenemos una familia preciosa y no nos ha ido mal ganándonos la vida como protectores de las aldeas colindantes pero creo que hablo por todos cuando digo que nada ha sido igual desde que te marchaste.- dijo Sango con la voz áspera como si estuviese conteniendo el llanto.
Kagome se sorprendió y sus ojos brillaron con calidez mientras miraba a sus amigos, después su mirada se posó en el cuenco de arroz y hablo: " Para mi tampoco fue fácil, es duro admitirlo pero después de todos los momentos que pasé aquí, con vosotros, mi casa, donde nací y crecí, donde está mi familia, ya no parecía mi lugar. También soís mi familia."
-Kagome- Shippo saltó a sus brazos y ella le recibió, después se unió Sango que no podía contener las lágrimas.
- Bueno y ahora para compensar las lágrimas cuéntame algo divertido- dijo Kagome tendiéndole un pañuelo a Sango y limpiando las lágrimas de Shippo.
- ¿Algo divertido? No sé...
- Sango cuéntale lo que pasó después de que nacieran las gemelas.- La animó Shippo.
- Shippo, eso no es gracioso y a nadie le gusta que aireen sus trapos sucios.- Dijo el monje con mueca de molestia y una ceja alzada.
- Pues a mi me parece una buena historia.- Rió Sango.
- ¿Qué pasó?.- Preguntó Kagome con curiosidad.
- ¡Me dijeron que nunca más me lo iban a recordar!
- Miroku has echo cosas por las que sentirte más avergonzado que esta.
- Tu tienes mucho que callar, amigo.
- ¡Eh monje, ni se te ocurra amenazarme!
- No es una amenaza, InuYasha, es una sugerencia.
- ¡Ah, eso si que no! La historia es simple, el libidinoso me invitó a beber por el nacimiento de las gemelas, se emborracho y amenazó a todos los hombres de la taberna diciendo que cuando sus hijas crecieran no quería a ninguno de sus hijos cerca, después lloriqueo sobre lo orgulloso que estaba y cuando se desmayo lo traje a casa.
- ¡Te vas a enterar! ¡Le voy a decir lo de...!- InuYasha fulminó a Miroku con la mirada.
Kagome miró al monje interrogante pero este decidió no hablar, quería evitar una muerte temprana.
Una vez que hubieron terminado de cenar Sango se despidió junto a Miroku y las niñas, Shippo se preparó para dormir, seguido de Kaede y Kagome se disponía a hacer lo mismo pero el medio demonio se puso en pié delante de ella y murmuró un "sígueme, hay algo que quiero enseñarte".
La muchacha se levantó, un poco sorprendida, siguiendo los pasos del joven hanyou en silencio, de pronto Tessaiga comenzó a temblar e InuYasha que ya parecía estar nervioso, se crispó todavía más.
- ¿Qué le ocurre? Parece inquieta por algo- comentó Kagome sorprendiendo a InuYasha pues la muchacha parecía entender el estado de la espada tanto como él, aunque no tenía de que sorprenderse pues ella había sido quién la había liberado como a él. Ante este pensamiento su corazón latió con fuerza y dejó de mirar a la muchacha para poner una mano sobre el mango de la katana, reanudando la marcha.
- No sé, lleva así un tiempo, tal vez en unos días visite a Totosai-dijo sin más InuYasha.
Kagome le siguió asintiendo, estaba nerviosa, notaba el nerviosismo de InuYasha que no la ayudaba a calmarse. Su cabeza era un caos, su pecho subía y bajaba con violencia, haciendo que se preguntará si era por la caminata o por el misterio que envolvía a su acompañante.
Pronto llegaron a las afueras de la aldea e InuYasha se detuvo frente a una gran cabaña de apariencia exterior modesta y que parecía estar inacabada en algunos aspectos. El medio demonio cogió aire para darse valor, girándose hacia Kagome.
- Es preciosa- susurro Kagome emocionada de que InuYasha tuviera al fin un lugar suyo y que el pueblo le hubiera aceptado, de repente se le formó un nudo en la garganta "¿y si él ya tenía una familia?" Se alegraría por él pero no sabía si podría recuperarse, ni siquiera si tendría la posibilidad de volver a casa al saberse rechazada, pues había saltado al pozo sin siquiera pensar en una posibilidad como esa, solo ansiaba verle.
- No es mía exactamente o no solamente al menos, es decir, yo no la necesito- InuYasha comenzaba a hablar atropelladamente. La miró, parecía que ella trataba de contener las lágrimas y se preguntó si eso era bueno o malo pero decidió continuar- Es decir, la hice para…¿Kagome estas bien?
Kagome solo en ese momento se percató de que sus lágrimas se habían escapado, de que estaba muy quieta, casi rígida y apenas respiraba. Estaba aterrada. Se limpió las lágrimas reprochándose a sí misma su falta de entereza, se irguió en su sitió y se preparó para el golpe- Si, claro, continua.
InuYasha hizo una mueca que la muchacha no supo interpretar. Parecía que retomaría su discurso pero se paró en seco, mirando hacia ella y en cambio dijo- ¿Para quién demonios crees que construí la cabaña, Kagome?
La muchacha en ese momento estaba desconcertada, se preguntó la razón por la cual InuYasha parecía tan repentinamente enfadado y había pronunciado su nombre de una forma extraña entre anhelante y dolida.
- Pues.. y-yo no s...- tartamudeó Kagome e InuYasha la miró incrédulo, iba a decir algo pero un sonido entre los arbustos les alertó.
El joven acortó presuroso la escasa distancia entre Kagome y él, poniéndose delante de ella y desenvainando su poderosa espada que empezaba a palpitar cada vez con más fuerza. InuYasha rogó porque su fiel Tessaiga no le fallará ahora que tenía por quién pelear nuevamente.
- ¿Qué ha sido eso?- murmuró Kagome con el alma en vilo, ni siquiera tenía su arco y flechas para luchar junto a InuYasha.
- No lo sé, no huelo nada extraño- respondió el hanyou mirando de un lado a otro, en guardia.
Los arbustos se agitaron, el ambiente se puso tenso y ambos esperaron ver al enemigo que se aproximaba a ellos pero en cambio de entre la maleza asomo Jaken, sirviente de Sesshomaru, que se limpiaba los ropajes. InuYasha relajó un poco su postura, sin embargo, miró con desconfianza al pequeño youkai verde.
- Puedes bajar el arma, traigo un mensaje- dijo Jaken, y vio como el medio demonio envainaba su poderoso colmillo, que temblaba furiosamente al igual que la Tenseiga de su amo.- el amo te espera en el pueblo.
- ¿Qué quiere ahora?- gritó a viva voz para luego mirar a su espalda y susurrar más para sí que para el sirviente- estoy ocupado.
Kagome se sonrojo por la mirada intensa que recibió, se mordió el labio pero no desvió la mirada, provocando que el medio demonio poco a poco se diese la vuelta acercándose a ella quedando a pocos centímetros de su cuerpo, no se tocaban pero sus cuerpos estaban tan próximos a hacerlo que no les separaba ni un paso. InuYasha quiso tanto besarla.
Al saberse ignorado Jaken carraspeo rompiendo el momento entre la pareja, cuando tuvo la atención de InuYasha que le miraba con molestia, mencionó- El amo Sesshomaru me dijo que era algo importante.
Kagome tocó el hombro de InuYasha y susurro aun sonrojada- será mejor que vayamos... después podemos seguir hablando.
El hanyo se dio la vuelta e inclinándose en el oído de Kagome murmuró- Si, claro. Pero recuerda, tienes una pregunta que responderme.-Kagome se sonrojó furiosamente, turbada miró a InuYasha, preguntándose que había sido eso.
InuYasha se arrodillo en el suelo e instó a Kagome para que subiese a su espalda después miró a Jaken y le hizo un gesto con la cabeza indicándole que emprendieran la marcha, el pequeño sirviente siguió al muchacho con algo de dificultad y en menos de dos minutos llegaron a la cabaña de kaede.
Con la respiración agitada, entró Jaken primero a la morada de la anciana aprovechando que el joven bajaba a la sacerdotisa de su espalda- amo aquí está- le anunció el menudo youkai. InuYasha entró seguido de Kagome y Sesshomaru abrió ligeramente los ojos con sorpresa pues la hacía del otro lado del pozo.
- ¿Qué quieres?- preguntó InuYasha.
Antes de que Sesshomaru le contestara fueron interrumpidos por Tessaiga y Tenseiga que al encontrarse una frente a la otra comenzaron a temblar con violencia, como no lo habían hecho antes.
- Tal y como imaginé Tessaiga también lo siente- hablo Sessomaru que parecía no dirigirse a nadie en particular, como si pensara en voz alta.
- ¿De qué estás hablando?- cuestionó InuYasha desconcertado.
Continuará...
