Se escuchaba, a lo lejos, el eco quebrantado de una voz familiar a la cual no distinguía. Esa reverberación de voces escalofriantes tildaba en su su cabeza con abrumadora fuerza, mientras que la ventana seguía abierta, emitiendo una luz lánguida y radiactiva. Ella no se daba cuenta de que la estaban observando, recopilando. Entonces un chapoteo licuo so se fue elevando, hasta quedar nomas en un especulador gañido de un animal porcino. Esta nueva epifanía se estaba desglosando. Los arboles ondeaban sus ramas al ritmo de la primavera, y el verdor de sus hojas la impregnaba una negra calamidad... y algo de zozobra. Una chica, caminando distraída por el bosque en busca de manzanas, fue a asegurarse. El sol jovial aun se encontraba ahí arriba, en la templanza, emanando buenas sensaciones... hasta ese día.

Al mismo tiempo que la ventana de luz decadente aun se encontraba postrada, siendo testigo de todo.

La de cabello largo se acercaba discretamente a un arbusto punzante, mientras el inquietante sonoro ruido se nulifico en cortantes chasquidos carnosos. Era curioso oír algo así en un sitio tan halagador, tan pacifico; era demasiado similar al sonido en el que despedazas carne fresca. Hincándose, se percato de las púas apegadas a las ortigas de ángulos extraños, tomando una clara precaución a las púas, en las cuales engañaban mentalmente a su invasora, provocándole alucinaciones, en donde los techos hechos de púas la aplastarían hasta quedarla estampada en el piso.

Abrió el follaje de la mata con sus manos, creando una ventanilla artificial. Miro como un catalejo entremedio... pero no vio mas que mosaicos de sangre desiguales en la hierba suave, entrañas desfiguradas, articulaciones de su cerdo mascota. Las reconoció casi al instante. Una pierna amputada en un correcto trazo paralelo exactamente igual al que se encontraba botado cerca de la corteza de un árbol. Mientras tanto, para su desagrado, el sonido gelatinoso y despedazantes se escuchaba de fondo, como en una escena de una película basada en hechos reales. No se atrevió a subir la vista, pues esta se estremeció asustadizamente al ver rodar un ojo, con la retina y su iris apagada, sin su brillo que ella quisiera alorar recordar, pero el pánico gano mucho poder después del traumático suceso que estaba pasando ahora... y que estaba a punto de pasar. Lentamente sus primeras lagrimas llorosas marcaban en pequeños hilos húmedos sus mejillas, pero no fue eso precisamente que la aterrorizo. Si bien pensaba ella que nunca en su joven vida pasaría por una situación como esa, lo siguiente fue aun peor.

Resulto que el ojo arrastraba consigo un garabato sangriento, que se conectaba a una linea recta que serpenteaba encima de la maleza. Esta seguía adentrándose mas allá del bosque. Ella, lívida de la muerte de su mascota/cerdo, quedo hecha un ovillo, llorando y sintiéndose miserable, creyéndose una terrible negligente por el poco cuidado a su compañero. Sonó con mas intensidad el gorgoteo de la carne colgada de un ramo, junto al sonido descuartizador de los órganos, cubiertos de sangre.

La ventana se mantenía abierta

El Azabache de coleta de caballo agudizo su visión mas allá del limite humano natural. Partió el corazón putrefacto del cerdo gigante y mastico la manzana sangrienta, mientras que el niño vendido ancestral luchaba contra sus escancias obsesivas de que si esto le ahorraría diversión y entretención; eso le incremento la lujuria sucia que poseía. Avanzo con pasos lentos y renqueantes, encorvada la espalda como un animal salvaje descalabrado, dejando huellas carnosas de sangre coagulada. Finalmente, cuando llegue a su profanación próxima, el le mostrara todo lo que podía ofrecerle a ella... a la vez que los recuerdos perdidos y olvidados por sus seres queridos le asediaban. Conseguiría el placer que se merecía, para suavizar el dolor y el sufrimiento que cada vez, mas constante e intenso, ensañaba en desquitarle su libertad. El gozo de obtenerlo para que su dolor por su madre se trancaría de una vez, para la eternidad... pero con cada muerte que realizaba, cada violación, cada niño torturado, cada ser humano antipático fumigado de las mansiones que soñó en comprar... No

Nada de eso le calmaba ese espíritu asesino y sádico

Conformándose en el suplicio. El pellejo desmenuzado de sus presas, expiadas por su propio sacrilegio.

El esperaba... pacientemente...

¿Ellos morirán? Esos consumidos por la comedia y la monotonía de los días. El destino ambiguo siempre embarca en el mismo puerto. El ángel de la liberación, dentro de una semana, les hará probar con quien estaban lidiando. Mientras tanto, se distraería de esta secundaria cena del día de hoy. El niño vendido de gemas rojas se internaba a su victima; un pequeño giro de carril no lastimaba a nadie; si los órganos estaban engranando a todas horas, entonces, obligado, pero a gusto, supondría que era hora de detener la maquinaria. Y así concluiría su propio final feliz.

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Historia conectada a Oscuridad desatada...