Minific

Una mirada

Por Mayra Exitosa

Ya pasaban los días, había una cita con el mejor neurólogo del país, un grupo de especialistas fueron llamados para su opinión, a todos se les solicitaba opciones sinceras y alternativas, una solución óptima, algo que no fuera un rotundo no. Eso solicitado por Albert, quien antes que algo así pasara, había solicitado el expediente de Candy, ahora que había mandado reparar la casa de su madre, lograba la vuelta y buscaba todo lo relacionado con el accidente y las negativas a su ceguera.

Candy por su parte estaba en un transe de aprendizaje, de esos que no solo deseaba conocer los pasos a su habitación, sino al jardín, a la cocina, a los estantes y alimentos, ya que su independencia era cada vez mayor, algo si era seguro y Albert ignoraba, las caídas, los tropiezos y las ocasiones de incidentes en los que ella, por aprender se daba algunos golpes. Para la señora Andrew, era obvio que Candy no veía, las luces, las lámparas directas a su mirada, todo lo que accidentalmente le había sucedido, no daban una señal de que estuviera mintiendo.

- Hija, ¿No te gustaría descansar un rato?

- No ahora, su hijo no tarda en llegar, me pidió que cuando el llegará deseaba escuchar la música del piano, y… no quiero ser desagradecida.

- Pero, si estas muy cansada, el no ha visto todo lo que haces, el no sabe todo lo que intentas aprender desde el amanecer hasta que el regresa.

- Eso no importa, lo importante es… que le hago compañía a usted, es un trabajo muy bonito, para tan poco pago y tanas bendiciones recibidas.

- La bendición es mía, no solo escucharte tocar, sino hablar y caminar conmigo, es algo que me hace sentir muy relajada.

- ¿Le pareció bien el pastel que hicimos?

- Si, no sabía que te gustaban las fresas.

- Usted dijo que eran las favoritas de su hijo, a mi me gusta mucho el de chocolate, ya lo he hecho y solo probar la preparación, me hace recordar a mamá cocinando y ese olor, me lleva a sus brazos.

- Es maravilloso. Sabes Candy, tus años de ceguera, te han dado tantas habilidades, que es verdad, parece como si pudieras ver. Cuando mi hijo se acerca a ti… tu… lo miras a los ojos.

- ¿En serio? Solo sé donde está su aliento, debe estar arriba su mirada, pero eso lo hago con algunas personas, su otro hijo, no es tan alto como Albert.

- Supe que te pretendía.

- No, el me apreciaba, pero no éramos el uno para el otro, Kate siempre hablaba de él, estaba ilusionada y adoraba sus cualidades y perdonaba sus defectos con facilidad.

- ¿Y tú no?

- Sé mis limitaciones, no necesito que me las recuerden constantemente, Anthony hizo un comentario muy desagradable, sobre tener una familia y… que yo no sería una madre adecuada. Lo comprendo, no pensaba casarme. Pero escucharlo me hizo sentir bastante mal.

- Pero tú puedes ser madre. Además serías una muy buena educadora de tus hijos.

- No lo creo, una madre protege, vigila, cuida, ayuda, apoya, y todo eso siempre es lo que necesito yo, soy… solo una buena amiga, una buena compañera, alguien que puede tocar el piano, que puede calmar a las frustraciones con solo una melodía, pero… jamás seré una esposa.

- Te equivocas, Candy. El médico dijo que tu ceguera fue el tremendo golpe en tu cabecita tan pequeña, tu matriz está bien, eres completamente sana, y una madre sabe cuando una hija puede ser la mejor, si se lo propone.

- Gracias, Sra. Rosemary

- Mejor sígueme llamando Tía, a que me digas señora.

- Si, Tía Rosemary. Es que, escucho mucho a las personas que le llaman… Sra. Andrew.

- Si. Pero me gusta cuando me dices Tía, me siento como si fueras más de mi familia.

- Gracias.

Rosemary se quedaba triste, trataba de que ella no se diera cuenta, pero el pañuelo secaba sus lagrimas, todo lo que dijo de Anthony fue mucho peor, no solo le había dicho que no sería buena madre, sino que no era una mujer completa, todo porque Candy lo había rechazado, ella los upo por otras voces, cuando Anthony la pretendió. Kate era amiga de Candy, no podía negar que Candy sabía lo que Kate sentía por Anthony, negándose la posibilidad de darle una oportunidad a Anthony, para que su amiga, pudiera conquistarlo.

Las ocasiones de escucharlo llorar lleno de rabia, porque ella lo había rechazado y le había dicho un no rotundo, el odio y la frustración le hicieron insultarla del coraje. Se lo contó a su madre, si, pero arrepentido por haber dicho esos comentarios, cuando sabía que ella los escuchaba.

Fue el despecho de Anthony, el dolor de amarla y de quererla aun con su ceguera, pero él no vio, que Kate siempre estaba ahí, tras de Candy, esperando su oportunidad y… cuando la tuvo, no la desaprovecho, a tal grado que se casaron antes de lo esperado para que naciera dentro de un matrimonio su nieto.

- Candy, hija, ya está el coche de Albert estacionándose, si deseas toca un poco, para que pasemos a cenar y puedas descansar temprano, me preocupa el golpe que te diste en las rodillas esta mañana.

- Estoy bien, traigo pantalón, nadie verá si se marcaron en mi piel.

- Hija, eres un ángel, anda, ven apóyate en mi, para que te sientes. Albert te llevará hasta el comedor, toma su brazo, sé que puedes ir sola, pero para que no note tu caminar dolido, será mejor que te tomes de su brazo.

- Gracias, así lo haré.

Ella tocaba el piano, el entraba enseguida con una sonrisa, buscándola. Su madre, lo observaba a la distancia, y notaba ese brillo emocionado, hacía años que no lo veía así, como no se había encontrado con Candy antes.

Al terminar la melodía, el se sentaba a su lado en la misma banca y tocaba algo leve de Chopin, ella sonreía, al escucharlo por primera vez tocar el piano. El sonriente al saber que le gustaba, tomaba su mano indicando que lo acompañara y ella lo hacía, y aceleraban los movimientos de las cuatro manos, acompañando la dificultad y cruzándose entre sus brazos. Finalizaban y sin esperarlo ambos suspiraban, quien yacía atrás viéndolos, solo hacía la señal para que sirvieran la cena, a los que al oler Candy, reaccionaba de inmediato, a lo que el agregaba,

- ¿Tienes apetito, eh? Vamos a cenar, te llevaré a lavarnos para ir al comedor, al ponerse de pie, ella se dolía, el roce de su pantalón en sus rodillas, el lo notaba y sin preguntar, levantaba el pantalón por sus pantorrillas viendo los golpes marcados. - ¿Qué te sucedió, Candy?

- Estoy… aprendiendo.

- ¡Pequeña!

Como si acabara de pasar, él la tomaba en sus brazos y la llevaba hasta sentarla la sección del lavabo, ayudándole a lavarse y secándola, para después, tomarla de nuevo y sentarla cerca de él, para colocar una silla y alzar sus piernas.

- Mañana iremos al doctor, que dirán cuando vean esos golpes, que no te cuidamos lo suficiente, lo mejor será traer a alguien que te guie.

- ¿A alguien?

- Si, una mascota guía es una muy buena opción para aprender. Rosemary, levantaba una ceja y con una sonrisa escondida, servía los platillos sin decir media palabra, ya tenía Albert a la mujer de su vida, solo tendrían que esperar a que… ¿se dieran cuenta?

La cena terminaba y el sonido del teléfono, lo contestaba una dama del personal, para después llevar el teléfono a Rosemary,

- ¡Hola hijo! Que gusto escucharte, mi amor. - Si, estoy muy feliz, Albert me consiente mucho. - No, no me siento sola, Candy está con nosotros…

Pasaron algunos comentarios, donde Rosemary no respondía, ambos Candy y Albert, notaban que ella se había quedado en silencio, después de mencionar a Candy. Apenada y tratando de levantarse, para salir del salón donde se encontraban, sin decir palabra alguna, pero Albert lo notaba y notaba la tristeza en su mirada, él la tomaba en sus brazos y dejaban a Rosemary sola, al salir del salón ambos, Rosemary respondía

- Si, Albert está muy enamorado de ella. Ambos Candy y Albert aun no estaban tan lejos y escuchaban esa frase. Ella se quedaba inmóvil, un poco más tensa al sentir sus músculos, el que la llevaba en sus brazos, notaba que estaba asustada. Él negaba suavemente pensativo, si su madre lo había dicho de manera intencional o era para callar a su hermano, que no la dejaba hablar.

Llevaba a su habitación, le acercaba su pijama colocándosela en sus manos, y comentaba,

- Pequeña, mañana iremos con el doctor, habrá muchos médicos, y quiero que te revisen y nos den un diagnostico apropiado…

- Albert… sé que… existe la posibilidad… de que no vea…

- Deja de pensar en eso, si fuera así… qué más da, lo más importante es… que nunca estarás sola. Me tienes a mí.

- Yo… no soy adecuada… pero… agradezco mucho que…

- No digas nada, Candy. Sin esperarlo, el tomo sus labios, beso delicadamente, ella cerraba sus ojos y se dejaba llevar por este cálido y tierno beso.


Gracias por sus comentarios, deseando sea de su agrado,

Un fuerte abrazo a la distancia

Mayra Exitosa