Minific

Una mirada

Por Mayra Exitosa

Candy era llevada a una veterinaria, o algo parecido, varios perritos eran mostrados ante ella y solo lo sentía al tocar su nariz humedecida. Albert quien miraba a los posibles compañeros, notaba que todos la querían y de inmediato notaban que era ella la que no los miraba, como era posible que los pequeños supieran que Candy era la persona, si él cuando la observaba detenidamente, no tenía ninguna forma de saber que estaba ciega. Continuaba viendo y el imito a Candy ahora, se quedaba con la mirada perdida para confundir a quien entrara a verlos. Pero los perritos ante él se ponían de cuatro patas arriba y con Candy, le daban un lengüetazo a su mano, haciéndola sonreír y verse… divina.

- Candy, sé que no los ves, pero… me gustaría que…

- El primero que trajeron huele muy bien, esta alto, debe tener el color dorado obscuro, pero su mirada debe tener tristeza. Me encantaría que volviera a venir.

- ¿El primero? Pero como puedes saberlo, si han pasado tantos, ni yo recuerdo a todos, llevamos más de catorce y entraron de a tres juntos al principio.

- Si vuelve lo reconoceré.

El hombre que la escuchaba, tomaba un pañuelo desechable limpiándose la nariz, luego traía a los primeros tres, estaban en la sección que nadie deseaba, pues eran mayores y no tenían un aspecto tan sano y bello como los demás perros guías.

- Aquí los tiene, señorita. Ellos son Black, Porte y Guardián. Son los primeros tres que desfilaron.

- Albert, es ¡Guardián!

- ¿Estás segura?

- Espera. Candy se movía y el perro de mirada triste la observaba detenidamente, luego se giraba y el iba tras ella, Albert notaba que los ostros dos permanecían sentados sin hacer nada, mientras el golden pasaba su cabeza cerca de su mano y no se movía hasta que ella lo acariciaba, volvía a caminar y al topar con pared, Guardián se atravesaba buscando su cabeza con la mirada triste que tenía.

- Si, Candy es dorado obscuro, es un golden retriever, es mayor y…

- Y es perfecto para que pueda hacernos compañía a tu madre y a mí, el no pedirá ir a jugar, no pedirá que lo lleve algún lado, el irá solo y volverá.

- Nos llevaremos a Guardián.

- Por supuesto, le traeré sus papeles, tiene algunas cosas de su propiedad, su anterior dueño murió, era un hombre muy grande. Candy se doblo hasta bajar a la altura del perrito y agregó

- Procuraré estar más tiempo contigo, Guardián. ¿Quieres quedarte a mi lado?

Albert sonriendo pícaro, la ayudaba a levantarse, la abrazaba mimoso y agregaba,

- No me pongas celoso. Yo te lo dije primero.

- ¡Albert!

Sin que pudiera decir nada, mientras el hombre preparaba los documentos de Guardián, Albert besaba en el rostro a Candy, quien no podía negar que se sentía muy protegida entre sus brazos. Pero en el fondo ella sabía que no podía ser, que no debía ser.

- Será una sorpresa para mi madre, cuando nos vea llegar con Guardián.

- Albert, no debemos…

- Tu no hiciste nada, fui yo quien vino por Guardián.

- Me refiero a…

- A que me aproveche de que no me ves y… te pueda besar. ¿Te desagrada?

- No es eso, puedes encontrar a una mujer que… pueda ser tu compañera.

- Tuve muchas oportunidades de hacerlo, con muchas damas… pero por fin encontré… la que quiero.

- No creo que…

- Ahora eres la que ves mejor que yo, eh. Bueno, te daré una oportunidad, si así como encontraste a Guardián, encuentras a alguien para mí, entonces aceptaré que me equivoque.

El perfume de él la mantenía tranquila, no deseaba separarse de su abrazo, escuchar sus palabras eran música, y esa búsqueda, jamás sería justa, ella no permitiría que alguien le hiciera daño, y como no podía ver, no era bueno que ella la buscara, pero… su madre, podía elegir por ella, si lo hacía le presentaría una mujer adecuada, así podría formar un bonito hogar y… ser feliz.

Albert la observaba, deseando tomar de nuevo sus labios como la noche anterior, pero verla pensativa, ante lo que él le había pedido, lo hacía sonreír, ella no tenía comparación, sería capaz de encontrar a una mujer, tan solo por no poder ver, como si eso hiciera falta, para amar.

Regresaban a casa, y Rosemary sonreía al verlos bajar del auto con un perro y accesorios, para que Candy tuviera un compañero que la guiara. Pero ver tan feliz a su hijo, era lo más hermoso que tenía en su mirar, era como si hubiera rejuvenecido hasta antes de hacerse cargo de todos los negocios de ella, antes de hacerse responsable de su hermano y enviarlo a estudiar, antes siquiera de que conociera a Candy, pero ahora, todo era distinto, llegaba puntual con tal de cenar en casa, era como si tenerla a ella, lo hiciera ser mejor. No es como dijo Anthony, una mujer sin sentimientos que podría causarle problemas a su hermano, no. Candy era sensata, tranquila y aun cuando Albert no lo era, ella se daba a respetar.

- Que bueno que regresan, llamaron para asegurar que iremos mañana al médico, ya está confirmado.

- Gracias mamá, mira el es Guardián, el nuevo amigo de Candy, ya me cambio, puedes decirle a mi hermano que… llego otro a querer quitármela. Rosemary soltaba las risas, Albert había adivinado lo que Anthony le pedía, que alejara a Candy de Albert. Candy por su parte se ruborizaba apenada apretando una sonrisa, bajaba hasta Guardián y comentaba,

- Es que es rubio, tienen una mirada hermosa, todo un galán, serio, formal ya hasta quiero ponerle el moño que le compramos. Rosemary reía y preguntaba,

- ¿Le han comprado un moño? Albert serio y con tono celos agregaba,

- Y hasta un traje para noche de gala, ¿lo ves, madre? Candy no me quiere dar oportunidad, prefiere a Guardián. Rosemary respondía jugando por el tono que usaba su hijo,

- Dale de gracias que se llama guardián, si tuviera el nombre de una persona, si pondríamos en aprietos a Candy. Albert al verla como no soltaba al perrito abrazándolo del cuello, agregaba

- Tienes razón, imagina que se llamara, Peter o John, y Anthony escuchara, en la línea del teléfono, Candy está con Peter en el jardín. Rosemary le respondía bromista a Albert,

- Se vendría a conocer a tu competidor, sería bueno para ver a mi nieto. Albert y ella se vieron al rostro, descubriendo en sus respuestas que, Anthony estaba celoso, porque Candy estuviera con él. Ahora lo comprendía, Candy por su parte, negaba con su cabeza, llevando a Guardián a su habitación, buscando un lugar para su nuevo compañero,

Albert por su parte, le daba las llaves del auto al personal que ayudaba en la casa, para bajar las cosas que trajeron para el perrito. Abrazaba a su madre y se iba con ella al saloncito de la entrada,

- ¿Qué paso entre Anthony y Candy?

- La verdad, nada. Tu hermano le pidió cuando eran muy jóvenes, una oportunidad, pero Candy era amiga de Kate, ella lo amaba y Candy recibía constantes comentarios de ella, según me comentaba Charlotte, la enfermera del asilo, Kate cobraba celos a Candy, y cuando pensaba que nadie estaba escuchándolas, le dijo que su ceguera no le permitiría ser una buena esposa, mucho menos una madre que pudiera cuidara sus hijos, si ella aceptaba a tu hermano, que podía esperar.

- Kate, le dijo eso.

- Eran amigas, Candy no vio que Kate la estaba quitando de en medio, tú sabes lo que paso cuando Anthony se casó.

- Comprendo.

- Lo mismo pasará ahora, Albert. De hecho, ya está sucediendo, ella siente que no es adecuada y…

- Si, me lo ha dicho, se ha negado en todo momento a estar cerca de mí. Eso me preocupa, su autoestima está muy debajo de lo normal, espero no le afecte en sus estudios médicos. Nunca me imagine que las palabras fueran una daga más peligrosa, mucho menos que mi cuñada, fingiera una amistad con Candy.

- La quieres, no puedes ocultarlo, ella ya lo sabe, y aunque no te acepte, sus actos lo hacen.

- ¿Qué quieres decir?

- Ella nunca había horneado pastel de fresas. Su favorito es el de chocolate, lo hizo para ti.

Albert sonriendo, se levantaba del sillón, le dio un beso en la frente a su madre y se fue a buscar a Candy.


Gracias por sus comentarios, deseando sea de su agrado,

Un fuerte abrazo a la distancia

Mayra Exitosa