Minific

Una mirada

Por Mayra Exitosa

La cena fue muy agradable y si, romántica, porque estaban solos y eso para Candy era la primera vez que sucedía con un hombre a solas y en… su habitación. Terminaban, el colocaba las cosas y ella lo ayudaba para después tapaba todo con una cúpula de plata, le tomaba las manos y la llevaba al balcón, sin asomarse por completo, solo abría las cortinas y la sentaba en la mesita unida al sillón que estaba ahí, el sentaba y hacía que sus piernas pasaran por encima suyo, para verse directamente al rostro, al ser tan alto y ella un poco más pequeña.

- No estoy sentada en…

- Estás en la mesita, pero… puedo sentarte en mis piernas, si lo deseas.

- ¡Oh no!

- ¿No?

- No es apropiado.

- Eres mi novia. Albert la jalaba a sus piernas y al ser de madera, ella resbalaba y caía en su regazo. Poniéndola de colores. Albert reía y la jalaba para que se recostara en su hombro, así iniciaba a conversar. - Soy optimista, pero… no me gustaría que te operaran, no, por los riesgos que implica una cirugía. Sé que deseas ver, pero el tiempo que estés dentro, estaré muy preocupado afuera, esperándote y…

- Es peor como lo comentas. Recuerdo a Tom, estaba muy mal, afuera en el pasillo, caminaba de un lado a otro, hasta que se escuchaba el llanto de su hijo, escuche que respiraba aliviado.

- Tom tiene seis hijos, Candy

- Y así fue con los seis.

- ¿En serio?

- Si, todos fueron hombres, hasta que nació la niña, por fin dejo descansar a Dayan.

- ¡Dios! Conocía la versión inversa, esa donde los machos quieren un varoncito.

- ¿Tu quieres hijos varones?

- Los que me quieras dar, mi amor.

- ¡Albert!

El se soltaba a reír y tomaba sus labios. Ella era genial, no aceptaba que eran novios, no aceptaba que existía la posibilidad de en un tiempo, casarse, pero ponerla en aprietos, parecía ser cada día algo más bonito entre ellos. Después de la larga charla, que en varios temas se llevaban varias horas, ella se quedaba descansada en su regazo y él se quedaba igual al no notar el tiempo pasar.

Por la mañana. El ruido de Guardián los despertaba, ambos estaban dormidos en el sillón. Candy se apenaba y se levantaba de estar encima de él y Albert notaba que ya había salido el sol.

- ¡Oh Dios! Me quede dormido aquí.

- Espero no se moleste mi Tía.

- No lo creo. Albert abría la puerta y en esos momentos por el pasillo pasaba Anthony, Kate y el pequeño. Viendo a Albert y a Candy en la habitación. Se quedaban con los ojos desorbitados. Este al ver que nada podía decir solo calmaba a Candy, quien no observaba la escena que el tenía al frente - Mi amor, arréglate. En unos minutos paso por ti, para bajar a desayunar. El perrito daba un ladrido, como asintiendo que desayunarían y Kate soltaba un grito de espanto.

- ¡Ah!

Candy en esos momentos se enteraba que ella estaba afuera de su habitación. El niño se animaba a querer bajar de los brazos de su padre para tocar al perrito, pero este no lo soltaba. Solo la miraba a ella, un poco despeinada, al menos con la ropa puesta.

Albert optaba por no salir aun, cerraba la puerta y regresaba a ayudar a Candy a elegir la ropa y tranquilizarla, luego le decía lo que pasaba afuera con tranquilidad, le besaba una mano y agregaba,

- Mi vida, te pensaba llevar a acampar un fin de semana, al menos ya sabemos que si podemos dormir juntos.

- ¡Oh no, Albert! Mi Tía se molestará mucho. He abusado de mi estancia aquí.

- ¿Tú o yo? Vamos, ella sabe que eres mi novia, tranquila, mira este vestido es verde y trae florecillas en la falda.

- Mejor será un pantalón por si salimos, no se me vean las rodillas.

- Bien. Aquí tienes todo, me voy a poner listo para venir por ti, lo antes posible.

- Gracias, Albert.

- No tienes nada que agradecer. Desde que estás aquí, me siento vivo y muy feliz. Ella le sonreía y el la abrazaba besando su cabeza, para que no tuviera ningún mal pensamiento.

Por como ya habían visto a Candy, lo mejor era pasar a desayunar y ambos recién bañados y frescos, bajaban abrazados, haciendo que Anthony la mirara cada que notaba distraía a su mujer. Las miradas eran vistas por Albert y su madre, quienes notaban como aun con los años, Anthony sentía algo por ella.

- El desayuno te encanará, mi amor. Candy no respondía solo asentía apenada. A lo que su cuñada de inmediato comentaba,

- Me alegro que hayas bajado a desayunar. No sabía que requerías un perrito como guía.

- No es un guía, es mi mascota. Me la regalo Albert. El desayuno pasaba y ya no podía aguantar la seriedad, hasta que Anthony agregaba,

- N sabía que tu y mi hermano durmieran juntos, Candy. Albert ajustaba la mano de ella y respondía.

- Desde hace muchos años, hermano. Candy ha dormido antes conmigo. Soy un abusivo, pero creo que… el primer hombre con el que ha dormido, he sido yo.

La boca suelta de Anthony y sus ojos desorbitados, giraban a ver a su madre, a lo que Candy levantaba sus cejas, al saber que era cierto, era una niña, pero había dormido con Albert en su habitación. Al recordarlo sonreía y Rosemary al saber lo que mencionaba su hijo, agregaba,

- Hijo, Candy es la novia de tu hermano. Pero siempre ha sido un caballero. Y Candy toda una dama.

La molestia en la cara de Kate, fue más que evidente, ella y Anthony se tuvieron que casar por dar pasos fuera del matrimonio y ahora sin sonar a reclamo, Rosemary, lo comentaba con tranquilidad, al saber que su hijo mayor realmente estaba enamorado de Candy. Anthony incrédulo preguntaba,

- Es decir que… ¿Candy es tu novia desde antes que la conociera y no me lo dijiste?

- Bueno, sabes bien que no estaba en casa, pero eso no significa que no estuviera en mi corazón. Y si, tienes razón. Yo la vi primero. Dirigiéndose a Candy agregaba - ¿Cierto, mi vida?

- Si. Y yo te vi primero a ti. Al decir esto último, Kate corregía.

- Querrás decir, que lo escuchaste, no que lo hayas visto.

- No Kate. Realmente conozco y he visto a mi novio. En esos momentos, Rosemary y Albert, se asombraron, era la primera vez que Candy aceptaba su noviazgo. Albert estaba muy entusiasmado. Mientras que Anthony se la pasaba muy pensativo y en cierto grado apenado, se separaba con su hermano, disculpándose por haber intentado conquistar a Candy y llegaba a la conclusión de que por esa razón, Candy no lo había aceptado.

Para Albert, ya no le importaba tratar de comentar o arreglar las palabras, creyera lo que quisiera, no importaba, Candy había dicho que el, era su novio. Y eso lo tenía muy contento, como si todo lo que pasara no tuviera importancia, era como el mejor postre. Separándose cual romántica pareja, ambos al ser fin de semana, salieron con Guardián, al parque central. El perrito, no era un cachorro juguetón, era apacible, tranquilo, y si, Candy lo describía perfectamente, ellos se sentaban en una banca, y el perrito se quedaba recostado en los pies de Candy. No era muy atractivo, ni jovial, por lo tanto, nunca habría el problema de que se fuera a ir o salir corriendo a jugar, como todos los perros. Portaba algunas canas en las cejas, al caminar, no era como los demás perros, con su lengua de fuera y jadeante, sino como un viejo serio y aburrido, sus cachas demostraban que el ya había pasado por todo eso y observaba a la distancia a otros perros con desinterés y aburrimiento. Haciendo que Albert lo apreciara, al sentir que Candy había elegido a un buen compañero como Guardián.

- Creo que Guardián se aburre un poco, Candy.

- Seria bueno después tener un cachorro, pero será cuando regrese a Lakewood.

- ¿Cuándo regreses?

- Bueno, si me operan y… terminan la remodelación de casa de tu madre… yo, ya no podré estar aquí.

Albert cerraba el entrecejo, era verdad, todo tenía una fecha límite, pero… la remodelación podía alargarse, debería dejar solo un hombre en vez de seis. Y en el caso de la cirugía, si es que se daba, pues faltaba que le aseguraran que no habría ningún riesgo y en ese tiempo, podría convencerla de…

- Candy, un vendedor tiene algodones de azúcar.

- ¿Deseas comer uno, Albert?

- Solo si mi novia quiere también el suyo.

- Bien, aunque creo que nos dará sed, después.

- Hay refresquerías alrededor de todo el parque, además, se la está pasando bien Guardián aquí.

- ¿Tú crees? Pensé que le gustaba más la habitación.

La tarde llegaba y ellos continuaron saliendo todo el día, aun regresando a dejar descansar a Guardián, Albert se tomaba en serio su papel, se llevaba a pasear a Candy a solas, la llevo a escuchar música en un restaurant muy famoso, donde un violinista era el espectáculo más importante del lugar. Para ellos, era su primera cita a solas.


Gracias por sus comentarios,continuamos escribiendo...

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa