Minific

Una mirada

Por Mayra Exitosa

Kate estaba seria, aunque no lo mencionaba, se notaba molesta e incómoda con Candy ahí, pero Albert parecía saberlo, al alejarla de ella todo el tiempo de ellos. Pensativa, supervisando la comida del bebe en la cocina, realizaba preguntas que nadie le contestaba o simplemente ignoraban. Pero quien si la escuchaba era Rosemary, quien notaba la actitud de ella, como algo no bueno para Candy. Si ya tenía a Anthony, ¿qué podía molestarle? se preguntaba incrédula, al pensar que su amor por Anthony era suficiente.

- Sabe, era muy amiga de Candy, ella nunca me dijo que era novia de William o había sido su novia.

- Es lo de menos, lo importante es ver felices a mis hijos con sus parejas.

- Si, Anthony y yo somos muy felices.

Al mencionarlo, no lo decía con ánimo, ni siquiera con una sonrisa en los labios. Eso hizo notar que su hijo, no la amaba y que se habían casado apresuradamente solo por cubrir las apariencias. Ahora entendía porque Anthony aun preguntaba por Candy y había venido a ver con sus propios ojos que realmente, estaba con su hermano.

- La conquista no solo es en el noviazgo, Kate. Es el día a día, en los detalles, en el apoyo moral, en la amistad y sobre todo, en la forma en la que uno muestra el amor que les tenemos.

- Si. Supongo que sí. Anthony me conquista día a día, con todo su cariño.

Por más que lo mencionaba, notaba ese egoísmo, que Candy jamás mostraba. Rosemary optaba por disfrutar de su pequeño nietecito, que jugaba con su padre en esos momentos, aun cuando se iba en sus pensamientos y se distraía, ahí estaba ella para volver a ver lo que no debía perderse. El amor de su hijito.

- Anda hijo, mira, ya quiere caminar.

- Si, pero no quiero que se caiga y se asuste, mamá.

- Lo sé, los padres siempre queremos lo mejor para los hijos, solo deja tus manos cerca de él, así no lo dejarás caer.

Ya era muy tarde, cuando ellos llegaban, todos dormían, pero él la llevaba en sus brazos para no encender todas las luces a su paso, Anthony se asomaba al verlo entrar con ella a su habitación, espero un poco y no lo veía salir. Bajaba su rostro, al saber que ellos dormían juntos. Cerraba la puerta. Albert salía de la habitación tratando de no hacer ruido, en la puerta besaba sus manos en la obscuridad, luego besaba su boca y a regaña dientes, dándole pequeños besos por todo su rostro, se marchaba a su habitación.

Por la mañana, Kate comentaba su regreso a casa, debían volver por el trabajo y negocios de Anthony. Con doble intención comentaba,

- Es una pena que tengamos que irnos tan pronto, pero… posiblemente vengamos cuando se casen, Cuñado.

Albert levantaba la vista, sin hacer ningún gesto ni a favor ni en contra y eso le dejaba más inquieta a Kate, quien parecía que Candy sería no solo la favorita, sino que además tendría mejor posición que ella en la familia al quedarse con el mayor de la casa. Pensativa miraba con cierta envida a Candy, quien no notaba en absoluto, concentrada en comer su desayuno. Pero Rosemary si notaba esa sensación y por primera vez le daba tristeza la vida de su pequeño hijo al haberse obligado a contraer nupcias sin amor. Lo peor, que esa chica haya cambiado tanto, desde que se casó hasta ahora, que ya siendo esposa y teniendo un hijo, un marido e ingresos insuperables a los que cualquier mujer de Lakewood. Decidida respondía con cierta seriedad,

- Kate, hija mía. Candy tienen otras prioridades. Albert por eso no te responde, pero el día que ellos se casen, es un hecho que estarás ahí. Lo más importante es que, eres mi hija y… eres la esposa de mi Anthony, la madre de mi nietecito. Ruego a Dios por el amor de ustedes, crezca por muchos años más. Anthony sonriente ante su bendición, agregaba,

- Gracias madre, Kate y yo buscaremos nuestra felicidad para que dure por muchísimos años como la de nuestros padres y lo que nos deseas sea realidad. Nada me gustaría que volver a verte pronto y que fuera, cuando mi hermano se decidiera a casarse. Tener tanto tiempo con Candy y no ver que es muy hermosa y que otro pudiera arrebatársela, solo por no decidirse. Porque la aceptaría como una hermana de inmediato. ¿Cierto, Candy?

Candy dejaba de comer asentía y meditaba, sin decir nada, pensativa en que ella no pudiera cuidar de Albert y de una familia con esa ceguera, sin embargo, pronto se operaría y de lograrlo, continuaría con el noviazgo que ya poco a poco se estaba dando entre ellos.

La despedida fue emotiva para Rosemary, quien se quedó a despedir a su hijo y su familia. Para Albert, solo la preocupación de llevar a Candy al cirujano, llevándola directamente y analizando la posibilidad que por fin estaba dándose.

- Entonces hay seguridad de que vuelva a ver.

- Si, es muy seguro, esta no sería arriesgado y se daría de forma regular, solo eso podemos asegurar que la recuperación no será inmediata, pero es lo único que podemos hacer. Lo demás queda en la posibilidad y la duda.

- ¿Qué te parece Candy?

- Me encantaría que existiera una leve oportunidad y… tener la posibilidad de… ver.

- Pues adelante. No vamos a dejar pasar esta oportunidad, verás que pronto volverás a ver.

- Dios lo quiera.

Albert pagaba la consulta, salía abrazando de nuevo a Candy, en el pasillo antes de bajar el elevador, la detenía y tomaba sus labios suavemente mientras esperaba al elevador, agregando,

- ¿También puedo tener una posibilidad, Candy?

- Ya somos novios. Albert.

- Pero… me gustaría antes… que… formalicemos nuestro noviazgo. Ella se quedaba en pausa, sin responder y al verla dudar él se entristecía y agregaba, - Si no quieres, tampoco te voy a obligar, es solo que…

- Por supuesto que quiero, pero… ¿Y si no veo?

- Porque pensar negativamente. Más bien es que si ves, me quieras cambiar por otro.

- ¡Eso no! ¡imposible!

- Pues… eso es lo que siento. Mentía al ver cómo le había volteado las posibilidades en un dos por tres, sonriendo al ver que ella pudiera elegir a otro cuando recuperara la vista.

- No te cambiaría jamás, Albert. Si no acepto es porque, no te mereces una mujer ciega, que no pueda cuidar de tu familia, mereces lo mejor, como tu hermano, alguien a quien no tengas que cuidar de por vida, que pueda darte una familia y ver por ti, elegir tu ropa, ser ella quien…

- ¿Eso es lo que quieres? Dejarme en manos de alguien más… pensé que… me querías.

- Y te quiero, te quiero mucho. Pero no podría obligarte a… que te quedes conmigo cuando… solo hay una posibilidad para ver y no una realidad.

- El amor es para siempre, sin condiciones. Tu… me estas condicionando tu amor, Candy.

- Jamás amaré a nadie, Albert. No con una ceguera y una obligación por lastima, solo por… consideración.

- ¡Pequeña! ¡Mi amor! Se quiere al ser amado por lo que es y no por lo que te puede dar. Se quiere por lo que logra sacar en ti mismo, no por lo que le sacas provecho. ¡Te Amo, Candy!

- También me gustaría casarme y amarte. Pero si no voy a ver a tus hijos, cuidarte y darte todo lo que Kate le da tu hermano, no quiero que… seas quien… haga todo y yo…

- Y tu… si llegas a ver, y conoces a otros hombres, notes que son mejores que yo y…

- ¡Albert! No voy a cambiarte, ni siquiera puedo ver y si la ceguera se fuera, solo a ti es a quien deseo ver. Ella le acariciaba el rostro, sui mirada estaba en la de él, su aliento estaba frente a ella y esta vez, fue ella quien lo beso, y no fue dulce o tierno, sino un beso entregado, un beso que él ya le había enseñado a dar y ahora se lo estaba devolviendo. Al finalizar el sonido del timbre del elevador los hizo separarse y el al entrar le dijo,

- Entonces, no dudes ¡Cásate conmigo Candy!


Gracias por sus comentarios, continuamos escribiendo... a retos, a ratos y porque no,

hay mucho tiempo para continuar dándoles un poquito de nuestra imaginación.

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa