Quiero ser tu Héroe

Por Mayra Exitosa

Capitulo 4

¡Mírame!

En una bodega molesto y solitario un hombre recordaba todo lo que antes había hecho, era un medico importante, tuvo una novia a la que dejo para irse a salvar vidas militares, todo para que, para que una bomba lo hiciera perder las partes que lo hacían un ser humano completo, como volvería a su hogar, lo seguro era que su novia se había casado y la enfermera que lo ayudaba, solo jugó con él para que la enviara de vuelta a su hogar, olvidándose del amor que dijo tenerle al médico, dejándolo solo después de la explosión, ¿a que volvería? si su madre ya había muerto a estar solo como un parasito, causando la lastima de sus vecinos y cuando por fin salió la posibilidad de ser un súper soldado, todo salió mal. Su vida no podía ser peor, una lagrima traicionera salió para después tomar aire y levantarse en el robot en el que se había convertido, salió y destruyo todo a su alrededor provocando caos y desorden, después se elevó y se fue lejos de ahí a seguir destruyendo y que otros sufrieran el dolor que estaba sintiendo en ese momento.

Por la noche, Candy estaba lista 7:30 p.m. se le hacía eterno poder llegar.

- Mamá, Papá ya me voy.

- ¡Cómo! ¿No van a venir por ti?

- No dije que alguien vendría por mi Padre. Contesto feliz Candy, pues sabía de las habilidades de George para deshacerse de todo aquel que osara en fijarse en su hijita. George puso una cara de pocos amigos, María levantó una ceja en señal de advertencia y este bajo el rostro vencido por su mujer.

Candy salió tomo el auto, lo estaciono en un parque hermoso, lo cubrió y se fue volando con las coordenadas que recordaba.

Albert observaba el menú que su madre había preparado y opinaba

- ¿Y si es vegetariana?

- Albert, todo va a salir bien, deja ya de dar vueltas.

- Mamá y si no le agradan los Andrew medos.

- Sería bueno saber si ella nos agradará a nosotros Albert.

- ¡Mamá! Por supuesto que te va a agradar, es una buena persona.

- ¡Albert!

- No quiero que le hagan sentir mal.

- ¡Albert!

- No sabes lo sola que se siente, cuenta con padres adoptivos.

- ¡Albert!

- Es Hermosa y no creo que pueda hacernos daño.

- Albert deja de agitar las piernas, vas a terminar con el piso.

- Perdón mamá.

- Anda, ya van a dar las 8:00

- ¡Qué! ¿Por qué no me dijiste? Albert salió volando tan rápido que toda la casa se estremeció al verlo salir. Aron sonrió se acercó a Ana comentó

-Me recuerda cuando te iba a ver.

- Aurora dice que solo son amigos, no insinúes nada, deja que la conozcamos, y tranquilo, los padres son adoptivos, está sola y no hay nadie como ella.

- Entonces que se venga a vivir con nosotros.

- Crees que dejará su vida para vivir con un grupo de reglas constantes.

- ¿Por qué no?

- Porque es más probable que Albert nos deje, antes que ella deje a sus Padres.

- ¡Ana! Nosotros dejamos a los nuestros.

- Bueno ellos tal vez hagan lo mismo.

Candy llegaba y sonreía nerviosa al verlo ahí en el viento su cabello se movía y ahora ninguno portaba antifaz. Este soltó los labios al verla ese vestido sensual y su rostro tan bello, su mirada… trato de recuperarse y en un hilo de voz comentó

- Que bueno que llegas, mi familia nos está esperando.

- Estoy un poco nerviosa, nunca he estado con una familia…

- Lo sé. Pero verás que te serán muy agradables.

- ¿En serio?

- Vamos. Albert tomo su mano e hizo un vuelo lento con ella, bajando despacio hasta un gran jardín, para después caminar hasta la puerta la cual abrió tranquilamente. Candy notaba que la casa estaba iluminada por dentro y por fuera, la zona era aislada y no había personas alrededor. - Mamá ya llegamos. Ana salió del brazo de Arón y Aurora bajo por las escaleras sin tocar los escalones, lo mismo hizo Anthony con una sonrisa, al ver a Candy vestida como un humano normal en una cena formal.

- Buenas noches. Soy Candy White Johnson. Arón la vio a los ojos con una sonrisa,

- Bienvenida a casa Candy, este es tu hogar, cuando desees visitarnos.

- Gracias. Nerviosa ajusto la mano de Albert y este noto su fuerza y delicadeza, después daba con lentitud la mano disponible para saludar a Arón y a Ana, Aurora con una sonrisa la abrazó y Anthony le dio un beso en la mejilla. Agregó

- Y bien, ¿de dónde eres Candy?

- Mis padres adoptivos dicen que nadie debe saberlo, solo mi madre lo sabía, mi padre me adopto a los cinco años y se caso con mi madre.

- ¿Y? Insistió curioso Anthony.

- ¿De donde son ustedes?

- Andrew meda dijo Albert con una sonrisa para esperar su respuesta.

- ¿Dónde es eso? Preguntó Candy ingenua, Ana sonrió

- Era el planeta de mi esposo y mío, nuestros hijos son nacidos aquí.

- No sé bien de donde soy, pero creo que se llama White. Arón la vio a los ojos y respondió con tranquilidad.

- White es un planeta que ya no existe. La ambición y el poder lo extermino, asesinaron a Venus la única que lo mantenía con vida. Y… nadie sobrevivió. Nosotros somos rechazados de nuestro planeta, por hacer posible lo que pasó en White, unir familias poderosas para después pelear por el poder que esa familia representaba.

Candy bajo el rostro, apenada solo dijo

- Venus era mi madre. Y yo… soy de la tierra. Albert soltó la boca, al igual que sus hermanos, Ana se acercó a Candy y la abrazó, después enlazó su mirada a los ojos y la vista de Candy comenzó a moverse en sus pupilas se veía un universo diminuto lleno de estrellas pequeñas, al terminar el enlace, Ana le beso las manos y ambas cerraron sus ojos.

- María no sabe que estas con nosotros, no te preocupes, no podemos hacer nada que te dañe, al final… poseemos la misma posibilidad que tu de encontrar a alguien distinto a nosotros aquí, donde no podemos ser encontrados, un universo lejano, un planeta diminuto, una posibilidad inaudita de que nos busquen aquí.

- Gracias. Candy soltó sus manos para tomarse nuevamente del brazo de Albert quien ahora sabía que era una como ellos. Pasaron la velada más agradable de sus vidas, contando cosas de White y Andrew meda, de cómo estos prohibieron procrear entre familias de poder, para no ser codiciados por otros y con la posibilidad de ambicionar más hasta terminar como White. Ese planeta era el ejemplo en Andrew meda para lo que no se debía hacer y Venus era un ejemplo de cómo una dama huía con el amor de su vida, desde entonces se le conoce a Venus como la Diosa del Amor, no solo en Andrew meda, sino en la tierra y en el universo, pero nadie sabe de su hija, solo que murió después de su madre.

Las horas pasaban y no se daban cuenta que ya eran las 4:00 am, para George la angustia era inaudita, su hija no regresaba, María estaba tranquila Candy ya era mayor y ni un humano en todo el mundo podía hacerle daño alguno. Con esa sensación dormía, mientras George se levantaba de un lado a otro, aparecía y desaparecía de una sala a otra con la idea de sorprender a Candy cuando llegará. Hasta que se quedó dormido como todo padre en un sillón en la entrada de la casa.

Terminaba la velada, Albert la acompañaría hasta su casa, Candy vio al cielo e hizo una mueca al saber que era tarde.

- ¿Pasa algo Candy? preguntó un Albert sonriente.

- Mi Padre me va a matar.

- Antes lo hago yo, como crees que permitiré eso.

- Estoy bromeando, debe estar angustiado porque siempre llego antes de las 10:00 pm a dormir. Albert sonrió, Candy tenía un gran sentido del humor, ambos volaron relajados jugando tomados de la mano, ahora sabían de sus vidas, de sus familias y sobre todo, que se aceptaban como eran ellos.

- Podremos tomar un refrigerio en París.

- Albert, tengo que llegar a casa, pero prometo que nos llamaremos.

- Iré a verte seguido Candy.

- Solo ten paciencia a mi Padre, el cree que debe protegerme demasiado.

- No te preocupes, nosotros también protegemos así a mi hermana.

- Aurora me invito a un baile de beneficencia el fin de semana.

- Si ella está en varios grupos de caridad, mi madre la obligó para que estuviera ocupada en una actividad más digna de una mujer.

- ¿Iras al baile?

- Por supuesto, con quien vas a bailar Candy.

- ¡Albert!

- ¿Te gustaría que…?

- ¿Qué Albert?

- Ser mi pareja en ese baile.

- Por supuesto. Candy realizó una hermosa sonrisa. Albert confirmo.

- Entonces, es una cita.

- Si. Candy bajo junto con Albert ahora sabía donde era su habitación, esta entró por una ventana. Albert le beso la mano, Candy se apenó bajando el rostro, después lo levantó y Albert beso tiernamente sus labios. Para luego alejarse enlazando su mirada a la de Candy, con una tierna sonrisa en sus labios. Candy lo vio partir y veloz se cambio por su bata y se metió a la cama con una sonrisa en los labios. Sonriente vería después como traer el auto a casa.

Por la mañana María molesta cruzada de brazos veía a George en el sillón.

- George Johnson… dormí sola.

- ¡Candy! ¿No llegó mi hija? ¿Qué le hicieron?

- No te hagas el ausente, Candy llegó a sus horas y está haciendo el desayuno ahora. María sin dejar de cruzar sus brazos siendo un día normal, levantó su nariz molesta porque George la había dejado en espera.

- Amor, perdóname. Pensé que Candy no había llegado, toque en su habitación y no la vi, estaba sola de verdad.

- Ahora me vas a decir que es maga como tú. Aparece y desaparece como le da su gana, ella es una señorita decente, es mi hija y usted señor Johnson, se supone que es mi marido y duerme en nuestra habitación. Pero viendo que esto, va a convertirse en una guerra de nunca acabar, mejor es que…

- No, no, no, no. Mejor es que nada, fue una pesadilla y usted debe ser comprensible y yo voy a recuperar esta noche ausente con mi bella esposa. María hizo una sonrisa discreta para después poner su cara de molesta, se había dormido tranquilamente, pero si su marido iba a jugar el papel de padre celoso, era bueno jugar el de esposa indignada. Al final esto iba a dar grandes ganancias. En un descuido traería un nuevo Johnson al paso que iba, para que tuviera a quien cuidar su marido.

Una amargada Elisa veía el anuncio de la gala de beneficencia y esta deseaba ir a como diera lugar, tal vez John no la dejaría nunca pero ver a Terry era lo que más deseaba, así planeaba todo y compraba ropa con otra tarjeta curiosamente robada.