Tu Regalo… soy yo

Por Mayra Exitosa

Capítulo IV

Declaración

En una calle caminaban dos damas, un hombre las seguí haciendo molestar a la peli negro, esta se detuvo molesta y a una distancia otro hombre observaba la escena asombrado.

- Deje de seguirnos no esté molestando. Gritó Annie enfrentando al caballero bastante atractivo y joven, este sonrió como si de un reto se tratará respondió

- Vamos Srita. Annie, no se comporte usted como una solterona amargada, en ese momento Annie abrió los ojos desorbitantes y apretando sus labios tomo fuerza para soltarle su mano en la cara, le grito

- ¡Majadero! Cree que porque estoy sola me va a faltar al respeto. En ese momento el otro joven que mantenía su distancia corrió y con un puño directo al majadero agregó

- No la molestes imbécil.

Este se limpió la boca que mostraba un rastro de sangre se levantó bastante enfurecido, primero la bofetada de Annie y luego el puño de ese individuo.

- ¡Estúpido! No sabes quién soy, y no sabes tampoco en que problemas te has metido.

- No me interesa saber quién eres, poco hombre, como te atreves a molestar a una señorita.

- Soy Robert Mc Avoy, encargado del transporte industrial de New Orleans.

- Y eso te da derecho a faltarle el respeto a una dama.

- Te las verás conmigo imbécil, trato de doblar un gancho para golpearlo y este lo giro contraponiendo el gancho y ahorcándolo por el cuello agregó

- Soy Archivald Cornwall Andrew, y eres el idiota más estúpido que he conocido, o dejas de molestar a la señorita, o no sabes en que problemas estarás metido. El hombre hizo cara de espanto y salió corriendo.

Annie bajaba el rostro, apenada por como Archie la encontraba en esa situación, trato de evadir la mirada y la dama de Annie que conocía bien al joven Archie estaba con la nariz levantada orgullosa porque alguien había puesto en su lugar a ese joven.

- ¿Qué haces aquí Archie?

- Vine a buscarte, pero no sabía que estuvieras tan pretendida.

- ¡Archie! Este sonrió juguetón al ver la cara sonrojada después de haberse defendido tan bien de ese idiota.

- ¿Y bien? ¿No me vas a invitar un té, mientras hablamos?

- Por supuesto, adelante esta la casa donde vivimos Camila y yo. Vamos. Annie se tomo del brazo de Camila, dejando el brazo de Archie en el aire, este sorprendido hizo una sonrisa, como quería que le diera el brazo si ambos no eran novios.

En la mansión de Lakewood

Paty observaba enamorada y con ojos de en sueño a Stear, quien estaba preocupado por sus cicatrices y que no le fuera atractivo a Paty, pero al voltear a ver su rostro y una sonrisa como si no tuviera nada, esta dio un salto y lo abrazo diciendo

- ¡Stear! Si estabas bajo esa barba, ahí te estabas escondiendo. Stear sonrió abrumado por como a Paty no le importó verlo con cicatrices, delgado o desaliñado, ella era la que lo había reconocido, más que su propio hermano, que tardó en reconocerlo.

- ¿Me veo bien Paty?

-Por supuesto, no has cambiado nada, sonríes igual y esa mirada es la misma. Stear… es bueno que estés vivo.

- Si. Es grandioso volver a verte Paty, pensé que ya no volvería a saber nada de ti, y verte en la puerta, apenas llegando fue realmente una hermosa sorpresa. A Paty se le rodaron las lágrimas, con una sonrisa tierna recordaba como en su corazón seguía vivo Stear, ahora daba gracias en sus pensamientos, por verlo de nuevo.

Albert observaba la escena y se retiraba, al moverse vio a Candy en el marco de la puerta del lado contrario donde él se encontraba con las lagrimas en su rostro emocionada por ver como Stear y Paty se amaban, que ambos se reconocían bien juntos.

- Candy, te ves más bonita cuando sonríes que cuando lloras. Candy hizo una sonrisa tierna y silenciosa, limpiando sus ojos con sus manos. Albert sacó un pañuelo y limpio sus ojos, después se acercó y beso sus ojos. - No llores, el que Stear esté vivo, es un bello milagro de la vida pequeña, no es justo recibir milagros con lagrimas… deberían de ser solo sonrisas.

- ¡Albert! Candy se abrazó a él y este la estrecho a si, dándole besos en su cabello.

- Sabes Candy… Archie fue en busca de Annie.

- ¡Annie!

- Si, ella está en New York, se hizo maestra de piano y dejo a los Britter.

- ¿No se caso?

- No. Ella huyó de sus padres, cuando estos trataron de imponer el matrimonio.

- ¡Annie! ¿Estuvo sola todo este tiempo?

- Si. Ahora es distinta, pero sigue apreciándote mucho.

- Ya no me escribió

- Tal vez le dio pena, después de que su madre la alejo tantas veces de ti y ella no te defendió

- ¡Albert! Lo que ha de haber sufrido, mi pobre Annie.

- Tal vez… pero si Archie la convence… tal vez ya no sufra tanto.

- ¿Archie la ama?

- Bueno, en cuanto supo donde estaba se fue a buscarla, y... No le importó que tengamos festejo… tal vez ni llegue a mi cumpleaños.

- Pero está con Annie… Ella va a ponerse muy feliz cuando vea a Archie, ella lo ama demasiado… estoy segura.

- ¿y tu Candy? ¿Amas como ella?

- ¡Albert! Candy bajo sus rostro ruborizada por completo y Albert apretó los labios, se le fue la pregunta sin pensarlo, tal vez fue muy directo o indiscreto de su parte, pero ya lo había dicho, así que sonrió bajando la cabeza, al no escuchar ninguna respuesta de Candy ya no insistió.

Candy levantó su rostro tratando de tomar aire por pensar en la respuesta, después comento con tranquilidad.

- Tía Elroy dice que ahora ya no tendrás una hija y… que te obligarán a contraer nupcias a ti también… así que… no estás… tan salvado que digamos Albert… Mi tía está convencida en que en tu festejo conoceré caballeros muy atractivos y que por fin te comprometerá… le aclaré que no estamos comprometidos y que solo somos amigos, que siempre has sido un caballero y que no deberían tener pensamientos sobre ti y sobre mi… ¡Eres un Andrew!

- Vaya… pues bien… también eres una Andrew, Candy. Siendo muy honesto, ya me han intentado comprometer en varias ocasiones, y la única que no me ha molestado fue esta vez, que me comprometían contigo…

- ¡Albert! Candy bajo de nuevo su rostro, en esta ocasión Albert tomó su mentón con delicadeza y agregó

- Eres muy hermosa. Que diera por tener a una mujer como tú a mi lado.

Candy se quedó sin respiración… observó con detalle la mirada de Albert el brillo que poseía y que siempre lo había tenido en sus memorias ahí estaba. Stear y Paty se dieron un tierno beso y al soltarlo, dieron un giro coincidiendo con Albert tomando el mentón de Candy y está observando el rostro de él. Stear con una sonrisa alzo la voz y comentó

-Candy. Albert y tu hacen una hermosa pareja, que bueno que están juntos, al menos con él… no te perderemos los Andrew ¿No es así Albert?

Este lo vio con una suave sonrisa, Candy no podía estar más ruborizada pero la mano de Albert detenía su rostro y cerró los ojos apretando los labios con una sonrisa, después respondió.

- ¡Stear! Albert y yo somos… lo que siempre hemos sido… No pudo terminar de decir nada, cuando Albert la vio a los ojos inquisitivamente y ella se quedó sin palabras, este agregó

- Gracias Stear, Candy es una mujer maravillosa desde el primer día que la conocí, ella sabe bien que siempre se ha robado mi corazón. Candy abrió sus ojos asombrada y vio como Albert hizo una sonrisa relajada, notando su turbación, apenada se soltó suavemente y salió hacia el jardín, Albert la siguió hasta alcanzarla y ella se detuvo al sentir los brazos de Albert detenerla.

- Candy ¿Por qué te vas?

- Albert yo… me siento muy alagada de que pienses que soy hermosa y…

- Y que me interese en ti, Candy.

- Si.

- Candy, me conoces desde niño, nos conocemos desde mucho tiempo atrás, no es fácil para mí, conocer a alguien que llene mi corazón… porque en él te encuentras desde hace mucho tiempo.

- ¡Albert! Candy giro frente a este y ambos se abrazaron, en un silencio a perfumado de tranquilidad.

En New York, Archie observaba a Annie servir el té con delicadeza y seriedad, ambos se conocían y habían quedado pendiente una conversación.

- Annie, mi hermano Stear está vivo.

- ¿Qué has dicho?

- Me fui a buscarlo… lo encontré, estaba recuperándose cuando por fin lo vi, se burlaba de mi porque no lo reconocí, pero está vivo… y está en Lakewood, junto a Paty y a Candy… la verdad vine por ti, porque sin ti estoy incompleto, me falta todo y desde que tu madre me dijo que te habías casado… yo… me sentí muerto en vida. Había pensado que no me dolería tanto con la distancia y mi búsqueda, pero… realmente… Te amo Annie.

- ¡Archie! Este soltó la taza del té, se levantó acercándose a ella y agregó

- Dime que no me has olvidado Annie, que puedo tener la esperanza de volver a conquistarte, que no perderé el tiempo y cumpliré contigo, lo prometo. Annie derramó lagrimas, se puso de pie y se abrazó de la cintura de Archie quien sorprendido al sentir su abrazó, sonrió y la estrechó a su cuerpo.

- ¡Annie! ¡Mi pequeña Annie!

-Archie… yo jamás deje de quererte… jamás… desde que te conocí te quedaste en mi corazón.

- ¡Annie! Este levanto su rostro y posó sus labios en los de ella. La dama de compañía que estaba en la orilla de la puerta se retiró apenada, cerrando la misma y dándoles privacidad.

Candy estaba en su habitación acababa de regresar de ver a los pequeños de Puppet y solo recordaba a Albert sonriendo porque ambos coincidían en todo, la angustia de buscar un regalo ya se transformaba en formar parte de ese regalo, la apreciaba tal cual era y ahora sabían que no eran indiferentes entre ellos que ese cariño que sentía ahora lo mostraba como el amor de hombre y apreciaba en ella a la mujer en la que se había convertido, Albert cumpliría 28 años, era relativa la diferencia de edad y conocerlo de toda la vida a verlo ahora como un hombre no era difícil, ya eso se lo había cuestionado cuando vivían en el apartamento y lo consideraba bastante atractivo, lo cierto es que… pensar en él como pareja la tenía temblando, sin embargo pensarlo con otra la tenía molesta, eso ya lo había sentido cuando pasaban largas horas hablando de él y sus posibilidades con la Tía Elroy. - Albert… te quiero y mucho… no sé desde cuando, pero te siento mío.

Albert por su parte deseaba pensar en besar a Candy y si eso le sería fácil… ver tantas parejas a su alrededor y la llegada de nuevos visitantes a la casa, como podría probar sus labios… Candy… mi Candy… dime que si quieres ser mi compañera… dímelo por favor… sin saber del tiempo se quedo dormido pensando en ella.

En sus sueños ambos se besaban y se correspondían, Candy sonreía y jugaba con él, ambos ya eran pareja desde antes, compartían todo como no serlo ahora que por fin se daba esa posibilidad, la tía Elroy misma sonreía al ver a Candy en los brazos de Albert y ella se ajustaba a este escondiéndose y sintiéndose protegida, mientras que él en ese abrazo se sentía completo.

Por la mañana, varios autos llegaban con familiares Andrew por hospedarse en casa y la tía Elroy desayuno en su habitación con Candy, a quien le pidió que la acompañara a desayunar pues quería tocar varios temas con ella.

Mientras en el comedor Stear besaba la mano de Paty, cuando una mujer que llegaba al verlo cayó de espaldas y su esposo, la tomaba asombrado para que no terminará en el piso, eran los Padres de Stear que estaban llegando, al verlo vivo la madre no dio crédito mientras el Padre no lo creía posible.

Albert les explicaba porque no se les había avisado, la premura y las distancias, pero en el festejo aprovecharían para anunciarlo, el señor Cornwall de inmediato colocó a su esposa en un sillón, se separo de ella con lagrimas para abrazar a Stear quien apenado bajaba el rostro temiendo un regaño por haberse ido sin su consentimiento.

-Lo siento Padre.

- Yo más hijo. Este lo abrazó, ambos hombres se daban valor al verse de frente.

- Ya te había presentado a mi novia Paty, ¿verdad padre?

- Si, una ocasión en Inglaterra. Srita O´Brien que gusto saberla aquí junto a mi hijo de nuevo.

- Para mí es un milagro tenerlo aquí. Sr. Cornwall.

La madre de este despertó con lágrimas, Stear se acercó pidiéndole perdón.

-Estas perdonado bebe, perdóname a mí por no estar más contigo hijo… perdóname mi amor… te amo tanto… haberte perdido me hizo saber lo mala madre que he sido para ti hijo.

- Nada de eso mamita. Entre abrazos y arrumacos, ella limpiaba su rostro con un fino pañuelo viendo orgullosa a su primogénito y preguntando por Archie, quien todavía no llegaba de una diligencia que tuvo que hacer.

La familia seguía llegando, los días se acortaban para el tan mencionado evento. Albert no encontraba a Candy, ambos se buscaban y no se habían visto, cuando Candy lo buscaba estaba en el estudio con algunos familiares y socios, o atendiendo a nuevos invitados hospedados. Cuando Albert al buscaba, esta había ido por su vestido o por accesorios, en otra ocasión estaba atendiendo sus actividades con el Dr. Martin, después de visita con Tom y su esposa. Un noche, todos descansaban y Albert vio a Candy salir para la cabaña este aprovecho y la alcanzó.

- Candy… ya estuve con ellos, ven.

- ¡Albert! Me asustaste, pensé que dormías.

- Ya estoy comenzando a perder el sueño, llevo varios días buscándote sin éxito alguno.

- También te he buscado, eres el hombre más solicitado de esta casa. Albert se acercó a ella y en la puerta de la casa, este la beso aprovechando la cercanía de ambos. El beso fue correspondido, deseado, no se midió el tiempo, solo la sensación de encuentro, de deseo y ansiedad que ambos ya portaban al buscarse y no encontrarse. Albert se separó lentamente, la abrazó para cerrar bien la puerta y ambos se vieron con la iluminación baja de las lámparas de la estancia principal.

- Candy… te amo.

- ¡Albert! Yo…yo… sin poder responder sonrió suavemente, con sus besos ya le había respondido, no era necesario las palabras, sin embargo al sentirla temerosa, Albert la abrazó dándole confianza y ella suspiro al sentirse protegida. Agregó- Necesitaba verte, no quería que confundieran de nuevo nuestra relación con compromisos y… hay tantas personas en la casa que…

- Te extrañaba Candy, no verte me tenía preocupado… pensé que tenía que despertarte para al menos ver tus hermosos ojos.

- ¡Albert! Es en tu cumpleaños que… algunos socios tienen planes de matrimonio para ti con sus hijas y yo…

- No Candy, es mi cumpleaños… no aceptaré ese tipo de compromisos, no teniéndote conmigo… no necesito a nadie… solo dime que si puedo pensar en… nosotros juntos.

- Albert. No soy adecuada… no sé si sea bueno… sabes bien que…

- Que eres la hija de mi tía Elroy, y por tanto la más indicada y ella lo sabe.

- Alb… Este interrumpió sus palabras y tomo sus labios robando el aliento y en sus suaves besos envelecido por sentirse correspondido, por quien tanto ha querido y ahora tenerla en sus brazos, después de varios días sin coincidir.

Todas mis historias deben completarse, tengo mucho trabajo pero no es escusa para no escribir, discúlpenme por el atraso y estoy escribiendo con todas a la ves, gracias por su paciencia espero terminar con la mitad en este mes y el siguiente... Gracias por sus comentarios, sin ellos...realmente ya no escribiría... Un sincero abrazo a la distancia y gracias por leerme

Mayra Exitosa