Capitulo 2
Rescatando a Tío Anthony
1912
La maquina aparecía en el laboratorio de Stear, este la ocultaba con tablas y detalles cuando escuchó a un joven que abría la puerta, se escondió y vio por las ranuras de una gaveta, Stear Cornwall Andrew aparecía frente a él y este abría los ojos al reconocerlo, un joven apuesto y sonriente con una llave en mano, tomaba otra y observaba un plano para armar algo que no terminaba de ver. Salía del laboratorio, mientras el joven viajero respiraba viendo al piso, quería salir a conocerlo, sus emociones se delataban una y otra vez, tal vez era parte del viaje o de los síntomas del mismo, pero al verlo notaba que si eran parecidos, había un pasadizo a la mansión y podía tomar sus ropas, tenía que ser más precavido, no tenía caso arriesgarse.
Inició el plan y la carta que había escrito lista para enviarse al Sr. Brown, se iba con el correo de la Tía Elroy, más tarde escondido vio a otro joven que corría por el pasadizo, este de inmediato se escondió de nuevo para no ser descubierto, pero al ver pasar al joven corriendo, tuvo que contenerse apretando los ojos y el estomago, era su padre quien aparecía con una sonrisa, llevando algo en sus manos. Fue tal su impresión que lo buscaba de nuevo tan solo para verlo salir - ¡Papá! Mi papá, es mi papá… es mi papá, se decía una y otra vez con las lagrimas contenidas en sus ojos, tomaba aire y lo soltaba lentamente, como deseaba hablar con él, decirle todo y conocerlo mejor, lo había perdido y el único padre que recordaba era su Tío Albert. Una voz tenue y moderada se escuchaba.
Por un momento pensó en su Tío Albert, pero al reír y hablar con una dama, supo de quien se trataba… su tío Anthony estaba en los rosales con Tía Candy… ahí perdió la noción del tiempo, embebido en la brillante mirada de ambos, buscaba ver de frente a su tía, su prioridad por salvar a Anthony antes del otoño, ya estaba por escrito. - Mira Candy, todas son tuyas y llevan tu nombre. - ¡Anthony! Son hermosas. - Son como tu Candy.
El viajero (Stear) al escuchar a su Tío Anthony sonreía, definitivamente lo comprendía, la tía no era la mujer más hermosa, pero su forma respetuosa y su sonrisa, esa mirada, no la cambiaría por nada en el mundo. Eso lo compartía con todos los Andrew.
El viajero Stear viajaba unos meses y se colaba en la clase laboral de la mansión, su facilidad de palabra, sus recomendaciones y su forma de expresarse, aunado a un bigote postizo, hizo la segunda fase de su plan, al ver que el Sr. Brown llegaba una madrugada y este hablaba con George, estos se iban discretamente y mencionaban el plan.
- Debemos fingir su muerte
- ¿Cómo has dicho?
- No tenemos otra forma, si quieren matar a mi hijo por algo que ni recuerdo de mi pasado, no correremos el riesgo, fingiremos su muerte George.
- Pero cuando, no lo sé, ahora llegan todos los Andrew por la cabalgata, si deseas podemos hacerlo en la cabalgata.
- Esta carta está escrita desde hace meses y cuenta con el sello de los Andrew, ¿lo ves?
- Comprendo tu sentir, lo haremos en la cabalgata… solo hay que separarlo un poco y nos haremos cargo.
Con un plan oculto, George ayudaba a Vicente a llevarse a su hijo, angustiado y molesto fingieron una caída de un caballo por sugerencia de un sirviente de George (El viajero Stear), llevándose a Anthony sin decir nada por la noche, sin despedirse de nadie, ocultándolo como si se tratará de un tesoro nacional, -Papá, Por favor. - Hijo. Algún día me perdonarás, pero ahora eres lo único que tengo… juro por tu madre, la única mujer a la que he amado que primero muerto a que te pase algo. -Papá, lo que usted decida, le obedeceré… tenía tantos deseos de verte, pero… - Sin peros hijo, todo estará bien. - ¿Mi tía lo sabe? - Nadie lo sabe. Es mejor que te crean muerto hijo.
La impresión tan fuerte en Anthony y oculto por su padre, sin avisar a nadie, hizo que la mansión entera lo buscará por meses, Candy lloraba desesperada. Volvían a pasar las cosas tal y cual orden de tiempos, el Padre de Anthony diría que lo había encontrado y que lo puso a salvo en un tiempo prudente. Sin decir más viajaron a Australia y ahí estuvieron ocultos por mucho tiempo.
La maquina era encendida con anticipación por horas en la madrugada, desapareciendo años atrás, una mujer era contratada por el viajero Stear, para seducir a un hombre con llanto en sus ojos. - Si es él. Ya sabe lo que tiene que hacer. - Si señor, consolarlo y cuidarlo por esta noche, no se preocupe, no quedaré embarazada. - Pero no se lo diga a él, deje esta nota y salga por la mañana sin decirle nada. - Como usted quiera. Stear esperaba a ver como procedían las cosas y el hombre no quería muy bien dejarse consolar por la hermosa dama, pero con las copas y el dolor, se dejó llevar a una habitación, donde en espera quedaba Stear vigilando que las instrucciones se cumplieran al pie de la letra. Al verla salir, le dio algo más de efectivo y la dama salía gustosa.
Se marchaba, dejando con una resaca a George Johnson y la nota de la dama la introducía en su saco, para luego buscarla, no se encontraba, dando por resultado que no frecuentaba por esos lugares y que no era una mujer que se dedicará a esos menesteres. La letra y la hoja, lo hacían pensar en otras posibilidades inauditas y preocupado se marchaba en un auto para volver a su trabajo.
Candy con tristeza fue enviada a Inglaterra, dando el origen de sus fechas y los tiempos en los que fuera enviada tiempo atrás. Albert por su parte estaba desconsolado, tiempo después George le informó en forma secreta, lo que él y Vicente hicieron, dejando asombrado a este. Y mostrando la carta con el sello de la familia y la letra muy difícil de reconocer.
Stear ahora se enfrentaba a no poder llevar consigo la maquina, aparecía y desaparecía en Lakewood, podía ser descubierto por Albert. Este viajo como ayudante de George, sirviente de los Andrew, acomodándose en el proceso que continuaba. Se dedicaba a buscar ahora a los Ollwen, para salvar o cambiar el proceso de muerte de la esposa en un derrumbe.
Anthony por su parte, quería regresar a América, cada carta que enviaba, era interceptada por los sirvientes y devuelta con sellos de ausente. Así con el tiempo conocería a la joven Helen Mc Gregor, quien con sus cabellos castaños, una sonrisa picara y sus bromas sobre la sociedad se ganó el cariño y respeto de Anthony, quien la convirtiera en su amiga y protegida al ser menor que él, la cuidaba de las jóvenes que la molestaban por ser tan valiente y carecer de las cualidades de una dama de alta sociedad, ella fue para Vicente la respuesta a sus oraciones, con ello Anthony no insistiría en regresar a América, donde peligraba su vida.
Como sirviente de la Sra. Elroy, Stear viajo a Escocia, donde vio a Terry por primera vez, pero cuando este quería besar a Candy, Stear deseaba interrumpir, si lo hacía todo sería distinto y no podía dejar pasar los cambios únicamente necesarios.
El picnic para reconstruir el avión fue el más vigilado por Stear, enamorado de ver a su dulce madre Annie, soñaba con ella al verla como una hermosa dama sumisa y así la apreciaba, pero la diversión para él era su Tía Candy, recordaba como salió a buscar medicamentos por su tío Terry, disfrutó el encuentro de ella con Albert en Inglaterra.
Albert se marchaba a África, mientras Stear no podía hacer nada con la carta de Elisa y ahí Terry salvó como un caballero a Candy, ganándose su admiración, conservando una amistad su ruta al saber el escape de Candy del colegio. Daba la certeza de no haber cambiado las cosas. Revisaba una y otra vez el diario que traía consigo de tu Tío Albert, y esto confirmaba que todo marchaba bien.
Stear viajo tras de Candy el regreso a América, donde ahora sabía de cualidades que amaba de ella y como la valoraba por su forma de ser. Al llegar a América, se reportaba con George para volver a ser contratado, se enteraba de la desaparición de Albert cuando regresaba de Europa. Aquí recibió una carta George, de una dama dando detalles de una hija que había tenido y que tuvo que dejar en un orfanato, para poderla identificar, solo le dejo una muñeca, la fecha y el lugar para que la cuidará, pues ella estaba muy enferma y no podía velar por la pequeña, pidiendo el perdón de Dios por haber tenido una hija de él, sin poder encontrarlo… leyendo la carta George, pensaba en Annie la hija de los Britter.
