¡Hola!

Ay, sé que me desaparezco por años. Supuestamente debería traer para esta bella fecha la actualización de mi fic How to save a life, pero nada más no encuentro tiempo. El año parado entré a trabajar y pues sí está pesadito.

¡Pero cada 19 de enero publico algo sí o sí! :D

Así que aproveché para simpear a Gaara a través de Sasuke, ¡espero les guste!


Unexpected

. . .

(SasuGaa)

I´ve seen love, and I follow the speeding of starlight

I´ve seen love, and I follow the speeding of starlight

[Interpol, Pace is the trick]

. . .

Concéntrate. Vamos, mantén la vista al frente y las manos sobre el volante.

Ponle atención a ella. No solo oigas sus palabras, escúchala. Borra de tu mente la imagen del pelirrojo en la terraza de aquel hotel. Olvida las luces neón que formaban distintas tonalidades de rojo en su cabello.

O por lo menos, haz el intento.

—Mi amiga Temari dice que es la mejor opción—dice la muchacha, y es como su voz te diera la asombrosa habilidad de traspasar las ondas sonoras—. Yo le creo. Nada más ve lo que hizo con Ino y Sai. ¡Yo quiero una fiesta así!

¿Así cómo? ¿Una fiesta? ¿Qué fiesta?

Probablemente lo sabrías si no estuvieras pensando en la mirada que ese muchacho te dedicó al acercarte a él. Ojos verdes, ojos de laguna. Ojos surcados por ojeras negras que te miraron con recelo cuando preguntaste por el nombre de su dueño.

«Estaba por invitarte un trago, pero me di cuenta de que no sé tu nombre» Fue obvio que el alcohol, combinado con las ansias de divertirte durante tu último mes de libertad, te hicieron decir tremenda estupidez. ¿Pero quién te puede culpar? Eres joven, disfrutabas una noche de copas en un hotel lujoso. La brisa del mar te golpeaba la cara mientras te preguntabas cómo podía existir alguien con rasgos tan extraños (¡no tenía cejas!) que te atrajera como un pez abisal hace con su pobre carnada.

Es decir, ahí había muchachas preciosas, chicos bien parecidos. Suigetsu habría apostado que, si ibas a hacer lo que hiciste, te hubieras decidido por la pelirroja bonita de curvas discretas y lentes de armazón. No por el chico con cara de pocos amigos que te miró como si fueras cualquier tipo más entre en montón.

¡Qué incómoda situación! Tal vez ahora entiendes cómo se sintió Sakura cuando se armó de valor para pedirte una cita y lo único que obtuvo fue el silencio incómodo de tu indiferencia. Qué sentimiento más hiriente y cuán identificado te sentiste con la de pelo rosa en ese momento, pues tal parecía que el taheño prefería calar de su cigarro antes de dignarse a contestarte.

No obstante, si no hubieras estado medio ebrio y con el ego —ligeramente— dañado, habrías podido notar la duda en el rostro del muchacho; un silencio alargado por su nerviosismo apenas notable que se quebró al notar que estabas a punto de irte.

Él carraspeó entre la música. «Hey», dijo con su voz grave.

Te giraste a verlo. Te preguntaste qué clase de persona se tatuaba el Kanji "amor" en la frente. Y cuando él te pidió una bebida con vodka, tú ya le habías dicho que sí.

¿Por qué no? Después de todo, ¿qué era lo pero que podía pasar? Naruto y Suigetsu prepararon aquellas vacaciones para bajar tu estrés. No querías casarte. No quieres casarte (aunque para este momento ya tienes la soga atada al cuello). Lo menos que podías hacer era tomarles la palabra a tus amigos (¿te imaginas la cara de Fugaku si se llega a enterar?).

Por eso le invitaste tres tragos al pelirrojo. Semi mareado, lo llevaste hasta la pista, asumiendo que era un excelente bailarín. «¿Cómo te llamas?» le preguntaste nuevamente, pero él estaba muy concentrado en sus pies. «¿A qué te dedicas?». Insististe. Y él, incapaz de seguir ignorando tu insistencia, contestó: «Al negocio familiar».

"¿A qué está jugando?", pensaste. ¿Quizá intentaba hacerse pasar por el hijo de alguna mafia?

Hiciste una mueca, pero guardaste silencio. En vista de que él no era muy sociable (tampoco podías decir lo contrario sobre ti), te concentraste en guiar el baile.

«¿Vienes con alguien?» Intentaste romper el hielo.

«Con mis hermanos» Respondió.

«¿Viaje familiar?»

«No. Nuestros socios nos regalaron el viaje.»

"Chico rico", pensaste.

El tenía las mejillas coloradas por el alcohol y sus pupilas estaban hinchadas. También lucía incómodo (¿quién no lo haría, teniendo las caderas sujetas por un extraño que acababa de conocer hace tres segundos en el bar de un hotel?), sin embargo, nada más se limitaba a encajar las uñas sobre tus hombros, enfocado en sus movimientos más que en cualquier otra cosa.

¿Cuál era su nombre? ¿Qué edad tenía? Asumiste de entrada que le gustaban los chicos, pues de otra forma no habría accedido a un baile lento contigo.

¿También miraría a las chicas? ¿Estaba soltero, o quizá tenía pareja, como tú?

Apenas eras consciente de que, entre todo ese mar de dudas, lo único que buscabas era un escape para dejar de pensar en la decepción que se llevaría tu padre si hubiera estado ahí, viéndote exhalar tu aliento en el cuello de un extraño a pocos meses de tu boda con la chica perfecta.

Fugaku se había encargado de enseñarte las maneras correctas para ser un Uchiha: "Cumple con tus deberes. Gradúate con honores. Sé el mejor, encuentra a la mejor y forma una grandiosa familia". Así había sido durante generaciones: Indra, Madara, Fugaku, Obito e Itachi.

Mentirías si dijeras que alcanzar las expectativas de Fugaku no se había convertido en tu mayor reto. Teniendo un hermano como Itachi, todo era más difícil. Pasar los exámenes con la nota máxima era poco comparado con los reconocimientos que recibía Itachi como médico cirujano. Nadie hubiera esperado la decepción que tuvo Fugaku cuando su primogénito llevó un chico a la casa.

Sin embargo, fue justo ahí donde encontraste una oportunidad: La oportunidad de que tu padre te reconociera a ti.

—¿No estás emocionado, cariño? ¡Tendremos una boda preciosa!

Pero luego besaste los labios de ese joven y lo echaste todo a perder. Hundiste los dedos en su cabello y fuiste tú el que perdió no solo el autocontrol, sino la noción y la razón. Creías ser quien guiaba al pelirrojo tanto en el baile como en el beso, sin embargo, al recobrar el sentido, la música se había convertido murmullos lejanos; el calor no emanaba del gentío de la terraza, sino de tu cuerpo pegado contra el de taheño, en tu habitación.

De pronto, un torrente de adrenalina te ataca justo cuando el semáforo se pone en verde. Sakura parece no darse cuenta, pues sigue fantaseando con su boda de ensueño. Tú le haces una sonrisa torpe, aprietas el acelerador. Te hundes en el recuerdo nuevamente y te preguntas qué diría Haruno si fuera capaz de leer tu mente.

¿Qué diría Fugaku, si viera la forma en la que tiemblan tus dedos al despojar al chico de su camiseta? Rayos, la piel blanca brillaba gracias a la luna y el aire acarreando la humedad del océano. Su expresión era la de un polluelo a punto de lanzarse del nido. Su respiración era agitada; a pesar de eso, se veía dispuesto a aceptar lo que tú, imprudente, querías ofrecerle.

«No sé cómo hacer esto», confesó, codos sobre el colchón y pantalones hasta los muslos.

«Yo tampoco lo he hecho con un chico». Te sentiste un idiota. ¿Cómo se te ocurría decirle que no tenías idea de cómo tratarlo, precisamente cuando el bulto ya estaba formado y él solo esperaba que terminaras de quitarle la ropa?

Pero luego él abrió la boca, la cerró y lo juntó los párpados. Se estaba rindiendo ante ti. Tú, que no tenías más experiencia en el sexo de la que has tenido con Sakura. Te sacaste la ropa como pudiste y caíste en la cama, mirando el cuerpo masculino que tenías debajo, recordando las emociones que de niño experimentaste al ver a dos chicos besándose en televisión.

«¿Y con chicas?». Claramente se dio cuenta de que, tras los besos y marcas que le dejaste en la mayor parte del pecho, tú ni siquiera atinabas a meter la erección.

«¡Claro que sí!». No mentías. Uh, ¿cuántas veces no lo has hecho con Sakura? ¿Y cuántas de esas veces te diste el tiempo para pensar qué hacer con tus manos y tu cuerpo, si ella se hacía cargo de casi todo? El chico frente a ti apenas movía las manos. No sabías qué rayos le gustaba, ni qué toques lo hacían erizarse, ¡ni siquiera sabías (sabes, ni sabrás) su maldito nombre)!

Luego, pensaste que el sexo sin compromisos con un extraño tal vez no era tan mala idea. Creíste que él no tendría forma de juzgar tu mal desempeño después de esa noche (la forma torpe en la que no podías hundir más de la punta de tu pene en su trasero). Después de todo, no se volverían a ver.

Él se quejaba, hacía mohínes y jadeaba. Tuviste que apoyar una mano en la cama y sostenerlo de los muslos con la otra para mejorar el desastre que llevabas a hasta ese momento.

«¿Estás seguro de que la chica era de verdad?» Al pelirrojo se le ocurrió ser sarcástico en medio de su quejido.

"¡Por supuesto! ¿No crees que las cosas serían más fáciles si Sakura fuera de plástico?" Quisiste decir. No obstante, te mordiste el labio, inhalaste. Buscaste la forma de quedar dentro de él sin hacer lastimarlo demasiado. El corazón te golpeaba el pecho, la cara impaciente y sonrojada del muchacho fue suficiente para que barrieras rápidamente a Sakura de tu cabeza.

—Gira a la esquina, cariño. Es en aquel edificio.

No quieres escucharla. Quieres pensar en el bermejo. Desearías cerrar los ojos un instante para recordar la sensación de su cuerpo moviéndose debajo de ti. Casi sientes la sensación de sus uñas sobre la espalda, reclamándote por ir demasiado rápido. Los besos húmedos, el roce de su miembro sobre tu vientre, sus lagrimales húmedos y los sonidos ahogados.

(Oh, ¿podrás experimentar algo similar en tu noche de bodas?).

«¿Cuál es tu número?» morías por saber, pero el muchacho, exhausto por el sexo, decidió guardar silencio y acomodarse para dormir.

Probablemente tampoco te habría dicho su nombre.

—¿Aquí? —estacionas el auto.

—Sí, aquí. Es la dirección que me dio Temari.

Tu prometida baja del auto y estira los brazos, dejando que el aire de verano haga ondear la falda.

—Estaba pensando en pedir el mismo paquete que Ino. ¿Qué piensas de tener una boda en la playa? ¿No sería romántico?

—Elige el paquete que prefieras. El dinero no es problema, Sakura.

—¡Me haces tan feliz!

Ella alardeaba. Estaba armando el escenario de una vida juntos mientras subían las escaleras. Entonces te diste cuenta de que tú ya no tenías ninguna excusa o ancla a la cual aferrarte. Aquel pelirrojo había sido tu vía de escape, sí. Tu distracción. Pero ya no estaba.

—¡Buen día! ¿Podemos pasar? Mi nombre es Sakura Haruno. Tú eres el hermano de Temari-chan, ¿verdad? —pregunta tu prometida con extrema cortesía.

Tú la sigues detrás, como quien no quiere la cosa, tratando poner una expresión que al menos muestre el mínimo interés que tiene un hombre cuando está a punto de casarse.

—Sí, mi nombre es Sabaku no Gaa…ra.

El aliento se te va por un segundo. Dejas de respirar y culpas a tu mente por jugarte tan mala pasada.

Parpadeas una, dos veces Él también lo hace. Se ha quedado en la última sílaba de su nombre, dejándose hacer cuando Sakura le da la mano y la sacude efusivamente.

(¿Se le habrá parado el corazón como a ti?)

—Sasuke Uchiha—le ofreces la mano al pelirrojo de tus fantasías—. Mucho gusto.

¡Oh qué hermosa y problemática coincidencia!


Y fin :D

Nunca sé qué logro con lo que escribo. Lo que puedo decirles es que saqué esta idea de un rol que tuve con mi querida amiga Hani (xd). Y por el trabajo, no me iba a dar la vida para traerles un longfic el día de hoy.

¡Espero que les haya gustado!

Por cierto. Si ya han leído mis otras historias, seguro ya asumen quién es la pareja de Itachi. Vamos, saben que las dos opciones son válidas ( "S" o "S"). Jeje,

Ya, eso es todo, feliz cumpleaños a mi bebé Gaara, ¡hasta la próxima!