Capitulo II: Días de compras
Era el día domingo, y al fin su padre se había tomado un tiempo para ella, habían terminado la mudanza entre ambos y ahora caminaban por el vecindario para conocerlo mejor y de paso, buscar algún establecimiento dónde comer. Izzie llevaba una falda negra a tablones con unas medias negras y botines negros, su blusa era lila de manga larga con algunos motivos negros en el pequeño escote y cubría sus ojos del sol con unos lentes redondos; su padre lucía unos pantalones negros, una camisa roja con los primeros dos botones desabrochados y al igual que su hija, llevaba lentes de sol estilo aviador.
– Entonces… ¿Te agrada la zona? –el de cabellos marrones volteó hacia su hija
– Es mucho más tranquila que New York o Los Ángeles –levantó los hombros restándole importancia
– Bueno cualquier sitio es más tranquilo que allí ¿No crees? –le vio divertido
– Cierto…
Izzie se detuvo un momento, observando el parque que estaba prácticamente frente a su ahora departamento, en él se veía un grupo de chicos correteando y riendo, al ver que se detenía, su padre imitó su acción.
– Extraño el Ferri de Seattle…–murmuró distraída
Su padre quedó unos segundos en silencio viéndola y bajó la mirada, a veces se sentía culpable por el constante cambio de ciudad, principalmente debido al trabajo, y que su hija no tuviera una vida presisamente normal; Izzie volteó hacia él y al verlo decaído cayó en cuenta que había hablado de más.
– Bueno, sabes… no es Central Park pero… –recorrió el lugar con la mirada –este parque tiene su encanto, en verdad me agrada. –le sonrió y continuó caminado –Come on daddy, tengo hambre
Él sonrió levemente y caminó junto con ella revolviéndole el cabello, su pequeña jamás se quejaba y siempre trataba de levantarle el animo, aún cuando él es el que debía hacerlo, caminaron unos minutos más, cuando el teléfono de su padre empezó a sonar, de inmediato su padre contestó
– ¿Hi?… Si, si claro, hicieron bien en hablarme… –Izzie rodó los ojos y se detuvo cruzándose de brazos –Si claro, súbanle a quirófano, voy enseguida –colgó –lo siento cariño, hubo un accidente y debo ir –apresurado sacó su billetera de uno de sus bolsillos dándosela –ve a comer algo rico
– P–pero papá… –no le dio tiempo protestar, ya que su padre se alejaba agrandes zancadas despidiéndose con la mano
– ¡Te veo en la casa! –y desapareció dentro de un taxi que había detenido.
Izzie mordió sus labios con molestia y desilusión, no era la primera vez que quedaba olvidada, su padre en cuanto recibía una emergencia no dudaba en dejarla sola en alguna fiesta, cena, película y ahora a media calle; volteó viendo la cafetería, se le había ido el apetito, metió la cartera a su bolsa y continúo su camino, tampoco tenía muchos ánimos de ir a la soledad de su casa.
Después de unos minutos de caminata, encontró una tienda de ropa, en los aparadores se veían desde elegantes vestidos, hasta la ropa cómoda e informal que tanto le gustaba, por lo que se decidió a entrar, tal vez encontraría algo que fuera con ella. Dentro pudo apreciar un montón de telas y diferentes estilos de ropa, casi de inmediato, se aproximó a ella un hombre alto, de cabello negro y vestido muy peculiarmente.
– Buenas tardes señorita, ¿se le ofrece algo?– pregunto cordialmente
– En realidad solo echaba una ojeada –murmuró incomoda
– Está bien, si tiene alguna duda no dude en acudir a mí
– Ok, muchas gracias
Y como había aparecido se retiró rápidamente, algo que Izzie agradeció, detestaba que al entrar en una tienda le atosigaran mostrado prenda tras otra sin que fuese de su gusto, por lo que ahora tranquilamente podría recorrer la tienda a sus anchas. Pronto encontró una linda blusa negra con algunas trasparencias, la tomó para comprobar que fuese de su talla cuando un montón de vestidos rosados mal colocados se deslizaron en su dirección, cerró los ojos esperando que le cayeran encima, cuando unos brazos fuertes le rodearon y la giraron, Izzie abrió ligeramente los ojos para encontrarse con un par de ojos oscuros y rasgados, pertenecientes al chico de hacía poco le había ofrecido su ayuda, se encontraba de espaldas a los estantes y los vestidos rosados se encontraban sobre él.
– ¿Estás bien? –preguntó preocupado.
– S–si –le sonrió algo incomoda separándose
– Siento mucho esto, seguro no hemos colocado bien esas prendas ¿No te hiciste daño?– la preocupación en el rostro del chico hizo relajar a Izzie, que sonrió para tranquilizarle
– Estoy bien, aunque un par de vestidos no me habrían podido hacer daño –retiro con una risa la prenda rosada que el chico tenía en la cabeza–
– Supongo tienes razón –sonrió más relajado
– Valla desastre, te ayudaré con eso –Izzie empezando a levantar las prendas, pero el chico pareció ofuscado
– De ninguna manera, eres una cliente y…
– No me molesta –tomó su hombro sonriéndole –además soy muy terca y no aceptaré un no –su sonrisa le contagió, haciendo riera levemente.
De pronto una fuerte y molesta voz llamó a su atención, asustando a Izzie haciendo que lo soltara.
– ¡¿Que pasa aquí?!
Frente a ellos, una guapa chica de cabellos largos platinados y ojos ambarinos se había plantado, lucía el ceño fruncido y se había cruzado de brazos, el chico palideció al verla.
– Rosa… esto…
– ¡Quiero una explicación Leigh! –le interrumpió moleta –¿Quién es esta chica? –bufó mirándola de arriba a abajo, causándole molestia
– ¿Oye podrías tranquilizarte? –Izzie frunció el ceño –¿Podrías dejar que respire?
– Él es mi novio –arremetió de inmediato –Y tú te veías…
– No lo dudo –interrumpió Izzie y rodó los ojos –Pero esos vestidos se han resbalado y él evitó que me cayeran encima, solo está siendo un buen dependiente…
– ¿En verdad Leigh?… –la platinada volteó hacia el chico, un poco más relajada, a lo que él asintió de inmediato
– Claro es verdad—Izzie se cruzó de brazos –el pobre ni siquiera sabe mi nombre
– Así es Rosa –al fin pudo hablar –ella acaba de llegar a la tienda.
La de ojos ámbar hizo un pequeño puchero y se lanzó de inmedaito a sus brazos
– ¡Oh lo siento mucho Leigh!, es que te he llamado el móvil y no me has contestado y lo primero que veo a llegar era esa escena…
– Lo de no contestarte creo se debe a que ésta tienda ha estado llena, le he visto correr de un lado a otro atendiendo a los clientes –interrumpió Izzie
– Oh es por eso que quería venir a ayudarte Leigh, lo siento –el pelinegro sonrió u besó su frente
– No te preocupes –la platinada volteó hacia Izzie
– Y te pido una disculpa a ti, pero Leigh es muy atractivo y…
– Olvídalo –le cortó bufando haciéndola reir
– Me llamo Rosalya –le tendió la mano amigable
– Izzie –correspondió el saludo
– ¡Valla me encanta tu ropa! –de inmedaito la jaló hacia ella y le dio una vuelta admirando su vestimenta –¡y tienes unas muy buenas medidas! ¡Ven! ¡Seguro te quedará perfecto!
– ¿Que? Bueno yo…
Rosalya no le dio tiempo de contestar, tomó la mano de Izzie, quien estaba bastante descolocada ante su cambio de actitud, y la arrastró por los corredores de la tienda, mientras cogía prenda tras prenda para que la peliazul se las probara. Las horas pasaron entre un mar de ropa que Rosalya sacaba de quien sabe dónde y que obligaba a Izzie a probarse, todo bajo la mirada divertida de Leigh. Al final del día, Izzie salió dela tienda con al menos 5 prendas, de las que Leigh le había regalado dos como agradecimiento por ayudarle con el malentendido de su novia; lo cierto es que la actitud de Rosalya distaba mucho de la de ella, mas no le pareció desagradable, se había entretenido el resto del día y Rosalya había acertado en muchas prendas que fueron de su agrado.
