La paciencia de Nightmare tenía un límite. Y en ese momento, estaba a punto de alcanzarlo.

Había un dado margen de tiempo a las bestias demoníacas para que cazasen a sus enemigos y recuperar los fragmentos de la varita Estelar, pero una vez este había finalizado había dado la orden para que regresasen. Debido a la rapidez con la que los hechos habían transcendido, no había podido completar el último paso y le preocupaba que una prolongada exposición al mundo despertase en ellas alguna clase de emoción que les llevase a revelarse a su creador.

Mas sus preocupaciones habían resultado ser ciertas antes de lo previsto: una de las bestias había ignorado la orden y no había regresado. Cualquier intento de comunicarse con dicha creación había resultado en una simple respuesta: "ya los tengo localizados, así que deme una oportunidad".

Y en su último intento de comunicarse, ni si quiera había recibido respuesta.

–Esto es lo que pasa cuando le das un corazón a tus herramientas– gruñía Nightmare, mientras furiosamente corrompía el núcleo de una de sus bestias, la cual chilló de dolor.–Te lo dije cientos de veces, Lucilius; que te asegurases de crear formas de vida sin capacidad emocional. Pero no, el señorito decía que si la vida invocada por un dios era capaz de sentir emociones, él no iba a ser menos. Ahora por seguir tu método tengo que eliminar ese corazón de manera manual y me haces perder el tiempo.¿Estás contento en cualquiera que sea el infierno en el que te estés pudriendo?– preguntó sin esperar respuesta.

Pero la bestia demoníaca rebelde no era la única de sus preocupaciones. Aunque había planeado anunciar se llegada al mundo entero coincidiendo con el festival de aquella isla, al final iba a tener que optar por un método más discreto para hacerse con el control de aquel mundo. La información que había recibido a través de examinar los numerosos sueños y recuerdos de los habitantes del Reino Celestial, le había revelado la existencia de una considerable cantidad de individuos con resistencia a sus poderes, y curiosamente todos tenían cierta conexión con la Singularidad. Si bien las pesadillas se cebaban con ellos cada noche, no sucumbirían tan fácilmente ante estas. Con esto en cuenta, su idea inicial de exigir a los habitantes aquel mundo que le entregasen lo que necesitaba para sus planes, y poner de paso contra las cuerdas a la Singularidad, no iba a funcionar tan pronto: primero tendría que debilitar a esos aliados potenciales.

Aún así anunciaría su regreso en aquella isla solo para tenerla completamente controlada y alimentarse del miedo de sus habitantes. En cuanto a los aliados de la Singularidad, no le quedaba más remedio que mandar a sus creaciones asediar los lugares en los que estos se encontrasen e ir mermando sus fuerzas poco a poco. Como mínimo, los mantendría ocupados y podría asegurarse de que no les prestaban su ayuda directa. Ya tenía bastante con que esos dos contasen el apoyo de los héroes de Dreamland.

Cuando por fin terminó de arrebatarles el corazón a sus creaciones, dio la orden a dos de ellas de que trajeran de vuelta por la fuerza a por la que se había revelado y se retiró a descansar al plano onírico después de horas de trabajo.

"Voy a revisar el estado de Oneiros. Con el castigo que ha recibido por su traición, debería mostrarse más colaborativa " decidió el villano una vez había aparecido en la galería onírica. Si su creación verdaderamente lo había pasado tan mal durante la guerra entre los Astrales y los habitantes del Reino Celestial, esos dolorosos recuerdos seguramente harían mella en su voluntad.

Así, el villano se adentró en el sueño en el que había atrapado a su creación, sólo para encontrarla sentada en un medio de un prado de flores que en lugar de envuelta cruenta escena de la gran guerra que había preparado para atormentarla.

–Ah, por fin te dignas a hacerme una visita– dijo ella al notar su presencia sin dignarse a dirigirle la mirada.

El mundo de los sueño revelaba la verdadera apariencia de Oneiros. Lucía un poco más mayor que en su forma "humana", aunque seguía siendo joven. Un pomposo vestido negro escotado con un largo vuelo semi-transparente decorado con estrellas, sustituía a su pijama habitual, y en lugar de un lazo un sombrero a juego como el vestido se apoyaba sobre su ahora larguísimo pelo morado. Flores rojas brotaban de la espalda de la bestia, y en lugar de piernas, bajo su vestido lo que había era una especie de cama en forma de flor.

Cuando Oneiros se encontraba en combate o en un estado de estrés, su rostro aparecía hueco, como si fuera una muñeca de porcelana a la que habían arrancado su cara, y era así cómo Nightmare había esperado encontrarla. Sin embargo, ahora mismo la bestia primigenia de los sueños mantenía los mismos rasgos faciales que su forma humana, una expresión de imperturbable calma dibujada en su rostro mientras tomaba una taza de te. La única prueba de que era su prisionera era un grillete que aprisionaba la mano derecha de la bestia, cuya cadena negra se perdía en el aire. Pero incluso si por si misma ella no podría romper la maldición y escapar, Oneiros seguía teniendo el control sobre los sueños. Nightmare se maldijo a si mismo: una vez más había cometido un error de cálculo por haber subestimado a su oponente.

Por su parte, Oneiros dejó escapar un quejido molesto al notar como Nightmare la estudiaba con detenimiento sin decir nada.

–¿Vas a unirte a mi o te vas a quedar mirándome sin más?– le invitó de mala manera.

Nightmare avanzó hacia su primera creación, asegurándose de marchitar las flores a su paso a propósito. Al ver aquello Oneiros arqueó una ceja, como señal de que no estaba impresionada por aquel burdo intento de estropear su sueño. Las flores no tardaron en recuperarse, para desagrado de Nightmare.

–¿Sabes? Este era mi lugar favorito en todo el Reino Celestial. Lo encontré después de la guerra y mi lado más iluso tenía la esperanza de compartirlo con mi padre y mi hermano algún día– reveló la bestia primigenia, pura nostalgia reflejada en su voz. –Ahora, este lugar sólo existe en mis sueños.–Oneiros alzó su mano y el prado de flores fue reemplazado por una bulliciosa aldea.– El tiempo lo borró, al igual que borró mis esperanzas de reencontrarme con ellos.

A Nightmare no le había pasado desapercibido cómo Oneiros ahora se refería a su padre en tercera persona, pero se abstuvo de hacer comentario alguno al respecto de momento.

–La oferta sigue en pie– dijo en su lugar.– Si aceptas a ayudarme, podremos volver a ser la familia que deseas. Tengo grandes planes para ti, y estoy seguro de que los disfrutarías.

–Buen intento, pero no creeré una palabra que salga de tu boca– se negó Oneiros en rotundo.– Puedes que hayas sido mi creador, pero no eres mi padre. Además, yo ya tengo una familia. Esperaba presentársela a él, ¿sabes?

Oneiros volvió a alzar su mano y al aldea desapareció para dar paso a una nueva escena. Estaban en el interior de una galería de lo que parecía ser un navío de guerra Astral, salvo que había sido convertida en una especie de bar. Oneiros en su forma humana estaba acompañado por aquella manifestación que había creado a imagen de su desaparecido hermano y por... Nightmare hizo una mueca de disgusto al reconocer a su antigua forma en la ilusión convocada por la bestia.

–Mira Ladiva, este es mi padre– dijo la Oneiros de la ilusión.– Desapareció hace muchos años, ¡pero por fin ha vuelto! Es un científico, seguro que se llevará bien con Cagliostro. Además, es un Astral: ¡podrá ayudar a Gran y Djeeta a llegar a Estalucia!

La Oneiros real apretó el puño con rabia y la ilusión explotó en cientos de partículas de luz, convirtiendo el sueño en un espacio totalmente blanco, como un lienzo esperando a que alguien pintase algo en él.

–Ingenua. Boba. Infantil– se insultó a si misma.– Siempre tengo que aprender todo a las malas. Mi padre murió en aquella explosión, aunque a veces dudo que haya existido si quiera. Quizás sólo fue la máscara que un científico astral llevaba para poder manipularme a su antojo– añadió, mirando de reojo a Nightmare.

–Si esperas alguna confirmación por mi parte, puedes olvidarte de ella porque ni yo mismo lo recuerdo– respondió este con rotundidad.–Aunque en algo tienes razón: mi antiguo yo, aquel científico Astral, murió aquel día en más de un sentido.

–Debería matarte, pero sé que intentarlo es inútil– anunció de pronto Oneiros, sorprendiendo a Nightmare. Nadie jamás había osado soltarle amenaza semejante en su propio territorio. –Tu también te has dado cuenta, ¿no? Somos fuerzas iguales. Tus sueños y pesadillas no pueden afectarme, al igual los míos a ti– expuso la bestia primigenia.– De lo contrario, habrías salido ardiendo nada más ponerte a mi lado. Que lástima. Supongo que tendré que quedarme aquí sentada esperando a que vengan a buscarme, como las princesas de los cuentos que solías contarme.

–¿Te contaba cuentos?– preguntó Nightmare, extrañado. ¿Había sido de verdad una persona tan ñoña alguna vez?

–Puede que sí, puede que no– respondió Oneiros, una sonrisa maliciosa.– Si tu puedes mentirme, yo también puedo mentirte. Igual sabrías la verdad si no hubieses decidido olvidar.

–No creas que verdaderamente me importa lo que hiciera en el pasado– río secamente Nightmare.–Si lo olvidé, definitivamente no era relevante.

–Pero bien que te acuerdas de aquellos que te afrentaron– le acusó su creación.

–El odio es más fuerte y duradero que el amor– afirmó el villano.

–Sólo para un corazón débil– refutó Oneiros.

–Esos habitantes del Reino Celestial están llenando tu cabeza con patrañas– gruñó Nightmare al oír esa respuesta. Recordaba a su creación como una criatura cruel. ¿Cómo habían podido volverla tan blanda?

–Habló de patrañas el que desea conquistar el universo– se burló Oneiros de sus ambiciones.

–Tú nunca entenderías a lo que aspiro en verdad, niña– le espetó Nightmare.

–Ilumíname, entonces, o gran sabio ser de las tinieblas– siguió burlándose su creación.

–Ríete ahora, Oneiros. Pero cuando tu falsa familia caiga irremediablemente ante mi, me rogarás que vuelva a aceptarte– le amenazó con maldad.

Oneiros, sin embargo, le dirigió una mirada llena de confianza y le respondió:

–Ve e inténtalo. Estoy deseando ver como fracasas.

– – –

El Rey de Dreamland se alzaba triunfante sobre el ser que se estaba haciendo pasar por él.

Todo había empezado hacia apenas una media hora. Había sido el turno de Sandalphon de vigilar las inmediaciones de la cabaña, pero al notar la incomodidad del Arcángel Supremo, Dedede le había insistido en que podía irse a vigilar otra zona, pues él ya se encontraba lo suficientemente bien como para cuidar sólo de Morphe y la durmiente Phoebe.

Aún así, Sandalphon había decidido no alejarse mucho de allí y había comenzado a patrullar desde el aire las inmediaciones del recinto turístico. Había sido durante una de sus vueltas cuando había vislumbrado a Dedede parado en medio de la playa, como si estuviera esperando algo.

Inmediatamente, al ver al Rey de Dreamland en ese lugar se había dado cuenta de que algo no encajaba. Sabía que había dejado al rey en la cabaña y su abrigo aún no estaba seco, por lo que era extraño que estuviese ahí y encima ataviado en sus ropajes habituales. No sólo eso: al tratar de detectar el aura del rey, notó que esta se encontraba en dos lugares al mismo tiempo, lo cual era imposible.

Salvo que uno de los Dedede fuese falso, y no era difícil deducir cual.

El ángel voló de vuelta a la cabaña para comprobar que, efectivamente, Dedede también estaba allí. Al contarle lo sucedido, ambos habían llegado a una conclusión: la bestia demoníaca que había atacado a Sandalphon no era una copia de Lucifer, sino que debía tratarse de una especie de cambia formas capaz de imitar a otros seres a la perfección. No sabían como funcionaban los poderes de esa bestia aún, pero siendo una de las creaciones de Nightmare no podía ser nada bueno.

–Me voy contigo– dijo Dedede cuando Sandalphon se dispuso a marcharse a dar caza a la bestia cambiante.– No sé porque ese bicho se ha transformado en mi, pero tengo un mal presentimiento.

–Aún no se sí estás lo bastante recuperado para luchar. Además, ¿quién cuidará de Morphe y Phoebe?– se negó Sandalphon en un primer momento.

–No ocurrirá nada– afirmó Morphe con certeza.– Dudo que Nightmare tenga interés en el cuerpo de mi hermana si ya la tiene atrapada en el mundo onírico. Si quiere algo de nosotros, deberían ser los fragmentos de la varita– añadió mientras miraba al ángel fijamente.

Sandalphon era ahora quien custodiaba los fragmentos de la Varita Estelar. Aunque según Dedede sólo él podía acceder a la dimensión de bolsillo de su abrigo, no querían arriesgarse a que dicha prenda se extraviase y con ella la posibilidad de restaurar el único arma que podía acabar con su actual enemigo. Por lo tanto, mientras el abrigo estuviese secándose, Sandalphon los mantendría a buen recaudo.

Viendo que no iba a poder disuadir a sus compañeros, Sandalphon accedió a que Dedede le acompañase en su búsqueda de aquella criatura. Encontrarla no sería complicado: sólo tenía que seguir el rastro duplicado del monarca de Dreamland.

Y así fue: apenas habían transcurrido unos minutos después de su marcha cuando detectaron al ser en una arbolada cercana. Ambos seres volaron hacia el lugar donde estaba la bestia demoníaca, esperando poder capturarla, e interrogarla si era posible, antes de que causara algún mal a alguno de los habitantes de la isla.

Solo para encontrarse a la criatura atacando a Kirby.

Al ver aquello, un furioso Dedede había descendido en picado hacia donde estaba la criatura, impactando con fuerza sobre esta e interrumpiendo lo que parecía ser un aburrido monólogo digno de un villano de dibujos animados infantiles.

–Te encontré, farsante– se burló el auténtico Dedede de la bestia demoníaca, citando a cierto erizo azul que había conocido en cierto torneo de lucha multi-dimensional.

–¡Dedede!– exclamó Kirby, sus ojos rebosantes de alegría.

El auténtico Dedede le dedicó una sonrisa de lado a lado a su rival predestinado antes de decirle:

–Me alegra verte, pequeña amenaza.

La pequeña bola rosa saltó a los brazos de su amigo, empujándolo hacia atrás y bajándolo de la bestia demoníaca.

–¿Estás bien, poyo? Me enteré de que te habían herido. ¿Qué ha pasado? ¿Te has metido en muchos líos? Por cierto, ¿sabes algo de Bandee?– le bombardeó el pequeñín a preguntas.

–Eh, calma Kirby. Te lo contaré todo cuando atrapemos a...– comenzó a decir Dedede, pero al girarse a mirar a la bestia demoníaca, interrumpió lo que estaba diciendo y exclamó:–Eh, ¡no huyas, cobarde!

La bestia, aprovechando que Kirby le había quitado a Dedede de encima, había comenzó a reptar por el suelo para escabullirse disimuladamente, pero le detuvo el filo de una espada apuntando a su cara.

–Hola otra vez– saludó Sandalphon a la criatura, en un tono un poco sarcástico.

–Tú de nuevo– gruñó la criatura, frustrada. Antes de que pudiese hacer algún movimiento para zafarse del ángel, este rápidamente utilizó su poder elemental para que la tierra lo atrapase.

–¿Lo tienes, Sandal?– preguntó el rey de Dreamland.

–Sí, no va a irse a ningún sitio– respondió el ángel de vuelta. La bestia demoníaca con la apariencia de Dedede luchaba por liberarse del montículo de tierra en el que Sandalphon le había encerrado, pero era inútil.

–Sandal... ¡Ah, tú eres Sandalphon, el amigo de Gran, Djeeta y Lyria!– exclamó Kirby al reconocer el nombre.– Perdón, Lyria y yo nos comimos tus bollitos de crema– se disculpó la bolita

–¿Eh? Pero si eran varios kilos...– comenzó a decir el ángel anonadado, pero sacudió al cabeza y añadió– Bah, no importa eso ahora.– A continuación, se giró a Dedede y dijo:–Parece que tenías razón Dedede: tu amigo ya estaba viajando con esos dos, por lo que intuyo que también deben estar por aquí.– comentó Sandalphon recordando las palabras del monarca. Luego, el arcángel reparo en algo y pensó "ay no, la bronca que me va a caer por haberme ido sin avisar..."

–Sí, llegamos hace un rato, poyo– confirmó la bolita rosa.

–Me alegra conocerte finalmente, Kirby– dijo el ángel extendiendo una mano hacia el héroes de Dreamland, quién la estrechó con entusiasmo.–Dedede nos ha hablado mucho de ti, aunque no te esperaba tan joven.– Tras decir aquello, reparó en algo y se giró hacia Dedede.– Espera,¡¿me estás diciendo que un niño derrotó a todas esas cosas terribles a las que dices haberte enfrentado?!– exclamó con incredulidad. Como toda respuesta, el rey asintió seriamente.

Intrigado, Sandalphon se acercó a Kirby y comenzó a estudiarle.

–Parece que eres una Singularidad– anunció el ángel sorprendido.– Eso explica algunas cosas.

–¿Singu qué?– preguntó Dedede confundido.

–A Gran y Djeeta le llaman eso mucho. Pensaba que era un apodo, poyo– respondió la bolita rosa.

–¿No te lo han explicado?– cuestionó Sandalphon.

–Bueno, Wilnas y sus amigos dragones dijeron algo al respecto, pero era muy complicado y no lo entendí– comentó Kirby con una expresión pensativa.

–Por supuesto alguien cómo tú llamaría la atención de los seis dragones. Zooey y yo estábamos tan enfocados en Nightmare que no nos percatamos de tu llegada– comentó Sandalphon.

Dedede, por su parte, al oír lo de los seis dragones, lanzó una mirada consternada al ángel, que con un gesto le indicó que hablarían de ello más tarde.

–¡Kirby! ¿Dónde estás?– oyeron gritar a una voz conocida para el ángel y la bolita, procedente de entre los árboles.

–¡Lyria! ¡Estamos aquí!– respondió Kirby.

La joven de pelo celeste no tardó en llegar a donde estaban, acompañada por Gran, Djeeta y Vyrn. Meg, por su parte, habías salido corriendo hacia la cabaña acompañada por Úrsula para buscar a Sandalphon, tras poner sobre aviso a sus capitanes de que había algo muy extraño en cómo se había comportado Dedede.

–¡Sandalphon!– exclamaron los gemelos a la vez al reconocer al ángel, pues no esperaban encontrárselo ahí.

–Espera, ¿por qué hay dos del amigo de Kirby?– preguntó Vyrn confundido mirando alternativamente los dos Dededes.

–¡Chicos, tenéis que ayudarme!– exclamó de pronto el Dedede encerrado.– ¡Estás bestias demoníacas se están haciendo pasar por mi y Sandalphon! ¡ Han engañado a Kirby para que les ayude en sus siniestros planes!

Los presentes se miraron entre ellos perplejos ante aquel anuncio. Para los capitanes del Grandcypher, la expresión exasperada de Sandalphon, junto al recuerdo de la advertencia de Meg, fueron suficiente para confirmar que aquello debía ser una mentira.

–¿No ha colado, verdad? Bueno, había que intentarlo...–suspiró la bestia demoníaca frustrada, antes de volver a callar.

–Con que vosotros sois los famosos Gran y Djeeta del que tanto habla todo el mundo– dijo Dedede mientras se acercaba saludar a los capitanes.–Y vosotros dos debéis ser por lo tanto Vyrn y Lyria. Soy el Rey Dedede, el Gran Monarca de Dreamland, protector de Popstar, el miembro más importante de los Star Allies y el legendario rival de Kirby.

–Menos mal que Meg nos avisó de que había algo sospechoso en la actitud del Dedede que nos encontramos antes– comentó Lyria con alivio.

–Es cierto. Aunque parece ser igual de orgulloso, al menos es más amable que este impostor–comentó Vyrn después de que el rey animadamente les estrechase la mano a todos.

Al oír aquello, Dedede no tardó en atar cabos y se giró enfadado hacia la bestia demoníaca.

–Pero bueno, ¡¿has intentado arruinar mi reputación?!

–No era mi intención– negó esta, un poco sobrecogido ante la furia del rey.– Sólo quería alejar a mi actual presa para ocuparme de él cuando tuviese la guardia baja.

–Ja, ni con esas hubieses tenido una oportunidad de vencer a Kirby– rió Dedede. –Si no os hubiera interrumpido, ahora mismo te estaría pateando el trasero. Está claro que aunque hayas copiado mi apariencia, no has copiado mi fuerza o ya te habrías liberado.

La bestia demoníaca dejó escapar un gruñido de frustración que Dedede interpretó como señal de que tenía razón.

–Bueno, ahora la cuestión es qué hacemos contigo– dijo Djeeta mientras se acercaba la bestia demoníaca, quien la miró con sus ojos plateados.

–Podéis si torturarme si queréis, ¡pero nunca os revelaré información sobre los planes de mi creador!– exclamó la bestia, intentando hacerse la valiente, pero Djeeta podía ver el miedo reflejado en su mirada.

Un momento, ¿miedo? ¿No había dicho Meta Knight que las bestias demoníacas no tenían emociones? Si bien el miedo podía considerarse parte del instinto básico de todas las criaturas vivas, esa forma de comportarse era más propia de un ser emocional.

Lo que la capitana estaba a punto de hacer podría considerarse malicioso, pero necesitaba comprobar una cosa.

–No está dispuesta a colaborar. Oye Vyrn, creo que deberíamos usar tu poder para acabar con ella.

El dragoncillo parpadeó perplejo ante la fría sugerencia de su amiga: aquello no era propio de ella. Djeeta se giró hacia Vyrn, con una expresión que decía "sígueme el rollo". Por su parte, Lyria parecía que iba a protestar ante la sugerencia de Djeeta, pero Gran le detuvo, intuyendo las verdaderas intenciones de su hermana. Sandalphon hizo lo mismo con Kirby y Dedede.

– No es nada personal, pero no podemos dejarte rondando por aquí causando problemas– le dijo Vyrn a la bestia mientras se acercaba intentando mostrarse intimidante.

–¡No, por favor! ¡No quiero morir!– rogó la bestia, con tanto temor en su voz que sobrecogió a todos los presentes ,en especial a Vyrn.

Ahí estaba. Ese deseo de aferrarse a la vida que ningún ser carente de emociones podía tener. Djeeta contempló a la bestia de manera pensativa. ¿Qué significaba aquello? ¿Acaso Meta Knight les había mentido para que Vyrn destruyese a la bestia que les había atacado en el Grandcypher? El caballero no parecía ser la clase de persona que hiciera algo así.

–¿Por qué me miras así? ¿Quieres regodearte de que tienes mi vida en tus manos o qué?– protestó la bestia, ahora no sólo asustada si no también molesta.

–No vamos a matarte. Mi hermana sólo estaba de farol–tranquilizó Gran a la criatura–No somos tan crueles como hemos oído que es tu creador.

–¿No vais a matarme?–repitió la bestia dubitativamente.– Pero, ¡soy vuestro enemigo! ¡Se supone que los enemigos deben destruirse mutuamente!– expuso, confundida como si se hubiese contradicho todo en lo que creía.

–Yo prefiero hacer amigos antes que enemigos, poyo– dijo Kirby acercándose a la criatura de manera conciliadora.– Créeme:¡es más divertido! Puedes organizar picnics con ellos y la comida sabe mejor. O irte de pesca, de acampada o mejor aún: ¡de aventuras! En serio, hacer amigos es mejor que hacer enemigos.

–Las bestias demoníacas no necesitamos amigos.

–¡Todo el mundo necesita amigos, poyo! Yo podría ser el tuyo, si quieres– se ofreció la bolita alegre. Dedede puso los ojos en blanco mientras murmuraba "ya está otra vez".

–¡Un depredador no puede hacerse amigo de su presa!– replicó la bestia demoníaca.

Kirby iba a decir algo más, pero Dedede le detuvo:

–Venga Kirby, no pierdas el tiempo discutiendo con esa cosa. Es una creación de Nightmare: no se va a tragar tu sermón sobre la amistad.

–Pero yo quiero ser su amigo de verdad, poyo– respondió la bolita un poco entristecida.

–¡Sólo dices eso porque tengo la forma de tu mejor amigo!– le echó en cara el Dedede falso.– ¡Si vieses mi forma real no querrías ser mi amigo del miedo que te daría!

–Bueno, entonces enseñánosla– retó Gran a la bestia.

La prisión de tierra de Sandalphon se adaptó a la nueva forma de la criatura, o mejor dicho a su verdadera forma. La bestia demoníaca había resultado ser un limo más o menos del tamaño de Kirby. Su cuerpo era de color morado oscuro, con dos ojos plateados y una antena que salía de su cabeza terminada en un punto de luz celeste, cosa que a Dedede le recordaba a un pez linterna.

–Ay, ¡que monada!– exclamó Lyria.–¿De verdad está es tu verdadera forma? ¡Es adorable!

–¿Adorable yo?¡Soy terrorífica! ¡Soy una bestia demoníaca peligrosa que puede destruirte en cuestión de segundos!– amenazó la bestia con una voz que sonaba un tanto infantil y aguda.

–Pues perdona que te lo diga, pero por ahora no has hecho bien tu trabajo de destruir a nadie– comentó Dedede de manera casual.

–¿Crees qué no lo sé? ¡Nada me sale bien!– gritó el limo, rabioso consigo mismo.– No consigo engañar al Arcángel Supremo haciédome pasar por Lucifer, no consigo engañar a Kirby haciéndome pasar por Dedede, y ahora todos os burláis de mi porque no os doy miedo.

–Para, para, para. ¿cómo qué te has hecho pasar por Lucifer?– detuvo Gran a la bestia demoníaca. El aventurero dirigió una rápida mirada a Sandalphon, que le confirmó que lo que contaba la bestia.– Eso es caer muy bajo.

–No es mi culpa. Nací de aquellas pesadillas en las que alguien es traicionada por sus seres queridos –reveló la criatura.– Con mi antena puedo leer la mente de mis presas y adquirir la forma de alguien a quien quieren utilizando los recuerdos que tienen en común– expuso la criatura intentando sonar orgullosa.– Cuando están totalmente atrapados por mi ilusión las ataco y las consumo con mi cuerpo, absorbiendo su poder y conocimientos tras disolverlos. ¿Terrorífico, verdad?

Una expresión de asco se dibujó en el rostro de algunos de los presentes al imaginar la grotesca escena. El limo, sin embargo, se lo tomó como confirmación de que daba miedo.

–O así es como debería ser, ¡pero no funciona! – siguió la bestia, muy frustrada consigo misma hasta tal punto de que parecía desesperada.–¡Nada de lo que hago funciona! ¡He desobedecido a mi amo porque quería demostrarle que no estaba "incompleto" atrapando a sus enemigos, y en su lugar ellos me han atrapado a mi! ¿Por qué estoy vivo si ni si quiera puedo cumplir con mi misión?– clamó la bestia con bramido triste.

Aquellas palabras resonaron en Sandalphon. ¿Cuántas veces se había hecho a si mismo esa pregunta? Quizás era por eso por lo que una parte de él se apiadaba de la bestia demoníaca. Era extraño ver a la encarnación de una pesadilla tan común y la vez tan compleja tenerle miedo a algo tan mundano e inevitable como la muerte, en especial porque ese era un temor ajeno a los seres inmortales. Pero, a parte de eso, lo que más le extrañaba de la criatura era todo ese asunto de estar incompleto. Tenía un propósito, tenía sus emociones, tenía muy claro el alcance de su poder y no parecía ser parte de otra bestia. ¿Qué le faltaba entonces? Era verdad que parecía ignorar ciertos conocimientos básicos, pero eso podía achacarse a que había sido despertada prematuramente.

El ángel miró a Dedede, esperando que el rey supiera algo más acerca de aquello, pero, por su expresión abstraída, parecía tan confundido o incluso más qué él, como si le estuviera dando vueltas en su cabeza sin llegar a ninguna conclusión clara. Aún a su lado, Kirby miraba a la bestia demoníaca con pena y preocupación.

–Pero aún así, aún si no soy capaz de llevar a cabo mi misión porque estoy incompleto, quiero vivir– continuó diciendo la bestia después de unos segundos de silencio, con determinación pese al miedo que aún se reflejaba en su voz.

–No creo que sea cuestión de que estés incompleto– le aseguró el ángel. El demonio le miró fijamente.–Como dije anoche, alguien que apenas debe llevar unas horas existiendo no puede entenderlo porque ni si quiera comprende la complejidad de sus propias emociones, menos aún las personas a las que no conoce. Por eso tanto Kirby como yo fuimos capaces de ver tras tu ilusión– le reveló el ángel.

–Entonces, ¿es tan sólo que me falta práctica?– le preguntó la bestia.

–Más bien, creo que Sandalphon se refiere a que no has vivido lo suficiente– aclaró Lyria.– Al igual que las bestias primigenias recién nacidas sólo conoces lo que Nightmare te ha programado, y te aseguro que no es la realidad.

–¿Estás diciendo que mi amo miente?- cuestionó el limo a la joven.

–No puedo asegurarlo. Pero si que puede estar equivocado con respecto a su visión de este mundo– afirmó Lyria.–Necesitas verlo con tus propios ojos para que puedas encontrar tus propios ideales.

–Mis propios ideales...– murmuró el demonio, pensativo.

–Esperad, ¿por qué le estamos haciendo coaching a una creación de Nightmare?– interrumpió Dedede.– ¿Nos hemos vuelto locos o qué? ¡Esta cosa quiere matarnos! Mucho rollo con "no quiero morir", pero se nos olvida que ha dejado bien clarito cuáles son sus intenciones. ¡Este bicho sólo quiere salvar su propio pellejo!

–Buah, si empezara a enumerar a toda la gente que ha intentado matarnos y a la que luego hemos ayudado estaríamos aquí hasta mañana– comentó Djeeta en un tono burlón.– Empezando por el señor "tienes los dedos delicados" aquí presente – añadió mirando traviesamente a Sandalphon.

–¡¿Pero cuánto tiempo me vas a seguir recordando eso?!– le gritó Sandalphon entre enfadado y avergonzado. Djeeta sin embargo se rió a carcajadas.

–¿Dedos delicados? ¿Estabas intentando ligártela o algo? Pensaba que había dicho que ya tenías a alguien– le preguntó Dedede a Sandalphon, un tanto confuso.

–¡Eso es irrelevante ahora!– gritó el ángel.

–No entiendo nada, poyo– se quejó Kirby.–¿Podemos ir a comer algo y hablar de todo esto con más calma?

Todos se giraron hacia el héroe de Dreamland. El pequeño tenía razón: necesitaban tranquilizarse y buscar un buen sitio para discutir como debían proceder, en especial porque...

–Oye, si no vais a matarme, ¿al menos podéis decirme qué vais a hacer conmigo?

...no tenían ni idea de cómo responder a esa pregunta.

– – –

Meta Knight ya no sabía que pensar de Siete.

Lo primero que había hecho el Eternal al notar la situación de la ciudad, era ofrecer su ayuda incondicional, y la de Six, a los guardias para atrapar al peligroso monstruo que andaba suelto por la isla, dando así la imagen de un guerrero profesional que se preocupaba por los civiles. Meta Knight estaba totalmente seguro de que dicho monstruo se tratase seguramente de una bestia demoníaca, así que había decidido acompañarles.

Pero mientras buscaban a la bestia, en lugar de planear alguna estratagema para localizarla o plantear una estrategia de combate, el líder de los Eternal se había puesto a hablar animadamente la ciudad y sus playas como si fuera un guía turístico, acabando con esa imagen rápidamente.

"En serio, ¿de qué va este tipo? ¿Cómo puede estar tan despreocupado?" se preguntaba Meta Knight mientras Siete parloteaba sobre una sauna o algo así que habían construido pensando en los Eternals. A alguien como él, que siempre estaba preparado para lo peor, aquella actitud le irritaba muchísimo.

Con esto, tampoco se podía decir que no estuviera haciendo su trabajo. Pese a lo trivial de sus conversaciones, Meta Knight podía notar como el guerrero tenía su guardia en alto en todo momento a sabiendas de que algo les podía saltar encima en cualquier momento. O bien el Eternal no se estaba tomando en serio la situación, o estaba tan seguro de si mismo que no necesitaba preparación ninguna. Y Meta Knight no sabía cuál de las dos posibilidades le desagradaba más. El caballero recordó que Quatre se había mostrado molesto cuando Nehan había sugerirlo avisarle, y ahora entendía por qué.

Six, por su parte, tenía puestos todos sus sentidos en la búsqueda. Meta Knight podía ver sus orejas moviéndose un poco y estirándose a la caza de cualquier ruido sospechoso. Si el erune estaba también irritado con la actitud de su líder, no podía leerse en su lenguaje corporal, y menos aún en su ocultado rostro. Quizás Six ya estaba tan acostumbrado a Siete que aquella actitud no le perturbaba.

A los tres guerreros guerreros les acompañaban dos de los guardias de la ciudad, a quienes habían decidido mentirles diciéndole que Meta Knight era una bestia primigenia por pura conveniencia. El dúo, un hombre y una mujer, se mostraba un poco nervioso y excitado como si fuesen dos fans acérrimos que acaban de conocer a su ídolo. El ídolo en este caso parecía ser Siete, pues les había oído murmurar cosas como "es tan guapo como me habían dicho" o "podría perderme en sus ojos verdes todo el día". Si esos dos fueran miembros de su tripulación, Meta Knight ya les habría echando una buena reprimenda por estar fantaseando en vez de centrarse en su trabajo.

De pronto, el cuerpo de Meta Knight se tensó a la vez que lo hacían las orejas de Six. Algo venía hacia ellos. El caballero desenvaino su espada a la vez que Six extendía sus garras. Por su parte, Siete se mantuvo de brazos cruzados, una sonrisa dibujándose en su rostro. Los guardias no entendían lo que estaba pasando pero sacaron sus lanzas de igual forma.

–¿Estáis listos para una pelea, chicos?– preguntó Siete a sus acompañantes.

–¿Acaso lo dudas?– respondió Six.

–No bajéis la guardia. Las bestias demoníacas no son monstruos comunes– advirtió Meta Knight a los dos guardias.

Justo cuando Meta Knight terminó de decir esas palabras, algo aterrizó ante ellos levantando una nube de polvo. Cuando el polvo se disipó ante ellos apareció un ser que recordaba a una especie de colmena, salvo que en vez de abejas lo que se arremolinaban alrededor de se centro eran cientos de ojos de diferentes tamaños y colores.

–Bueno, espero que ninguno de vosotros tenga scopophobia, porque está claro en lo que se ha basado Nightmare para crear a este bicho– comentó Siete mientras hacía aparecer una espada en sus manos.

Meta Knight miró al arma del Eternal atónito. Era un arma translúcida que parecía estar hecha de pura energía concentrada. En su interior, podían verse pequeñas estrellas brillar, como si su filo hubiese atrapado una constelación entera. Normalmente, invocar un arma espírutal como esa tomaba mucho esfuerzo y magia, pero Siete la había hecho aparecer como quién desenvainaba una espada normal. ¿Qué clase de poder tenía Siete para hacer algo semenjante sin esfuerzo alguno? Meta Knight sacudió su cabeza. No podía pararse en ese momento a pensar en las extraordinarias habilidades de Siete, más allá de que las iban a necesitar.

Porque si aquella bestia demoníaca era lo que él pensaba, ese combate no iba a ser ningún paseo en el campo.