NOTA: La imagen de portada no es mía.
Capítulo 3
Los años pasaron viviendo en ese piso. La rutina era siempre la misma. Por la mañana iban a la academia y evitaban ser castigados mientras aprendían todo lo posible. Por la tarde, Seina resolvía las dudas de Naruto y ambos hacían los deberes para el día siguiente antes de merendar y holgazanear un rato. Luego, practicaban los jutsus que les enseñaban en la academia o repasaban temario durante una hora y media y luego otra hora y media de taijutsu siguiendo las instrucciones del dojo al que asistían un par de veces al mes cuando podían permitírselo. Cada noche, antes de acostarse, Seina y Naruto meditaban media hora. Poco a poco Naruto fue capaz de meditar sin quejarse, pero seguía siendo incapaz de entrar en su mente.
Los fines de semana por las mañanas, ambos hacían un inventario de la comida que les faltaba y Seina iba a comprarla bajo un encantamiento para que no la timaran. Como había varia gente que había pensado estafarla, no se sentía mal de estafarlos también con algunos billetes falsos que desaparecerían en unos cuantos días. Con el paso del tiempo, sus ahorros, guardados en un pequeño cofre de madera que había protegido con runas, magia de sangre y encantamientos, empezaron a dar sus frutos. En menos de 2 años había reunido casi 40.000 ryo, de dinero real.
Individualmente, Naruto se había gastado parte de sus ahorros personales en ramen, en varias piezas de ropa con sapos y en regalos para ella. Incluso tenía un monedero, que ella hechizó, al que llamaba Gama-chan. Seina, por su parte, apenas había tocado el dinero que habían acordado como paga así que tenía otros 30.000 ryo apartados que podrían usar si los necesitaban. Después de todo, solo gastaba su paga personal para regalos para Naruto y algún que otro capricho suyo, como mejores productos de baño o algún que otro conjunto de ropa para sus ratos libres.
Cuando Naruto cumplió 7 años, empezó a enseñarle runas. Como sabía cómo funcionaba su hermano, le regaló un puzle con runas que ella misma había transformado a partir de unas cuantas piedras que encontró en el parque. Creó un juego de memorizar y velocidad con varias reglas para que, en sus ratos libres, pudieran jugar y Naruto lo aprendiera sin darse cuenta. En menos de 3 meses Naruto se convirtió en un experto identificando runas y qué runas iban juntas en según qué situaciones del "juego".
Como Seina le había exigido hace años a su hermano que hiciera sus deberes con pincel, como se escribía antes la caligrafía japonesa, sabía que podría escribir las runas sin problemas. Además, si veía que las líneas no eran lo suficientemente pulidas, estaría ella para corregirle. Lo único que faltaba para que Naruto pudiera empezar a escribir secuencias rúnicas era explicarle para qué servían y qué patrones utilizar para escribirlas así que se dedicó para navidad hizo otro juego para su hermano, pero esta vez con fichas de madera con los distintos diseños geométricos dibujados.
En cuanto Naruto aprendió a reconocer y a identificar para qué servían cada uno, pensando que era otro juego, le sentó en la mesa para hablarle de qué era aquello.
—Naruto, ¿te acuerdas del juego de las runas? —le preguntó ella, sacando el juego y poniendo cada "ficha" encima de la mesa. Su hermano asintió—. Solo quería decirte que no es un juego.
—¿¡Eh!? ¿Qué quieres decir nee-chan?
—¿Te acuerdas del fuinjutsu? —su hermano asintió con entusiasmo—. Las runas son similares. Es como aprender otro idioma: el fuinjutsu es japonés y las runas son otro idioma. Ambos se usan para hablar, pero su base es distinta. ¿Lo entiendes?
Naruto asintió y frunció el ceño. —Entonces… ¿las runas se utilizan como el fuinjutsu?
—Exacto. Con estos 2 juegos te he enseñado la base sin que te dieras cuenta. Ahora que has memorizado esa información puedo explicarte cómo usarlas.
—¿¡Esto lo has aprendido en la biblioteca también!? ¡Sugoi! —exclamó Naruto—. No las había visto nunca antes.
—Eh… No, Naruto. No lo he aprendido en la biblioteca —evitó encogerse al darse cuenta de que había llegado la hora de la verdad.
Su hermano frunció el ceño. —¿Esto tiene que ver con tus poderes… especiales?
Seina se sorprendió al escucharle, pero asintió.
—Ya veo… ¿Y cómo puedo usarlas yo si no tengo este poder?
—No tienes la misma cantidad de poder que yo, pero nuestra conexión, al ser mellizos, te ha permitido recibir un mínimo. Para según qué cosas, como las runas, ese poco poder quizás te baste para hacerlas servir.
—¿Y cómo sabes todo esto? —preguntó Naruto, extrañamente serio.
—…Lo que voy a contarte no puedes decírselo a nadie, ¿vale? —suspiró ella y se preguntó si debería estar contándole la verdad a un niño de poco más de 7 años—. Cuando nací recordaba mi anterior vida. De alguna forma, mis poderes de aquella vida traspasaron a esta y, mediante nuestro vínculo, a ti también.
Se hizo un silencio mientras su hermano, de 7 años, intentaba asimilar lo que le estaba diciendo. Se miraron fijamente durante lo que le pareció una eternidad y luego Naruto se encogió de hombros y sonrió.
—Sigues siendo mi hermana solo que con super poderes.
Seina abrazó a Naruto sintiendo que se había librado de un peso que ni sabía que cargaba en sus hombros. Naruto la abrazó fuertemente, sintiendo sus emociones a través de su vínculo que ahora casi siempre estaba abierto pero cuyas voces estaban algo… apagadas, y supo que nada había cambiado. Se reincorporó en su asiento y sonrió a su hermano, aclarándose la garganta.
—Me gustaría enseñarte runas y otras cosas, pero iremos paso a paso.
Seina le estuvo explicando las bases de cada runa, a pesar de que su hermano ya había memorizado la explicación sintetizada de cada una y de los patrones geométricos. Le enumeró ejemplos de cómo podían usarse, para qué y qué podía salir mal si lo hacía deprisa y corriendo sin supervisión. También le entregó un diario de páginas en blanco que había hechizado para que tuviera infinitas páginas y protegido con runas para evitar que se malograra de cualquier modo.
—Aquí he apuntado toda la teoría que te estoy explicando y también ejemplos ya hechos de secuencias rúnicas.
—¡Sugoi! —susurró atónito Naruto mientras intentaba buscar la última página del diario y comprobaba que nunca podía llegar al final.
—Podrás tomar todos tus apuntes y notas en la misma libreta. Nunca gastarás todas las páginas ni se romperá ni podrán arrancar páginas, a no ser que las arranques tú queriendo. Es más, nadie verá lo que está escrito salvo que sean familiares directos de sangre —le explicó con una sonrisa ante las lágrimas de excitación de su hermano—. Cualquiera que lo abra y lo lea pensará que es un diario personal de un niño. Yo tengo otro en el que apunto mis ideas y la información que recuerdo de mi otro yo.
—Wow… La magia es increíble…
—Lo es. Con mi ayuda no solo podrás usar las runas, que es como practicar magia sin varita, sino también podrás hacer bastantes pociones que no requieren magia y usar la aritmancia como método adivinatorio.
Naruto pareció estupefacto al darse cuenta de todo lo que podría hacer en cuanto aprendiera todo lo que ella sabía. Dio gracias por haberse interesado en estudiar por placer en sus 120 años, de lo contrario, estaba seguro de que ambos hubieran muerto o estarían viviendo una vida muy distinta. Como mínimo, Naruto sufriría malnutrición y sería el peor de la academia debido a los intentos constantes de sabotaje.
—Has usado tu magia antes, ¿verdad? —le preguntó Naruto cuando sus pensamientos se encaminaron hacia el mismo lugar—. Por eso la mayoría de gente nos trata con indiferencia en lugar de con violencia, por eso vas tú sola a comprar y por eso nunca hemos sufrido ningún intento de robo.
—Así es. No solo eso, ese piso está protegido y nadie puede escuchar lo que decimos realmente cuando estamos aquí adentro. Por eso siempre te digo que te esperes a llegar a casa… ¿El cofre que compré de madera? Ahí es donde guardo todo nuestro dinero, nadie puede cogerlo. No me fío de que intenten quitárnoslo de la cuenta del banco si lo dejamos allí. También limpio el piso con hechizos, al igual que nuestra ropa, y hago que nuestra ropa dure más de lo que debería durar para ahorrar dinero.
—¿Y los kunais que encontraste? —preguntó Naruto—. ¿Realmente los encontraste?
Seina sonrió. —Compré los primeros kunais para que nadie sospechara de dónde los había sacado y luego transformé varias rocas en las distintas armas y usé runas para que no se convirtieran de nuevo en rocas, por muy improbable que fuera. Lo mismo hice con la ropa. Nadie sabe exactamente qué compro en las diferentes tiendas así que puedo transformar ropa a partir de rocas o palos de madera. Así es como he ahorrado tanto dinero estos dos años.
—¡Increíble! ¡Eso quiere decir que tenemos armas y ropa ilimitadas! ¡Yatta!
Estuvieron hablando varias horas. Le explicó cómo había encantado la ducha para que saliera siempre agua a la temperatura que querían nada más tocar el grifo ya que el casero les había desconectado el calentador hacía meses. Cómo había usado sus poderes para que algunas comidas les duraran más y tiraran menos cosas a la basura. Cómo podía estudiar tanto, gracias a pergaminos duplicados que tenía en su poder sin que nadie se diera cuenta, si algunas veces los echaban de la biblioteca antes de tiempo… Lo único que no le contó fue como uso a Yumi, la matrona más joven del orfanato, para beneficiarlos.
Lo cierto es que su anterior vida le había enseñado muchas cosas. Uno no debía desconfiar de todos, pero tampoco ser confiado. Sabía que la gente se movía por varias cosas: dinero, sus seres queridos y por el miedo. Era por eso que había estado usando sus hechizos para espiar a la gente y robar sus secretos. Si alguna vez necesitaba chantajear a alguien, los Black le habían enseñado cómo. Era solo gracias a que espiaba a la gente continuamente que pudo evitar más de un altercado violento y era capaz de librarse del maltrato de los civiles adultos de la aldea. También le había servido para comprobar que, efectivamente, había ciertos profesores en la academia que deseaban echar a perder sus carreras como shinobi y cómo podían salir de rositas sin acusarlos de copiar o de hacer trampas.
Por otro lado, si algo había aprendido viviendo con los Dursley era a pasar desapercibida, a racionar el poco alimento que le enviaban los Weasley y a prepararse para vivir cómodamente en la calle, si fuera necesario. Por no hablar de lo que había aprendido en su paso por Hogwarts: espera lo mejor, pero prepárate para lo peor. Dio gracias a Hermione por haberle enseñado que estudiar no era un castigo, como sucedía en casa de su tía, sino un regalo, cuando se acordó de todo el conocimiento que amansó en sus 120 años de vida.
El hecho de que Naruto no fuera el último de la clase sino el cuarto, tuviera ropa más que suficiente, comiera de forma equilibrada y no fuera tratado con violencia por la calle era solo gracias a ella, y no lo decía de forma arrogante. Sabía que si dejaba de usar sus poderes las cosas serían muy distintas. Sin embargo, también veía cómo se acercaba su graduación, lenta e inexorablemente. Llegaría un día en que Naruto no la tuviera allí constantemente y sufría al pensar cómo sobreviviría si no le ayudaba ahora a ser auto suficiente.
Era por eso que estaba dispuesta a enseñarle runas, aun sabiendo que eso generaría muchas preguntas en Naruto y que quizás tuviera que decirle la verdad, como había pasado, y ponerse en peligro. Aun así, tenía al menos 3 años para enseñarle runas, pociones y, si podía, aritmancia, a un niño de 7 años. Se despreocupó pensando que tenía tiempo y que Naruto no era tonto.
Un día, como Naruto ya sabía de sus habilidades, pensó en comprar una tienda de campaña ninja para modificarla. Podría convertir su interior en una ciudad, si quería, pero se preguntó si era práctico considerando que los ninjas solo duermen en tiendas de campaña en circunstancias especiales. Aun así, necesitaba algún baúl o maleta donde pudiera guardar de forma ordenada todos los pergaminos que estaba copiando y que estaba guardando en una montaña en el cofre agrandado del dinero.
Al final, desistió. No tenían tantas cosas que guardar de forma secreta y lo último que quería era que, por algún motivo, descubrieran un baúl capaz de contener una ciudad entera. Aplazó esa idea hasta que Naruto y ella fueran al menos genin, pero empezó a modificar con hechizos y runas las típicas mochilas ninja que se ponían en la cadera y en la baja espalda. Normalmente, los ninjas estaban limitados respecto a qué cosas podían llevar a una misión y que tuvieran a mano, y no dentro de un pergamino. Si las modificaba, podría contener todo tipo de armamento al alcance de la mano en la mochila de cadera, y cualquier otra cosa, como ropa o medicina, en la riñonera de la espalda.
El peso no importaría. Tampoco podrían robarlas ni nada se rompería mientras estuviera dentro de la mochila. Sabía que sería una pieza esencial en el equipamiento de un ninja.
—¿Estás bien, Seina-san? —le preguntó una voz seria y ella salió de su ensoñación.
Miró a Shino, a su lado derecho, y asintió. Lo cierto era que le aburrían las clases. Ser adulta en el cuerpo de una niña, por mucho que algunas cosas que aprendía fueran totalmente nuevas, era como hacer trampa. No solamente era la mejor kunoichi de su curso respecto a los exámenes teóricos sino también respecto al taijutsu. Después de todo, para ella memorizar e interiorizar temario con la ayuda de la oclumancia y de la biblioteca que tenía en casa y que podía consultar cuando quisiera era como coser y cantar. El taijutsu, por otro lado, era algo nuevo, pero con su mente adulta era capaz de distraerse muchísimo menos que los otros niños. Si a eso le sumaba el hecho de que sabía bastantes estrategias de combate, gracias a su pasado como auror, y que era capaz de predecir los ataques sin imaginación de los niños con los que asistía a clase… La academia era ridículamente fácil.
Lo único que la motivaba a seguir yendo era Naruto, aprender nuevas técnicas, como se llamaban en este mundo, y el combate físico y con armas. Si bien era cierto que era experta usando una espada debido a que la espada de Gryffindor no paraba de aparecérsele cuando estaba viva, no sabía cómo combinar el taijutsu acrobático de los ninjas con usar el arma. Así que esas clases le interesaban bastante.
—Creí que íbamos a aprender algo más interesante —se quejó Naruto una vez, cuando les explicaron qué iban a enseñarles.
—Naruto, ¿no ves el potencial que estos jutsus tienen? —le dijo ella, vibrando de la excitación—. Con el henge podemos transformarnos en cualquier cosa. Si bien es cierto que mucha gente es capaz de ver a través de un henge o darse cuenta de las diferencias si alguien se transforma en otra persona… ¿te imaginas transformarte en un objeto? ¡Podrías transformarte en unas vendas y usar el jutsu de intercambio para meterte en la mochila de tus enemigos! ¿Te imaginas lo que supondría si ese enemigo entra dentro de su territorio sin darse cuenta de que lleva a su enemigo encima y que le está introduciendo en su territorio protegido?
Los ojos de Naruto empezaron a abrirse con un brillo demencial al darse cuenta de que tenía razón. En cuanto le enumeró los muchísimos usos de las 6 técnicas que iban a enseñarle supo que lo tenía. Así fue como Naruto, sin tan siquiera tener que apremiarle a practicar, pasaba las horas practicando los jutsus de tipo E de la academia y luego los usaba para que nadie le pillara mientras se vengaba de los aldeanos con bromas y otras chiquilladas. Seina solo le pidió que no le pillaran, que nadie supiera que era él y que no hiriera a nadie. Todo lo demás, podía permitírselo.
Las mejores cualidades de su hermano eran su perseverancia y su creatividad. A pesar de no ser bueno hincando codos, sabía que una vez tuviera un maestro para su equipo mejoraría increíblemente. Después de todo, a Naruto le gustaba aprender haciendo. Lo mismo le había sucedido a ella, no porque le costaba estudiar y retener la información, sino porque los Dursley le habían condicionado en cuanto al estudio. Hermione había necesitado casi 5 años para quitarle esos hábitos y, para ese entonces, no pudo estudiar runas ni aritmancia en la escuela y lo tuvo que hacer independientemente los años siguientes.
—¡Esto es una mierda! —gritó Naruto cuando practicó la creación de clones.
—Mmm… ¿Qué es lo que haces antes de liberar la técnica? —le preguntó.
Ella era capaz de crearlos, pero necesitaba un control total sobre su chakra porque, de lo contrario, explotaban.
—Le añado todo el chakra posible —suspiró Naruto y ella sacudió la cabeza.
—Ese es el problema. No están pensados para tanto chakra. Es una técnica para niños de la academia.
—¡Eh! ¿Quieres decir que estoy añadiendo demasiado chakra?
—Exacto. Intenta poner lo mínimo al clon.
Naruto frunció el ceño y lo intentó, con la frente perlada de sudor, pero nada. El clon había mejorado de aspecto, pero seguía pareciendo un zombie.
—Creo que tendrás que hacer ejercicios para practicar el control de chakra. Lo leí en algún sitio… ¡Ahá! Mira esto —le enseñó el pergamino con las instrucciones y varios ejemplos—. Normalmente los alumnos de la academia no necesitan hacerlos para estas técnicas, pero tú y yo debemos tener demasiado chakra para según qué jutsus.
—¿Cómo es posible que tú si logres realizar un clon? —farfulló Naruto, mirando los diagramas con complejo de inferioridad.
—¿Te acuerdas de la oclumancia de la que te hablé? —le dijo, cortando de raíz la situación—. Es por eso. Puedo medir el flujo de chakra que requiere un jutsu así nunca uso más o menos chakra de lo necesario. Mira esto.
Cogió una pluma de caligrafía y se la pegó a la frente con chakra, tal y como indicaba el pergamino. Para ella, cuyas barreras de oclumancia actuaban como un grifo que podía abrir y cerrar a placer, algo que había tardado años en aprender para esconder su magia y pasar desapercibida en sus misiones como auror, regular el chakra que usaba era tan fácil como respirar. No había imaginado que Naruto tuviera problemas con algunos jutsus debido a un exceso de chakra.
Ayudó a su hermano a empezar los ejercicios de chakra y le ordenó que ejercitara todas las horas posibles del día. En la academia cuando tenían clases teóricas, mientras comían y durante los ratos libres. En menos de 3 semanas, Seina vio una clara mejoría. Naruto pasó de enfurecer porque no podía mantener una sola hoja en la frente a llevar una continuamente y luego dos hojas. Con el paso del tiempo, el clon cada vez parecía menos un maniquí creado por un niño ciego de 5 años a parecerse más a Naruto.
—Naruto está mejorando mucho —habían dicho sus compañeros de clase, cuando les tocó demostrar sus habilidades.
—Ponía demasiado chakra a la técnica —comentó ella ante el comentario de Chouji.
—De ahí la hoja en el antebrazo imagino —bostezó Shikamaru y ella sonrió—. A este paso incluso podría graduarse antes.
Ella no dijo nada. Podría haberse graduado hacía tiempo, pero no quería dejar a Naruto solo y, aunque Naruto pudiera seguirle los pasos, no quería ponerse en peligro antes de tiempo. Hasta su graduación recibirían una paga mensual con la que no tenían que preocuparse por trabajar para vivir. Es más, estaban protegidos dentro de la aldea y podían aprender tranquilamente gracias a todo el tiempo libre que tenían. ¿Por qué adelantar su graduación si hasta los 11 años no tenían que presentarse al examen? Lo único que ganarían sería en prestigio y, aun así, se pondrían en la mira de ciertas personas. No. No tenía sentido salirse del camino.
Vio a Shikamaru mirándola de reojo y ella le guiñó un ojo, perdiendo su expresión seria. Shikamaru carraspeó la garganta con un leve sonrojo y Seina sonrió más ampliamente si cabe. Niños, algunos eran adorables. Se preguntó cuál de ellos formaría parte de su equipo genin y se dijo que, mientras no la pusieran con alguna fan de Sasuke, le daba igual. Su cabeza no soportaría semejantes gritos continuamente.
—¡Atención niños! Hoy toca realizar una examinación de vuestro taijutsu. Espero que hayáis practicado en vuestros ratos libres.
De golpe, todos se pusieron a hablar y a vitorear al darse cuenta de que perderían una hora de clase. Seina evitó rodar los ojos ante el comportamiento infantil de los otros niños y se levantó. En los años que llevaba en la academia no había perdido un solo combate y no pensaba dejar que le ganaron niños d años. Para su sorpresa, el primer combate resultó ser Sasuke contra Naruto. No los había visto combatir antes pero, a juzgar por la mirada fría de Sasuke, no parecía que ninguno quisiera perder contra el otro.
El combate duró 10 minutos, durante los cuales ninguno parecía querer rendirse. Sasuke era más flexible y rápido que Naruto, pero su hermano tenía más resistencia y fuerza. Vio como Sasuke cambiaba de estrategia nada más darse cuenta en los primeros minutos y pasaba a atacar a Naruto con fintas y distracciones que, para su enfado, no funcionaron. Si había algo que le había enseñado a su hermano durante sus múltiples combates de práctica, era como combatir contra alguien que usa trucos sucios.
—¡Parad! ¡El combate acaba a los 10 minutos con empate! —dijo Iruka-sensei y apuntó el resultado en su libreta.
Sasuke se negó a darle la mano a Naruto. Se fue con las manos en los bolsillos y aspecto resentido. Los otros niños hablaban del combate y algunos se quejaban de que Naruto había hecho trampas. Por fortuna, Iruka los silenció con una mirada y unas pocas palabras de reproche.
—Intentar despreciar los méritos de un compañero no es una buena cualidad de un ninja.
Seina se apuntó mentalmente los 3 catetos que habían insultado a su hermano, entre los cuales estaba Sakura, y se dijo que iban a desear no haber abierto la boca. Observó los otros combates con total atención y al rato le tocó a ella.
—Seina Uzumaki contra Ino Yamanaka.
Se adentró en el círculo y vio como Ino se apretaba la coleta con expresión algo nerviosa. Ambas tomaron posición y, cuando Iruka empezó el combate, Seina esperó a que Ino se lanzara sobre ella. Intentó amedrentarla lanzándole una bolea de puñetazos y patadas, pero ella simplemente los desvió, usando la fuerza de Ino en su contra. A los pocos minutos Ino se cansó puesto que no había acertado un solo golpe, había usado gran parte de su fuerza y, además, había recibido varios puñetazos en las costillas cuando Seina desviaba sus brazos y exponía su torso.
Cuando vio cómo jadeaba, intentando recuperar la respiración, se adelantó y empezó a lanzarle su propia bolea de patadas, puñetazos, rodillazos, codazos y más. Ino solo pudo ponerse a la defensiva, intentando que no la dejara K.O pero estaba cansada y Seina no tardó más que un minuto en dejarla en el suelo. En menos de 5 minutos ganó el combate.
—Ganadora de este combate: Seina Uzumaki.
Le tendió la mano a Ino y la ayudó a levantarse. Su contrincante parecía aliviada de que no se burlara de ella y la dejara en el suelo, quizás porque algunos niños hacían exactamente eso. ¿Qué podía ganar una persona de 127 años humillando a un niño pequeño? Lo extraño es que, después de esa pelea, Ino se le acercó.
—¿Cómo aguantas tanto en una pelea? ¡No parecías cansada! —le preguntó en la hora del almuerzo.
—Para empezar, yo no hago dieta —le contestó tranquilamente y los chicos a su alrededor se rieron de sus palabras—. Ni siquiera sé por qué haces dieta si no lo necesitas. En segundo lugar, he guardado mi fuerza y he redirigido la tuya, usando los huecos en tu defensa para pegarte. Por último, no te he dejado recuperarte, eligiendo ese momento para mi contraataque, poniéndote a la defensiva.
—¿No crees que debería hacer dieta? —preguntó Ino y Kiba rio a su lado. Ella le dio un codazo que lo calló de golpe.
—Ino, eres de constitución delgada —empezó ella, con voz exasperada—. Además, estás entrenando para ser ninja. Tu metabolismo es mucho más elevado que mucha gente eso significa que necesitas comer más que un civil adulto. Si encima, en lugar de comer más, comes menos de lo que necesitas… ¿Entiendes por qué te cansas en seguida? ¡No tienes reservas!
Vio como Ino suspiraba, contemplando sus palabras. Como no se lo había dicho a malas y le había dado razones lógicas, Ino no parecía enfadada de su reproche. Cabizbaja, se sentó con Naruto y con ella, que casi siempre comían acompañados de Shikamaru, Chouji, Kiba, Shino e Hinata. Con un suspiro, Seina le presentó su bento y un par de palillos de reserva.
—Come.
Ino aceptó la ofrenda y le dio las gracias casi tímidamente. Comió la comida que había preparado para Naruto y para ella: arroz con salsa, pollo aliñado, una ensalada con zanahorias, atún y pepino y frutas que había pelado y cortado a modo de macedonia. Normalmente solían comer lo mismo, pero variando el primer plato. Había tardado un tiempo en aprender a cocinar platos japoneses pero, por suerte, sabía cocinar y podía seguir una receta.
—¿Dónde está Sasuke-teme? —preguntó Naruto y todos se encogieron de hombros.
—La última vez que le vi estaba saliendo de la academia en dirección al parque más cercano —suspiró Ino—. Vi a Sakura salir detrás de él.
—¿¡Y tú no estás allí!? —preguntó atónito Kiba y Seina le dio un leve tortazo en la cabeza—. ¡Hey!
—¿Acaso no sabes lo que es el tacto? —le preguntó retóricamente.
—Kiba es incapaz de no meter la pata una vez al día —comentó Shino, examinando los bichos del árbol más cercano, con voz seria.
—¡HEY! ¿¡Pero yo qué os he hecho!?
—Lo cierto es que no tenía ganas de volver a pelear hoy con Sakura —les confesó Ino, haciendo caso omiso de Kiba.
—Sabes que con vuestro comportamiento lo único que estáis haciendo es alejar más a Sasuke, ¿no?
Ino se encogió, mirando al suelo. Parecía que había perdido su normal carácter impetuoso después de su derrota en el ring.
—¿Es por eso que pasas de él, Seina? —preguntó Kiba masticando con la boca abierta—. ¿Para gustarle?
—¡Ew, Kiba, cierra la boca! —le ordenó Ino, haciendo una mueca de asco.
Seina rodó los ojos y evitó llorar de exasperación. Cómo iba a gustarle un niño de 7 años. Shikamaru bufó una risa mientras Naruto le gritaba a Kiba que a su hermana nunca podría gustarle el bastardo de Sasuke.
—A Seina no le gusta Sasuke, Kiba —le informó con un bostezo el Nara—. Es más, le es indiferente.
Los demás, para su atónito, asintieron. Incluso Ino. No pensaba que todos estuvieran de acuerdo pero, por lo visto, incluso niños de casi 8 años eran capaces de darse cuenta de su estado emocional.
—Creo que lo ha pasado muy mal. Eso no lo niego —dijo ella— pero, ahora mismo, Sasuke no tiene ninguna cualidad que me llame de ese modo.
—¿A qué te refieres? —preguntó Ino, confundida.
—Básicamente te está preguntando qué le ves al bastardo —cortó Naruto, comiendo el postre.
—Sin ánimo de ofender, pero básicamente sí —rio ella—. Sasuke es inteligente sí, pero también es frío y desprecia a prácticamente todos nosotros. Es solitario y desconfiado, y ansia poder. No son cualidades que busque en un novio.
—¿Y qué buscas en un novio? —alzó una ceja en su dirección Shikamaru, dejando de observar las nubes.
Seina no podía creer la conversación que estaban teniendo ahora mismo. Se preguntó si contestar una respuesta troll o decir la verdad pero, mirando a Ino, quizás si comprendía porqué Seina pensaba que unas cualidades eran mejor que otras desistiría en su interés inútil por Sasuke.
—Busco una persona que sea inteligente, confiable y respetuosa —pensó en voz alta—. Alguien con quién pueda hablar de cualquier cosa y que me escuche de verdad. Que sea buena persona.
Se hizo un silencio mientras todos acababan de comer y meditaban sus palabras. Ino, sobre todo, parecía estar pensando profundamente con el ceño fruncido. Shikamaru y Shino, no obstante, se giraron a mirarla con curiosidad y contemplación. ¿Quizás había sido una respuesta demasiado madura? Se encogió metafóricamente de hombros y guardó sus palillos en su bento vacío.
—S-s-son b-b-buenas c-cualidades, Seina-san —le dijo Hinata, con aspecto sonrojado y mirando a su hermano de reojo. Ella sonrió.
—Seguro que ambas encontraremos alguien así —y le guiñó el ojo.
Desde que empezaron la academia, Seina se había encargado de ir entablando amistad con este grupo de gente poco a poco. La primera persona que conocieron fue justamente Hinata cuando Naruto la salvó de unos abusones un invierno hacía años. Al principio, estar en presencia de Hinata la había irritado por su constante tartamudeo y esa timidez extrema pero, al poco tiempo, se dio cuenta de que era simplemente resultado de cómo la trataban en su propia casa. Enfurecida, se juró que la ayudaría a ganar confianza y a hacer que dejara de desmayarse con cualquier contacto social.
Ahora, a pesar de que seguía tartamudeando la frecuencia del tartamudeo había disminuido exponencialmente, su sonrojo ya no eclipsaba a los tomates y casi nunca bajaba la mirada o chocaba sus dedos en señal de incomodidad. Como Neville cuando era niño, Seina había sido capaz de relacionarse con Hinata a través de sus gustos como la jardinería, el prensado de flores, la caligrafía o la medicina.
Algo similar había pasado con Shino quién no era tímido, pero sí solitario. Como no tenía miedo a los bichos, había sido fácil ganarse poco a poco su confianza hasta tal punto de que Shino siempre se sentaba a su lado o detrás de ella en clases. Por otro lado, Kiba y Chouji eran igual de sociales que Naruto así que no había tenido que hacer nada salvo cocinar unos cuantos pasteles y galletas.
Lo más sorprendente fue Shikamaru. De todos, fue el único que se acercó primero a ella, y no al revés. Le retó a una partida de shouji y, cuando le ganó después de una partida de casi una hora, pareció decidir que ella no estaba tan mal como amiga. Después de eso, se empezó a sentar detrás de ella, durmiendo al lado de Chouji, y luego durmiendo a su lado en la hora del almuerzo mientras Kiba, Naruto y Chouji jugaban con los columpios o a la pelota.
Más de una vez se preguntó cómo hubiera sido la infancia de Naruto sin ella allí para socializar con esos niños. ¿Hubiera sido capaz de despertar el interés de Shino? ¿Sería Hinata capaz de estar en presencia de Naruto un minuto sin desmayarse? ¿Estaría Shikamaru apartado de todos, salvo de Chouji, debido a su inteligencia? Eliminó esos pensamientos puesto que no servían para nada y caminó a clase.
A partir de ese momento, Ino dejó de hacer dieta y empezó a sentarse con ellos en lugar de perseguir a Sasuke. Sakura, extrañada, le enviaba miradas altivas al darse cuenta de que ya no tenía "competencia" pero Ino no parecía verla. Con la ayuda de Ino, prácticamente la persona más extrovertida de todos ellos salvo Kiba y Naruto, pudieron hacer que Hinata saliera más de su caparazón.
—Si tan solo pudiéramos regalarle ropa… —suspiró exasperada Ino—. Debe estar muriéndose de calor con ese chaquetón.
Seina asintió. Konoha estaba ubicada en el país del Fuego así que el clima era prácticamente mediterráneo, si lo comparaba con algo. Aun así, Hinata llevaba siempre una chaqueta con forro. Seguramente para pasar desapercibida debido a su timidez.
—¿Por qué no te dejas el pelo largo, Hinata? —le preguntó Ino una vez, tocando el cabello oscuro de la Hyuuga.
—Mi padre dice que sería un incordio para mí en las misiones —les susurró Hinata, mirando al suelo y Seina le levantó la barbilla como de costumbre.
—No necesariamente tienes que llevarlo largo —dijo ella, como siempre la voz de la razón—. Podrías dejártelo hasta los hombros. Te quedaría muy bien y no te estorbaría a la hora de luchar.
Ino asintió fervientemente sin abrir la boca al ver que Hinata lo estaba contemplando. Al cabo del rato, Hinata accedió a dejárselo crecer un poco.
—Además, tener el pelo largo no significa nada —bufó Ino más tarde—. Mírame a mí. ¡Mira a Seina! ¡Nunca ha perdido un combate y tiene el cabello igual de largo que yo!
Seina lo tenía largo, aunque en una trenza triple, ya que había visto fotografías de sus padres y vio que su madre tenía el cabello extremadamente largo. Cuando iba a la peluquería bajo otra apariencia, solo se cortaba lo mínimo imprescindible y pedía que le escalaran el cabello. Al contrario del pelo pelirrojo de su madre Kushina, ella tenía el cabello dorado de su padre, al igual que Naruto. Los ojos azules de su padre Minato habían reaparecido en su hermano mientras que ella tenía los ojos violetas oscuros de su madre.
Naruto, cuando le enseñó por primera vez hace un año, las fotografías que había copiado de sus padres, se había puesto a llorar. Le había afectado tanto que incluso le pidió que cambiara el tono naranja butanero del chándal del que se había enamorado y había comprado por una chaqueta blanca con mangas negras y pantalones negros a juego. Seina accedió rápidamente. Había estado meses intentándole hacer cambiar de parecer sobre el color de sus ropas pero, según Naruto, mientras no fuera genin, usar naranja no iba a matarle en la aldea. A partir de ese momento, Naruto parecía más su hermano que nunca antes. Ambos llevaban pantalones oscuros, aunque ella vestía mallas, camisetas cortas a juego y una sudadera de colores claros, en su caso de color pastel turquesa.
Cuando cumplieron 9 años, Naruto consiguió por fin entrar en su mente, para su espanto. Ese fue el día en el que tuvo que hablarle de Kurama y de cómo habían muerto sus padres.
—¿¡QUÉ ES ESO!? ¿¡Y CÓMO HA LLEGADO AQUÍ!? ¡SEINA! —gritó Naruto y ella le calmó llevándoselo de allí.
—Eso se llama demonio. Es el Kyubi.
Naruto se quedó quieto como una estatua mientras comprendía por fin por qué los llamaban demonios alguna gente. Le explicó cómo recordaba la noche en que murieron sus padres y cómo Kurama atacó la aldea a órdenes de una persona que se hacía pasar por el difunto Madara Uchiha. Cómo a su padre no le quedó más remedio que sellar el demonio en ellos y dar su vida a cambio para que la aldea viviera.
Su hermano tardó 5 días en volver a dirigirle la palabra, para su irritación y dolor. ¿Qué podría haber hecho? ¿Contárselo cuando tenía 5 años? Al final, Naruto vino a ella con expresión culpable y dolida. Ese día se pidieron disculpas por tener su primera pelea de verdad y hablaron largo y tendido. Le explicó cómo había cultivado su propia relación con Kurama durante todo ese tiempo, cómo le había ayudado a pesar de estar metido en una jaula de la cual no podía sacarle así como así, y de cómo le ayudaba Kurama a ella cuando le pedía ayuda para cualquier cosa.
—Debes hablar con él —le recomendó—. Yo puedo ayudarle como he ayudado a su otra mitad, pero tú eres quién debe convencerle de que eres digno de su amistad.
Naruto asintió con expresión decidida y volvieron a su mente, donde la transformaron de una alcantarilla a su piso a petición de Naruto, rodeado del bosque de Konoha. Seina ayudó a su hermano en todo lo que pudo y se quedó cuando despertó a su mitad de Kurama. Le entregó el orbe que su Kurama le había dado y, aunque aprensivo, lo aceptó.
—Necesito pensar. Dejadme.
Se dio la vuelta y se adentró en la jaula, tal y como había hecho su propio Kurama. Naruto, desanimado al ver su reacción, suspiró.
—No esperarás que te acepte así sin más —le susurró ella y se fueron de la mente de Naruto—. En los próximos días intenta explicarle tu vida y lo que sientes. Tiene que ver que no eres como los demás, que no lo odias.
—¿Cómo iba a odiarlo? ¡Si es una víctima más de aquel ataque! —le aseguró Naruto.
Seina asintió. Lo cierto es que llevaba tiempo pensando sobre la información que le había dado su Kurama, el Kurama yin, y no estaba segura de que pensar. Para empezar, cuando nacieron un hombre con el sharingan se hizo pasar por uno de sus antepasados y usó a Kurama para atacar la aldea. Kurama estaba seguro de que su chakra no era el de Madara Uchiha así que, ¿quién era? Como llevaba una máscara y sólo se le veía un ojo no podía asegurar ni tan siquiera de que el atacante fuera un Uchiha. Podría haber sido cualquier persona con un ojo robado.
Sin embargo, todo dio un giro inesperado cuando empezó a escuchar rumores sobre un golpe de estado del clan Uchiha y, acto seguido, Itachi Uchiha mató a todo su clan y sólo dejó vivo a su hermano Sasuke. Con sus hechizos espía pudo oír como algunos se preguntaban cómo era posible que una sola persona hubiera matado a todos los adultos, incluso aunque hubiera tenido la ventaja de la sorpresa. Siendo además Itachi Uchiha, una persona supuestamente pacifista. Así pues, ¿sería posible que aquel enmascarado, supuestamente un Uchiha, estuviera relacionado con algo que pasó solo 6 años después? No lo sabía, pero estaba claro que algo más pasaba y que aquello no era un acto de locura transitoria de un genio quebrantado por la presión.
A raíz de ese momento, empezó a detectar presencia de ninjas escondidos. Algunos de ellos los vigilaban periódicamente a Naruto y a ella. Lo raro era que parecían ser anbu pero, por lo que escuchó de los otros anbu, los que les habían protegido en el orfanato, no parecían estar al corriente de que estaban allí. Lo único que pudo averiguar durante todo ese tiempo fue el nombre de Danzo que, sorprendentemente, resultó ser uno de los consejeros del Hokage.
—No he escuchado antes ese nombre —le dijo Kurama, pensativo— pero debe ser alguien importante si es capaz de dar órdenes a ninjas de élite. Ten cuidado.
Kurama tenía razón. Aun así, como no parecían hacer nada más salvo vigilarlos, decidió que no necesitaba investigarlo activamente todavía. Siguió escuchando atentamente pero no descubrió nada más, salvo que parecían vigilar sitios clave.
—Deberíamos decírselo a alguien —le instó Naruto, cuando se lo contó.
—¿Y qué vamos a decir? Hola, he descubierto a ninjas que nadie más parece ver y lo único que sé es que Danzo, el consejero del Hokage, tiene algo que ver. Incluso si fuera cierto, ¿cómo les digo que lo he descubierto? ¿Con mis cartas del tarot?
Naruto se desinfló al darse cuenta de que tenía razón. —¿Y qué vamos a hacer?
—Nada. De momento no parecen tener malas intenciones, pero estaré vigilando.
Lo cierto es que ya estaba investigando por su cuenta todo lo que podía. Para empezar, había estado construyendo un árbol genealógico de los Uchiha para ver qué candidatos podían ser el hombre enmascarado, si es que realmente era un Uchiha. Según los recuerdos que ver de Kurama, parecía ser un adolescente cerca de la mayoría de edad, a juzgar por su voz y su físico. Aun así, como nadie hablaba ya de los Uchiha ni había demasiados registros públicos a los que pudiera acceder ella, lo del árbol genealógico se complicó más de lo esperado y tuvo que desistir por el momento.
Parecía que intentar resolver este misterio era más complicado de lo que hubiera podido imaginar…
