The Beginning... that Binds us
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Era un lindo día.
Sonrió ante el pensamiento y admiró el cielo celeste sobre su cabeza. Estaba recostada sobre el césped, y aunque este parecía estar aún húmedo por el rocío de la mañana que persistía, no le importó ensuciarse la ropa, ni mucho menos se incomodó por las consecuencias. Porque no sentiría frío, no estropearía sus prendas y, sobre todas las cosas, no lloraría en el tiempo en que este momento efímero durara.
Aunque eso no significaba que no lo haría luego, tras despertar.
Porque sí, esto definitivamente era un sueño, y eso lo evidenciaba con la presencia de él a su lado.
A pesar de saberlo, su mente se negaba a terminar con su sentimiento de felicidad. Parecía como si la tristeza no estuviera permitida en su encuentro.
Él también lo sabía. Tras un pequeño suspiro, dejó de observar el paisaje y se sentó para estar en la misma posición. Ante su acción, él, sin mirarla, sonrió y tomó su mano. Y lágrimas corrieron por sus mejillas al sentir un leve apretón. No creía que fuera posible sentir el tacto de otra persona en sueños, por lo que la felicidad contenida no pudo más que expresarse en un silencioso llanto.
Dos ojos idénticos a los suyos la observaron, interrogantes.
-N-no me mires así, solo lloro de alegría. A-alegría... porque esto parece tan real - posó su mano libre sobre las que estaban unidas -. Como si... como si nunca te hubieras ido.
Una sonrisa fue su respuesta. En ese preciso instante, una brisa se interpuso entre ellos, lo que hizo que los largos cabellos de ambos se mecieran. Él sonrió aun más, y cerró sus ojos para disfrutar la sensación.
-Nunca me fui, Hinata-sama. Jamás abandonaría a mi familia.
El sonido de su voz parecía un recuerdo muy lejano que, al escucharlo, llenó con nostalgia su corazón. Más de una vez temió que llegara el momento en que no pudiera recordarlo, pero este no era el día, porque claramente podía reconocerlo como su timbre.
-Y ahora, es momento de despertar.
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Abrió sus ojos e inmediatamente tocó su mejilla al sentir un rastro húmedo. Sí, a pesar de estar feliz en ese mundo donde su primo seguía con vida, al regresar a la realidad no podía evitar llorar. Aun así, podía admitir que estaba mejor que meses atrás, cuando la guerra apenas había terminado y solo veía destrozos materiales y emocionales por toda la aldea. Ya no le dolía tanto el haber perdido a una persona tan especial y cercana, si bien la imagen de él en sus últimos momentos la seguirían por siempre. Se sintió una inútil, un desperdicio que necesitó ser salvado y cuyas acciones llevaron a tal desgracia. Y fue el tiempo, y el apoyo de su familia y amigos lo que la hizo entender que no fue su culpa, que él habría actuado de la misma forma incluso sin ella necesitarlo. Porque así era él, tan noble y leal, siempre pensando en los demás antes que en él.
Y fue en ese momento, cuando finalmente pudo entender que no todo era su culpa, que comenzó a soñar con él. Ambos en un paisaje hermoso, imperturbable, sentados en silencio, sonriendo o hablando. Cualquiera fuera el caso, lo único que no cambiaba en cada encuentro era que él estaba feliz y en paz.
Le llevó meses poder sonreír fuera de sus sueños. Hacer las paces con ella misma. El resto la tranquilizaba, le quería hacer comprender que la vida seguía para ella, y que a él no le gustaría verla tan triste. Y mientras intentaban subirle el ánimo, ella sentía que la cosa no era así. Sí, de a poco empezaba a sentirse mejor, pero algo dentro de ella le decía que no podía soltar el dolor tan pronto. Y no entendía por qué nadie pensaba así.
De esta manera, decidió irse por un tiempo. El Hokage parecía conocer eso que ella ocultaba, y accedió a darle una misión que, aunque simple, era lejana y la haría estar fuera el tiempo necesario para sanar, esperaba, por completo.
Y en ese viaje se cruzó con él. Fue extraño encontrarlo, puesto que no sabía que alguna vez lo vería. Él había decidido buscar su redención, según ella había escuchado, y partido poco después de sanar sus heridas y purgar sus culpas.
Jamás pensó que intercambiaría palabras con él, porque no lo conocía más que de compartir poco tiempo unas clases, además de participar en misiones que buscaban encontrarlo en pos del deseo de su equipo por su regreso. Pero ellos dos nunca se hablaron, puede apenas sabía el nombre del otro y nada más. Por eso se sorprendió cuando él dijo algo como si leyera su interior.
Uchiha Sasuke no necesitaba atajos ni palabras dulces para tratar temas serios, lo supo en ese momento. Apenas habían intercambiado frases y caminado unos pocos pasos cuando, tras un breve silencio, lo expresó:
-Cada uno lleva el luto a su manera. Está bien tardar en sanar.
Podría haberse enterado de lo sucedido, tanto como no, y por eso deducir por qué ella prefería estar fuera de su hogar en una misión de bajo rango. O, también, sabía por el simple hecho de él haber tenido una experiencia similar...
No existía persona que no conociera la masacre del clan Uchiha, y había pocos que sabían de que el resentimiento llevado por años lo llevó a huir y volverse en la persona que quiso desatar una nueva guerra. Tras conocer las verdaderas intenciones del que fue su amado hermano, el odio se convirtió en dolor, y finalmente en un deseo de arrepentimiento y protección. Fue así que decidió expiar sus pecados en soledad.
De alguna manera supo reconocer el sentimiento de pérdida en otra persona, la necesidad de querer sanar a su propio ritmo, y no como el resto esperaba. Él también había pasado por eso, e intentar apresurar las cosas, sabía, no llevaban a ningún buen lugar.
Ella necesitaba encontrar el mejor método para aliviar sus males, y así resurgir de entre las penas del pasado en una mejor versión de sí misma. Renacer de la tristeza a la alegría, a una vida que solo hiciera que recordara el pasado con añoranza y no con dolor. Como él estaba haciendo ahora mismo.
Siguieron caminando juntos, sin darse cuenta de que el silencio que los abrazaba no incomodaba, sino que reconfortaba y la compañía del otro agradaba entre tanta soledad.
Ella pronto volvería a sonreír, quizás él algún día lo haría también. Y en ese gesto, quienes hubieran pasado por una situación similar a la de ellos, reconocerían su nuevo ser.
Quizás esa sonrisa fuera un distintivo entre los nacidos del dolor. Como una marca de nacimiento que une a dos completos extraños y los convierte en iguales.
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Nota:
Hola. Espero que les haya gustado.
Como comencé un poco tarde en el #SasuhinaMonth2021, decidí hacer un doblete y escribir dos temáticas en una, así que este fue el resultado. Las temáticas que elegí fueron las siguientes:
Día 1. The Beginning of Us (El comienzo de nosotros)
Día 2. A Birthmark that Binds us (Una marca de nacimiento que nos vincula)
Como verán en el título, me la jugué y uní ambos títulos, terminando en algo como "El comienzo que nos vincula". No es mucha ciencia, pero me pareció interesante, jajajajaa.
Gracias por leerme, y ¡viva el SasuHina!
Besitos, y que anden super bien,
KonohaaGirl.
