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Apariencias
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-Oh, pero que muchachito precioso.
La mujer anciana acarició por tercera vez la mejilla de Hinata, quien había quedado muda desde el momento en que entró a la aldea. Sus ojos bien abiertos y el rubor en su rostro podrían haberla hecho parecer un joven tímido para los habitantes del lugar, aunque para Sasuke, que sabía la verdad, no era todo más que una situación divertida.
Habían llegado, a la espera de descubrir el misterio de por qué tan oculta aldea rechazaba la presencia de mujeres fervientemente y solo se jactaba de ser enteramente masculina... según los rumores que habían oído.
Pero justamente eso eran: rumores. Atrás habían quedado los consejos previos a venir en que los aconsejaban a no entrar al llamado "Bosque de la muerte", el cual no permitía que mujeres salieran de él, solo desapareciendo y como le sucedería a Hinata si quería ir allí y bla bla bla... Le habían otorgado una mística terrorífica a un lugar que no conocían en absoluto.
Tan solo al llegar los había recibido una alegre anciana e invitado a acercarse a un pequeño grupo al grito de "¡Visitantes! ¡Tenemos visitantes! Dos jovencitos apuestos". El asombro de la muchacha duró tanto tiempo que no tuvo oportunidad de abrir la boca antes de que alguien asumiera que era muda. Ante esa conclusión, pasó del asombro a la estupefacción, acrecentando la idea de su incapacidad del habla que le atribuían. Luego de eso, el momento perfecto para desmentir cualquier idea equivocada, como era también el género que aparentaba, había pasado, por lo que ahora no era sino un "jovencito apuesto mudo".
Una vez solos, emprendieron camino hacia una pequeña posada que hacía tiempo no ejercía como una a falta de visitantes, por eso también el dueño no se encontraba presente y debían esperarlo el tiempo en que iban en su búsqueda. El silencio se había prolongado bastante, por lo que él iba a decir algo. Pero ella lo interrumpió:
-N-no digas nada. Ya estoy lo suficientemente avergonzada.
Llevó las manos al rostro y ocultó su expresión. Su voz se oyó más baja:
-¿V-viste todo el camino hacia aquí? Dejé de contar con la cuarta mujer que nos saludó.
A él la situación le resultaba divertida, pero no quería decírselo para no hacerla sentir peor. Había estado emocionada por infiltrarse de encubierto y descubrir el misterio tras la aldea, pero solo encontró desilusión. El misterio jamás existió, solo rumores infundados.
-La tercera mujer te guiñó un ojo.
-¡S-sasuke-kun!
Bajó un poco sus manos para mirarlo de soslayo y él notó sus ojos sollozos. Por unos segundos sostuvieron la mirada en el otro, hasta que de ella salió una tímida risa y de él una sonrisa. Sin dejar de reír, descubrió su cara y miró el cielo, mientras él limpiaba una lágrima que había finalmente salido hacia su mejilla.
-Y-y fue para ti ese guiño.
-Mira el lado positivo, muchachito precioso - cerró los ojos y sacudió su cabeza al escuchar el apodo que había recibido de la anciana -. Mañana nos iremos y tendrás para el futuro una historia nueva que contar sobre cómo triunfaste en una misión de incógnito.
Hinata solo respondió con un suave golpe en su brazo. Él sonrió una vez más.
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-Sigo sin creerme que tengamos dos invitados.
El dueño de la posada volvió a mencionar el tema, como si siguiera recordándose que tenía nuevos y desconocidos clientes. Aunque no era él solamente quien quería aprovechar al máximo la visita de gente de afuera, puesto que en la mesa que habían preparado para cenar se sentaban otras cinco personas.
"Me alegro de conversar con alguien que no veo todos los días", había dicho la anciana de más temprano, cuando entró por la puerta con una canasta llena de comida.
En el transcurso de la velada, se había hablado de todo tema posible, ya fuera la vida en la aldea y los motivos de su aislamiento, lo que terminaba por destruir cualquier rumor que los había llevado allí. Por su parte, los ninjas debieron contarle de dónde venían, dónde habían estado y noticias del exterior... más bien, ese trabajo recayó en Sasuke, la persona menos adecuada para hablar cuando una de las cosas que más le gustaba era el silencio. Hinata más de una vez pensó en ayudarlo, en decir que tenía voz, pero alguna interrupción se lo impedía. Quizás fuera lo mejor, sino ¿cómo explicaría el motivo de su "masculina" apariencia?
-¿Y cómo llegaron aquí?
La pregunta fue formulada por la mujer sentada frente a Sasuke. La misma causante de las interrupciones. Ah, y la proveedora de cierto guiño más temprano.
Había aparecido con la anciana y contado que vivía en la casa contigua, para luego sentarse y querer saber sobre ellos, aunque siempre dirigiendo las preguntas a Sasuke, como si fuera el único presente. Al principio, Hinata dejaba pasarlo y se concentraba en la comida, pero luego de un tiempo en que era interrumpida al querer hablar, empezaba a impacientarse. No solo por ella, sino también por su compañero, quien poco a poco mostraba más signos de querer callar y que la atención pasara a otra parte que no fuera él. El poco notorio bufido que emitió antes de contestar, y trago largo que se permitió tomar, lo confirmaba:
-Rumores extraños. Oímos que...-
-¿Rumores? Oh, interesante. Cuenta, cuenta.
-Eso hacía - contestó por lo bajo -. Nuestra dirección cambió porque a Hinata sintió curiosidad al escuchar que...-
-¿Hinata? ¿Quién es Hinata?
Sasuke apretó el puño debajo de la mesa y se removió un poco sobre su silla, hasta que algo lo hizo detenerse. Vio como una mano suave y pequeña se posó sobre la suya y dio unas palmadas.
Ella no notó lo inmóvil que había quedado el moreno por su inocente toque. En cambio, observaba a la mujer que esperaba la respuesta con una sonrisa; una que se tornaba incómoda ante los segundos que pasaban sin que Sasuke hablara.
-Yo...- su voz salió con un timbre más fuerte del habitual, quizás porque al fin se sentía libre del silencio que se había visto obligada a hacer - Yo soy Hinata.
Entre las miradas de asombro y las expresiones de sorpresa, seguido de preguntas y disculpas por presunciones erradas, se vio envuelta en un pequeño nerviosismo que implicaba ser ahora el centro de atención.
Y lo que impidió que se percatara de cómo la mano masculina había entrelazado los dedos con la suya.
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-Ah... hola. Hola... aah.
-Si lo dices susurrando no te servirá entonces.
-Ah, ah.
Por lo visto, decidió ignorarlo. Llevaba unos cinco minutos vocalizando con la idea de calmar sus cuerdas vocales luego de haberlas forzado un buen rato durante la cena. Lo que había salido con una fuerte expresión resultó sonar algo ronca, y sin saber por qué lo hizo, siguió hablando en un fingido tono grave.
Él sí lo sabía: por más valiente que se hubiera sentido al querer confesar que en realidad era mujer, por parte no se atrevía a hacerlo. Su estado de vergüenza llegaría al punto cúlmine de revelar el porqué de su aspecto.
Y había seguido fingiendo para los demás, mientras él se divertía en silencio al ver sus esfuerzos.
Finalmente, entre pregunta y respuesta, habían descubierto el gran misterio que los había traído aquí. En resumen, sí vivían solo hombres en ese lugar, pero no porque las mujeres estaban vedadas, sino porque ellas y los niños habitaban temporalmente en un asentamiento a pocos kilómetros de distancia mientras la aldea era reconstruida. Algunas de las mujeres venían a ayudar, como también hombres regresaban a dormir y pasar momentos en familia. En este lugar quedaban pocos por la noche, haciendo turnos para cuidar su aldea, la que había quedado en un terrible estado durante la guerra a causa de grupos anónimos que habían aprovechado hacer de las suyas mientras las naciones se enfocaban en la lucha. Para Sasuke no había sido nada novedoso, pues gente así existía y ya había visitado lugares que pasaron por lo mismo. Pero Hinata fue un caso distinto, mostrando compasión y tristeza con la historia, y tratando de no llorar.
Tras la cena, fueron a sus habitaciones, al momento en que ella vocalizaba al subir las escaleras y quedarse ambos esperando frente a las puertas. La escasa luz del pasillo revelaba que sus ojos seguían llorosos, fuese por lo antes escuchado o por el cansancio del día. Pero seguía comprobando el estado de su voz, así que debía ser él quien le recordara que la habitación la esperaba.
-Será mejor que descanses, entra - y sin esperar respuesta, abrió la puerta y la empujó suavemente para hacerla entrar -. Hasta mañana, joven.
-Sa... ¡Sasuk...!-
Una respuesta interrumpida y atenuada por el cierre de la puerta fue lo último que sabría de ella por ahora. También era una buena idea que él descansara ya, pero nada más entrar a su habitación y dar solamente tres pasos, un golpe en la puerta lo hizo regresar. Podría haber pensado que sería el "chico" de al lado, que quería terminar su frase antes de despedirse por la noche, pero decepción fue ver que no lo era.
-Parece que olvidaste esto.
La mujer que había estado durante toda la cena pendiente de él sonreía mientras tendía un pañuelo blanco frente suyo. No se debía ser un genio para saber que esa prenda debió quedar en el asiento de Hinata. Ambas H lilas bordadas en el borde inferior lo dejaban bien en claro.
-Gracias, sí es mío.
Seguramente lo que esperaba era un pequeño intercambio de palabras cuyo tema principal fuera cómo ella se equivocó y siguieran hablando de algo más. Bueno, él no estaba para esas cosas. No había interés alguno.
-Se lo agradezco, es un regalo de una persona importante para mi.
Aceptó el pañuelo y lo acercó a su rostro para hacer más evidente el aprecio que sentiría por dicha tela. Aunque el efecto deseado fue por completo opuesto a lo pensado. El dulce aroma que entró por sus fosas nasales lo aturdió y la imagen de su dueña se hizo presente en su mente. No había pasado demasiado tiempo desde que se separaron, ¿podría estar escuchando esta escena o ya estaría acostada? Era una persona prolija que realizaba cada tarea con detenimiento y esmero, no sería extraño que también se preparara para dormir con cada detalle.
-Se... ¿Seguro que es suyo? - una voz lo trajo de vuelta a la realidad. La mujer lo miraba nerviosa - Creo que veo una... no, dos H escritas. Oh, debe ser de tu compañero. ¡Tonta de mi!
-Puede ser - contestó en mitad de una risa fingida por parte de ella -. Aun así, dije que era de alguien importante.
Las emociones que pasaron por su rostro fueron fáciles de leer: duda, comprensión, consternación, decepción. Lo sentía por la mujer, pero no estaba interesado en seguir su juego.
Se despidió de ella, quien antes de desaparecer por el pasillo, a paso lento, miró de él hacia la puerta contigua, y de esta a él, no sin antes susurrar algo que él escuchó claramente:
-No creí para nada que fuera así. Las apariencias engañan. El bando de los hombres tiene tanta suerte...
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Nota:
Buenaaas, ¿qué tal todo por aquí?
Creo que es el momento adecuado para hacer uso de cierto meme: "Han pasado 84 años..."
Puff, ha sido bastante tiempo desde que actualicé esta historia. Miren nada más, estamos a pocos meses de que empiece el Sasuhina Month de este año. Pero eso no importa, yo sigo con este y me gusta mucho esta historia que se ha ido formando, y que me ha costado también, no lo voy a negar. Pasaron meses y no estaba inspirada, o me inspiraba pero no me salía escribir, o me encontraba ocupada y no tenía cabeza para mis historias, pero poquito a poquito pude terminar este capítulo.
En esta ocasión, utilicé temáticas de tres días(11, 12 y 13), es que me sentía en la obligación de traerles un capítulo decente y medianamente largo para compensar los meses de ausencia. Los temas son los siguientes: The Forest of Death / The Boy Next Door / Dating Apps AU: "You don't look like your profile picture. Good." Bueno, no los implementé tan claramente, sino que me tomé mis licencias, sobre todo con el último jajajaja.
Espero que les haya gustado,
Con amor,
KonohaaGirl, la que se ausenta pero no abandona (?).
