Continuación de este fic que ya está en los últimos caps.

Esto es:


El Peor de los Resultados


El tiempo transcurría lento, sumergido en la penumbra de una noche con niebla y silencio. El viento mecía tétricamente las hojas de los árboles y algunas débiles ramas que brillaban por el reflejo de las farolas en su humedad.

Un vapor sofocante. De miedo. De negación.

Luan sentía la sangre helada. Había respondido instintivamente; se había dejado llevar por lo que sentía. Las profundas emociones que desde hacía ya un tiempo, le carcomían.

Luan Loud estaba muy feliz, mucho. Estaba con su padre pasando la noche; con el ser que mas amaba de su familia. Lo había tranquilizado después de que ella, Rita, lo había puesto de malas.

-Ojalá se fuera para siempre y dejara de molestarnos. -

El rato que estaba pasando con su padre, después de que casi la castiga físicamente, era super ameno y hermoso.

Pero había respondido instintivamente a una pregunta importante.

La pregunta era muy, muy seria:

¿Te gustó?

-Si, Luan, ¿te gustó el beso?- Se preguntó.

Y su respuesta fue un reflejo inevitable del bullir de emociones y sensaciones.

-Mucho. Y es que una fuerte emoción en mi pecho, extraña pero agradable, había nacido esa mañana cuando él metió su mano debajo de la bata recorriendo mi espalda.- Instintivamente se arqueó levemente al recordar. Cerró los ojos y pasó saliva respirando con dificultad.

-Como puede no gustarme si la sensación que recorría mi cuerpo entero es algo que nunca he sentido. Su mano me tomó del cuello y me empujó profundizando el primer beso. Volvió a recorrer mi espalda sin dejar de besarme nunca.

Luego se aferró a mi trasero donde acarició y yo...no sé...

Luego él salió de su sopor y todo se fue al traste.-

-¿Te gustó?- Me ha preguntado...y yo no pude negar la verdad.-No pude.

Ahora creo que lo he perdido para siempre. Su rostro está detenido mirándome, como el tiempo mismo y esta noche lo hacen.

Tengo que buscar una salida. Tengo que hacerlo, ¡rápido!

-Me gustó mucho porque...tú lo necesitabas, papá. Y porque sabía que tú no estabas bien. No sabías que era yo y yo no te detuve porque...porque...- Y aquí vienen mis lágrimas.

-Porque te amo, y me duele mucho verte sentado allí en el sillón dejándote morir...prefiero, de verdad prefiero que me des un beso pensando que es a...a ella... si eso hace que salgas de ese dolor que te estaba apartando de nosotras...que te estaba llevando lejos de mí. Que te estaba matando. Y no, no te preocupes, sé que está mal, lo sé, no estoy loca. Pero de verdad prefiero esta charla a volverte a ver tirado en el sillón sin reconocer a nadie. Te estabas dejando morir...-

Me he aferrado a su brazo. Sollozo. Tiemblo.

Y espero.

El suspira, se ha recostado nuevamente y lo siento relajarse.

Eso, descansa amor, lo último que quiero es que por mi culpa te sientas mal.

Me acaricia la cabeza, no puedo evitar sonreír y pegarme mas a él. Quisiera besarlo, pero justo ahora debo quedarme quieta. Aun puedo perderlo.

-Pues es verdad- Me dice.- No solo estuvo mal, Luan, si no que fue un craso error de mi parte. Y el hecho de que creas que me haces un bien tampoco es correcto.-

-No estoy de acuerdo.- Él me mira sorprendido, se está enojando.

-Solo escúchame antes de que me corras y me castigues o lo que sea que pretendas hacerme para aleccionarme.

Nos miramos. Mi corazón palpita por el miedo de echarlo todo a perder.

-No estoy de acuerdo porque...si ese día, en vez de dejar pasar lo que sucedió; te hago un escándalo, te culpo sin entender y me ciego a la verdad.

¿Dónde estarías? -Vuelvo a lagrimear de solo imaginar perderlo.

-Estabas mal, y te hubieras puesto peor. Te hubiera hecho, quizá, un daño irreparable...y te hubiera perdido.

No me perdones si no quieres, pero prefiero lo que pasó a la alternativa.-

Has bajado la mirada.

-Eso no quita lo mal que estuvo, Luan.

-Y te dije que entiendo perfectamente eso, pero aun así, lo volvería a hacer las veces que fuera necesario, si con eso te salvo la vida.-

Me voltea a ver, está asustado; pero esta vez no bajo la mirada. Estoy seria y le miro con fuerza. Necesito que comprenda mi convicción.

Él sube su mano, la hace en un puño. Yo le sostengo la mirada, pero no puedo evitar tener chispas de agua en los ojos.

Y ¡pom! Me da un coscorrón. No muy fuerte realmente.

Luego me abraza y me subo encima de él abrazándolo como lo haría un koala. No sé que piensa, pero lo que quiera que haga, me hará feliz si me deja estar así.

Me he recostado completamente en él.

Me acaricia el cabello.

-Eso no volverá a suceder, amor, porque yo no volveré a caer como lo estuve. Ahora tengo mi meta de darles a ustedes todo lo que merecen y necesitan para crecer y ser grandes personas. Te agradezco tu madurez. Gracias por comprender que fue un acto inconsciente de mi parte. Te vuelvo a pedir disculpas.-

Yo me limito a frotar mi mejilla con la suya. Soy tan feliz que apenas le escucho.

-Pero...- Dice con seriedad mientras me toma de la oreja.- Estuvo mal y debiste detenerme. ¿Si comprendes eso?

-¡Ay!, ¡ay!, ¡ayay!...si, papi.-

-No seas llorona, solo te estoy tomando de la oreja.

-¡Mentira! Me la estas arrancando, ¡ay!, ¡ay! ¡ayayay!-

-Luan...-

-Bueno, ya, es que si no me quejo a lo mejor halas mas fuerte.- Y haló mas fuerte.- Aaay, ¿ya vez?

-Para que te quejes con provecho.

-Es usted un salvaje, Don Lynn, casi me arranca mi orejita.- Y le muerdí el hombro.

-¡Ay! ¡Luan!

Y me da risa, y luego él se ríe. Y soy tan feliz que la tristeza que vendrá después ya comienza su oleaje.

Lo amo. Con todo mi corazón.

Quizá más...un poco de más.

Pero no. Y nunca sucederá. Acaricio su rostro, me nota triste. Me seca una lágrima con su pulgar.

-Es solo...es solo que ya me dijiste que no puede venir más aquí contigo.

Y solo me dices que no con la cabeza. Me miras con cierta tristeza cuando me pongo a llorar abiertamente. Me lanzo a abrazarte de nuevo y para dejar salir mi dolor de amor no correspondido, mientras siento un enorme nudo en la garganta. Me besas la cabeza y me acaricias el cabello.

Como quisiera estar así toda la vida. Toda la vida, papá.


Al otro día, Lynn se levantó muy temprano. Encontró a Luan dormida a su lado y la cubrió suavemente con la sábana.

Salió de la habitación, se bañó y vistió con rapidez. Se colocó su mejor loción, se arregló con cuidado pero sin perder tiempo.

Luego, le mando un mensaje a Kotaro diciéndole que le cubriera, que era probable que se tomara el día, que se lo compensaría más adelante.

Luego abordó un taxi.

Se sentía extrañamente contento ahora que había despertado con un objetivo más claro. Con un camino nuevo que le daba algo de luz: Para apoyar a Luan, tenía que reunir a la familia.

Rita no tenía pareja y él podría sacrificarse un poco, pero con el tiempo, podrían ser nuevamente, ellos. La familia Loud. Como siempre debían ser.

Podría igual, dejar atrás todo ese dolor y rencor de sentir que todos le habían jugado en contra y poco a poco, ser como antes.

Mientras el taxi avanzaba, pudo imaginar de nueva cuenta, los viajes en grupo a la playa o a la montaña. El restaurante iba bien ahora, podrían darse incluso, el gusto de ir a un hotel.

Rita Loud escuchó el timbre de la casa. Dejó un momento el desayuno de huevo con tocino y papas que preparaba. Se acercó a la puerta y se asomó a la mirilla. Luego abrió la puerta con rapidez.

-Lynn...-

-Hola, Rita.

-Qué...¿Qué haces aquí?

-Yo...quería disculparme por cómo me puse anoche. Independientemente de todo lo que pasó, debí escucharte.

-Si, Lynn, yo...bueno, es que...

-No importa ya, lo que pasó con las niñas esta olvidado. -Guardó unos segundos de silencio, luego continuó.- ¿Puedo pasar? Quiero hablarte de algunas cosas.

Entonces, desde atrás de la puerta salió una persona. Un hombre alto de camiseta blanca y jeans, que abrazó a Rita y le dio un beso en la mejilla.

-¿Pasa algo, amor?

-Pero que...- Fue lo que exclamó Lynn sintiendo una bola ardiente de plomo en el estómago que se expandió a su garganta.

-¿Nos das un minuto?- Le dijo la rubia a ese extraño. Y aquel hombre se retiró lentamente.

-Eso te iba a aclarar anoche, Lynn, yo no...yo no he terminado mi relación. Solo me sentí mal por lo que hicieron las niñas y, que, a la vez, yo también cometí. Me da tanta pena esto, Lynn, debiste avisar antes de venir así.

Lynn trago saliva con tanta fuerza que sintió que algo se rompía en alguna parte. Vestido de solemnidad y un enojo mal escondido, preguntó.

¿Dónde están las niñas?

-Con mi padre. Hoy les tocó estar con él.

-No deberías estarles enviando con él a cada rato. Si no las vas a cuidar, mejor mándalas conmigo.

-La próxima irán contigo. ¿Alguna otra cosa?

-¿Él ya vive aquí? Digo, para comenzar el trámite para llevarme a mis niñas.

-Solo está de visita. Mira, tienes algo más que decir, me estas hablando golpeado y ya lo hiciste bastante anoche. No quiero problemas.

-Solo una cosa, Lincoln va a venir conmigo. Así que cuando regrese de casa de tu padre, lo alistas y me avisas.

Ella bajó la mirada haciendo un gesto extraño, luego volvió a ver a Lynn.

-Bien.

Lynn dio media vuelta, y se fue. Comenzó a sangrar levemente del labio.


Mientras el taxi avanzaba, Lynn no podía quitarse las manos del rostro.

Se sentía tan estúpido, tan miserable y a la vez tan patético que una enorme vergüenza que no sabía descifrar lo sumergía cada vez más, en una fría y profunda soledad.

Su mente estaba confusa entre maldiciones e insultos. Por un momento sintió que se ahogaba y deseo un trago de vodka. Algo que lo calmara, algo que le hiciera olvidar todo.

-Pero como se me ocurre...¡¿Cómo?! ¡Carajo! ¡Pedazo de animal!-

Llegó a su casa bastante fuera de sí. Aun era temprano. Deambuló como fantasma por la sala, derrotado.

Miró el sillón. Miró sus manos. Se quitó la humedad de los ojos y subió las escaleras.

Deseaba desaparecer.

Al abrir la puerta de su cuarto aun encontró a Luan dormida. Se quitó los zapatos y se sentó al borde de la cama donde contemplo la ventana donde por muchos años, observo junto a su esposa, el amanecer.

Nuevamente sintió ahogarse.

-Buenos días, papá. ¿Ya te vestiste tan temprano? - Dijo Luan mientras se tallaba los ojos.

-Si. Ya, anda, vete a tu cuarto.

Luan parpadeo un par de veces, luego sonrió. -Bueno, don seriedad, ya me voy, pero ¿me das mi beso de buenos días?

Lynn la volteó a ver por fin. Allí estaba ella con su sonrisa y ojos ilusionados, vistiendo su bata color crema. Mientras el sentía un cuadro de plomo aplastándole el esternón y lava quemándole la garganta.

-Claro.- Contestó mecánicamente. Le tomó del rostro suavemente con una mano, y le dio un leve beso en los labios.

-Anda, vete a bañar.- Le dijo.

Los ojos de Luan brillaron y su sonrisa se amplió enorme. Él solo sonrió muy levemente.

-Lo que usted diga, capitán.-

Luan se bajó de un brinco, inmensamente feliz. Luego, salió del cuarto corriendo contenta.


Luna Loud se lavaba el rostro. Se tallaba los ojos. Se vio en el espejo.

No había dormido nada, pensando. Atrapada en sus pensamientos sin saber que hacer.

Tenía miedo, tenía dudas.

-Tengo que decirle a Lori lo que escuché. Ella sabrá que hacer...debe saber que hacer...-


Gracias por leer.

Ya está por terminar esto.

Lynn está en problemas.

Luan esta feliz.

Luna está preocupada.

Saludos a todos y bonita semana.

Gendo Uribe.