Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Disclaimer II: La ilustración que aparece en la portada es obra de la artista Tenartist.

Advertencias: lenguaje soez, contenido adulto explicito, AU.


Summary: Imaginó que una vida llena de felicidad le esperaría cuando accedió casarse con él. Itachi era el hombre con el que cualquier mujer podría soñar. Sin embargo, su perspectiva cambia totalmente al percatarse de un secreto profundo y oscuro, algo tan terrible e inimaginable que era mejor mantenerlo oculto, puesto que había verdades que no debían descubrirse nunca.


El susurro de las cosas rotas

Parte I

Capítulo 1

¿Y vivieron felices por siempre?

Contuvo la respiración al cruzar el umbral de la puerta y adentrarse al enorme vestíbulo; la habitación estaba plenamente iluminada por la luz natural que ingresaba de los enormes ventanales que se distribuían por la geografía del cuarto. El lugar contaba con amplios y abiertos espacios que fluían entre si; sencillo y puro, acogedor y cálido.

Sin lugar a dudas, la residencia supero con creces sus expectativas. Cuando su marido le contó que después de la luna de miel se instalarían en su sencilla morada, jamás imaginó que se trataría de una mansión.

—¿Y bien? ¿Qué te parece?

La voz surgió a sus espaldas tan fuerte y sosegante como la recordaba; demandante y arrulladora. Rara vez efectuaba cambios en la modulación, siempre permanecía sereno, imperturbable.

En un acto reflejo, la pelirosa viró sobre sus tobillos para encararlo, recibiéndolo con una sonrisa. Pensaba en lo fácil que resultaba todo para él, volver a casa, entrar en el vestíbulo, tomar el correo, beber un trago; pero se preguntaba si era capaz de percatarse de lo nerviosa que estaba.

No llevaban mucho tiempo conociéndose. Seis meses habían bastado para que la historia de amor entre los dos surgiera de la manera menos esperada. Ella cursaba el ultimo año de residencia en la ciudad de Kumo, tenia la certeza que, tras dos años de mala racha, las singularidades de la naturaleza la ayudarían a recuperarse de las singularidades de su propia vida; al inició le resultó extraño, pero también aceptable, creíble.

Solo para remarcar, Sakura no sintió mariposas revoloteando por su estomago cuando posó la mirada en Uchiha Itachi. Sin lugar a dudas, él era terriblemente apuesto, pero nunca se sintió atraída por los hombres guapos, especialmente cuando lucían tan estoicos y antipáticos. Pasó los primeros diez minutos observándolo, preguntándose en que la había metido Ino esa vez.

Recordaba aquella mañana con claridad. Yamanaka Ino, su mejor amiga y colega en el hospital, la alcanzó en el pasillo, argumentando que acababa de contemplar a su futuro esposo. Naturalmente, la escéptica ojiverde tomó la declaración como otro de los tontos planes de la Yamanaka para concertarle citas, así que lo dejó pasar.

Lo digo en serio, frentona— objetó sin darse por vencida–. Es un paciente, al parecer se trata de un brillante arquitecto de Konohagakure.

Sabes que no estoy interesada, Ino– Sakura puso los ojos en blanco, regresando su atención al expediente que llevaba en las manos.

Este hombre es diferente, te lo juro. Es el ser más impresionante que he conocido en años. Es encantador. Y es sumamente sexy. Iría detrás de él si no estuviera comprometida.

Fue así que, lejos de hacer oídos sordos a las incesantes y descabelladas suplicas de su amiga, Sakura accedió a conocerlo.

Para cuando finalizó con las preguntas de rutina y el chequeo obligatorio, Sakura fue capaz de dejar sus prejuicios a un lado y consideró la situación en mano. Era cierto que, en los años recientes, no les había dado oportunidades a los chicos. Su madre incluso solía decirle que era demasiado exigente.

Sakura estaba tan habituada a rehuir a los hombres que el mantener una conversación con aquel adonis era desconcertante. Ese individuo no parecía obrar como los demás jóvenes con los que había salido en el pasado. Era misterioso, y no sabia como lidiar con él. El azabache parecía disfrutar de las atenciones, aun cuando su pierna derecha se mantenía inmovilizada y su sistema nervioso adormecido por el constante suministro de analgésicos para calmar el dolor. Postrado en la camilla, iluminado por la pálida luz de las lámparas colgantes, Sakura comenzó a ver, en una perspectiva totalmente diferente, a la persona que su amiga estaba tan emocionada para que conociera.

No era capaz de precisar qué era, pero había algo curiosamente enigmático en Uchiha Itachi. Iniciando por su melena larga color carbón, la enigmática mirada oscura, que a la vez lucia tan transparente como las aguas cristalinas de un manantial. Luego estaba esa actitud despreocupada. Pero debajo de esa fachada, había una relajada persona que resultaba encantadora. En cuestión de segundos, Sakura se vio atraída a él como una polilla que se dirige hacia la luz, y antes de que se diera cuenta, estaban charlando como si de viejos amigos se trataran.

Lo demás transcurrió en un parpadeó. Luego de que Itachi fue dado de alta, el pelinegro regresó dos días después con la intención de invitarla a salir. Sin pensarlo dos veces, la pelirosa accedió y fue así que una cita los llevo a otro. Lo que llevó a otra. Lo que los llevó a pasar tiempo en su apartamento alquilado, a dar largas caminatas por el parque. Durante esos meses, ambos se contaron cosas que jamás le habían mencionado si quiera a alguien, experimentaron situaciones que no eran propias de ellos, forjando un lazo difícil de ignorar.

Para cuando ella finalizó su residencia, el retorno a Konoha era inminente y, con ello, también lo era el rompimiento.

Puedes elegir, Sakura— dijo Itachi despreocupadamente, como si de tal cosa se tratara–. O regresas a Konohagakure, o te quedas aquí conmigo.

Pero…¿Cómo podría hacerlo? Difícilmente me costearía una semana de alquiler en un apartamento como este, además, debo encontrar un trabajo en cuanto antes.

No lo has entendido– la melena suelta emuló el compas del letárgico movimiento de cabeza–.Te estoy pidiendo que te cases conmigo.

Un mes después de aquel suceso, Sakura se encontraba caminando hacia al altar, ataviada de blanco, con una sonrisa nerviosa estirándole las mejillas. Su madre no contempló con buenos ojos la unión, sin embargo, la joven tenia la certeza de que Itachi era un hombre genuinamente bueno, y sus sentimientos hacia ella sinceros.

—Es increíble– comentó, dejándose llevar por el repentino arranque de honestidad—¿No crees que es demasiado espacio para nosotros dos?

Itachi soltó una sonrisa ligera al mismo tiempo que sus ojos se iluminaban. Sakura sintió que algo dentro de ella se agitaba.

—Supongo que no– replicó sin tomarle demasiada importancia al asunto, mostrando una asumida apatía ante los lujos que conseguían deslumbrarla–. Eventualmente no solo seremos nosotros dos.

Sakura enrojeció hasta la raíz del pelo; el rubor era más acusado sobre la tez de sus pómulos.

No era un secreto para ella la opinión de Itachi sobre el tema de tener hijos. Sabía al dedillo que su esposo deseaba formar una familia, nada extravagante como las estirpes del pasado, un primogénito bastaría para cumplir sus deseos. Sin embargo, la pelirosa aun no se sentía preparada para convertirse en madre, consideraba que había tantas cosas por hacer antes de dar el siguiente gran paso.

–Tranquila– dijo en un susurro, acortando la distancia entre los dos. Acunó su rostro con ambas manos y depositó un casto beso sobre sus labios. Aquellas pequeñas acciones lograban sosegarla–. Aun falta mucho tiempo para eso.

Comprendió que no hacia falta expresar sus inquietudes con palabras, Itachi la conocía a la perfección, sabia interpretar sus silencios, cada uno de sus gestos.

Ella rodeó su cintura con ambos brazos al mismo tiempo que se acurrucaba en su pecho.

–Sabes, finalmente me estoy dando cuenta que estamos casados.

–¿No lo hiciste cuando deslicé la argolla en tu dedo?– Itachi sonrió ladinamente , como si encontrara su comentario entretenido.

–Por supuesto que lo hice– elevó el rostro para contemplarlo mejor. Se preguntaba como un hombre podía ser tan agraciado, sin lugar a dudas, los padres de Itachi se las habían ingeniado para tener un hijo extraordinario–.Solo que estar aquí después de la luna de miel resulta… revelador.

—¿Emocionada?

—Lo suficiente para sentirme aterrada. Esto es nuevo para mi, jamás había estado casada.

El pelinegro le acarició el rostro, llevando un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Todo es cuesta abajo desde aquí, ¿verdad?

—Definitivamente. Ha sido cuesta abajo desde el día en que nos conocimos, ¿no lo crees?– dijo Sakura, atrayéndolo nuevamente hacia ella para degustar la parsimonia de sus labios.

Un escalofrió recorrió toda la longitud de su columna vertebral cuando la boca de Itachi descendió por su cuello hasta desembocar en su clavícula.

–Me encargare del equipaje después– dijo él; la modulación, sin duda, gutural.

Sakura soltó un leve jadeo de desconcierto al notar las manos de Itachi desabotonando las hornillas de su blusa, dejando al descubierto el par de núbiles senos contenidos en el sujetador negro.

–Por un momento imagine que estabas agotado– comenzó a tantear sus marcados bíceps por encima de la tela de algodón de la camisa.

—Lo estaba– la atravesó con una mirada entretenida de lujuria, tal como solía contemplarla cada vez que se encontraban en ese momento de absoluta intimidad.

Aun así, Sakura notaba que algo le apretaba la garganta, al igual que una extraña angustia instalada en la boca del estomago.

—¿Estas seguro?, llegaremos tarde a la cena con tus padres— le recordó.

Ella no lo notó, pero Itachi tuvo que tragar grueso para conseguir hablar. Las caricias vigorosas se detuvieron de golpe.

—¿En verdad quieres ir?— preguntó, apartándole la guedeja rosa del rostro.

—Por supuesto que quiero hacerlo, son mi familia— sonrió ella, apenada—.Solo quiero sentirme parte de tu vida.

Itachi le besó la frente, y luego la nariz y las mejillas.

—Ya eres parte de ella. Estamos casados, ¿lo recuerdas?— elevó la mano izquierda para mostrarle el símbolo de su unión: una argolla de platino en su dedo anular.

Itachi era adorablemente serio, incluso cuando estaba ebrio. Su mesura hacía que Sakura se sintiera frívola y superficial.

—¿Acaso te avergüenzas de mi?— quiso saber.

El azabache torció los labios en una mueca huraña. Esta no era la primera vez que Sakura sugería algo similar.

—Por supuesto que no– replicó.

—En ese caso ¿Por qué no quieres que conozca a tus padres?– continuó, tratando de ignorar la opresiva sensación que se emplazaba en su pecho.

A la ceremonia acudieron pocas personas; entre amigos cercanos, la madre de Sakura y su tía, consiguieron congregarse alrededor de quince personas al festejo. Solo lo que consiguió constérnala aquel día fue que, de lado de su nuevo esposo, el único invitado fue su mejor amigo: Shisui.

Itachi argumentó que sus padres se encontraban lejos e indispuestos a lo que ella argumentó que podrían aguardar hasta su regreso, pero él se negó.

No iba hacer la contra a la idea de que aquel hecho la inquietaba.

—Simplemente no quiero que te resulte incomodo—pronunció con aquel tono tan categórico que conseguía convencerla de que todo iría bien.

—¿Cómo podría sentirme incomoda?, son mis suegros después de todo.

En respuesta, Itachi la besó frenético; impaciente. El aliento se le atascó en la garganta, ahondando el contacto de sus lenguas al tiempo que una conocida calidez le sacudía las entrañas.

—En ese caso, deberíamos darnos prisa— sugirió Itachi; el aliento cálido acaricio su cuello.

Suspirando suavemente, Sakura cerró los ojos y esperó que realmente quisiera decir lo que dijo.

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La pelirosa se removió inquieta en su asiento. Aun cuando no lo parecía tenía la percepción de que se veía, mal vestida, como de costumbre; llevaba un sencillo vestido rosa claro, la falda se ajustaba desde la cintura hasta las caderas mientras la parte superior creaba una silueta relajada. Para su gusto, consideraba que el atavío era demasiado austero y estrecho para la ocasión.

La gigantesca casa de los padres de Itachi estaba en el punto más meridional de Konoha, en la sección donde vive la gente más adinerada. Conocía la zona solo de vista, cuando era pequeña, su madre y ella solían acudir al lugar solo para vislumbrar las enormes mansiones e imaginar que, gracias a un golpe de suerte, tendrían la dicha de vivir en un sitio como ese.

La carretera estaba casi vacía. Silenciosa. Desierta. Las luces de la ciudad comenzaban a vislumbrarse en la lejanía, alrededor no había muchos edificios ni viviendas, solo el firmamento, arboles, campos y vallas.

—¿Te apetece que regresemos a casa?— cuestionó Itachi, contemplándola por el rabillo del ojo. Sostenía con firmeza el volante y mantenía la atención fija en el camino.

—Estaré bien, Itachi, lo prometo– masculló. Sonrió y cogió su mano, pensando que tal vez seria difícil para el regresar a casa.

—Es la ultima oportunidad que vamos a tener antes de adentrarnos en el campo.

Era la primera vez que iba de visita a la casa de los padres de Itachi. Se decía a si misma que debía estar emocionada, deseosa por ser la primera de muchas, pero no lo estaba. En lo absoluto.

—Solo faltan tres kilómetros— dijo el azabache.

Intentó sonreír, mas no contestó. Se sentía aterrada, con un malestar imposible de dominar. La alegre expectación, el feliz orgullo, habían desaparecido.

—Itachi, ¿puedo hacerte una pregunta?– solicitó en voz baja, temerosa de que aquella situación pudiese convertirse en una discusión–.Pero debes responder con la verdad.

—Eso es injusto— resopló el pelinegro—.Hare mi mejor esfuerzo.

Sakura estrujó la tela bajo la palma de su mano. El dominio que había adquirido sobre si misma durante las cinco semanas de matrimonio eran ya un remiendo ondulando al viento.

—¿Tus padres saben sobre mi?— quiso saber.

Le resultaba extraño que su esposo fuese tan hermético cuando de su familia se trataba. Concebía que, tal vez, debía tratarse de una relación sumamente complicada, pocas veces hablaba sobre sus padres, inclusive de su infancia o adolescencia. No le parecería raro que, tanto el señor como la señora Uchiha, desconocieran que su primogénito se había casado semanas atrás con una joven prácticamente desconocida.

Desde su asiento, vislumbró la mueca de estoicismo que decoraba las finas facciones del etéreo rostro de su marido. Estaba agotado y ojeroso después del largo vuelo, sin embargo, aquella fachada extenuada no fue impedimento para notar la tensión que emanaba de todo su cuerpo como una corriente eléctrica.

—Esto no tiene absolutamente nada que ver contigo…—comenzó Itachi.

—Es un poco complicado no tomarlo como algo personal— Sakura soltó su mano y se cruzó de brazos, ofuscada.

—Lamento si parece de esa manera. Es solo que…—hizo una pausa para encontrar las palabras correctas—. Siempre he tratado de imponer limites entre mi vida personal y la familiar, eso es todo.

—¿No debería ser la misma?

–No es mi caso, Sakura.

—Tal vez, Itachi, pero si ese fuese el caso, no me inmutaría en contarle a mi madre algo tan importante como que tengo un esposo. Quiero decir, ella sabía de ti diez minutos después de nuestra primera cita.

—La relación que compartes con tu madre es especial, y lo sabes. No todos compartimos eso. Con mis padres, es solo que…—Itachi hizo una pausa, luchando por encontrar las palabras correctas. Pese a que todo en él lucía tan sereno como de costumbre, Sakura podía percibir que aquel tema lo incomodaba—. Simplemente somos diferentes. Ellos son fríos y formales, realmente no hablamos de nuestras vidas emocionales en absoluto.

Torció al llegar a un cruce de caminos, donde comenzaba una muralla muy alta.

—Todos los padres lo son hasta cierto punto, ¿Qué es lo que quieres decir?

Itachi esbozó una sonrisa nerviosa, casi forzada.

—Creo que lo comprenderás cuando los conozcas.

Sakura no sabía que pensar. En ocasiones Itachi podía ser tan críptico, y su explicación carecía de sentido para ella. Aun así, no quería reaccionar de forma exagerada.

—¿Hay algo más que deba saber acerca de tu familia antes de llegar a su casa?

—No hay nada que temer, Sakura– dijo distraídamente en un burdo intento por serenarla.

El camino frente a ellos se doblaba en una prolongada curva. A la izquierda, se elevaba una verja de dos hojas, junto a la caseta del guarda que monitoreaba el ingreso y salidas efectuados a lo largo del día en la mansión. Cuando se adentraron en el camino particular de la fina, Sakura se encogió contra el respaldo del asiento, el corazón le latía violento.

A sus espaldas quedó la polvorienta carretera pública. Apoyó la cabeza contra el cristal de la ventanilla, percibiendo las vibraciones del. Motor a través de la superficie de cristal, así como la irregularidad de la carretera. El sendero se retorcía y revolvía como una serpiente. Sobre sus cabezas entrelazaban sus ramas los numerosos arboles, formando una bóveda como la de una iglesia. Ni siquiera la luz de la luna podría penetrar el verde entretejido de aquellas hojas. Solo algunos rayos temblorosos llegan en olas intermitentes a salpicar de plata el camino.

Al cabo de veinte minutos de trayecto, la ronda comenzó a ensancharse hasta convertirse en una avenida. Itachi dobló el ultimo recodo y la mansión de los Uchiha apareció ante ellos. La edificación era exquisita, aun más hermosa de lo que ella había soñado, erguida sobre una hondonada, rodeada de suaves praderas y bancales de césped, con las terrazas que se fundían en los bellos jardines japoneses, y los jardines en el mar.

Finalmente se detuvieron fuera de la elegante casa blanca de la era colonial.

La joven lo siguió mientras aguardaba su respuesta. Subió las escalinatas una por una, realizando un esfuerzo sobrehumano para no trastabillas en tramos que Itachi ascendía con casual elegancia. Viéndolo fijamente en incredulidad, Sakura tropezó por un momento en la prístina terraza de madera guiando a la puerta delantera. No obstante, gracias al afianzado agarre que el hombre tenia sobre su mano, ella logró mantener el equilibrio.

Itachi detuvo el errático andar frente a la puerta. Llamó al timbre, este sonaba más apagado y cortante, como el pitido que se oye en los cuentos de audio para niños cuando llega el momento de pasar la pagina.

—¿Quién es, por favor?— se escuchó la voz aflautada de una dama al otro lado de la puerta.

—Hola, Sazama-san. Soy Itachi– intentó mantener un tono sereno.

La puerta se abrió de par en par desvelando el ostentoso vestíbulo a los ojos de la pelirosa. La dama de servicio aguardó servicialmente cerca del umbral.

—Les anunciare a los señores que han arribado— espetó la fémina, dirigiéndose con total y absoluto respeto a ambos.

Tan pronto la mujer estuvo a distancia del oído, Sakura declaró:

—He vivido en departamentos más pequeños que esto, ¿Por qué no me dijiste que eras rico?

—Porque no lo soy— respondió Itachi—.Mis padres lo son.

—Eso es exactamente lo que diría una persona súper rica— masculló Sakura.

Por un momento, la tensión que dominaba el cuerpo de Itachi pareció esfumarse un instante con el rumor de la risa.

Antes de que él pudiera responder, la mujer que los atendía minutos atrás hizo su entrada a través de otra puerta.

—Por favor acompáñenme a la sala, el señor y la señora Uchiha los recibirán en un momento.

—Anda, ven— dijo el pelinegro volviéndose hacia ella—. Saldremos pronto de esto, y luego podremos regresar a casa.

Atravesaron juntos el vestíbulo hasta adentrarse en un inmenso pasillo. Luminosos salones blancos y salas de estar y de lectura florecían por todas partes. Sakura era incapaz de vislumbrarse a si misma en ese lugar, insignificante, desgarbada, con su sencillo vestido de punto, afianzándose nerviosamente a la mano de Itachi. Contuvo la respiración cuando penetraron en la inmensa sala de estar, de veinticuatro metros de largo, decorada completamente en tonos de blanco y negro. Pulidos pisos de baldosas negras y sofás blancos de poca altura cubrían el espacio con un ambiente tranquilo y seductor. La pared de vidrio al final de la estancia reveló un salón al aire libre lleno de elegantes sofás y mesas de café de madera oscura.

—¿Puedo ofrecerles algo para beber?— preguntó la mujer.

Sakura se dijo a si misma que, ni siquiera el trago de alcohol más fuerte la ayudaría a sosegar sus trastornados nervios. Tenia la impresión de haber olvidado hasta las mas elementales reglas de la educación; no sabia decir a ciencia cierta cual era su mano derecha y cual era la izquierda. Estaba adentrándose en un mundo completamente desconocido, y eso la aterraba.

—Por el momento estamos bien, Sazame-san, gracias.

La diligente Sazame inclinó su cuerpo ligeramente hacia el frente en una practicada reverencia, sus movimientos lucían maquinales, programados. Sin nada más que añadir, dio media vuelta y dirigió su andar al cuarto contiguo, dejando a la pareja sola.

Mientras aguardaban por el arribo de los padres de Itachi, el pelinegro aprovecho esos minutos de espera para poner a Sakura al tanto de la situación económica de su familia. No perdió el tiempo en detalles, le tomaría una vida entera para hacerle comprender como su perniciosa familia había forjado toda la fortuna; así que le otorgó una explicación genérica. Esa que sabia al dedillo, y la cual, omitió en todas sus conversaciones hasta ese día.

—No es la gran cosa, obviamente, solo creo que es un poco raro que no tenga ni idea de tu familia— conjeturó Sakura—. ¿Acaso no te agradan?

Itachi sacudió la cabeza.

—No es eso— suspiró derrotado mientras pasaba una mano por su melena oscura y achicaba los ojos. No había planeado tener esa conversación con Sakura—. Simplemente no somos muy unidos.

Por más que intentaba, Sakura no lograba comprender la animadversión de su esposo hacia su familia, ¿estaba preocupada porque Itachi mentía en algo? ¿Por qué toda esa situación era desagradablemente extraña? ¿Por la manera precipitada en la que ambos se casaron

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando una voz surgió al otro lado de la estancia:

—Estas aquí— dijo sin un ápice de emoción en su voz.

La pelirosa observó con disimulado detenimiento a la dama que se aproxima hacia ellos. No lucia mucho mayor de lo que era ella ahora, a pesar de estar a punto de cumplir los cincuenta y tantos. Un cutis pálido y brillante, con el pelo largo y azabache y los ojos carbón. Era como una muñeca, de esas que se mantenían resguardadas en su caja, apilada en la estantería más alta. Llevaba un vestido de terciopelo tinto con zapatillas de tacón bajo en color negro.

Detrás de ella apareció un hombre alto y fornido. Los pómulos le sobresalían de la cara de forma alta y prominente. Pese a la limitada capacidad de funcionamiento neuronal que experimenta, a la chica no le tomó mucho tiempo conjeturar que aquel era el padre de Itachi.

—Siento mucho presentarme así, de improviso.

Sakura parpadeó aturdida. Ninguno de los dos parecía sorprendido, y tampoco se abrazaron, ni siquiera el torpe abrazo que había imaginado.

–Me temo que la casa no esta para recibir vistitas— masculló la pelinegra.

—Yo creo que esta en perfectas condiciones– rebatió el pelinegro.

La casa estaba perfecta, incluyendo los arreglos florales en los jarrones. El aire estaba tan cargado de polen que le lloraron los ojos.

Un silenció abrumador se instaló entre ellos. No cabía duda de que la dinámica familiar entre los Uchiha rayaba en lo inconcebible.

—Quiero presentarles a mi esposa—anunció su esposo. El corazón se le volcó en el pecho y sintió un crudo escalofrió recorrerle la columna vertebral cuando él reposó una mano en su espalda—.Sakura, ellos son mis padres, Mikoto y Fugaku Uchiha.

—Encantada de conocerlos— tartamudeó a la vez que enrojecía, estaba hecha un manojo de nervios—. Itachi ha hablado mucho sobre ustedes.

Luego de la reverencia, alargó la mano; notó que el agarre de Mikoto era fláccido, pesado, mortalmente frio, se mantuvo en la de ella como algo sin vida.

—Eres demasiado joven— comenzó hablar ella, conservando aun su mano en la de Sakura, sus ojos hundidos fijos en la mirada lemanita de la chica, hasta que esta vaciló y huyeron, al mismo tiempo que la embargaba una sensación de agobio y bochorno—.Eso quiere decir que eres demasiado ingenua– dijo en un tono ceremonioso u muerto como su agarre.

La pelirosa tragó grueso. Era la primera vez que alguien se dirigía a ella con tanta frialdad. Vislumbró una ligera sonrisa despectiva en sus labios, y adivinó que la había juzgado sin siquiera conocerla. Pese a la belleza trazada en ella, un no sé qué en su cara le dio una sensación de intranquilidad, y hasta cuando volvió a ocupar su lugar a lado de su esposo, veía aquella figura oscura, en pie, distinta.

Intentó ignorar el mal momento. Asustada, buscó tranquilidad en el rostro acerbo de su marido. El pelinegro frunció ligeramente el ceño; antes de que Sakura consiguiera objetar algo más, Fugaku intervino:

—Sera mejor que vayamos al comedor para acabar con esto de una vez, pero antes, quisiera discutir algunos asuntos en privado contigo, Itachi.

Si algo compartían todos los integrantes de la familia Uchiha, más allá del armonioso parecido, era la mirada oscura, fría, impersonal, tan profunda como un hoyo negro en el universo.

Incomodo, Itachi la contempló; quizá intentaba asegurarse que todo estaría bien, aun cuando la coyuntura marchaba terriblemente mal.

—Estaré bien— resopló, procurando ocultar el hilo de voz—.No iré a ningún lado.

Aunque su respuesta fue vaga, ella solo buscaba tranquilizarlo; lo tomo de la mano y presiono con suavidad. El cuerpo de su marido, todavía tenso por el desazón que sofocaba el ambiente, cedió como de si una marioneta se tratara.

—Regresare en seguida— prometió en tono apremiante.

Itachi desapareció en la sala de la parte posterior, la más pequeña de las dos. Cuando regresó la mirada, se percató de que Mikoto ya no estaba ahí.

Se sintió más tranquila al encontrarse sola. Un suspiro monocorde escapó de la profundidad de su pecho. Ganarse a los padres de su marido seria más complicado de lo que pensaba, tenia la certeza de que Mikoto Uchiha la odiaba, mas no conseguía enumerar los motivos que la orillaran hacerlo.

Resignada, procuró elucubrar alguna distracción que la ayudara a sobrellevar los minutos de espera. Sabia que era de mala educación husmear en habitaciones ajenas, pero desde la estancia oteó las anchas puertas abiertas que daban a la biblioteca. Incapaz de resistirse, dirigió el discreto andar hacia el punto de atención.

Se encontró más a gusto cuando arribó a ese sitio. Era aquel un cuarto sosegado, cómodo; las paredes estaban cubiertas de libros hasta el techo, era esa clase de aposentos de los que es difícil sacar a un hombre que vive solo. Había dos enormes sillones y una vieja chimenea. Los anchos ventanales daban sobre las extensiones de uno de los jardines, y más allá se veía el reflejo distante del mar.

Se respiraba un perfume añejo y tranquilo; una habitación para la paz, para la meditación.

Mientras miraba alrededor del cuarto, trató de adquirir confianza en si misma, darse cuenta de que, en efecto, estaba viviendo eso.

Caminó por la geografía del cuarto absorta en sus profundas cavilaciones. A su campo de visión, ingresó un hermoso búcaro de porcelana azul y blanco, con un patrón del Dragón Binaural, se trataba de una exquisita pieza de arte, tan magnifica como todo lo que se encontraba a su alrededor.

Maravillada por el objeto que, sin lugar a dudas, debía encontrarse en la vitrina de un museo, pasó la punta de los dedos por la gélida superficie, analizando cada detalle con silencioso escrutinio. Sintió que en cualquier momento podría volver Mikoto y sorprender fisgoneando lo ella no tenia derecho a tocar en absoluto.

—Si yo estuviera en tu lugar, no me arriesgaría a tocar nada.

El corazón le dio un vuelco, y dio un respingo asustado, creyéndose descubierta. En un mero acto de instinto, se llevó la mano derecha hasta el pecho. Dirigió una mirada al pasillo donde había surgido la voz. Al cabo de un par de segundos, un hombre joven se presentó ante ella con un sobrio, pero a la vez, despreocupado atuendo: un jersey a punto de cuello alto en color negro, que hacia juego con sus zapatos oscuros y el pantalón de vestir. El cabello, tan oscuro como la lobreguez de la noche, caía a los costados de su rostro, resaltando las etéreas facciones aristocráticas de las que eran poseedores todos los miembros de la estirpe Uchiha. La expresión de su rostro, a pesar de la hermosura antinatural que lo decoraba, era mortalmente seria: tenía los labios fruncidos en una fina línea y la mirada ónix, advirtió ella, apagada.

—Me has dado un susto de muerte– rebatió tartamudeando, atropellándosele las palabras.

—Deberías agradecer que fui yo quien te encontró y no mi madre, ese jarrón ha permanecido en la familia durante generaciones.

Sin un ápice de discreción, lo escrutó de pies a cabeza. Aquel joven que iba elegantemente ataviado de negro, compartía algunas características físicas con su esposo, salvo que, al mismo tiempo, las diferencias entre ambos eran abismales. La concentración con la que la observaba, impedía que cualquier signo de humanidad aflorase a su rostro; no había en él más que frialdad y sombras, la lóbrega de sus ojos tenia la profundidad del cielo en invierno.

—¿Tu debes ser…?— las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Itachi jamás había reparado en los detalles de su familia, lo cual, a simple vista, activaría las señales de alarma en cualquier mortal. No obstante, Sakura no le tomó demasiada importancia al asunto, pensó que, la relación entre su esposo y los de su estirpe era peculiar, rayando en animadversión.

—¿Itachi no te contó sobre mi?— cuestionó. Una especie de turbación se vislumbró en sus profundos orbes, mas desapareció en el instante en que batió las pestañas en un parpadeo, disipando cualquier rastro de sentimientos que pudiese reflejarse en las ventanas del alma.

—No lo hizo— admitió apenada.

Lo miró otra vez, y de nuevo se encontró con los ojos oscuros del pelinegro, tan sombríos que no sabia precisar por qué, pero le daban una sensación de angustia, pues parecían presagiar algo funesto. Intentó sonreír, pero no pudo hacerlo. Se encontraba fascinada por aquella mirada sin luz, en los que no fulguraba ni el más leve destello de vida.

Cuando el pelinegro hizo amago de aproximarse a ella, retrocedió un paso instintivamente. Una sonrisa sardónica levantó la comisura de los labios del muchacho, haciéndolo ver mortalmente hermoso. Aquel gesto era casual, casi indiferente, había algo en él que la hacia crisparse de pies a cabeza.

—Sasuke.

La vos de Itachi retumbó entre las paredes de la estancia, obligando a Sakura a parpadear para romper el inusitado, pero penetrante contacto visual.

No tenia ni puta idea de que era lo que le pasaba. Se encontraba violenta y turbada. Tragó el nudo en su garganta al ver a Itachi acercarse a ella. Una ráfaga irracional de pánico la sacudió cuando su marido, en un acto de mezquina posesión, colocó una mano sobre su espalda, rodeándola ligeramente de la cintura.

—Nii-san— lo llamó el interpelado—.Esperaba una bienvenida más cálida.

La voz apagada y monótona hasta entonces sonó con algarabía inesperada, llena de vida y significado, y apareció una sonrisa imperceptible.

Fue el cambio tan repentino, que le sorprendió y alarmó ligeramente.

—¿Cuándo regresaste?— preguntó Itachi, sonando más brusco de lo que pretendía.

—Hace dos días.

Por un segundo, Sakura tuvo la impresión de que se había convertido en un simple objeto decorativo en esa habitación. Una vez más era desplazada de la conversación, completamente ignorada.

Al igual que la interacción con sus padres, la ilación entre ambos hermanos era anómala, tan impersonal que le costaba imaginar que ambos compartían un lazo fraternal, salvo por las facciones patricias que los hacían lucir como dos gotas de agua.

La pelirosa no supo precisar el cambio que sufrió su cuerpo cuando esos penetrantes ojos negros la divisaron con un profundo e incomprensible interés; sus mejillas empezaron a arder, y su corazón se aceleró.

Itachi, quien se percató de aquel gesto, carraspeó un poco para capturar la atención de ambos.

—Sasuke, ella es Sakura, mi esposa— dijo él, finalmente, atropellando los sentidos de la interpelada—.Sakura, te presento a Sasuke, mi hermano menor.

La idea de recriminarle a Itachi el hecho de ocultarle información tan importante de su vida, pasó por su mente. No obstante, se contuvo. Ya tendrían tiempo de discutir sobre eso en casa.

–Charlamos unos cuantos segundos— se adelantó a responder el pelinegro, mas no hizo un esfuerzo por estrechar su mano o realizar una reverencia.

—¿Sobre que hablaban?— cuestionó el mayor de los Uchiha, enarcando una ceja.

—Nada en especifico— rebatió el menor, dedicándole una mirada contemplativa a la chica—.Supongo que debes ponerla al tanto de muchos temas respecto a nuestra familia.

—Sasuke— llamó Itachi en tono censurador.

—Si va a formar parte de nuestro clan, merece saber algunas verdades, ¿no lo crees?

Itachi estrujó la mandíbula. Por un momento, Sakura imaginó que se desataría una disputa entre los dos, pero estaba completamente equivocada.

—Bienvenida a la familia, Sakura—dijo Sasuke, con la cara inexpresiva, y luego giró sobre sus talones y se marchó, desapareciendo en el pasillo.

Sintió un soplo helado en la espalda, como si alguien hubiera abierto detrás de ella una puerta o ventana. El mal presentimiento afianzado a su pecho solo se acrecentó.

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Dejo caer los zapatos al suelo cuando penetró en la habitación. La sensación aterciopelada de la alfombra bajo sus pies fue extrañamente reconfortante. Sentía como si hubiera estado de pie durante varios días corriendo todo el tiempo; le dolía el pecho y los músculos se le acalambraban como si le faltara azúcar.

Tomó asiento frente al tocador, evitando capturar su propia imagen en el espejo. La velada había transcurrido tan caótica, tal cual como inició. Mikoto la contemplaba con una mezcla de curiosa lástima y despreció, que llegó hacerla sentir todavía más joven y menos madura de lo que hasta entonces había pensado.

Estaba claro que la despreciaba por haberla clasificado, con todo el esnobismo de las personas de su clase, no como una gran daba, sino un ser humilde, tímido y opacado. Pero en aquellos ojos había algo más que mero desprecio; antipatía y, acaso, maldad.

Como una autómata que solo sigue ordenes con el mismo proceder mecánico que una maquina, apartó los pendientes que decoraban el lóbulo de su oreja, resguardándolos en el pequeño joyero de porcelana. Estaba demasiado cansada para continuar pensando en ello, con fortuna la interacción con la familia de su esposo sería limitada, o al menos eso esperaba.

No tuvo mucho tiempo para seguir torturándose. Desde allí escuchó el sonido amortiguado al abrirse la puerta y los pasos de Itachi al adentrarse en la estancia. No había mencionado ni una palabra en todo el trayecto de regreso, lo cual, la hacia sentir increíblemente inquieta.

—¿Quieres hablar sobre lo que sucedió?—La voz de Itachi cortó el aire silencioso de la noche como el pitido de un silbato.

Sakura se volvió de espaldas, hacia el espejo, antes de contestar, y comenzó a cepillarse el cabello otra vez.

—Tus padres me odian— dijo al cabo de un momento—. Sobre todo, tu madre, tal vez en mayor medida que tu hermano.

Alzó la cabeza y vio que estaba mirándola en el reflejo del espejo, al mismo tiempo que comenzaba a desabotonarse la camisa resueltamente.

—Toma un poco de tiempo aclimatarse a ella, incluso es así conmigo—ajeno totalmente a la molestia de Sakura, Itachi se sacó la camisa y se sentó al borde de la cama—. En cuanto a Sasuke, no le hagas caso, puede ser un bicho raro en muchas cosas, y puede que no sea fácil para ti llevarse bien con él.

Ofuscada, dejó escapar en un suspiro la frustración contenida en todo su ser. El matrimonio no era una cuestión sencilla, mucho menos cuando desconocía muchos aspectos de la vida del hombre con el que se había casado.

—No se trata de un tema que pueda dejarse correr como el agua, Itachi, estamos hablando de tu familia.

Colocó el brillante cepillo sobre la bandeja y se puso de pie. Estaba hecha un desastre. Caminó hasta el armario y extrajo un camisón de satén.

—Se que esto es mi culpa, Sakura, debí contártelo antes— dijo al tiempo que se volvía hacia ella, ceñudo, con una expresión extraña en la cara, casi airada.

—¿Qué pasa si tenemos hijos? Nunca serán aceptado por tu familia

—¿A quien le importa? Tendremos nuestra propia familia, nuestras propias vidas. Nada de eso es importante.

Sakura suspiró, cerrando los ojos por un momento.

Tal vez estaba demasiado alterada. Acababan de retornar de una larga luna de miel; tan pronto como pusieron un pie en el aeropuerto de Konohagakure, supo que el cuento de hadas llegaba a su fin. Itachi regresaría a sus labores, en cuanto a ella, comenzaría a buscar vacantes disponibles en cualquier hospital. Los verdaderos retos apenas comenzaban, y la familia Uchiha era uno de ellos.

–Es importante para mi— dijo encogiéndose de hombros.

Itachi la contempló desde su asiento, mudo. Al cabo de unos segundos, abandonó la comodidad del colchón y se aproximó a ella.

–Sakura, te aseguro que no hay nada malo contigo— acarició su mejilla, tomo su barbilla, la alzó, depositando un beso en su frente–. Te prometo que, a medida que pase el tiempo, las cosas cambiaran. Esto es nuevo para los dos.

—Eso ya lo se—concedió sin dar demasiada tregua–.Solo que no quiero hacerte daño. A final de cuentas, ellos son tu familia y yo soy tu esposa, lo ultimo que deseo es someterte en una cruel encrucijada.

—Eso no sucederá jamás, Sakura. Tal como lo has dicho, tu eres mi esposa y, por lo tanto, también eres mi familia– la besó suavemente.

Todo lo que le preocupaba se disipó con aquella sencilla pero genuina muestra de afecto.

Ella se apartó algunos centímetros, luego le sujetó su propia barbilla entre el pulgar y el índice, lo atrajo hacia abajo y le besó con mas contundencia.

—Te amo, Itachi— suspiró contra sus labios en total y absoluta devoción.

—Y yo a ti, Sakura.

Había dejado pasar la conversación. Solo quería olvidarse del puñetero traspié con sus suegros.

Estaba muy cansada. Ya pensaría en eso al día siguiente.

Continuara


N/A: ¡Bienvenidos a esta nueva aventura, gente bonita! Espero que se encuentren muy bien.

Regrese con un nuevo proyecto, un poco arriesgado, a decir verdad, pero en el que he estado trabajando hace tiempo. Me tomó algunas semanas organizar las ideas, pero al plasmarlo todo, las cosas comenzaron a tomar forma.

Debido a que el Summary puede parecer y asco, y que el capitulo no es tan claro, me tomare la libertad de aclarar algunos puntos:

En esta historia podremos apreciar un triangulo amoroso. El fic se desarrolla en un Universo Alterno, pero intentare, en la medida de lo posible, mantener las personalidades de todos los personajes intactas.

El desarrollo puede parecer un poco lento, pero conforme vayamos avanzando los misterios se irán desvelando.

Respecto a las otras historias que tengo pendientes, no se preocupen, no esta en mis planes delegarlas, estoy trabajando en ellas, así que ténganme paciencia y apiádense de esta pobre alma que intenta sobrellevar la universidad en línea.

El fic posee tintes de misterio y thriller, no se parece en nada a lo que he escrito anteriormente, pero es algo que siempre he querido intentar.

Espero que esta primera entrega sea de su agrado, como siempre, cruzó los dedos para que le vaya bien.

Sin nada más que agregar, muchísimas gracias por tomarse el tiempo de leer y darse una vuelta por aquí. Cuídense mucho, nos leemos pronto.

Adiós :3