Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.
Advertencia: El siguiente capítulo contiene material adulto explícito.
Capítulo 2
Esposa
Tras la reyerta de la noche anterior Sakura estaba teniendo sexo con su marido, muy bueno ¡Extraordinariamente bueno!
La afonía que reinaba en la habitación a primera hora de la mañana se rompió con la respiración de Itachi junto a su oído, el aliento cálido bañando su cuello; los pequeños gemidos que brotaban desde las profundidades de su pecho cuando la tocaba.
La tenue luz del amanecer bañó su cuerpo, haciéndolo lucir como un verdadero guerrero, una especie de divinidad tan hipnótica que era imposible apartar la mirada de él.
Itachi era muy estimulante y desinhibido, para quien el deseo y el placer eran tan naturales como comer y respirar. Sin lugar a dudas, se llevó una grata sorpresa al descubrir que ese apuesto e inteligente hombre no solo era perfecto a simple vista, sino que también podía hacerla vislumbrar las estrellas, e inclusive una galaxia entera, con caricias y besos.
—Itachi…— masculló con la voz entrecortada.
El aludido mordió su hombro y se apretó más contra ella; le cubrió la garganta y el hombro de besos a la par que acariciaba sus caderas hasta llegar a su trasero.
La pelirosa contuvo la respiración cuando el miembro viril se abrió paso y empujo contra ella, consiguiendo que comenzara a jadear desesperada e intensamente excitada.
Como si fuese acero que se derretía, el cuerpo de Sakura se relajo y permitió que Itachi entrara entre sus piernas. La respiración del pelinegro era como la de un animal enfebrecido que arrojaba oleadas de calor contra su piel desnuda.
Hundió la cabeza para morder la almohada y no hacer mas sonidos, pero era tan complicado. El miembro de Itachi conseguía estirar y llenarla agradablemente, tal como lo recordaba.
Podía sentir todo su cuerpo temblar de placer. Estaba siendo más rudo de lo habitual, pero le gustaba; la manera en que la tomaba, la forma en que gruñía. Itachi parecía estar cada vez más atormentado, como si ella no estuviese lo suficientemente cerca de él, como si deseara fundirse en un solo cuerpo.
—Oh dios, joder— suspiró en un tono estridente, próximo al alarido.
—¿Demasiado duro?— cuestionó Itachi contra su oído.
Trató de negar con la cabeza, mas le fue imposible, con su rostro hundido en la almohada, todo lo que pudo hacer fue gemir e implorar que él entendiera. «Más», pensó, a la par que descendía su torso desnudo hasta entrar en contacto con las sábanas arrugadas.
Tal vez le leyó la mente, o quizá no pudo evitarlo; Itachi aferró una mano en la cabecera, manteniéndose firme mientras la velocidad de las estocadas incrementaba. Sakura mordió sus labios al notar como él pelinegro se frotaba constantemente contra su sexo húmedo, sensible e hinchado. Intentó llevar una mano entre sus piernas, aquella almohadilla de nervios reclamaba su atención, impaciente.
—Mierda— gimió de nuevo, esta vez con vergüenza. El Uchiha tomo eso como un estimulo.
Presionó los labios contra su nuca, notando como se tensaba en su interior, emitiendo un sonido que salió de muy dentro de su pecho; un embate largo y vibrante, un intenso temblor mientras él la llenaba de vida.
Agitados, colapsaron sobre la cama. El peso del cuerpo de Itachi la oprimía, mas no de manera desagradable.
—Sakura— dijo entre jadeos; el cálido aliento contra su cuello, provocando que sus sentidos adormecidos se estremecieran una vez más.
—¿Estas planeando despertarme así todas las mañanas?— cuestionó divertida.
Con un ágil movimiento, el azabache regresó al lado vació de la cama. Sakura permaneció tendida sobre la espalda, desnuda de la cintura para arriba, con una sábana cubriéndola hasta el ombligo. Su pecho se alzaba al compas de su errática respiración.
Itachi se rió y la atrajo hacia si, rodeándola con los brazos y besándole el cuello.
—No es una mala idea— concedió el pelinegro con neutralidad.
—Por supuesto que no— asintió, sumergiéndose en la incandescencia que desprendía su cuerpo, saboreando la mezcla de olores que circulaba por la habitación.
La vida con Itachi era una promesa perpetua en la que Sakura se sumergía con jubilo y pasión. Su relación había sido explosiva desde el principio, como la propia pelirosa, que no concebía un amor que no fuera apasionado, pasajero y fácil de zanjar.
—Sera mejor que tome un baño antes de que se haga tarde— dijo Itachi soñoliento.
—¿Iras a la oficina?
—Daré una vuelta por el despacho, hay algunos asuntos que debo resolver— soltó, pero sin mucha pasión—.Regresare antes de la cena.
Antes de que ella pudiese replicar, el pelinegro se removió bajo las sabanas, indicándole que era la hora de regresar a la realidad.
Con un gruñido, Sakura lo liberó y poco tiempo después, con la misma animosidad de su marido, abandonó el lecho.
Entró en el baño, un espacio inundado por la luz del día totalmente revestido de mármol blanco glaciar. Al centro de la geografía del cuarto se ubicaba una bañera blanca ovalada y en la esquina, una ducha con efecto lluvia.
Permaneció de pie cerca del lavamanos, atisbando con detenimiento el cuerpo desnudo del pelinegro. Notó el calor precipitarse a su rostro, aun le resultaba extraño contemplarlo así, no podía evitar sonrojarse como una colegiala al verlo desnudo. Él lucia tranquilo, tan impasible como de costumbre.
Impulsada por el repentino bochorno, o quizá por el ápice de pudor intrínseco a su ser, sintió la vehemente necesidad de cubrirse; estaba totalmente desnuda, ni siquiera llevaba una manta o talla anudada en la cintura o sobre el pecho, dejando al descubierto la apostura de sus curvas.
—¿Acudirás a ver a tu antigua mentora?— preguntó Itachi desde la ducha, sin despegar sus ojos negros de los esmeraldas de Sakura.
—¿Te refieres a Tsunade-sama?— él asintió—. Me reuniré con ella al medio día para almorzar.
El hombre la observó con franca avidez, tal como lo había hecho esa mañana antes de comenzar con su intensa sesión de sexo. En el baño comenzaba a subir la temperatura por el vapor que emitía el agua tibia de la ducha. Suspiró, lentamente, deleitándose con la hermosa vista que representaba Sakura.
—Sería beneficioso para ti, quizá consigas un puesto dentro del Hospital— masculló mientras pasaba la barra de jabón por su torso y descendía hasta su abdomen.
Sakura sonrió con gracia a la vez que recargaba su cuerpo contra el alicatado del lavamanos y veía como Itachi empezaba a extender Shampoo por su larga cabellera azabache.
—No lo se— murmuró una vez que su marido reingreso a la aspersión—, no quiero utilizar la relación con Tsunade a mi favor.
Esta vez quien sonrió fue Itachi.
—No lo harías, el hospital debería considerarse realmente afortunado al tenerte.
Sakura rodó los ojos.
—Lo dices porque soy tu esposa— dio media vuelta para alcanzar el cepillo de dientes.
—Lo digo porque se lo capaz que eres, he visto ese potencial muchas veces.
La ojiverde esbozó una sonrisa. Lo observó a través del espejo con atención y solo vio lo que más admiraba en él. Se le humedecieron los ojos al recordar, casi con dolorosa intensidad, las emociones que Itachi había despertado en ella durante sus primeros tres meses juntos. Su relación, alimentada por una sexualidad exuberante y desenfrenada, se había estrechado aun más en torno a la vida en común.
—Oh, por cierto— recordó ella de repente—. Debo hacer la renovación de mis anticonceptivos, hoy es el ultimo mes, así que necesito que firmes la receta— se enjuagó la boca, escupió y dio tres golpecitos a lado del lavabo.
El pelinegro enredó la toalla alrededor de su cadera.
—¿En verdad lo piden?— cuestionó arqueando una ceja, incrédulo.
—Si, hay una línea para esposo— lo apuntó con el cepillo de dientes y se encogió de hombros.
—Es ridículo— resopló.
Sakura cruzó los brazos a la altura de su pecho y lo atisbó desenvolverse entre esas cuatro paredes como un pez en el agua.
Tanto ella como Itachi habían coincidido con la idea de tener hijos cuando llegara el momento apropiado. Ambos eran jóvenes, acababa de cumplir veintisiete años e Itachi alcanzaría los treinta y dos dentro de un par de meses; formar una familia era un plan lejano, al igual que vender la casa e irse de viaje por el mundo.
Planeaban tener un solo hijo. Sakura encontraba cierta arrogancia en ese hecho, pero Itachi argumentaba que un hijo o hija era tan especial que contribuiría al mundo igual o más que un numero indeterminado de niños.
La propia Sakura era hija única, claro. Sus padres no le habían insuflado precisamente una tremenda autoestima, y se había sentido a menudo muy abandonada, o, mejor dicho, sola. Pasaba tardes enteras sola en casa, y también durante los veranos en la casa del lago. Sola con papá. Sola con más. El poder y las embrolladas complicaciones de las relaciones entre hermanos la fascinaban, en especial la que su esposo tenía con Sasuke, a quien conoció la noche anterior.
—Aunque no tengo que recogerlas— comentó con neutralidad.
—¿Quieres dejarlas?— el rostro del pelinegro se iluminó repentinamente. Por un instante, Sakura atribuyó ese gesto a la luz que imperaba en la habitación, pero el indómito brillo en sus ojos le permitió entrever que la emoción era genuina.
—No lo sé— se encogió de hombros— ¿Crees que podría ser?
—¿Podría ser?— la comisura de sus labios se elevó en una sonrisa media, mortalmente seductora.
Antes de que pudiera responder, Itachi la atrajo hacia él, rodeando con un brazo su cintura al mismo tiempo que levantaba su barbilla y la besaba tiernamente.
El corazón de Sakura dio un vuelco.
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Oteó las insulsas plantas, algunas moribundas, que crecían sin orden en las macetas de las ventanas. La dejadez era totalmente intencionada en la casa de Ino Yamanaka, la cual ocupaba su lugar en una calle tranquila y frondosa entre dos grandes mansiones de piedra rojiza que desde la dignidad de sus exquisitas plantas y ventanas resplandecientes parecían contemplar con resignación a su descuidada vecina.
Lo cierto era que la rubia no poseía un don para las plantas, algo bastante irónico para una persona que había crecido rodeada de flores y vida en la floristería de la familia Yamanaka.
Con ese pensamiento en mente ingresó al vestíbulo de ascensores levemente iluminado. Presionó varias veces al botón de llamada del ascensor descompuesto. Aquel edificio era tan antiguo como todos los que se alzaban en la zona céntrica de la ciudad. Finalmente, llegó el elevador.
Dejó escapar un largo suspiro cuando el ascenso comenzó, estaba preparándose mentalmente para el implacable embate de preguntas que su mejor amiga tendría preparado para ella, había transcurrido más de un mes desde la ultima vez que se vieron y, por lo tanto, la rubia aguardaba ansiosa su llegada para escuchar hasta el más ínfimo detalle de la luna de miel y su vida de casada.
En el piso diecisiete, las puertas del elevador se abrieron para revelar un vestíbulo iluminado con fluorescentes. Armándose de valor, se desplazó por el pasillo hasta llegar a la desgastada puerta de madera.
Llamó con dos golpes firmes y aguardó paciente.
Cuando la despampanante rubia le abrió la puerta, Sakura comprobó que la desafiante dejadez de la fachada se convertía en un implacable desorden en el interior. Un caos que comenzaba desde la entrada con las abultadas bolsas de ropa que impedían que la puerta se abriera completamente, y continuaba a lo largo del pasillo abarrotado con libros de medicina, prendas de vestir y zapatos desperdigados. La elegante casa de estilo neoclásico pedía a gritos un poco de orden.
—Gracias a Dios estas aquí, frentona— dijo riendo—. Por fin acabaras con esta intriga.
Ino envolvió sus hombros con ambos brazos, atrayéndola hacia ella en apretado abrazo que por poco acaba con el aire en sus pulmones.
—Demasiado estrecho— masculló—¿Tan aburrida ha sido tu vida sin mi, cerda?
—Eso quisieras— rodó los ojos. Sakura la siguió de cerca por el pasillo hasta llegar a la amplia estancia iluminada— ¿Quieres un poco de champagne? Me asegure de adquirir una de las mejores botellas para esta ocasión especial.
Sakura sonrió, pensando que aquella acumulación debía ser, sin lugar a dudas, completamente deliberada. Los montones de zapatos en desuso, la pila de ejemplares de revistas medicas y de arte, a punto de venirse abajo, las abultadas bolsas de las boutiques que obstruían el paso a las escaleras.
—Eso sería perfecto— coincidió, buscando un espacio libre para tomar asiento.
—¿Y bien? ¿Cómo estuvo la luna de miel?— quiso saber Ino desde el otro lado de la cocina. Vertió un poco de la bebida espumosa en dos copas que acababa de sacar del lavavajillas.
—Grandiosa— se limitó a contestar mientras tomaba asiento en el sofá de terciopelo olivo.
—Oh, vamos— bufó Ino reingresando a la sala con las bebidas en mano—.Pasaste un mes entero viajando a distintos lugares, acompañada de un verdadero espécimen de hombre, eso sin añadir que fueron treinta días de buen sexo.
La pelirosa tomó su copa y lanzó una carcajada; esa era Ino, su desinhibida y temperamental mejor amiga. Tan impulsiva a sus veintisiete años, como lo había sido a los diez, cuando la conoció en el colegio y ella ahuyento al grupo de niños que la acosaba.
—Eres una pervertida, no voy a reparar en los detalles de mi vida sexual con Itachi— hizo un gesto juguetón; su rostro se sonrojó hasta convertirse en lo más parecido a un tomate.
—¡Pero si eso es lo más interesante!— reprochó.
La pelirosa sacudió la melena, no sin antes soltar una risa que no pudo evitar.
—De cualquier forma, ¿Dónde se encuentra Sai?
—Salió de la ciudad durante unos días, al parecer, un pez gordo esta interesado en sus obras y quiere patrocinarlo, así que esta en Sunagakure —explicó Ino.
—Son buenas noticias ¿no?— dijo Sakura, bebiendo un sorbo de licor.
—Lo son…— dejó la frase sin acabar y se encogió de hombros con gesto aniñado—.Parece que las cosas están saliendo bien, considerando lo de la muerte de mi padre.
Un ápice de tristeza decoró las aristocráticas facciones de la rubia; los últimos meses habían sido caóticos en la vida de su mejor amiga, orillándola a recaer en un cuadro de depresión severo.
Bajo su amplia sonrisa y personalidad carismática , Ino se enfrentaba a un grave trastorno de ansiedad y una depresión paralizante, Sakura era una de las pocas personas a las que les permitía ver esa parte de ella. Era como si Ino se guardara todo su dolor y angustia durante meses y los soltara sobre ella cuando se reunían. Para cualquier otra persona, aquello habría sido una situación insoportable, pero Sakura estaba tan habituada ya que casi no recordaba una vez en la que la rubia no estuviese oscilando entre los más extremos altibajos.
—En fin, no quiero seguir hablando de mi. Mejor cuéntame sobre cómo es la vida de casada.
Incapaz de contenerlo un segundo más, Sakura permitió que el aire contenido en sus pulmones escapara en un suave y pausado suspiro.
—Todavía me parece irreal, ¿sabes?, es como si estuviera atrapada en un sueño— respondió mientras le daba otro sorbo a la copa de champagne.
—Cualquiera pensaría lo mismo, frentona— dijo Ino arqueando las cejas.
—Aun así, no puedo evitar sentirme inquieta— reconoció Sakura viéndola de reojo mientras las dos bebían plácidamente, bajo la cálida luz de los rayos del sol que ingresaban por el amplio ventanal de la estancia.
—¿Sucede algo malo?— la rubia frunció ligeramente el entrecejo, extrañada.
—Conocí a la familia de Itachi la noche anterior y fue un completo desastre— Sakura apenas sabia qué decir. Se sentía un poco avergonzada al admitir que la familia de su esposo no era como la imaginaba.
—¿Qué tipo de desastre, Sakura?— cuestionó la rubia en voz baja, como si alguien fuese capaz de escucharlas, aun cuando solo se encontraban ellas dos en el apartamento.
—Uno muy grande y horrible— bebió el resto de la champaña de un golpe—.Mis suegros parecen detestarme, en especial Mikoto, no dejaba de mirarme de esa forma tan… horrible, como si quisiera asesinarme.
El simple hecho de recordarlo le removía las entrañas.
—Hey, vamos, eso sucede a menudo. Algunas madres son muy unidad a sus hijos, puede que este sea el caso de Mikoto e Itachi.
—No creo que se trate de eso, Ino, inclusive tu podrías verlo— dijo Sakura encogiéndose de hombros, incomoda.
Ino dispuso la copa vacía sobre la mesita de cristal y tomo la mano de Sakura, entrelazando sus largos y finos dedos con los de ella.
—No te des por vencida, frentona, puede que la noticia de la boda también los haya tomado por sorpresa, su unión fue abrupta, precipitada, tal vez piensen que tu eres una especie de caza fortunas— dijo Ino en un tono comprensivo, casi maternal.
—¡Por supuesto que no lo soy!— exclamó ofendida—. Cuando me casé con Itachi no lo hice pensando en el dinero, sino en lo que siento por él.
—No estoy poniendo ese hecho en tela de juicio, jamás me atrevería, pero los padres de tu esposo si.
Sakura se sintió invadida por la culpa. Esa culpa que sentía cuando estaba segura de no haber hecho nada malo, o casi segura por lo menos. La gente ocultaba sus fragilidades.
Pensaba que todo esto se debía en gran parte a la familia donde creció su marido: unos padres que, evidentemente le dieron apoyo, pero lo maltrataban emocionalmente, y un hermano que, aparentemente, eligió cortar todo vinculo con él.
—¿Qué tengo que hacer, Ino?— indagó en una suplica.
—Tranquila, Sakura, no debes consternarte— acarició la espalda de la aludida en un intento por brindarle consuelo—, eres más que eso. Puede sonar un tanto ridículo de mi parte, pero debes demostrarles que no permitirás que te amedrenten.
Cuando elevó el rostro en busca de la afable mirada cerúlea de su amiga, arrugó la nariz; un gesto que solía hacer cuando no estaba del todo segura.
—Hay algo que no termina de convencerme— mordió incesantemente la uña del dedo pulgar, una manía que había adquirido de su antigua mentora—¿Por qué Itachi se empeñaría a no inmiscuirme con su familia?
—Tal vez por el hecho de qué los conoce y podía entrever lo que sucedería— conjeturó.
—Familia es familia.
—Lo es, sin embargo, eso no quiere decir que tu esposo sea ciego e incapaz de contemplar el tipo de personas que son.
Sakura dedicó un momento a pensar en lo que Ino acababa de decir.
—Tal vez estoy exagerándolo todo ¿no crees?— negó con la cabeza—. Todo este asunto es importante para mi.
—Y no debes sentirte culpable, sabias muy poco de Itachi cuando se casaron, no me impresionaría que ahora que ambos están juntos quisieras saber todo de él.
—Tengo la impresión de que Itachi no quiere que lo sepa todo— su voz sonó quebrada, dolida y, por demás, culpable.
—Tienes toda una vida para conocerlo, solo dale tiempo al tiempo— recitó la rubia una vez más.
Quizá Sakura debía acostumbrarse a eso, a dejar que la gente se apartara de su lado.
Sakura volvió la cabeza para mirar el paisaje urbano enmarcado por la ventana.
—Ni siquiera sabia que tenía un hermano— soltó de bocarrajo.
—¿Jamás lo mencionó?— preguntó Ino, sorprendida, incapaz de ocultar el estado de estupefacción del que era presa.
—En ninguna ocasión. Lo conocí ayer, en la cena.
—¿Es una especie de criminal o algo por el estilo?— quiso saber.
Por el tono de sus palabras, la pelirosa supo que aquella pregunta era irónica, sarcástica, no obstante, Sakura desconocía quien era realmente el sujeto que la había cautivado la noche anterior.
—No lo se— respondió con vaguedad—.Incluso después de la cena, Itachi no mencionó nada al respecto.
—Eso es extraño.
—Muy extraño.
Sakura se resignó ante las circunstancias. Respiró hondo.
—Oye, frentona— la llamó Ino mientras reclinaba la espalda en el sofá. Sakura le dedicó una mirada curiosa, verdaderamente interesada en lo que estaba a punto de decir—¿Es guapo?
—Ino— la censuró.
La aludida estalló en risas.
—¿Qué pasa?, solamente pregunté si es bien parecido— se excuso.
—Es el hermano de mi esposo— le recordó.
La rubia puso los ojos en blanco.
—Pero eso no te hace ciega, además, es una pregunta sencilla, no es como si te gustara ¿o sí?
La pelirosa sabia que Ino estaba haciendo eso para molestarla, disfrutaba contemplarla ofuscada, siempre buscaba la manera de inmiscuirla en situaciones verdaderamente incomodas, en especial cuando de hombres se trataba.
—Eres imposible— rezongó Sakura.
—¿Y bien?— insistió.
—Lo es… es bastante atractivo— reconoció, notando como sus mejillas ardían por el sonrojo.
—Se cuidadosa, Sakura, puedes ver todo lo que quieras, pero no tocar.
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Pasó los dedos por los lomos de piel perfectamente dispuestos sobre la librería minimalista de caoba. Se había asegurado de traer consigo los pesados y gruesos tomos de compendios médicos, los mismos que adquirió a lo largo de su carrera.
Tomó los pesados ejemplares y se puso a buscar con la mirada un sitio donde colocarlos en el estante. No quedaban muy bien en aquel amplio cuarto atestado de tratados de arquitectura y epitomes de arte. Pero no importaba. Después de todo, Itachi se tomó la molestia de hacer un espacio para ella. Los colocó en fila, dispuestos por volúmenes, tamaños y colores. Retrocedió para ver qué tal quedaban, solo para percatarse que los más importantes faltaban.
Arrugó el entrecejo, confundida. Echó un vistazo a las cajas vacías para aseverar que todo estuviera en su lugar; la contracción entre ceja y ceja se hizo más pronunciada al recordar que había resguardado todas sus pertenencias en distintos embalajes antes de marcharse a la luna de miel, inclusive dejó algunas indicaciones con su madre respecto al manejo y la disposición de los mismos, era imposible que las piezas faltantes estuvieran perdidas.
Con largas y parsimoniosas zancadas, se dirigió a la cocina; el aroma de las especias y la mezcla de los ingredientes la envolvió al adentrarse en la habitación. Itachi estaba dándole la espalda, demasiado concentrado en su labor para percatarse de su presencia. Sakura sonrió para sus adentros al vislumbrarlo en esa faceta, aquella era una de las actividades que ambos disfrutaban realizar juntos, pero ella simplemente adoraba que su marido preparara la cena para ella, en especial después de un largo día de trabajo.
—Itachi— lo llamó para atraer su atención.
—¿Sí?— la contempló por encima del hombro sin girar el cuerpo completamente.
—¿Estás seguro que todas mis cosas se encuentran aquí?— mordió su labio inferior.
—Si, los hombres de la mudanza trajeron todas las cajas del apartamento, ¿Por qué?
—Empaqué cinco cajas con libros y solo hay cuatro en el estudio.
—Deben estar en el sótano— dijo el pelinegro fijando sus ojos en la Sakura—.Si quieres puedo bajar a buscarlas después de la cena.
Sakura sonrió.
—No— su cabello, sedoso y brillante, se movió al compas del movimiento de cabeza—.Iré yo, no le temo a la oscuridad.
Movida por un impulso repentino, regresó al vestíbulo, doblo la esquina, pasó bajo el arco junto al estudio, por la puerta del ala poniente, y siguió por el pasillo oscuro y silencioso, hasta llegar al cuarto de lavado, que, a su vez, resguardaba la entrada al sótano.
Giró el picaporte y penetró en las penumbras; tanteó la pared en busca del apagador; la luz parpadeó, oscilante, el foco era viejo, el halo amarillo que desprendía le confería a la habitación un efecto sepia, como el de las películas antiguas.
Bajó la escalera de prisa hasta el sótano. El lugar era pequeño y estaba atestado, aunque limpio y bien organizado. Otra característica que ambos compartían era su amor por el orden, Itachi era un hombre meticuloso, rara vez disponía las cosas en sitios diferentes, por un momento a Sakura la embargó la idea de que podría tratarse de un Trastorno obsesivo-compulsivo, pero la desechó tan pronto como se dio cuenta que aquello no era nada más que acciones realizadas automáticamente, inculcadas y arraigadas gracias a una educación inflexible.
Todo estaba apilado en cajas de plástico transparente con sus correspondientes etiquetas. Lo único que desmerecía allí eran unas cuantas cajas de zapatos apiladas en el rincón, debían pertenecer a su esposo, aunque Itachi no parecía ser esa especie de persona sentimentalista, que resguarda objetos con tal de mantener vivo el recuerdo.
Gracias a las etiquetas de las cajas encontró los libros que necesitaba. Alcanzó un pequeño banco de madera para alcanzar el receptáculo que estaba en el estante más alejado del suelo. Aquella acción supuso un esfuerzo mayor del que había imaginado, sin embargo, sonrió victoriosa al tenerla entre sus manos.
No obstante, la escalera improvisada comenzó a tambalear. En un acto reflejo, Sakura descendió tan rápido como pudo, dándose un buen golpe en el codo contra los estantes.
Sakura dejó caer la caja y se frotó el área afectada, que le dolía de verdad, estaba segura que dentro de unas horas aparecería un horrible cardenal. Echó un vistazo a las repisas, solo para asegurarse que las demás cajas continuaran en su lugar.
Cuando se agachó para tomar nuevamente sus pertenencias, le llamó la atención ver un sobre grisáceo.
Lo tomó y analizó la caligrafía; las palabras escritas con un bolígrafo negro eran tan finas que fue casi imposible identificar si aquella carta era suya o de Itachi. El sobre estaba sellado, «¿Cuándo fue escrita?», se preguntó. Parecía antiguo, como si se tratase de una reliquia tan antigua como la vida misma.
Colocó el pedazo de papel debajo de la tenue luz, una fina película de polvo la cubría; pasó un dedo por la superficie, descubriendo la perfecta caligrafía que no pertenecía a ella ni a Itachi.
Para el amor de mi vida, Itachi.
Soltó una carcajada y se interrumpió bruscamente, como si estuviera en una reunión y se hubiera reído de algún comentario de alguien, pero luego hubiera descubierto que no tenia gracia, sino que se trataba de algo muy serio.
Volvió a leerlo: Para el amor de mi vida, Itachi, y, curiosamente, por un momento, notó que sus mejillas se encendían. Era como si se hubiese topado con algo vergonzoso. Quizá se trataba de una carta escrita por una vieja novia, tal vez de sus días en el instituto. Sin lugar a dudas, su marido era un hombre apuesto, no le sorprendería que fuese popular entre el publico femenino. Aun así, jamás había mencionado la existencia de un viejo amor, al menos no lo suficientemente importante para traerlo a coalición.
¿Qué sería lo que contenía la carta?, decidió abrirlo en ese mismo instante, sin pensárselo dos veces, del modo en que en ocasiones se llevaba a la boca el ultimo bizcocho de chocolate, antes de que su conciencia tuviera tiempo de reaccionar contra su impulso.
Tragó el nudo atestado en su garganta. Hurgar entre los recuerdos de su marido no era correcto, mucho menos si se trataba de viejos amores. Sería ingenuo pensar que ella era la primera mujer en su vida.
Irresoluta, pensó que, si tal vez abría la carta, volvería a concentrarse, ¿Qué podía pasar si echaba un vistazo? Cualquier mujer desvelaría su contenido sin pensar.
«De ninguna manera, Sakura. Seria una falta total de respeto a tu marido. No debes abrirlo» gritó su voz interna, tan moralista como la recordaba.
Su teléfono celular comenzó a sonar. Al sacarlo de la bolsa trasera de su pantalón, se percató de que había perdido completamente la noción del tiempo.
Traspapeló el sobre entre las paginas de uno de los pesados tratados de medicina interna y regresó a la parte superior de la casa.
En cuanto salió del cuarto de lavado volvía a verse atraída y arrastrada por la veloz corriente de su vida. Colocó la caja cerca de las escaleras y regresó a la cocina.
Las inquietudes se disiparon de su mente cuando se aproximó a Itachi. Lo rodeo con ambos brazos por la cintura y recargó el rostro contra su espalda. Sakura sonrió al sentirlo tan cerca.
—Huele delicioso— masculló.
—Es mi especialidad— respondió el pelinegro, orgulloso.
— No solo me refería a la comida— bromeó.
Por un momento pensó en mencionarle la carta, sin embargo, llegó a la conclusión de que no había que sacar las cosas de quicio y, por supuesto, ella no iba abrirla dejándose llevar por pura curiosidad.
—¿Encontraste todo lo que necesitabas? — cuestionó. Una sonrisa media adornaba sus lindas facciones.
—Así es.
Ambos tomaron asiento en la mesa de la cocina. Durante el transcurso de la cena charlaron de los acontecimientos más trascendentales de su día; Itachi había acudido al despacho para asegurarse que nada estuviese fuera de control tras un mes de ausencia, en cuanto a ella, la reunión con Tsunade salió mejor de lo que esperaba, estaba segura que obtendría un puesto en el hospital y formaría parte del equipo de diagnostico más prestigioso de Konohagakure.
Cuando finalizaron, los dos se dispusieron a resguardar las sobras de la comida y lavar los trastes.
—He encontrado una carta— dijo Sakura de pronto.
Restregó la esponja enjabonada por la extensión de porcelana. En cuanto lo miró de reojo supo que iba a indagar en ese asunto en cualquier momento.
—¿Qué carta?
—Una carta tuya, bueno, no que la hayas escrito tu— explicó Sakura. Intentaba parecer despreocupada y distendida, para que la situación no se le fuera de las manos, para que el contenido de la carta no significara nada, no cambiara nada— ¿Hay alguna ex novia de la que deba preocuparme?
La pareja se sumergió en un silencio consternado. Por un momento creyó que Itachi había abandonado la cocina, pero podía sentir la calidez que irradiaba su cuerpo no muy lejos de ella.
Se le encogió el estomagó al percatarse que la mención de la epístola consiguió tensarlo de pies a cabeza, como la cuerda de un arco.
—¿Itachi?— lo llamó. La algarabía que minutos atrás decoraba su rostro se había diluido en una mueca mortalmente seria.
—¿La has abierto?— su voz sonó leve, pero imperturbable.
—No… no me correspondía hacerlo.
Lo notó pesaroso, como si sintiera algún tipo de remordimiento.
Nuevo silencio. La afonía que reinaba en la habitación era interrumpida de cuando en cuando por el sonido de los platos y los cubiertos.
—¿Dónde la guardaste?— preguntó de repente sin mirarla.
—En el sótano— había procurado adoptar un tono intrascendente, pero le salió chillón. Ino solía decirle que su voz se volvía aguda cuando mentía—, precisamente en el sitio donde la encontré.
Restregó sus manos contra la toalla para apartar el exceso de humedad remanente en ellas. Mordió su labio inferior, los hombres podían ser muy recelosos con sus asuntos emocionales.
Conjeturó que, la encíclica que yacía entre las paginas de uno de sus libros, era sumamente significativa para su marido, después de todo el primer amor nunca se olvidaba.
No tuvo tiempo suficiente para continuar atormentándose con inquisiciones de ese tipo, en un acto reflejo, encaró al pelinegro y acunó su rostro, dibujando caricias trémulas con sus fríos dedos, dejándolo boquiabierto.
—¿Hay algo por lo que deba sentirme consternada?— empleó ese tono inquisitivo que tanto la irritaba.
En un gesto bizantino, Itachi colocó una mano sobre la de ella, permitiéndole vislumbrar la alianza que decoraba su dedo anular, la prueba de una promesa inquebrantable.
—No, solamente estoy actuando demasiado aprensivo— una sonrisa fingida estiró la comisura de sus labios—. Será mejor que acabemos con esto y vayamos a la cama.
Sakura suspiró. Había mentido porque no quería perder la oportunidad de leer la carta, siempre y cuando decidiera hacerlo, puesto que, al igual que ella, tenía la certeza de que Itachi no estaba hablando con la verdad.
Continuará
N/A: ¡Saludos a todos! Espero que la vida las trate amablemente :3 es bueno estar nuevamente con ustedes.
Quisiera agradecer profundamente el cálido recibimiento que tuvo la historia, la cantidad de reviews que obtuvo en el primer capitulo fue impactante (al menos para mi jaja), no saben cuanto me alegra saber que la idea es de su agrado, si bien apenas esta comenzando, les aseguro que el desarrollo de la historia es entretenido.
Ahora bien, creo que desaparecí durante un mes, aunque a mi me pareció una eternidad. Lo cierto es que mis obligaciones personales se interpusieron, impidiéndome encontrar tiempo libre para sentarme a escribir, pero no voy a agobiarles con esto, así que solo me queda agradecer su infinita paciencia 3
Dicho esto, es momento de dejar algunas notas sobre los puntos interesantes que encontré en sus comentarios:
La inspiración de esta historia surgió, principalmente de la novela Rebeca, escrita por Daphne Du Maurier, conforme iba plasmando las ideas centrales comencé a indagar en diferentes obras de misterio, thrillers, novelas negras, de todo un poco. Es la primera vez que incursionó en el género de misterio, así que, les pido paciencia jeje.
Como lo habrán notado, la piedra angular del fic es la relación de Sakura con los Uchiha. Itachi es la pieza principal del rompecabezas, pero habrá otros personajes que contribuirán, de cierta forma, a todo el caos que los rodea.
Recuerden que existe un triangulo amoroso, ¿cuándo sucederá? Ya lo descubriremos.
Me gustaría desvelar más información, pero terminaría haciéndoles un rotundo spoiler y acabaría con el encanto.
He visto que tienen teorías sobre las posibles razones que llevaron a Itachi a alejarse de su familia y el porqué los Uchiha actúan de esa manera, así que, no duden en escribirlas :3 puede que estén en lo correcto.
Realmente estoy emocionada de mostrarles todo lo que se avecina, quisiera escribir más rápido y disponer de más tiempo.
Espero que este capitulo compensara la espera. Regresare pronto con otra actualización.
Mil gracias por sus comentarios, me encanta leer lo que piensan, las sugerencias, dudas o consejos que me otorgan, estén seguros de que estoy al tanto de ustedes.
Les envió un fuerte abrazo, ¡cuídense mucho y nos leemos pronto!
¡Bye!
