Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Parte III

Capítulo 13

Ni pasado ni futuro, sólo presente

Mantuvo la mirada esmeralda fija en la urna mientras las personas se desplazaban alrededor de ella.

La casa estaba tan llena que, cuando ocasionalmente subía el murmullo de la conversación, todo aquello adquiría la incomoda apariencia de una fiesta, hasta que el gentío bajaba la voz de golpe, como si alguien hubiera manipulado un botón invisible de volumen.

La gente la miraba curiosa. Quería conocer las causas de la muerte tan repentina de su madre, naturalmente, sobre sus últimos días y la enfermedad, pero no se atrevían. De momento, los detalles del fallecimiento de Mebuki no importaban, sólo la cruda realidad de que ella estaba muerta y Sakura se encontraba sola.

Dio un respingo asustado cuando el peso de una mano recayó sobre su hombro, obligándola a salir de sus pensamientos.

Asustada, volvió el rostro hacía la persona que demandaba su atención, percatándose que se trataba de Itachi.

—Toma, te vendrá bien beber un poco.

—No, no quiero nada en este momento— replicó, negándose rotundamente a tomar la taza de té que él le ofrecía.

—Sakura, por favor— insistió el azabache a la par que tomaba asiento a lado de ella.

Itachi dejó la taza sobre la pequeña mesa de cristal que estaba frente a ellos.

Lo único que Sakura deseaba era que el día llegará a su fin. Necesitaba descansar un instante, cerrar los ojos para olvidar el drama alrededor de ella, alejarse de la cruel realidad.

No se oía ni un ruido en la sala, excepto el de las charlas sosegadas. Luego escuchó el reloj de Itachi, pegado a su oído. Ruidos corrientes, ruidos iguales que los de cualquier otro día. Aquella era la única sonata compuesta; el tictac del reloj, las voces apagadas.

Había escuchado decir que cuando se experimenta un shock grave, o cuando se recibe un golpe violento, una herida mortal, o cuando una persona perdía una extremidad, al principio no se percibía nada. Si llegaban a cortarle una mano, no se enteraba durante algunos minutos que la había perdido, y seguía creyendo notar los dedos. Creía estirar la mano, teclear con los dedos y estirarlos sin percatarse de que ya no tiene mano ni dedos, lo ha perdido todo.

Se encontraba postrada en el sofá, junto a Itachi, el cuerpo de la pelirosa contra su cuerpo, las manos sobre su regazo, sin notar nada en absoluto, ni miedo, ni horror. Nada. Estaba pensando en todo el papeleo del que debía encargarse en los días posteriores a la muerte de su madre. A ella misma le pareció extraordinario estar pensando en tales cosas: las conversaciones, el reloj de Itachi, los asuntos legales, y le avergonzó no sentir emoción y al absoluta ausencia de preocupaciones.

—Itachi— llamó a su esposo en voz queda—.Necesito hablar con el abogado de mi madre.

—No te preocupes por eso ahora— masculló el aludido, acariciando su espalda de arriba hacia abajo en un intento por tranquilizarse—.Shisui se está encargando de todo el papeleo legal.

Poco a poco, quizá dentro de un rato, le volverían los sentidos y comprendería todo. Cada cosa se colocaría en su sitio, como piezas de un rompecabezas, para formar un cuadro decentemente comprensible. Pero, por el momento, era como si no tuviera corazón, ni cabeza, ni sentidos; como si fuese una muñeca de trapo que Itachi tuviera en sus brazos.

—Sakura— masculló Ino.

Instintivamente, la aludida se levantó de su asiento sin pensarlo demasiado, reaccionando como una autómata a la voz de su mejor amiga.

—¿Ya te vas?— preguntó en un tono de voz quedo.

—Me temo que si— se encogió de hombros, apenada—.¿Necesitas ayuda con algo?— inquirió.

Probablemente, la presencia de Ino le ayudaría a disipar un poco el dolor, tal vez llenaría ese vacío instalado en su pecho.

Resignada, Sakura exhaló un suspiro.

—No, todo esta bajo control.

Ino se le quedó mirando un momento. No quería irse, pero comprendía que su presencia supondría un estorbo para las tareas posteriores que la pelirosa debía realizar.

—¿Estas segura?— se inclinó un poco para excluir a Itachi de la conversación. Aquella pregunta acarreaba una acusación implícita, como si se tratara de una respuesta inmediata de ayuda.

Sakura hizo una pausa para imaginar la terrible posibilidad en cuanto al caso de Izumi.

—Lo estoy— le aseguró con una sonrisa forzada.

Temió tener que enfrentarse a otra ronda de preguntas innecesarias en torno al escándalo que acarreaba su marido —y posiblemente su hermano menor—, pero gracias al universo Ino se contuvo y se guardó cualquier comentario.

—Cualquier cosa que necesites no dudes en llamarme, estaré disponible para ti— agregó Ino, atrayéndola hacia su cuerpo en un firme y cálido abrazo—.Hasta pronto, Itachi— se despidió formalmente, casi de manera impersonal.

Cuando la rubia se alejó lo suficiente del oído, Itachi rodeó la cintura de Sakura y se inclinó un poco hacia ella para preguntar:

—¿Qué demonios fue todo eso?— el cálido aliento roció su cuello haciéndola sentir un tanto incómoda por la cercanía.

—¿A qué te refieres?

—Lo que acaba de decir Ino.

—No lo sé. ¿De qué hablas?— cuestionó, fingiendo demencia. Por supuesto que lo sabía. Le había desvelado a Ino la información suficiente para hacerla creer que la muerte de Izumi no era un suicidio, y que, tal vez, si el universo era lo suficientemente cruel para corroborar sus teorías, Itachi era el posible asesino.

El Uchiha arqueó una ceja.

—¿Hay algo de lo que debería estar al tanto?

—Ya te lo dije, no es nada— contestó irritada. Deseaba con todas sus fuerzas dejar de hablar del tema, pero no encontraba la forma de expresarlo—.Dios, necesitó poner todo en orden.

La única escapatoria que tenía era la limpieza. Los invitados al cortejo fúnebre comenzaban a marcharse uno a uno, vaciando la casa hasta despejar gran parte de las habitaciones. Sakura había contratado un servicio que se encargara de todo, desde la comida hasta la atención de los congregados a la ceremonia. No obstante, necesitaba mantener su mente ocupada antes de que las tortuosas despedidas comenzaran.

—Podemos encargarnos de eso mañana— argumentó Itachi mientras la seguía de cerca bajo la mirada curiosa de los convidados.

Sakura torció los labios en una mueca acerba.

—Estoy bien, Itachi. No te preocupes. ¿Quieres?— pronunció, realizando las pausas necesarias para conferirle a su voz la inflexión de quien cree dirigirse a un niño pequeño.

Lejos de otorgarle el tiempo suficiente para responder, lo dejó con las palabras en la boca hasta precipitarse en la intimidad de la habitación contigua.

La cocina estaba tan vacía como antes. Sin embargo, sintió en la cara un soplo de aire. Al otro lado de la puerta, continuaba el susurro de las voces en el comedor. La luz incierta del atardecer arrojaba sombras extrañas sobre el suelo. Entraba por la ventana el rumor de los arboles y el suave susurro silbante del viento al danzar entre sus ramas. Permaneció allí unos momentos, tiritando bajo el kimono negro, escuchando el bosque que suspiraba al alejarse.

Una vez más, se dijo a si misma que necesitaba un descanso. Probablemente recurriría a las pastillas de dormir para sumirse en un sueño profundo durante un par de días. Siempre había detestado el efecto secundario de los somníferos, pero ahora, bajo tales circunstancias, la idea parecía tentadora.

Debemos mantener la esperanza— le había dicho su madre en alguna ocasión, cuando los tiempos se tornaron tormentosos y la vida insoportable.

«¿Le esperanza en qué?», se cuestionó. ¿Que podía esperar ya? Ante ella sólo veía pérdida y oscuridad.

Escuchó unos pasos, tan sigilosos como los de ella, y el crujido de la madera. La puerta se cerró a sus espaldas con un leve chasquido, impidiendo el paso del sonido. Quedó petrificada. Probablemente Itachi habría acudido a verla, asegurarse que todo estuviera bajo control, desde el fallecimiento de Mebuki, el pelinegro había permanecido a su lado, fingiendo olvidar por completo la tormenta que se cernía sobre ellos, mostrándose como un esposo empático, cariñoso.

Si tan sólo supieran lo que se ocultaba tras esa fachada estoica. Si tan sólo alguien se hubiera tomado la molestia de advertírselo.

—Sakura— la llamó Sasuke en un susurró—.Tranquila. Todo está bien.

Como si ella fuera a gritar; como si todo estuviera bien. Se volvió hacia él.

—¿Qué haces aquí?— preguntó ella.

No podía estar allí con ella. Esperaba que pusiera la mano sobre su brazo para atraerla hacia él; sus labios contra los del azabache, como aquella noche en su apartamento, sin pronunciar una sola palabra. Pero era demasiado peligroso, él lo sabía, así que ambos se separaron un poco. Demasiada confianza, demasiado riesgo, demasiada precipitación.

No era el momento.

—Venía a buscarte— contestó, pasando una mano por su nuca en un gesto de genuino nerviosismo.

A ella le habría gustado estirarse y probar su piel; Sasuke despertaba sus deseos. Notó los largos y finos dedos recorrer su brazo por debajo de la manga del kimono, como si su mano no entendiera razones. Resultaba tana agradable ser tocada por alguien.

Mierda.

—¿Por qué?— preguntó. ¿Tan terrible era para él que corría el riesgo de acudir a ella cuando Itachi estaba al otro lado de la habitación? Apenas podía soportarlo. Tenía que irse, salir de ese lugar antes de desintegrarse por completo.

Al notar su tentativa de marcharse, Sasuke colocó la mano sobre su hombro, una mano opresiva, pesada como el plomo.

—Tenemos que hablar sobre lo sucedido en mi apartamento— le soltó, acentuando su respuesta con un tono que Sakura nunca había escuchado.

Ofuscada, la pelirosa presionó el puente de la nariz con dos dedos esperando disipar el punzante dolor de cabeza.

—Ahora no— le dijo con ojeriza—.No es el momento ni el lugar para discutir el tema.

—Esta bien— suspiró el hombre, ocultando con poca pericia su ansiedad.

Bajo la tenue luz grisácea del atardecer, ambos se apartaron, lentamente, como si una corriente oculta los uniera y al mismo tiempo los separara con igual fuerza.

Al encontrar la puerta, hizo girar el pomo sintiendo el fría de la porcelana en los dedos. Era todo lo que podía hacer.

—Ahí estás— dijo Itachi al verla. Sakura pensó en crear una patética excusa para librarse de su marido, pero no sería propio de ella continuar postergando sus obligaciones como anfitriona—. Mis padres están aquí— le susurró al oído.

Un escalofrió recorrió toda la longitud de su columna vertebral al mismo tiempo que sus entrañas se removían. Lo último que deseaba era toparse con el rostro impertérrito de Mikoto y la mirada adusta de Fugaku.

Comenzó a vaciarse el vasto vestíbulo. Ya empezaba a tomar el aire triste y desolador de un día que alboreaba cansado.

Las personas se aproximaban a ellos para despedirse y rendir sus respetos. No era Sakura quien las miraba, en ese instante, no era ni siquiera una persona con sentidos de carne y hueso, sino un espantapájaros, un maniquí con una expresión atornillada en la cara.

Tenía que soportarlo todo aislada, tenía que acabar con aquella comedia, aquella comedia falsa, miserable para divertir a toda esa gente que no conocía y ni quería volver a ver.

Mikoto y Fugaku surgieron frente ellos, ambos luciendo tan sobrios como de costumbre.

—Hemos venido a dar nuestras condolencias— dijo el patriarca de los Uchiha con voz severa—. Sin lugar a dudas es un acontecimiento desafortunado.

—Agradezco su presencia y compañía— replicó la pelirosa, alternando la mirada entre los dos.

—Lo lamento tanto, Sakura— dijo Mikoto—.Debe ser difícil para ti encontrarte tan sola— para sorpresa de ella, Mikoto la abrazó hasta hacerle daño—. Pero no te preocupes, ahora nosotros somos tú familia.

Aún aferrada al cuerpo de su suegra, la pelirosa experimentó una sensación nauseabunda indescriptible.

Tal como se lo había dicho Mikoto, ahora estaba sola y no tenía escapatoria.

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Subió lentamente la escalera, peldaño tras peldaño. Sentía como si hubiera estado en pie durante varios días corriendo todo el tiempo; le dolía el pecho y los músculos se le acalambraban como si le faltara azúcar.

Fue por el pasillo hasta llegar al cuarto de invitados, con Itachi siguiéndola cerca, casi pisándole los talones.

—¿Estarás bien?— cuestionó mientras ingresaba a la habitación detrás de ella, quizá en un gesto de genuina preocupación.

—Si— contestó. Su voz era monótona, como si estuviera hablando una máquina en lugar de un ser humano.

Comenzó a desamarrar los intrincados nudos que mantenían cada pieza del kimono en su lugar. Estaba demasiado cansada para hacerlo, sin embargo, prosiguió.

—Puedo quedarme aquí contigo. Dormiré en el sofá— sugirió Itachi, aún sin darse por vencido en el intento de expiar sus pecados.

—No es necesario.

Un suspiro aliviado escapó de las profundidades de su pecho al despojarse del ajustado Obi atado alrededor de su cintura. Esperaba que aquella fuese la última vez que utilizaba ese kimono.

Escuchó una leve exhalación proveniente de Itachi.

Sin poder contener la necesidad de mirarlo, contempló a su esposo por el rabillo del ojo. Como era de esperarse, el rostro del Uchiha estaba tallado en piedra; tenía el semblante cansado y las ojeras marcaban la falta de descanso.

Hastiada, clavó la mirada al frente. Ansiaba estar sola.

—Ya te lo dije, Itachi, estaré bien. No voy a suicidarme, si eso es lo que esperas— le contestó su lengua sin pedirle permiso.

El corazón le golpeó las costillas al darse cuenta de lo que acababa de decir. Tal respuesta había sido un golpe muy bajo de su parte. Desde que supo una parte de la verdad, se empeñó en reprocharle y poner en tela de juicio las causas de la muerte de Izumi.

—Me refiero…— quiso aclarar para remediar su error.

—Entiendo— la observó, empedernidamente—.Descansa, Sakura.

Cualquier cosa que se hubiera planteado decir se vio interrumpida cuando escuchó el sonido de la puerta al cerrarse.

Mantuvo la mirada fija en la pared durante un segundo o dos, tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir.

Una vez hubo recuperado el dominio de su cuerpo, corrió las cortinas para conseguir oscuridad, pero la luz grisácea del alba entraba por los espacios abiertos.

Al terminar de desnudarse, se metió en la cama, con las piernas entumidas de cansancio. Sentía en la espalda un punzante dolor. Le habría gustado descansar, dormir, pero estaba demasiado fatigada y al mismo tiempo tan excitada que no podía cerrar los ojos. Hubiera querido poder descansar su mente como el cuerpo. Que dejara de escuchar la voz de aquella mujer que nunca conoció, de navegar por el turbulento mar de caras proyectado en la profundidad de su mente. Se apretó los ojos con las manos, pero seguía viéndolas.

Al cabo de unos minutos, la guirnalda empezó a colorearse, orillándola a ver cosas. A ese extremo llegaba su cansancio: igual que cuando codicia durante toda la noche, en la oscuridad. A medida que salía el sol empezaba a ver cosas por el rabillo del ojo: animales atroces en los arbustos de la carretera, siluetas desdibujadas de hombros que desaparecen cuando las miras directamente.

—Pobre niña— masculló la mujer postrada a los pies de la cama. Llevaba un camisón blanco, tan inmaculado como su piel nívea. Desde ese punto sólo era capaz de vislumbrar el aristocrático perfil; las finas facciones se asomaban tímidamente entre los mechones azabaches que enmarcaban su bonita faz—.Sabes que no es tu culpa ¿verdad? Tu único error fue ser tan ingenua.

—Izumi…— masculló Sakura en un hilo de voz.

—Descuida— se volvió a ella permitiéndole apreciar su rostro inerte—. Todo terminara pronto.

Estrujó los párpados con fuerza, procurando disipar aquella horrenda imagen de su mente. Su pecho se alzaba al compás de la errática respiración, estaba hiperventilando. Enterró los dedos en las sábanas, necesitaba aferrarse a cualquier objeto para convencerse de que aquello se trataba de un sueño.

Dio un respingo asustado cuando notó un peso sobre su cuerpo y la presión alrededor de su cuello. Abrió los ojos de golpe, alguien intentaba asfixiarla, pero era incapaz de contemplar su rostro; la oscuridad era su aliada.

La presión incrementó; desesperada, pataleó para liberarse al mismo tiempo que estiraba las manos para palpar al desconocido, arañándole las mejillas y el cuello.

—I-Itachi— dijo con dificultad, oteando el rostro de su marido emerger de entre las sombras.

El interpelado soltó una carcajada grotesca, lo suficientemente vulgar para helarle la sangre a cualquiera.

—Mira bien, Sakura— susurró.

En un inició se rehusó a hacerlo. Estaba atrapada en una ridícula pesadilla.

—¡Mírame!— le ordenó aquel hombre, obligándola a clavar los fanales esmeraldas en su rostro desfigurado por la furia.

—¿Sa-Sasuke?— vociferó con la voz entrecortada. Iba a perder el conocimiento, comenzaba a sentirse débil y su visión se tornaba borrosa.

Estaba oscuro cuando despertó en el cuarto de baño, de pie frente al espejo, y, antes de darse cuenta de dónde estaba, sintió un dolor palpitante en la zona occipital del cráneo. Tenía el corazón acelerado y el sudor se le pegaba al cuero cabelludo. Conforme recuperaba la realidad, el terror nocturno se hacia añicos, dejando tan solo fragmentos dentro de la cabeza.

Aquella mañana, como tantas otras, se despertó llorando y con un nudo en la garganta.

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¿Cuánto tiempo había transcurrido? No lo sabía. Vuelve abrir los ojos. Lo primero que nota es la húmedad en sus hombros desnudos.

Continuaba sentada en el suelo del baño, con la espalda contra la pared, mirando las baldosas obstinadamente, como si quisiera que nada volviera a moverse, ni su cabeza, ni sus manos, un sus pensamientos. Permanecer allí, inmóvil, fundirse con la pared.

Gira la cabeza. Un movimiento mínimo hacia la izquierda, en dirección a la puerta. ¿Qué hora era? Movimiento inverso, mínimo, hacia la derecha. En su campo de visión, la bañera. Era como un rompecabezas, flexionó los dedos levemente, volviendo como una nadadora a la superficie donde la espera el horror, pero la detiene de inmediato una descarga eléctrica que le atraviesa el cuerpo: el timbre acaba de sonar.

Esta vez, la cabeza no duda y se vuelve inmediatamente hacia la puerta. De ahí es de donde viene el sonido. Sakura baja la mirada un instante. Utilizando toda su fuerza de voluntad en ciernes de poder levantarse; lo hizo finalmente con la ayuda del borde de la bañera.

La cabeza le daba vueltas mientras que vuelve a sentir el mismo mareo; iba a desmayarse. Se le estaba derritiendo el cerebro, tendió la mano desesperadamente, como en un naufragio. Estaba tan desquiciada que el timbre sonaba es agudo. Con las manos hacia delante y luego hacia los lados, como una ciega, buscó a tientas donde apoyarse, encontrando algo duro, a la derecha, a lo que aferrarse para no tambalear del todo. Aferró los dedos a la esquina de la repisa sobre la que estaban los productos de aseo y cuidado personal. Apretó con todas sus fuerzas y el mareo retrocedió un instante. El timbre dejo de sonar. Trascurrieron lentamente varios segundos. Sakura aguantó la respiración.

Comenzó a contar despacio, mentalmente. En ese instante, el timbre volvió a sonar. Otra descarga eléctrica le recorre el cuerpo de pies a cabeza. Avanzó despacio por el cuarto de baño, hacia la puerta principal, paso a paso, acariciando las inmaculadas paredes sin darse cuenta de lo ridículo de la situación.

Sin ni siquiera pensárselo, sin vacilar, sigue hasta el final del pasillo, bajando por los peldaños lentamente, siendo lo suficientemente cuidadosa para no tropezar.

Detestaba el efecto secundario de las píldoras, pero al menos las alucinaciones habían parado.

En un zumbido de imágenes y palabras, consiguió abrir la puerta. Tanto ella como Sasuke, se miraron de hito en hito durante varios segundos, sin decir una palabra. Las luces del exterior, detrás de él, le hacían daño en los ojos y le impedían captar su expresión exacta. Por fin, dijo:

—Itachi no está en casa— susurró. Sentía la garganta seca, rasposa. Hablar suponía realizar un esfuerzo sobrehumano.

—No he venido para ver a Itachi— le dijo, sonando más brusco de lo que pretendía—. Estaba preocupado por ti.

Él la miró; sus hermosos ojos ausentes y tristes a partes iguales.

—Estoy bien, gracias— respondió, haciendo un ademan para cerrar la puerta y dar por concluida la conversación. No obstante, Sasuke frenó aquella tentativa con facilidad.

—No, no lo estás— la voz de Sasuke era terminante mientras sostenía la puerta—. Por favor, hablemos— suplicó.

—Si te refieres a lo que sucedió en tu apartamento— comenzó a decir. Una vez más, el punzante dolor de cabeza se hizo presente; las sienes le latían violentamente. Por no hablar del agotamiento—.No puede suceder de nuevo, lo lamento.

Un destello de sorpresivo dolor surcó la mirada ónix del Uchiha menor. Pese a la condición en la que se encontraba, sabía que sus palabras infringían más daño que un chuchillo.

—Dame un minuto, Sakura— solicitó—. Ya te dije que no estoy aquí para eso— respondió realizando un esfuerzo monumental para no perder los estribos—. Ayer… no pude dormir ¿esta bien? Pase toda la noche entera pensando en ti.

—No tienes nada de qué preocuparte, Sasuke— lo interrumpió—, ya te dije que estoy bien.

—No pareces estarlo— decretó él.

Sakura era incapaz de evaluar aquellas respuestas lacónicas, sin embargo, estaba ahora lo bastante cerca para ver la preocupación en sus ojos.

—Regresa a casa, Sasuke— pidió en voz baja. Lo único que le funcionaba era la cabeza, un zumbido de imágenes y de palabras que intentaba sosegar controlando la respiración.

—Sakura…— pidió el azabache.

—Hasta luego— se despidió ella.

Estaba rechazándolo. No porque no lo quisiera, sino porque era una cobarde. Admitir a Sasuke sería otro error, tal vez uno irreparable.

Necesitaba tiempo, eso era todo, algo de tiempo para concentrarse, para sanar.

Continuara

N/A: ¡Hola, gente bonita! Espero que se encuentren muy bien:D se que he desaparecido por un tiempo, pero intento regresar con una actualización cada vez que aparezco por estos lares. No crean que he abandonado la historia o algo por el estilo, simplemente la vida de adulto apesta.

Dicho esto, pasaré a aclarar algunos puntos del capítulo de hoy.

Debido a la estructura del capítulo —ya que en su mayoría es angst— decidí hacerlo corto para no agobiarles con tanto sufrimiento. Aquí nos damos cuenta del frágil estado mental en el que se encuentra Sakura. Después de todo lo que ha sucedido, la situación a su alrededor consiguió romperla, pero no se alarmen, esto no durara toda la historia.

Quizás muchas tengan la impresión de que el fic avanza muy lento. A partir de este punto eso cambiara. Me estaba reservando las revelaciones para la tercera parte, así que espero que tengan sus teorías preparadas y estén al pendiente de todo lo que puede pasar.

Sin nada más que agregar, esto es todo de mi parte por hoy.

Como siempre, les agradezco infinitamente por su apoyo 3 mil gracias por leer, por añadir a favoritos, dar follow o dejar un bonito review. Estoy en deuda con ustedes.

Espero leerlas pronto ¡cuídense mucho! ¡Les mando un fuerte abrazo!

Bye, bye.