Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Capítulo 14

Comprender lo incomprensible

Konohagakure, tres años atrás.

El sitio tenía un aspecto arcaico, construido con sólidos ladrillos anaranjados que desafían a los intentos del tiempo por acabar con ellos. Debía llevar décadas ahí, en medio del solitario bosque al norte de la ciudad, como si se tratase de una isla desierta a la que unas cuantas almas desafortunadas almas tenían acceso.

No se imaginaba a una familia viviendo allí. Usarlo como retiro terapéutico al menos servía para darle un motivo a las habitaciones.

—Bien, llegamos— dijo Shisui mientras aparcaba el auto en el sitio reservado para los visitantes y familiares.

Sasuke echó un vistazo por la ventana; frente a ellos se alzaba un muro no más alto que ellos mismos, sin estacas o tela metálica en lo alto. La puerta, abierta de par en par, era verde, metálica y solida, y la caseta del guardia estaba abierta. Al lado del portal se apreciaba un cartel que decía: Residencia Shisui. Prohibido el paso a extraños.

—Es uno de los mejores centros de la ciudad. Tu padre se encargó de hablar con el director poco antes de tu ingreso, quería asegurarse que estuvieras bien atendido— agregó Shisui realizando las pausas necesarias para asegurarse de que Sasuke lo comprendiera, como si estuviese hablando con un niño pequeño—. Puedo asegurarte que estarás rodeado de amenidades, nada te faltará.

Sasuke no estaba seguro de eso, sin embargo, poco podía hacer en su posición actual. Habían trascurrido dieciséis años, pero él seguía aturdido. Todos le decían que debía pasar por un proceso de duelo. Sin embargo, no estaba allí por eso. Necesitaba ayuda. Se negaba a vivir de esa forma. Día tras día, noche tras noche, se mantenía despierto a fuerza de café, bebidas energéticas y cualquier otro estimulante que encontrara para evitar dormir, aunado a esto, los cortes en sus antebrazos eran visibles y los episodios de psicosis cada vez más frecuentes y prolongados. Decían que «no se comportaba con normalidad», no actuaba como una persona cuerda. El insomnio era lo de menos. Le causaba gracia cuestionarse cómo estaban tan seguros de cuál era el "comportamiento normal" en aquellas situaciones. ¿Qué los convertía en expertos?

Cansado de la verborrea de su acompañante, se apeó del auto. Las hojas secas y quebradizas rechistaron bajo sus pies. Lejos de aguardar por Shisui, emprendió el paso por el estrecho sendero improvisado de grava que cruzaba el estacionamiento. Entre los arboles se oía a ratos el batir de las alas de algún pájaro. Era un sonido tan nítido que parecía que alguien lo hubiera amplificado sobre el resto de los ruidos del bosque.

—Puedo hacerlo yo mismo, Shisui, no es necesario que vengas conmigo— decretó al escuchar el andar desesperado a sus espaldas.

Estaba allí por su propio bien, aunque seguía tomándose como una traición. Solo lo ha aceptado porque necesitaba alejarse de su familia y porque Itachi quería. Odiaba verlo preocupado, y le debía eso, como mínimo. Después de lo que hizo por él.

—Sasuke, espera— lo llamó el pelinegro, sin embargo, el aludido nunca detuvo el paso. Prosiguió con su andar, con la cabeza en alto y la mirada fija al frente, sin mirar atrás.

Se detuvo un instante frente a la puerta, sopesando si debía proseguir o no con su camino. Habría preferido que lo llevaran a un hospital en condiciones, por mucho tanto los abogados de su familia como Itachi considerasen que no era buena idea. A la estancia la llamaban "retiro", mientras que enviarlo a una institución mental podría haber perjudicado la imagen de su familia. Así que allí estaba, lo hubiera aprobado su hermano mayor o no.

Resignado, subió uno a uno los pequeños peldaños que conectaban con la puerta principal. Cruzó el umbral; de ahí a un vestíbulo y más tarde a un claustro soberbio, de puro estilo antiguo. Cruzó bajo un arco, sin puerta, en el que estaba escrito «Admisiones». Todo lo que había más allá de ese hueco era de construcción reciente, convencional y de mal gusto.

Detrás de la recepción vislumbró a una mujer de mediana edad, ataviada con el típico uniforme azul que portaba la mayoría del personal médico en las instituciones de salud. Mantuvo la mirada fija en la pantalla sin siquiera inmutarse en apartarla para contemplar al recién llegado.

—¿Quiere ingresar?— cuestionó la mujer con voz ausente.

—Si— respondió el Uchiha, echando un vistazo por el lugar.

En contraste a las otras habitaciones visibles, el vestíbulo era agradable. Había varias plantas, de las paredes colgaban pinturas abstractas de buen gusto y el suelo relucía. Mientras esperaba, se entretuvo contemplando uno de los cuadros, intentado adivinar la figura formada por intrincados patrones de líneas rectas y figuras geométricas.

—Bien— dijo la mujer con un suspiro cansino—.Rellena este formulario, ¿tienes seguro?

Frente a él dispuso una hoja membretada con algunos espacios en blanco, se trataba de un informe de rutina, esto con el fin de mantener al tanto a los enfermeros y médicos de posibles alergias o patologías que pudieran causar un problema.

—Si, lo tengo— alcanzó uno de los bolígrafos y comenzó a escribir su nombre con caligrafía perfecta.

Una vez finalizó, sobre el mostrador colocó el formulario, acompañado de un folder beige con el timbrado de otra institución mental y su identificación.

—Esto demorara un poco— le anunció—. Puede tomar asiento— indicó.

Se descolgó la mochila del hombro y se hundió en el sofá. La enfermera le anunció que el doctor vendría en seguida, mientras ojeaba los papeles que acababa de depositar sobre su mesa. Todo estaba en regla: la solicitud de ingreso, firmada por su padre como pariente más próximo; el informe médico aconsejando el internamiento y el oficio de la Diputación concediendo la plaza.

La mujer leyó a trozos el formulario oficial: Nombre del paciente: Uchiha Sasuke. Nombre del pariente más próximo: Uchiha Fugaku. Parentesco: Padre. ¿Ha estado recluido anteriormente?: No. Diagnóstico provisional: Trastorno antisocial de la personalidad.

Además de estos papeles había una carta particular de su antiguo doctor al director del hospital. En palabras de su medico anterior, Sasuke era "un caso especial", por lo tanto, lo derivaba a una clínica a las afueras de la ciudad, dónde pudiese estar recluido para llevar con éxito su terapia.

Al cabo de unos segundos, la mujer se levantó de su asiento con los papeles bajo el brazo.

—Uchiha Sasuke, por aquí, por favor. Lo estábamos esperando.

La enfermera lo condujo a una de las habitaciones contiguas, incitándolo a ingresar a la pulcra oficina del medico en turno a cargo de las admisiones.

—Pase por favor, y siéntese-

Sasuke, todavía junto al quicio de la puerta, pareció dudar. Dio unos pasos muy lentos, y tomo asiento al borde la silla, erguido, las rodillas juntas y las manos sobre su regazo.

El pelinegro suponía que al joven médico le inquietaban los primeros encuentros con los enfermos. Era el momento más delicado, antes del duro trance del encierro, su tarea consistía en recibirlos, sosegar sus temores, demostrarles amistad y protección.

—¿Es usted el doctor Orochimaru?

—No. Soy su ayudante. El directo está ausente— el joven peliblanco se inclinó hacia él. En el bolsillo de su bata blanca estaba bordado el nombre con hilo negro. «Doctor Yakushi Kabuto.

—Dígame, ¿sabe usted que clase de clínica es esta?

—Si, un manicomio— respondió Sasuke a secas.

—Manicomio es un termino rustico, desde hace años no los llamamos así— corrigió el doctor con una sonrisa nerviosa en los labios—, sino sanatorio psiquiátrico. ¿Puedo hacerle unas preguntas?

—Es parte de su trabajo ¿no es así?

Kabuto asintió; trazó, con desgaire, unas cantas palabras sobre la hoja blanca.

—Dígame ¿está consiente del motivo de su ingreso?

Sasuke esbozó una sonrisa media.

—Lo estoy— afirmó con aplomo.

—Según el informe, los antecedentes de su trastorno comenzaron a vislumbrarse dieciséis años atrás ¿cierto? Se le otorgó el diagnostico al cumplir la mayoría de edad.

El azabache dejó escapar un suspiro cansado.

—Toda la información la encontrara en el informe de mi antiguo psiquiatra. Él fue el que sugirió enviarme a este lugar— espetó.

—Por supuesto— asintió Kabuto—.Tan sólo son preguntas de rutina.

Sasuke guardó silencio. Sabía que no era como los demás internos. Su madre solía decirle que era doblemente peligroso —por su enfermedad y por su inteligencia—.

—Hay algo que quisiera advertirle— dijo de nuevo Kabuto, derrocando la afonía reinante en el lugar—. Apenas cruce esa puerta, usted ingresara en un mundo que no va a serle muy grato.

—Si hubiera estado en mi poder— dijo Sasuke sonriendo— habría reservado una habitación en un hotel cerca de la costa y no aquí.

Sin hacer caso de su sarcasmo, Kabuto prosiguió:

—No toleramos que los pacientes hieran, humillen o molesten voluntariamente los demás. Los castigos que imponemos a quienes hacen eso son muy duros.

El Uchiha se inclinó ligeramente hacia el frente; en respuesta, Kabuto se reclinó en su asiento, una clara muestra de miedo. Sabía distinguirlo, desde hace años la gente lo contemplaba de esa forma, aterrados, cuando se encontraban a su alrededor, todos se mantenían alerta, pendientes de su siguiente movimiento. Evidentemente, el doctor no sería la excepción. Un paciente de su tipo debería estar recluido en alguna cárcel de máxima seguridad, pero él no era un criminal; su mente estaba tocada de un mal cruel y las más de las veces incurable.

—Puedo asegurarle, Doctor Kabuto, que mi intención no es asesinar a nadie— espetó—. Estoy aquí para recibir ayuda, no para condenarme.

El peliblanco tragó grueso.

—¿Cuento con su aprobación?— preguntó el médico sin dejar traslucir cierta ironía por la audacia del nuevo interno.

—Si.

Una vez finalizado el interrogatorio, la enfermera de la recepción lo condijo por un pasillo, largo y estrecho, bordearon a uno y otro flanco por módulos acristalados y al que llegaban, como afluentes al rio principal, otras corrientes. No se oía otro ruido mas que el las monótonas pisadas.

El gran pabellón estaba dividido en dos bloques desiguales por un pasillo. Según se avanzaba, el bloque de la izquierda correspondía a las habitaciones individuales, destinadas a aquellas personas capaces de costear algunas "amenidades" dentro del hospital, tal como se lo había dicho Shisui al arribar.

La enfermera extrajo del bolsillo de su pantalón una tarjeta, pasándola por la cerradura electrónica; en la puerta se encontraba un ventanuco de cristal, de modo que cualquier persona pudiese observar lo que ocurría.

—Está será tu habitación— le notificó la dama de manera adusta—.Sobre el escritorio encontraras una hoja con todos los horarios. Cada semana se modifica el programa— continuó explicando—. No se permite ninguna clase de objeto personal, sólo lo indispensable; cepillo de dientes, un tubo de dentífrico, un jabón y un peine. Cada mañana, al sonar el timbre, se le permitirá ir al servicio. En treinta minutos debe estar vestido. Después arreglará su cierto, hará la cama y limpiará un trozo del pasillo. Hay un recreo de media hora antes del desayuno— prosiguió— en el que se reúnen los inquilinos del pabellón.

Sasuke escuchaba atentamente cada palabra mientras observaba su alrededor. La habitación era muy modesta. El presupuesto del sanatorio no daba para más; una silla, una mesa, una lámpara. Habían quitado todos los objetos a los que pudiese atarse una cuerda. Una ventana, dos cortinas blancas. Una cama. Individual, de colchón semiduro cubierto con una colcha blanca rellena de borra. Encima del lecho un recuadro gris de tela; su nuevo uniforme.

—¿Alguna pregunta?— cuestionó la mujer arqueando una ceja.

Sasuke negó con la cabeza.

—Dentro de unos cuantos minutos llegará otro enfermero acompañado de un guardia— continuó—. Colocará todas sus pertenencias en ese cesto— señaló con el dedo índice—, le sugiero no conservar nada si quiere evitar un problema.

El pelinegro tomo asiento al borde de la cama, necesitaba un minuto para procesarlo todo.

—Será mejor que se de prisa. Arribó a tiempo para el almuerzo.

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Konohagakure, actualidad.

—¿Estás escuchándome?

Atrapado en la bruma de sus pensamientos, Sasuke parpadeó, aturdido. Justo en frente de él estaba Naruto; tenía el entrecejo fruncido y los labios tan tensos que formaban una delgada línea recta.

—¿Vas a prestarme atención?— le reclamó, sonando severamente ofendido por la evidente falta de interés proyectada por el Uchiha.

Él lo miró y, en esta ocasión, sus oscuros ojos parecieron advertirlo.

—¿Qué decías?— murmuró, desconcertado. ¿De qué demonios hablaba? Algo respecto a su nuevo trabajo ¿o tal vez era la mudanza? En realidad, no lo sabía.

Llevaba cinco días en ese estado; los recuerdos se agolpaban en su mente sin un orden concreto, cada uno de diferentes etapas de su vida, momentos significativamente dolorosos.

Ver a Sakura derruida había causado un impacto en él.

En su opinión, ella era luz pura. La quería, lo sabía. Es tan distinta…Nunca había conocido a nadie que le importara menos todo lo que se supone es importante. Sakura era como el viento: aquí, allá y en todas partes.

Sin embargo, Itachi había hecho un trabajo maravilloso al quebrarla. Él le arrebató todo hasta dejar un cuerpo vacío, sin alma.

—Pensé que regresar a casa te haría bien— murmuró Naruto.

Sasuke puso los ojos en blanco.

—Cada día es una bendición— con las manos temblorosas extrajo la cajetilla de cigarrillos de su chaqueta. Intentaba palear el síndrome de abstinencia con una nueva adicción.

—Estuviste tres años lejos— espetó el rubio, inclinando su cuerpo ligeramente hacia el frente al percatarse que su conversación adquiría un tono de confidencialidad supremo.

«Pero el tiempo no puede borrar los hechos del pasado», dijo Sasuke para sus adentros mientras le daba una calada al cigarro. Estrujó los párpados al sentir el humo descender por su garganta.

Soltó el tufo en compañía de un suspiro resignado.

—Nada ha cambiado, todo sigue igual— golpeó el cigarrillo para desprender los rastros de ceniza acumulada en la punta.

—Pensé que volver a casa sería de ayuda— replicó Naruto, tardíamente. Su respuesta parecía precedida de un recuerdo—. Los padres no son buenos para los hijos— concluyó, abatido.

—No lo sé. Quizá debí marcharme a otro país, tal como lo sugeriste al principio.

Su vida se había convertido en un lastre de arrepentimientos. Patético. Ni siquiera esos tres años de aislamiento bastaron para disipar los recuerdos, cada uno se presentaba ante él en las noches, una y otra vez, como si se tratase de un filme de horror donde él fuese el protagonista. Cargaba con el peso de las acciones, decisiones ajenas que lo llevaron a una condena imperdonable.

—Hey, Sasuke, ¿te encuentras bien?— una mueca de congoja ensombreció las facciones del rubio.

De nuevo, inhaló con fuerza, disfrutando del relajante zumbido y los dichosos efectos adictivos de la nicotina.

—Siempre lo he estado— le aseguró sin mirarlo.

—Ambos sabemos que eso es mentira.

Al notar la mueca de dolor que se talló en el rostro de Naruto, Sasuke cambió el aspecto relajado por un ceño fruncido.

Lo último que deseaba era convertir esa charla en un sermón sobre su salud mental y las posibilidades de volver al centro de rehabilitación. Hacía mucho tiempo había decidido que, si alguien sugería internarlo de nuevo, ingeriría todas sus pastillas con un buen trago de sake hasta desfallecer.

—En otras noticias, Itachi se casó de nuevo— Sasuke continuó, como si estuviera hablando de jardinería.

Los ojos cerúleos del rubio se abrieron desmesuradamente. Cuando escaneó el rostro del azabache, lo hicieron como si Sasuke fuese un ser irreal o grotesco.

—Estas bromeando ¿verdad?— sorbió un trago de su cerveza sin inmutarse en ocultar la diversión.

—Fue una sorpresa para todos, en especial para mi— espetó—. La última vez que estuve en esa casa fue para el funeral de su primera esposa. A mi regreso encontré al reemplazo. El luto le duro poco tiempo.

Naruto sacudió la cabeza.

—¿Sabe lo de Izumi?— preguntó Naruto al tiempo que echaba una ojeada distraída a los demás clientes del local para asegurarse de que no había nadie que pudiese ser testigo de su conversación.

Sasuke clavó la mirada en la ventana del establecimiento. Pensaba que su vida habría sido muy diferente si hubiese conocido a Sakura años atrás; si en lugar de que ella se hubiese casado con Itachi, hubiese establecido una relación con él, a la cual se veía obligado a renunciar. Tal vez, si el destino no hubiese sido tan cruel él no estaría inmerso en tantos problemas y a ella no tendrían que romperle el corazón.

El Uchiha se quedó sentando en silencio durante unos segundos, mirándose la mano que reposaba en su regazo; los nudillos y las uñas cambiaban del blanco al rosa mientras apretaba y relajaba los dedos.

—Sólo una parte— murmuró él con frialdad—, la verdad genérica que se le dijo a todos los demás.

—Sasuke— lo reprendió Naruto—. ¿Por qué no le contaste toda la verdad?

El pelinegro se encogió de hombros. Por un momento se transformó en un adolescente. Ese gesto era algo tan inherente a él como la vida misma, una forma de decir Por favor, déjame en paz. No me metas en esto.

—No puede hacerlo— confesó al cabo de un momento—.Al principio me detuve porque pensé que ella lo amaba profundamente, sin embargo, hubo un instante de desesperación en el que acudió a pedir mi ayuda.

—Quizá era el momento perfecto para decirlo todo— suspiró el Uzumaki.

Sasuke negó con la cabeza. Apartó la mirada de la vidriera y la clavó en los ojos azules de su mejor amigo, suplicante. Los dos habían discutido ese tema infinidad de veces y, a pesar de todo lo discutido, la conclusión era la misma; permanecía inalterable, tal como aquel día hace diecinueve años.

—Sabes que no puedo hacerlo, hice un juramento.

—Eso es injusto— chilló el rubio—.Estás cargando con el peso y la culpa que no te corresponden.

—Por supuesto que me corresponden, Itachi es mi hermano.

El silencio les cayó encima como un balde de agua fría. Disipando los resquicios de esperanza que alguna vez Sasuke se hubiese permitido albergar. Restregándole en la cara que el pasado siempre los acompañaba y que más temprano que tarde, los errores se pagaban caros.

—¿A que le tienes miedo, Sasuke?— indagó Naruto de repente, escrutándole el rostro con una mirada severa.

—No le temo a nada— contestó. Por dios, comenzaba a sonar como un niño pequeño, demasiado asustado para admitir que estaba sumamente aterrado.

—Puedes engañar a las demás personas, pero a mi no— el tonó de su voz se acentuó con una mirada de reproche; Sasuke desvió el rostro, aparentemente avergonzado.

Una vez más, las palabras se le atascaron en la garganta, acentuando el nudo que estrujaba su tráquea y le impedía respirar.

Tomando nota de la desesperación de Sasuke, Naruto sabía que su mejor amigo no estaba siendo completamente honesto: había algo que no le estaba contando; así que se propuso a analizar los últimos momentos de la información, rellenando los huecos con posibles conjeturas de lo que realmente estaba sucediendo allí.

Cuando lo consiguió, Naruto palideció de golpe; sus ojos se desorbitaron.

—No te estas protegiendo a ti mismo— susurró—. Estas protegiendo a la esposa de Itachi— hizo una pausa, procurando conferir un orden a sus palabras—. Te enamoraste de ella ¿no es así?

Sosteniendo la mirada inquisitiva de su amigo, Sasuke respondió:

—Sakura. Su nombre es Sakura.

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Residencia Uchiha, diecinueve años atrás.

Necesitaba encontrar a Itachi lo antes posible.

Corrió tan rápido como sus pequeñas piernas se lo permitían; el camino era accidentado, pero lo conocía a la perfección. Acudía cada tarde a la casa del árbol situada a unos cuantos metros de la orilla del río, sabía que, si deseaba arribar lo antes posible, lo mejor era tomar el camino que bordeaba el barranco, una opción peligrosa, sin embargo, situaciones desesperadas requerían medidas desesperadas.

Hacía varios días que no contemplaba a su hermano mayor. Mikoto solía decir que las responsabilidades de Itachi eran distintas, ahora todas y cada una de sus obligaciones se volcaban a forjar un futuro prometedor. En un comienzo, Sasuke se tragó esa idea, sin embargo, su perspectiva cambió por completo cuando descubrió que, su antiguo compañero de juegos prefería pasar sus ratos libres a lado de Izumi, la chica que sus padres acogieron de la noche a la mañana.

Él la detestaba, y no sólo por acaparar la atención de Itachi, sino también por el hecho de que la dinámica en su hogar se había transformado por completo. Izumi llenaba un vacío, satisfacía una necesidad. Todos parecían encantados con ella ¿y como no hacerlo?, era una joven hermosa, prodigiosa, inteligente y educada, podía encantar a cualquiera con un sencillo gesto de inocencia. No obstante, Sasuke era capaz de entrever que detrás de esa sonrisa perfectamente ensayada ocultaba un secreto, resguardaba a una persona completamente diferente.

Agitado, detuvo el andar a unos cuantos metros de la pequeña cabaña improvisada. Un escalofrío recorrió toda la extensión de su columna vertebral al escuchar el llanto desesperado y las voces. En un acto reflejo, consiguió ocultarse detrás del ancho tronco de un árbol. No muy lejos de su escondite vislumbro a Itachi e Izumi de pie en medio del bosque, uno frente al otro; la chica sollozaba violentamente, su cuerpo se agitaba en pequeñas convulsiones. En un gesto casi reflejo, Itachi la atrajo haca él. Continuó llorando en silencio, temblando entre los brazos de su hermano.

El primer pensamiento que cruzó por su mente al presenciar era escena fue incoherente; probablemente Izumi lloraba por la muerte de su padre, no sería la primera vez que lo hacia, la había escuchado un par de noches atrás en sótano y unas cuantas semanas antes en la biblioteca. Su madre solía decirle que aquello formaba parte de un proceso de duelo, lo que Izumi necesitaba era cariño, compasión y empatía, por esa razón debía ser amable con ella, aún cuando no le agradara del todo.

—Todo estará bien— dijo Itachi.

Sasuke tragó grueso.

—¿Cómo puedes decir eso?— lo apartó de forma abrupta, empujándolo con todas las fuerzas que le eran posibles—.Está muerta.

—Fue un accidente— agregó el mayor de los Uchiha.

—Sabes que no es así— negó Izumi.

Algo realmente malo estaba ocurriendo y Sasuke debía salir de ahí cuanto antes.

La respiración se le cortó como si el aire se le hubiese solidificado en los pulmones.

Una rama crujió bajo sus pies alertando al par a sus espaldas.

—¡Nos han visto!— gritó Izumi, histérica.

Intentó proseguir con su camino, pero las piernas no le respondían, estaba atrapado, no tenía escapatoria.

Escuchó el andar de Itachi a sus espaldas, mientras boqueaba, el pánico de haber sido descubierto enturbió sus procesos mentales, reduciendo su capacidad neuronal a niveles realmente mediocres.

—¿Sasuke? ¿Eres tu?— cuestionó con un tono de voz apacible.

—¿S-sí?— respondió en un alarido atenuado pro el errático palpitar de su angustiado corazón, abandonado su escondite para encarar a su hermano—. ¿Sucede algo malo?

Itachi esbozó una leve sonrisa.

—No— negó con un movimiento de cabeza—. Ven, acércate.

Dubitativo, el pequeño pelinegro tragó saliva y caminó con precaución por la pendiente, como si temiera aplastar las setas. Al fin llegó junto a Itachi e Izumi, la cual sollozaba de manera convulsiva, con la cara oculta entre los brazos. Miró en dirección en la cabaña, abrió la boca para decir algo, pero fue bruscamente interrumpido por la silueta del diminuto bulto frente a ellos.

Sobre una cama de hojas secas y lodo yacía el cuerpo inerte de Tamaki, la nieta de la anciana Tobe Makoto, a quien él e Itachi solían llamar Nekobaa por la cantidad de gatos que habitaban en su casa.

Tamaki sentía una admiración sin límites por Izumi y la seguía siempre que podía. La niña, en cualquier cao, no era ninguna carga. Nekobaa consideraba a Izumi, con acierto, una chica responsable a la que se le podía confiar a su nieta si la ocasión lo requería. Por lo demás, el pequeño gozaba de bastante libertad de movimientos. El sitio donde vivían era una localidad pequeña, y en el vecindario casi todo el mundo se conocían.

—¿Tamaki?— susurró Sasuke sumamente aterrado.

Debía estar aturdida.

Cuando se aproximo un poco, vio que tenía los ojos abiertos.

Fijos y vidriosos.

Una certeza le atravesó el animo: Tamaki estaba muerta.

—Sasuke— lo llamó Itachi por segunda ocasión, colocándose de cuclillas frente a él para estar a su altura. Asustado, el aludido estrujó los parpados con fuerza; la imagen del cuerpo de la niña, justo delante de él, grabada en su memoria—. Mírame— ordenó con voz suave.

Sasuke negó con un violento movimiento de cabeza.

—¡Es inútil, Itachi! ¡Va a delatarnos!— gritó Izumi.

—Izumi, guarda silencio— la censuró.

Comenzó a forcejear en un patético intento de zafarse del agarre de su hermano, pero él lo retenía del antebrazo; podía sentir como los largos dedos de Itachi se enterraban en la carne descubierta, tornándola blanca y con los bordes rojos.

—Sasuke, mírame— ordenó una vez más.

Las consecuencias comenzaban a abrirse paso en la mente de Sasuke.

Con los puños cerrados, la mente al rojo vivo y los músculos en tensión, lo único que puede hacer es llorar, sollozar de tal modo que apenas es capaz de vislumbrar el cuerpo de Tamaki; el sitió donde un objeto desconocido la había golpeado cambiaba de color, era de un rojo cárdeno, una marca amplia que cubría todo el pómulo y parecía extenderse como una mancha de vino por un mantel.

—Necesito que hagas un juramento por mi— masculló Itachi—. Sí dices una palabra de esto, los tres estaremos en problemas.

Sasuke lo miró con los ojos como platos, escuchando sus recriminaciones sin acabar de comprenderlas.

—No puedes contarle nada a papá o mamá— prosiguió el mayor de los Uchiha—.Ni si quiera a otra persona ¿entiendes? Será un secreto que resguardaremos los tres ¿esta bien? ¿puedes hacer eso por mi?

—S-si— masculló.

—Debes jurarlo, Sasuke— insistió el Uchiha.

—Lo juro…— espetó, retorciéndose las manos, se seca las lágrimas, un torrente inagotable.

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Konohagakure, actualidad

Apartó la mirada de la ventana de la ventana al escuchar las voces de los recién llegados.

Itachi ingresó al vestíbulo con Sakura a su lado. El corazón le golpeó las costillas al observarla detenidamente; lucía tan hermosa como la primera vez que la vio, a diferencia de que ahora llevaba un máscara de profunda tristeza.

Se mantuvo de pie cerca del rellano de la escalera, devanándose los sesos pensando en cómo se las arreglaría para hablar con ella. La última vez que la vio fue hace una semana, cuando acudió a su casa para asegurarse que todo estuviera bajo control.

Para su decepción, el estado de la pelirosa había empeorado, formaba parte del ambiente de abandono que invadía todo su entorno; su hermoso rostro lucía macilento y apático, el cabello lacio, con algunos mechones cayéndose sin gracia y otros recogidos de cualquier manera.

Sakura cargaba con el mismo secreto que a él lo atormentaba desde hace diecinueve años, con la diferencia que ella no lo sabía; ambos pagaban por los crímenes de un amor adolescente.

—Itachi, Sakura— los saludó cordialmente.

—¿Dónde esta mamá?— preguntó el mayor de los Uchiha, saltándose las cordialidades.

—En su habitación.

—¿Y papá?

—En el estudio— espetó.

Sin inmutarse a reparar en el estado de su esposa, Itachi dio un paso al frente dispuesto a largarse de ahí. En un acto reflejo, Sasuke lo detuvo sujetándolo del brazo.

—Mamá quiere hablar con nosotros— susurró.

—¿Por qué otra razón habría de estar aquí?— cuestionó Itachi arqueando una ceja.

Contempló a Sakura de reojo.

—Estaré ahí en diez minutos— notificó el menor de los Uchiha.

Itachi asintió y se liberó de su agarre, prosiguiendo con su camino escalares arriba hasta desaparecer por el amplio pasillo que conectaba con los aposentos.

Una vez los dos estuvieron solos, Sasuke reparó nuevamente en la pelirosa; desde luego nunca volvería a ser lo que era. Su aspecto había cambiado enormemente y su carácter más todavía.

Sakura estaba sentada en el huevo de la ventana que estaba abierta; aquella serenidad parecía conferirle una belleza sobrenatural. El fulgor de sus ojos había sido sustituido por una dulzura soñadora melancólica. Daba la impresión de que ya no miraba los objetos que tenía a su alrededor; sus ojos parecían perderse a los lejos, más allá de la lejanía, en un punto fuera de este mundo. Además, la palidez de su rostro, cuya expresión ojerosa se había desvanecido con mejoría, y aquel aire peculiar inherente a la profunda tristeza que la embargaba, aunque dejara traslucir su origen lamentable, hacía más intenso el interés que su persona despertaba.

—Sakura…— paladeó en voz baja.

La interpelada se estremeció y tuvo como un atormentado destello de recuerdo, como si luchase por ordenar sus ideas. El brillo en su mirada había desaparecido y sólo quedaba un profundo vacío.

—Si vas a preguntar cómo me encuentro— comenzó a decir, débil, apática—, estoy bien.

Sasuke, presa de verdadera angustia, casi no era capaz de mirarla a la cara. En cuanto la había visto, se sintió aplastada por la certeza de que allí no había esperanza de salvación, de que estaba abocada a vivir sin remisión.

—Por un momento imaginé que no vendrías— pronuncio, en un tono que no pretendía ocultar su desolación.

La miraba con tal seriedad que creía que la misma intensidad de su atisbo le iba a llenar los ojos de lagrimas, pero permanecieron abrasados de angustia, sin llegar a humedecerse.

—Itachi es mi esposo, y tal como lo dijo tu madre, ustedes son mi única familia— dijo amargamente.

Ella se puso de pie, dispuesta a marcharse a otra habitación.

—Sakura, espera— solicitó Sasuke, desesperado.

—No tengo otra opción ¿cierto?— gimió Sakura—. Debí escapar cuando tuve la oportunidad de hacerlo.

Incapaz de dejarla marchar, Sasuke acortó la distancia entre los dos; acarició la suave piel de su antebrazo con una mano, mientras con la otra la detuvo cerca de su rostro, sintiendo que su cercanía, su sola presencia, lo llenaban de sobremanera. Teniendo la perturbadora certeza que Naruto tenía razón cuando le dijo que él estaba enamorado; muriendo por dentro, porque sabia que eso no era bueno para nadie. Su sentido común y sus instintos habían tomado rumbos diferentes.

—Lo lamento— se disculpó ella, retrocediendo un par de pasos para imponer distancia entre los dos—. Necesito aire fresco.

Sasuke permaneció de pie en medio de la sala, contemplándola marchar.

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Konohagakure, doce años atrás

Encorvó el cuerpo hacia el frente ante el dolor; el golpe había asestado justo en el epigastrio, vaciando cualquier remanente de aire contenido en sus pulmones.

Pese a la atrición atrapada en cada una de sus células Sasuke no rechistó, permaneció tan silencioso como lo hizo desde el inició de la pelea. No iba a darles el gusto de verlo sufrir, aún si eso suponía prolongar el tormento durante unos cuantos minutos más.

Su atacante lo tomó por la solapa de la camisa, impactándolo contra la pared.

—¿Pensaste que iba a permitir que te salieras con la tuya?— la pregunta del muchacho sonó más como el alarido de un animal que un grito de desprecio. El odio en su mirada estaba dirigido exclusivamente a él.

—Debí romperte el cuello cuando tuve la oportunidad— le espetó Sasuke, levantando la barbilla con toda la dignidad que habitaba en su ser.

Otro golpe sobrevino en respuesta, esta vez directamente en las costillas. El calor abrazaba la zona afectada. Sasuke comenzaba a sentir la presión sobre sus músculos. Pero nada le importaba. De ser necesario, mataría a ese desgraciado con sus propias manos.

Cuando el chico lo liberó de su agarre, el Uchiha tambaleó hacia atrás. El ultimo ataque lo dejo sin aire en los pulmones hasta hacerlo jadear. Pero se rehusaba a mostrarse débil. En especial frente a esa basura.

Agotado, restregó el dorso de su mano contra la comisura de sus labios, limpiando el rastro de sangre que emanaba de la zona.

—Será mejor que golpees apropiadamente, porque la próxima vez aplastare tu cráneo— Sasuke intercambió una mirada gélida contra él. El chico enrojeció encolerizado.

—Apuesto a que lo viste ¿cierto?— intentando ocultar el miedo detrás de una mascara de fingida diversión, el chico esbozó una sonrisa trémula y levantó ambas cejas, asombrado—.Me refiero a que presenciaste como tu hermano asesinó a esa niña. Por eso eres así, un psicópata.

El brillo de odio surcó los ojos del azabache.

Los otros dos chicos a sus espaldas soltaron una risa nerviosa. Ninguno de ellos sabía lo que realmente había ocurrido ese día, Itachi no era un asesino, y él no era un psicópata, simplemente ambos tuvieron la mala suerte de verse inmiscuidos en tan desastroso caso.

—¿No lo sabías?— insistió el joven por lo bajo—. ¿O solamente pretendes no saberlo?

Sasuke apretó los puños a los costados de su cuerpo. La furia recorría su sistema como si se tratase de adrenalina, nublándole el juicio.

—Quizá tu mismo lo ayudaste, tal como los rumores dicen— agregó el muchacho.

Sasuke prolongó el silencio antes de susurrar.

—¿Qué? ¿Acaso me tienes miedo?

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Konohagakure, actualidad

El sonido de la bofetada fracturó el silencio de la habitación, dejando a Itachi sin aliento y a Sasuke sin voz.

Una lágrima solitaria rodó por la mejilla enrojecida de Mikoto, evidenciando el genuino episodio de cólera en el que se encontraba inmersa.

Itachi permaneció de pie en medio de la habitación, luciendo tan sereno como de costumbre; su mejilla comenzaba a tornarse de un color rojizo, y la piel donde el anillo había impactado empezaba a hincharse.

—¡¿Por qué tuviste que casarte y causar ese lio?!— reprochó Mikoto, histérica—.Cuántas veces te dije que fueras a vivir al extranjero— le recordó, estaba hecha una fiera—. ¿Acaso creen que dos personas como ustedes pueden vivir como los demás?

Durante toda la charla, Mikoto permaneció impasible, mirando fijamente el rostro de su primogénito.

No iba a culparla, Mikoto se sentía muy desgraciada en esa situación. A final de cuentas, tanto ella como su esposo estaban implicados en el crimen de Itachi, como víctimas y como perpetradores a la vez. La gente los compadecía, porque ellos no habían hecho nada malo. Simplemente habían tenido mala suerte, no fueron afortunados en la lotería del embarazo, y les tocó dos hijos sociópatas.

—Si ambos son expuestos…— llevó amabas manos a su cadera al mismo tiempo que deambulaba de un lado a otro como un león enjaulado—, me da terror de solo pensarlo.

—Yūgao es la reportera encargada, la misma que cubrió el caso de Izumi— masculló Itachi. Su antigua compañera de cuarto en la universidad.

Nerviosa, la pelinegra se desplazó hasta el otro extremo de la habitación; con las manos temblorosas, extrajo de la gaveta un frasco de cristal a medio llenar. Desde que tenía memoria, Mikoto acudía a esa pastillas para aplacar los ataques de ansiedad. Sin pensarlo demasiado, colocó dos píldoras en la palma de su mano y las llevó a su boca, tragándolas sin dificultad.

—Lamento haberte abofeteado— suspiró.

—Esta bien— dijo Itachi encogiéndose de hombros. Era la primera vez que su madre actuaba de esa manera, ni siquiera cuando inicio el caso respondió de esa forma.

La pelinegra giró sobre sus tobillos para encararlo.

—¿Te lastime?

Aquel cuestionamiento era ingenuo y ella lo notó. Por supuesto que había lastimado a Itachi, pero no como ella lo imaginaba.

—No— negó el mayor de los Uchiha.

Todos se sentía exhaustos. La reserva de Itachi los puso en guardia. Mikoto lo miró fijamente con total atención.

—Tu esposa ¿sabe algo del tema?— quiso saber ella.

—Esta al atento de la muerte de Izumi— confesó Itachi.

El frasco resbaló de las manos de Mikoto, impactando de lleno contra el suelo; fragmentos de cristales y píldoras se desperdigaron por la baldosa al mismo tiempo que el ruido retumbaba entre las paredes.

—¡Ella va a causar un desastre!— recorrió la habitación, mordisqueándose la uña del pulgar—.¿Cómo pudiste casarte con ella?— le reprochó una vez más—. No me agrado desde el principio.

Mikoto sucumbió por un instante, cayendo al sofá bajo el peso de la nueva realidad que se acababa de imponer sobre ella.

Itachi se obligó a levantar los ojos del suelo y mirarla a la cara:

—No lo descubrirá— aseguró, como si tuviese absoluta certeza de los hechos a futuro—.Mientras ambos continúen a mi lado como lo han hecho todo este tiempo.

Sasuke tragó grueso.

Le costaba admitirlo, pero lo detestaba.

Luego de aquel fatídico acontecimiento, la vida de Itachi prosiguió sin dificultades; en cambio, él, soportó el peso de las consecuencias, la gente no demoró en estigmatizarlo, todos a su alrededor creían que era un asesino y que Tamaki no había sido su única victima, sino también Izumi, la causante de todo ese embrollo.

—¡Basta!— Mikoto levantó las dos manos para indicarle que parara—.¡Detente ahora mismo!

Se puso de pie y le dio un empujón a la pequeña mesita, que fue a parar al otro extremo de la sala. Sin decir una palabra más, abandonó la habitación, dejándolos inmersos en un incómodo silencio.

La rabia que sintió Sasuke en aquel momento era antigua, familiar. Una rabia simple y justificada, tranquilizadora, que conocía como a un viejo amigo. No era rabia contra su hermano mayor. De todas formas, tarde o temprano la vida castigaba a idiotas como Itachi. No, él estaba furioso con la propia Izumi.

–Sakura no debería estar inmiscuida en este asunto— dijo Sasuke. Sus ojos tenían un brillo seco y parecían irritados, como si padeciera escasez de lágrimas.

—No lo esta.

Sasuke contuvo las ganas de soltar una carcajada histérica.

—Ni se te ocurra hacerte el interesante conmigo. No me vengas con chorradas. Estamos metidos en un buen aprieto— la voz de Sasuke sonó áspera, dejando a un lado el estupor para regresar poco a poco al estado inicial. Atento y amenazador—. Sakura necesita ayuda.

Itachi tensó el gesto y sus ojos se rasgaron en un gesto maquinal.

—Sakura debería ser la última de tus preocupaciones.

Los dos se contemplaron, desafiantes.

—Está sola y tu eres su esposo— dijo Sasuke con encarnizamiento—. Parece que no tiene a nadie que se preocupe por ella.

Itachi se detuvo ante la puerta y dirigió a hermano una de sus miradas brillantes e irritadas.

—A mi me parece que sí.

Continuara

N/A: Estamos de vuelta :D

Parte de la verdad salió a la luz. Espero no haberles defraudado con esta historia. Me tomó más tiempo de lo que esperaba. La razón del porqué lo prolongue hasta este punto es muy sencilla. Quería que esto se proyectara desde la perspectiva de Sasuke, quien definitivamente tiene un papel importante en el fic.

Se que las teorías indicaban que Sasuke e Izumi mantenían un romance, sin embargo, su relación era lo opuesto a romántica o cordial. En los siguientes capítulos ahondaremos en ello, aún queda la incógnita de la muerte de Izumi y muchas cosas por descubrir.

Ahora, pasando a otro asunto, me gustaría tomarme el tiempo de abordar un tema que desde hace un tiempo me está causando cierta inquietud.

Sus reviews siempre serán bien recibidos, todos y cada uno de sus comentarios me ayudan a mejorar y les agradezco profundamente por tomarse el tiempo de leer y dejarme un comentario.

A la persona que desde hace algunos capítulos considera que la historia va muy lenta, que no avanza y que la estoy alargando sin contenido relevante para tanta espera, quisiera extenderle una disculpa. Lamento disponer de tu tiempo de esa manera, también lamento no poder escribir tan rápido y de forma interesante como te gustaría. Sin embargo, desde el comienzo comenté que la escritura es un pasatiempo para mi, y como tal, aprovecho mis ratos libres para llevarlo a cabo, más allá de los fics tengo responsabilidades y obligaciones que no puedo dejar de lado (por eso la espera) y considero que no soy la única ficker que pasa por esta situación.

Con este mensaje tan extenso, mi intención no es exponerte, me habría gustado hacértelo llegar de forma privada, pero me fue imposible. Simplemente me parecía importante que lo supieras. Te extiendo la invitación de continuar leyendo el fic o simplemente abandonarlo, eso sería una lastima, pero ¿que puedo hacer al respecto? Te entiendo, también me he visto inmersa en esa situación como lectora.

Dicho esto, les agradezco profundamente el apoyo que me brindan. Se que tienen expectativas por esta parte e intentare compensar la larga espera. Espero, de todo corazón, no haberles defraudado, cansado o fastidiado. Mil gracias por todo.

Ahora, sin nada más que añadir paso a retirarme. Las próximas actualizaciones serán más extensas, todo esta escrito con mucho amor y dedicación 3

Les envió un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren. Una vez más gracias por todos sus reviews, favorites y follows. Cuídense mucho ¿nos leemos pronto!

Chao :D